MARGARET THATCHER PROPONE INTEGRAR EL ALCA.

LA DERECHA EUROPEA SE ACERCA A ESTADOS UNIDOS

Por Víctor Eduardo Lapegna y Luis Fernando Calviño



El resultado de las elecciones del domingo en Portugal, en las que el socialismo perdió la mayoría que le había permitido gobernar en los últimos seis años, parecen confirmar que en la Unión Europea (UE) tiende a haber un creciente predominio de la "derecha" sobre la "izquierda", para usar esas vacuidades que seguimos usando como si fueran categorías políticas porque todo el mundo cree entenderlas, pero que en verdad no dicen nada significativo acerca de las tendencias a las que quiere identificar.
Por caso, suponer que esa "derecha" por la que votaron el domingo la mayoría de los portugueses y que antes había ganado las elecciones en Italia, España, Dinamarca, Irlanda, Bélgica y Austria es la que defiende a los ricos y se desentiende de los pobres sería una falsedad tan torpe como imaginar que la "izquierda", que gobierna en Francia, Alemania, Holanda y Suecia, defiende a los pobres y se desentiende de los ricos.
Si antes no mencionamos a Gran Bretaña -el menos europeo de los socios de la Unión Europea- es porque Tony Blair, aunque obtuvo los votos que lo llevaron al número 10 de Downing Street postulando su "tercera vía" como versión de una izquierda moderna, después del 11 de setiembre dejó a aquella
"tercera vía" en el desván de las cosas inútiles y adoptó posiciones que hacen que pocos recuerden que, por ser laborista, se supone que debería situarse en la "izquierda" y que muchos lo vean más parecido a Margaret Tatcher que a Bill Clinton.
De hecho, aún disponiendo de una información elemental acerca de la política europea, nadie podría suponer que los líderes de la "derecha" son Hood Robin o que los de la "izquierda" son Robin Hood, dado que unos y otros coinciden en querer mejorar la ya alta calidad de vida que tienen la gran mayoría de los europeos y lo que los diferencia son sus puntos de vista respecto del camino principal a seguir para llegar a esa meta común y del ritmo que debe tener la marcha.
Dirigentes como el español José María Aznar (que, en el primer semestre de este año, ocupa la presidencia de la UE), el italiano Silvio Berlusconi (quien, en el segundo semestre, sucederá a Aznar en ese cargo) y hasta cierto punto el propio Blair, son los portavoces más destacados de la opción que propone la "derecha".
Esos dirigentes parten de reconocer que, en el mundo globalizado que es la realidad de hoy, la condición necesaria para que la gran mayoría de los europeos puedan tener una elevada calidad de vida y una mayor prosperidad, es que toda la economía europea, tan pronto como sea posible, reduzca la distancia que la separa de los niveles de competitividad de la economía de Estados Unidos, que esencialmente se miden por su nivel de productividad.
Debe tenerse en cuenta que la productividad del trabajo en Estados Unidos, que entre 1985 y 1995 creció a un promedio anual del 1,4 por ciento, entre 1996 y 2000 aumentó el doble y llegó a un promedio anual del 2,8 por ciento; en tanto que en los doce meses transcurridos entre el segundo cuatrimestre
de 1999 y el segundo cuatrimestre del 2000, creció al increíble ritmo del 5,2 por ciento.
Incluso durante el cuarto trimestre de 2000, en medio de la importante desaceleración que registró de la economía estadounidense, la productividad del trabajo aumentó un 2,4 por ciento, menor que el trimestre anterior pero todavía suficiente para situar el crecimiento anual de la productividad para el ejercicio del 2000 en un 4,3 por ciento.
Dado que la economía de los Estados Unidos ya superó el ciclo recesivo que compartió con Europa y Japón durante parte del 2000 y todo el 2001, es probable que se cumplan diversas estimaciones según las cuales, la proyección del crecimiento de su productividad para la década 2000-2010 podría situarse entre el 2,3 y 4 por ciento anual.
En contraste, el conjunto de la economía de la UE registra niveles de productividad del trabajo muy por debajo de la de Estados Unidos y las economías nacionales que más se le acercan son España e Irlanda, cuyos dirigentes están a la cabeza del reclamo de reformas que tiendan a estrechar esa brecha.
En tal sentido, la reciente reunión de Barcelona de la UE mostró una ofensiva de los dirigentes de la "derecha" europea en favor de reformas del mercado laboral y del sistema previsional, así como de una desregulación del sector energético, entre otras medidas tendientes a que la economía del viejo continente se parezca cada vez más a la de los Estados Unidos.
A la vez, en consonancia con esas iniciativas económicas y sociales, la "derecha" se muestra partidaria de una alianza cada vez más sólida en la guerra contra el terrorismo lanzada por Washington en respuesta a los ataques del 11 de setiembre y que hoy ocupa el centro y tiñe todos los asuntos de la escena internacional. La "izquierda", entretanto, prefiere continuar exhibiendo un respaldo "crítico" del liderazgo norteamericano.
A este respecto, quien tomó una postura extrema fue Margaret Tatcher que, conforme a su estilo y con la ventaja de no tener que medir el tono de sus declaraciones por no tener responsabilidades de gobierno, llegó a decir que el proyecto que llevó a constituir la Unión Europea debe ser replanteado y a postular que Gran Bretaña se integre a la Zona de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA según su sigla en inglés), que Estados Unidos comparte con México y Canadá.
Es obvio que Aznar, Berlusconi o el irlandés Bertie Ahern no han de suscribir la opinión de Tatcher y que menos aún va a hacerlo Blair, pero no lo es menos que las propuestas económicas, sociales y de política
internacional de todos ellos parecen situarlos más cerca de la línea de la administración republicana de George W. Bush, que de las posiciones de sus socios en la UE que hoy gobiernan en Alemania y en Francia.
Gerhard Schröder desde Berlín y más aún Leonel Jospin desde París, se mantienen irreductibles en la defensa del "Estado de Bienestar", una posición más cercana a lo que el economista francés Michel Albert denomina "capitalismo renano" (por el río Rhin) y que se presenta como la alternativa específicamente europea al capitalismo estadounidense. Ambos también vienen marcando una creciente distancia respecto de los cursos de acción que adoptó el gobierno de Bush en el desarrollo de la guerra contra el terrorismo.
Pero los dirigentes socialistas de Francia y Alemania deben superar difíciles e inminentes exámenes electorales.
Jospin debe competir con el actual presidente galo, Jacques Chirac que le lleva ventaja en la intención de voto para la primera vuelta de los comicios que tendrá lugar el 21 de abril, con una segunda vuelta el 5 de mayo. Hay que decir que Chirac, aún siendo más permeable que Jospin a las reformas procompetitivas de la economía europea, no es precisamente pronorteamericano en la medida y el grado en el que lo son Aznar, Berlusconi o el mismo Blair.
Es diferente el caso de Alemania, donde el 22 de setiembre habrá unas elecciones en las que es muy factible que el socialdemócrata Schröder y sus aliados del "partido verde" pierdan la mayoría que hoy tienen al confrontar con la alianza entre la Democracia Cristiana y la Unión Social Cristiana de Baviera, la región del sur con predominio católico que es la más eficiente y avanzada del país y cuyo gobernador, Edmund Stoiber, será el candidato a primer ministro.
Es también posible que la "derecha" pueda arrebatarle la mayoría a la "izquierda" en las elecciones que habrá en mayo en Holanda y en setiembre en Suecia.
Si tales fueran los resultados de los comicios y se consolidara un claro predominio de la "derecha", entre octubre y diciembre se cumpliría la predicción que hiciera Berlusconi en una reportaje publicado hace un mes en el diario español ABC, en el que afirmó que su período al frente de la UE llevaría a que ese continente llegara a ser un aliado confiable para los Estados Unidos.
En ese caso, quedará por ver que postura adoptan los dirigentes políticos, intelectuales, periodistas y "opinadores" argentinos, que vienen jugando todas sus fichas a la "izquierda" europea -en especial la francesa- a la que ven como la "gran esperanza blanca" que podría vencer a esa "bete noire" que es para ellos Estados Unidos, en especial bajo un gobierno republicano como el de George W. Bush.


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