AUGE Y CAIDA DE LA PARTIDOCRACIA

"La ventaja de ser pueblo es poder sacar de la tragedia su propia salvación".

Rodolfo Kusch, 1963


Por Julián Licastro


La falsa historia es un mecanismo de desencuentro

Producido el desastre hay dos cosas que hacer simultáneamente: saber porqué se produjo y quiénes fueron sus responsables y "sacar fuerzas de flaquezas" para salir de la crisis cuanto antes. Rodolfo Kusch, el notable pensador argentino (1922-1979), nos guía espiritualmente en este propósito cuando señala que la realidad es modificable, si en lo personal encontramos la finalidad de la vida dentro de nosotros mismos y, en lo comunitario, somos capaces de saber elegir a partir de la "libertad interior que da la dignidad y la conciencia".

Síntesis de la cuestión existencial y la sensibilidad social que caracteriza al mejor pensamiento humanista, que va al encuentro de la cultura popular para beneficiarse con su energía, desentrañando el plan de acción que orienta el destino común. El verdadero pensar no sabe porque sí, sino para inscribir la vida en el paisaje colectivo que la identifica y le otorga su razón de ser. Así comprenderemos "el ámbito humano dentro del cual debe modificarse la estructura de nuestra sociedad".

Por eso la crítica a los factores que nos llevaron a esta desolación no puede limitarse a lo superficial de la denuncia y la protesta, sino avanzar hacia las motivaciones profundas que incluyen captar la naturaleza más cruel del poder financiero en esta era "globalizada". Y también, mirando hacia adentro de nuestra idiosincrasia e historia, procesar la autocrítica necesaria para reconocer nuestros defectos y ayudar a superarlos. Muchas veces la vida argentina ha sido un péndulo entre extremos, resultando el caos su consecuencia. Verificar hoy este caos con la perplejidad de lo absurdo, es la higiene mental que puede inducirnos a emerger de esta situación intolerable, en un país privilegiado por sus recursos naturales y territoriales de todo tipo.

Si en vez del realismo con que tenemos que hacer la crítica al poder y nuestra propia autocrítica, nos dedicamos a la falsa historia donde uno de estos dos componentes falta, para hacer culpable absoluto al otro, estaremos reiterando un mecanismo de desencuentro. Un mecanismo de opciones "ideológicas", en su mala acepción, cuyas antinomias nos alejan de nosotros mismos en la oposición estéril de populismo o sumisión. Mientras que la gran tarea es otra: poner todas las fuerzas del país en función nacional.

No hay democracia sin derechos económicos y sociales

En la historia política reciente, ese péndulo ha marcado la subordinación sobreactuada a la potencia de turno y al poder financiero transnacional respaldado estratégicamente, o el discurso de la vieja retórica ideologista, sin propuestas concretas y posibles para reconstruir el país. En el marco institucional,los extremos, carentes de la mínima sabiduría, fueron y son el militarismo de la dictadura o la partidocracia de la república nominal. Sólo repasando los números de la progresión de la ilegal deuda externa, se advierte lo aleatorio de esta clasificación, ya que ambos permitieron por igual la continuidad del capitalismo más especulativo y no productivo, la reincidencia de los grandes negociados, comisiones y coimas y el constante deterioro social .

En el caso de los partidos políticos, cuyo último auge sobrevino tras el contraste de Malvinas, la desactualización respecto de la dinámica económica globalista fue obvia. Tanto que la legítima defensa de los derechos humanos, concebidos como derechos civiles, no pudo disimular la pérdida de otros derechos fundamentales de carácter económico, social y educativo. Hubo por lo tanto una corrupción general, de carácter histórico, al ceder la política el puesto de mando a la economía especulativa, sin interponer un rol equilibrador intermedio, para defender el interés nacional y la justicia social, como demanda la verdadera democracia.

Esta defección de la vieja política y las mentiras de sus discursos y actitudes puramente relacionistas, dijeron mejor que nada la verdad de lo que estaba sucediendo al interior de los partidos: la aceptación del papel menor y auxiliar de gerentes administrativos públicos del poder financiero y bancario especulador. Al mismo tiempo, esta resignación de roles, ante la moda economicista y su pléyade de periodistas funcionales al sistema, se incorporaba a la estructura interna partidista: operadores en vez de militantes, lobistas en vez de estadistas, clientelismo en vez de organización política y pago de servicios con prebendas en vez de vocación de servicio y selección de aptitudes.

Hay nombres notorios en el apogeo de esta inversión de valores, de los que "robaron para la corona" y para sí mismos, tanto en la ciudad como en el país, pero mencionarlos reduciría la visión más amplia de un hecho histórico aunque negativo. Los partidos argentinos prácticamente perdieron la oportunidad de actualizarse en lo doctrinario y orgánico para estar a la altura del desafío que significaba restaurar la democracia representativa. Con dramas de injusticia social y violencia política parecidos, fuimos en esto distintos que Chile y Brasil, cuyas dictaduras y cuyas democracias no fueron tan mediocres y antinacionales.

Es preferible no saber a saber mal

La mal llamada "clase política" repite ahora los errores y defectos que acusó en los viejos protagonistas del golpismo, ya superados por la historia. Por un lado, niega el volumen de daños causados por su mal proceder y por otro intenta una defensa corporativa donde no hay signos de autocrítica ni depuración interna. El resultado es el mismo que fue antes: repudio general a todo el esquema, sin "discernir justos de pecadores", lo que implica la condena social en bloque ("que se vayan todos"). Ella patentiza la probabilidad del colapso institucional y el anticipo de un día "D" en el reinado de la anarquía y la violencia.

¿Es inexorable este camino? Parecería que sí, si continuamos como hasta ahora sin apelar a nuestras energías de reserva, expresadas en los hombres y mujeres con entidad conductiva que pueden caminar por la calle sin temor al"linchamiento político". Es preciso que ellos salgan a decir y hacer su verdad, mientras los corruptos viven en una clandestinidad de hecho, sin circular por sus lugares habituales ni presentarse ante las bases políticas. No sea cosa que, una vez desgastada la movilización social, regresen los conocidos de siempre con simples retoques cosméticos, sin reformas verdaderas.

La nueva etapa exige la emergencia de nuevos liderazgos, con sus equipos políticos y técnicos, con sus planes de acción inmediata y proyectos de fondo y con sus propuestas organizativas para articular las múltiples expresiones participativas emergentes en todo el territorio nacional. Recordemos que las organizaciones políticas son necesarias en la democracia, pero no suficientes, porque las organizaciones sociales, vecinales y comunitarias aspiran también a la condición esencial de la buena política, que es la capacidad de decisión por parte del pueblo.

No hay que tener miedo a expresar, participar y organizar la nueva política. Por el contrario, en las crisis de decadencia institucional por inercia de la viejas burocracias, es preferible no saber a saber mal, porque el cambio del error persistente a la duda y al acto inicial de creación es un progreso. Sus herramientas son la moral de la autoestima como ciudadanos libres, el entusiasmo, la imaginación y el deseo de hacer algo útil y urgente por la comunidad ante el fracaso estrepitoso de la dirigencia económica y partidista.

Engendrar conductores, organizadores y predicadores

En cuanto a los militantes veteranos pero buenos y trascendentes a la crisis actual, el reto no es saber, porque saben, sino explicar bien y aplicar mejor aquello que conocen por formación y experiencia. Ambas expresiones, nuevas y veteranas, deben confluir en un avance por objetivos que va a construir la cadena de conducción en la unidad de acción. Por supuesto que falta completar el marco de referencia de un pensamiento estratégico idóneo para indicar los grandes objetivos de un plan común y coordinado.

En este aspecto, la ausencia o deserción de ciertos "intelectuales" argentinos es demasiado evidente. Acostumbrados al análisis con modelos conceptuales generados por otras realidades, o a juzgar nuestra verdad "post-mortem", cuando ya no hay nada que hacer para revertir la situación, están hoy ciegos, sordos y mudos para comprender lo que nos pasa. El pensamiento estratégico es diferente al discurso táctico de oportunidad y a la elaboración periodística. El tiene que tomar los hechos en sí, lo más objetivamente posible, y lanzar hacia delante los puntos de apoyo de los próximos pasos a seguir. Si advierte vacíos o errores, tiene que corregirlos de inmediato, para facilitar el desarrollo de nuestro potencial económico y político.

Hay pues responsabilidades individuales y colectivas de esta situación de derrota en que nos encontramos, con una voluntad nacional que permanece quebrada hasta tanto "los valores valgan". Es decir, hasta que dejemos de juzgar en bloque, sin opciones verdaderas, porque todo nos parece igual de malo y sin salida. La cuestión es anterior a todo plan degobierno y se resume en la voluntad o no voluntad de trabajo, disciplina y coraje, como lo hicieron los pueblos del milagro de reconstrucción de postguerra.

Nosotros estamos en la equivalencia moral y económica de una tragedia de aquella magnitud, pero donde los socios del poder destructivo fueron argentinos. Sin embargo, tenemos la esperanza que, aquí como fue allá, el pueblo conciente de sus peligros engendre los conductores, los organizadores y los predicadores que hagan falta para el resurgir de la patria.


Julían Licastro es autor, entre otros, de los siguientes libros: "Formación de dirigentes para la nueva política", 1999, "Líderes Comunitarios: el quinto poder", 2000 y "La voluntad de conducción", 2001.

Buenos Aires, marzo de 2002.

Para contactar al autor: julianlicastro@yahoo.com.ar


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