Digamos que el cuento que transcribimos podría ser una ficción televisiva o una de esas amables novelas victorianas, en donde los personajes -y sus destinos- eran implacablemente resueltos por las oscilaciones políticas, religiosas y territoriales que se producían en esos lugares remotos del Pacífico Extremo o el Medio Oriente. A veces, en las Antillas. A veces, la baja del precio del azucar, la sismográfica oscilación del petroleo o las amputaciones geograficas. La historia es simple y recuerda a un cuento de invierno de Dickens y mas allá de ciertas desprolijidades literarias, el funcionamiento concatenado del comité de crisis y su inevitable fracaso tiene algo de realidad.
Algo de realidad como ese título tan provocativo y elocuente:

EL DIA EN QUE LA ARGENTINA PERDIO LA PATAGONIA.

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El día 18 de junio de 2002, un día frío, con penuria de gas estaba de guardia en el tablero central del despacho Eléctrico de Cargas, el Ing. Bonifacio Astigueta, quien como era habitual en él, escudriñaba atentamente y en forma personal todas las complejas señales luminosas del tablero.
A las 18 y 30 horas, cuando se disponía a retirarse, un auxiliar llamó su atenci6n sobre el indicador de enganche de la Línea de Alta Tensión de El Chocón Cerros Colorados, que titilaba indicando alguna anormalidad.

El lng. Astigueta accionó enseguida el control de fallas de tablero por si se trataba de una perturbación eléctrica y como la señal intermitente continuara y en previsión de un sorpresivo desenganche de la línea, ordenó, por el circuito telefónico, el estado de alerta de la Central Costanera Sud y de Salto Grande, preparándose para reemplazar cualquier falta de corriente de El Chocón. Cuando tuvo todo bajo control tomó el teléfono para comunicarse con el control de la Central de El Chocón y con ojos dilatados de espanto escuchó la siguiente comunicación:

"Aquí Comando Suicida El Chocón a nombre del Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia comunican a ese despacho de carga para su retransmisión al Presidente de la Nación Argentina lo siguiente:"

1°) En el día de la fecha nueve comandos suicidas integrados por ciudadanos patagónicos y bajo instrucciones del Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, presidido por el Dr. Aníbal Alejandro Garmendia, han tomado posesión de las Centrales de El Chocón, de Cerros Colorados, (planicie Banderita y desviador de Man Menuco), de Allicurá, de la central de Arroyito y de Confluencia, de las plantas compresoras de gas natural de Loma d e La Lata, Pico Truncado y Cerro Cóndor. En ningún caso se han producido bajas entre el personal de las plantas ni tampoco entre los comandos de ocupación.

2°) Cada comando ha procedido a dinamitar los puntos neurálgicos de cada central o planta, de modo tal que una detonación afectará incluso a las instalaciones fijas de los rodetes de turbinas o moto compresores de gas. Los daños han sido proyectados para que ninguna instalación pueda ser puesta nuevamente en funcionamiento antes de tres años y hasta cinco años, según los casos.

3°) Cada comando es autónomo para tomar la decisión de hacer volar las cargas explosivos, al menor indicio de que el Gobierno de la Argentina haya dado orden de reunir a los comandos o atacar las instalaciones, procediendo incluso ante cualquier movimiento preventivo de tropas, aviones, o cualquier otra acción de fuerzas armadas o policiales de la República Argentina.

4°) A partir de las "0" horas del día de mañana 19 de febrero, cor rerá un plazo de 48 horas, para que el Gobierno de la República Argentina reconozca al Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, como legítimos gobernantes de este país y lo acepte como país asociado según los términos que se acuerden oportunamente.

5°) Vencido el plazo de 48 horas sin que el Gobierno Argentino haya accedido a la demanda anterior y a iniciar inmediatas negociaciones comenzarán a reducirse el número de turbinas en operación y el bombeo de gas, hasta el corte total del fluido eléctrico, de gas y de petróleo en las 48 horas subsiguientes.

6°) El Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia ha destacado a Ministros Plenipotenciarios ante los principales países de la comunidad internacional a efectos de plantear el caso del dominio colonial argentino sobre la Patagonia y procurar el reconocimiento del Gobierno provisional instituido.

7°) Se reitera que cualquier acto militar o policial iniciado por el Gobierno de la R epública Argentina, será considerado por los comandos como prueba de rechazo de las demandas y consecuentemente se harán todas las voladuras indicadas.

8°) En estas tristes circunstancias recordamos al pueblo amigo de la Argentina la voluntad de ser libres de todo colonialismo expresada en declaración de la independencia en Tucumán el 9 de julio de 1 816 y denunciamos la actitud prepotente de la dirigencia porteña que mantuvo hasta hoy un colonialismo denigrante sobre estos territorios que no tienen otro recurso que imponer por la violencia lo que le fue negado por la razón y el patriotismo.

"AQUI COMANDO SUICIDA DE EL CHOCÓN EN CADENA CON TODA LA RED DE RADIO Y TELEVISION EN SU PODER".

Cuando cesó la transmisión telefónica el lng. Astigueta, creyéndose víctima de una broma, dijo enojado: "Che, Cardini, dejate de j.... y decime que está ocurriendo con la línea!". Por el teléfono se oyó una voz que dijo: "No soy Cardini, el cual se encuentra bajo custodia de este comando, pero si Ud. quiere podemos ponerlo en la línea para que Ud. se percate de que esto va en serio".

Astigueta sintió que le corría un sudor frío y tartamudeando rogó que lo pusieran al habla con Cardini el supervisor de turno en el tablero de carga de El Chocón. Cardini, con voz serena y casi sin emoción lo impuso a Astigueta de lo que había ocurrido, de la toma de la central por un comando suicida, el dinamitado de las turbinas y de las playas de transformadores, etc. Cuando terminó le dijo a Astigueta: "Apurate, hermano, a trasmitir el mensaje al Presidente porque las papas queman y esta gente está dispuesta a todo".

Astigueta corrió al teléfono policial para comunicarse con su jefe maximo que a esa hora todavía estaba en su despacho, el cual, enterado del mensaje, puso en duda la veracidad de toda esa historia que calificó de Rocambolesca y ordenó a Astigueta que preparara el avión de la empresa para ir a ver en el lugar lo que estaba ocurriendo. Mientras tant o y a pesar de su incredulidad se comunicó con el Ministro de Energía que casi sufre un desmayo al oír la historia y que a su vez transmitió al Presidente de la Nación por el teléfono policial, el increíble mensaje recibido en el despacho de cargas.

El Presidente Miguel Solanas Alvarez se hizo repetir varias veces el mensaje mientras las impresoras sacaban varias copias. Enseguida, con gran serenidad y después de exclamar "Estos sureños!"...ordenó convocar al gabinete de Ministros y a los Jefes de los Estados Mayores, mientras telefoneaba al Ministerio del Interior para conocer si allí se sabía algo de lo que realmente estaba pasando. Cual no sería su estupor cuando el Secretario del Ministro, el cual ya había salido para el despacho del Presidente, le informaba que se habían recibido cuatro comunicaciones de los cuatro Gobiernos de las Provincias Patagónicas manifestando que en razón de las circunstancias, las cuatro legislaturas y los propios Gobernadores habían adherido al Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia y se solidarizaban con su actitud, por lo cual se consideraban estados independientes de la Nación Argentina y autónomos económicamente. Manifestaban también su firme decisión de armar al p! ueblo patagónico para repeler cualquier agresión.

Todos los teléfonos de la Casa de Gobierno comenzaron a sonar y no se daba abasto para atender los llamados de las unidades del 5° Ejército que transmitían al Presidente las novedades ocurridas y requerían órdenes para proceder. El Presidente Solanas Alvarez gritaba a voz en cuello: "Por favor! No hagan nada !, todo el mundo quieto hasta que analicemos la situación ! Que venga enseguida el Jefe del Estado Mayor Conjunto"..., lo que no hubo necesidad de repetir pues en ese momento ingresaba con rostro descompuesto al despacho del Presidente y lo incriminaba: "Sr. Presidente, este es el resultado de su política, ahora tenemos a Chile sobre nosotros a la altura del Río Colorado, dígame ahora que hacemos?". "Por favor General no dramatice las cosas. Espere un momento, tal vez podamos dominar la situación mucho más fácilmente de lo que Ud. se imagina. Déjenos a los políticos decidir sobre el particular". Y volviéndose a su Edecán le pidió que conectara la televisión. En la panta! lla apareció un locutor que con cara de sorpresa leía comunicados recibidos desde la Patagonia originados en la Agencia de Noticias Los Andes, entidad privada al servicio del Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la Patagonia. El locutor no sabía que decir ni comentar. Todo le parecía absurdo, pero esos mensajes estaban saliendo de la impresora y no había duda posible de que alguien los estaba emitiendo. En un momento determinado el locutor dió cuenta de la declaración de Independencia hecha por los cuatro gobiernos patagónicos y de un comentario que procedía de Comodoro Rivadavia, donde la población se había volcado a las calles celebrando la Independencia y pidiendo armas para com batir a los porteños. También había intercepción de despachos del Gobierno de las cuatro ex-provincias argentinas a las provincias del Norte y de Cuyo pidiendo se adhirieran a la causa patagónica y presionaran al Gobierno de la Casa Rosada a proceder al reconocimiento de los Estados Unidos! de la Patagonia. Todo empezó a convertirse en un pandemónium, pues los embajadores de los países extranjeros comenzaron a abrumar a la Cancillería para que explicara la situación. El Canciller se refugió en la Presidencia y hacía contestar que más tarde se daría un comunicado oficial al respecto.

El Comando de aviación hizo suspender todos los vuelos a la Patagonia, pero no pudo impedir que los aviones que estaban haciendo escala en aeropuertos patagónicos fueran incautados por los gobiernos locales o puestos a disposición del Gobierno Provisional. En Caleta Córdova y en Caleta Olivia, los obreros resolvieron no cargar petróleo en los barcos que esperaban mar afuera para llevarlo a Buenos A ires y a Bahía Blanca.

Entre tanto iban llegando los ministros a la Casa de Gobierno y cuando ya era imposible poner orden, logró el Presidente hacer sentar a los que pudo, mientras otros asistieron de pié a la reunión ministerial más absurda de la Historia Argentina. La exposición del Secretario de Energía fue contundente, sin gas y sin petróleo era imposible prestar los servicios en la Capital y en el Gran Litoral. Reforzando los suministros del Norte y pidiendo desvío de buques petroleros a las empresas extranjeras, no podía impedirse la paralización total de la vida de la ciudad. Las usinas eléctricas sin gas ni petróleo y sin el flujo de electricidad de El Chocón, apenas podían mantener los servicios de algunas oficinas de Gobierno y uno que otro hospital. Había que desalojar inmediatamente la población civil de los centros urbanos, donde no se podían accionar bombas para abastecer de agua a los edificios elevados. Los fluidos cloacales se atascarían en toda la red domici liaria. Por supuesto ! todos los transportes pararían. Las propias Fuerzas Armadas no tendrían combustible suficiente para una acción de envergadura.

La situación no podía ser más tremenda y angustiante. El Presidente con cara empalidecida por la rabia y por la emoción, preguntó qué ocurriría si los comandos suicidas hacían las voladuras que habían anunciado. El Secretario de Energía contestó simplemente: "Mejor ni pensarlo Sr. Presidente, sería el caos y por varios años no podríamos reparar los daños en medio de trastornos tremendos". La cabeza del Presidente giró lentamente hacia el Jefe del Estado Mayor Conjunto y el Secretario de Defensa que estaban sentados juntos a su lado. No fue necesario ninguna pregunta.

El General Díaz Usandivaras dijo con tono ciertamente dramático: "Sr. Presidente, parlamente con el dicho Presidente de ese Gobierno Provisional". Un murmullo de asombro se extendió en el salón y después fue el gran loquero. Todo el mundo hablaba y salían a luz reproches de todo tipo. "¿Porqué no arreglaste lo de las regalías?" Le enrostraban al Secretario de Energía. El Presidente apartó al Ministro del Interior y le dió instrucciones para que utilizando la misma línea telefónica de El Chocón comunicara al Dr.Aníbal Alejandro Garmendia que estaba dispuesto a conferenciar con él en el lugar y hora que indicase en la seguridad de que ambos encontrarían una solución al conflicto planteado.

La transmisión se hizo inmediatamente y casi enseguida se recibió la respuesta: Antes de cualquier parlamento era imprescindible que se hiciera oficialmente y por medio del Congreso la declaración de que los Estados Unidos de la Patagonia eran una Nación libre e independiente de la Nación Argentina y solamente asociada en el mantenimiento de una estructura económica, social y política que se mantuviera dentro de las tradiciones argentinas. Veinticuatro horas para contestar por sí o por no.
Las siguientes diez horas fueron empleadas en convocar al Congreso, hacer la declaración solicitada en medio de una escandalosa sesión parlamentaria en que los diputados y senadores por las Provincias Patagónicas fueron objeto de toda clase de agresiones y se vieron en la necesidad de retirarse del recinto.

Antes de retirarse el diputado por Neuquén, Dr.Eleuterio Cardozo, pudo hacerse escuchar en medio del griterío general: "No queremos seguir siendo los "kelpers" de los argentinos". Por su parte el Senador Llanqueleo de Chubut pudo expresar algunos conceptos que se rescataban en medio de los denuestos de que era objeto: "Inglaterra trató mejor a sus colonias que la Argentina a la Patagonia !..." y otras como: "Por mucho menos de lo sufrido por la Patagonia, las colonias americanas se independizaron de Inglaterra !..."

Finalmente, después de la declaración del Congreso, el Presidente argentino fue citado para concurrir a una reunión con el Presidente Patagónico en un lugar desértico de la Provincia del Chubut, cerca de Col lan Conhué, sitio histórico donde las últimas tribus patagónicas habían sido derrotadas por el Ejército argentino. Allí se había levantado una instalación precaria para la reunión de los integrantes de los dos Gobiernos. El Presidente patagónico saludó con gesto severo pero no agresivo al Presidente argentino y hechas las presentaciones de sus comitivas, ambos se introdujeron en una carpa de campaña donde una mesa sencilla con dos tazas de café ya servidas los acogía para la magna ceremonia.

"Sr. Presidente, comenzó diciendo el Presidente Provisional de la Patagonia, lamento que hayamos tenido que recurrir a estos medios para hacer valer nuestros derechos". El Presidente argentino Solanas Alvarez contestó que lo lamentaba mucho más en cuanto se trataba de un acto suicida y que no podía durar más que el tiempo necesario para retomar el dominio de la región pretendidamente independizada, por todos los medios que la Nación Argentina podía disponer levantando ejércitos numerosos como lo hiciera en la gesta de la Independencia de España. "No olvide Señor que la Argentina supo oponerse y vencer a las naciones más poderosas de entonces". El Presidente patagónico, Dr. Aníbal Alejandro Garmendia, después de escucharlo y tras un breve silencio manifestó: "Señor Presidente, no me considerará Ud. tan tonto como para meterme en este asunto tan grave sin haber tomado las debidas precauciones y previsto sus eventuales consecuencias. Tampoco debe Ud. considerarme un traidor a l! a Patria si le manifiesto que así como la Nación argentina buscó aliados en su guerra de la independencia, los Estados Unidos de la Patagonia, pueden hacerlo comenzando por sus dos más próximos vecinos: Chile e Inglaterra. O Ud. se olvida Sr. Presidente que Inglaterra está a 450 kilómetros de la costa Patagónica con una formidable base militar?"

"No puedo creer que Ud. haya llegado a este grado de humillación!", contestó fuera de sí y a los gritos el Presidente argentino, "como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina". "Perdón, Sr. Presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la pienso pedir. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno".

"En ese sentido, Chile e Inglaterra estoy seguro de que serán los primeros en hacerlo. Y como Ud. Sr. Presidente es de la Provincia de Buenos Aires, le recuerdo que me apoyo en antecedentes muy valiosos y que Ud. conoce muy bien, por ser oriundo de una provincia argentina que pidió el reconocimiento de las Naciones Europeas y de Estados Unidos como Estado libre e independiente de la Confederación Argentina en 1853. Aquí no hay más traición a la Patria que la que cometieron quienes ignoraron los derechos de los patagónicos y los mantuvieron en la más infame dependencia colonial. Sr. Presidente, los minutos son valiosos. Ud. debe decirme si acepta o no confirmar en todo la declaración de su Congreso y para comenzar a negoci ar libremente y como dos Estados soberanos las condiciones en que vamos a iniciar este nuevo tramo de nuestra vida política, asociando nuestros intereses en el respeto mutuo de nuestros derechos".
El Presidente argentino sólo atinó a agregar: "Evidentemente Ud. me chantajea y lamentablemente no puedo escapar al chantaje.

En Buenos Aires no nos dimos cuenta de que estábamos armando una bomba de tiempo con estas obras de El Chocón y esta historia del gas y del petróleo. Tendríamos que haberlos tratado realmente como colonos y puesto una fuerza armada al lado de cada dique y cada gasoducto u oleoducto. Pero ahora Ud. me tiene en sus manos. Pero dígame sinceramente ¿ es cierto que Chile y Gran Bretaña reconocerán a su gobierno?". "Vea Sr. Presidente...", contestó el Presidente patagónico, "...no sólo que lo harán inmediatamente, sino que harán declaraciones manifestando que toda agresión hecha a los Estados Unidos de la Patagonia será considerada un acto de guerra contra sus p ropios países y si sus servicios de inteligencia, Sr. Presidente, funcionaran correctamente, habría sabido antes de salir para aquí que ambos países han dado orden de movilizar todas sus fuerzas armadas. Pero hay algo que seguramente a Ud. lo compensará de éstas cosas tan desagradables. Gran Bretaña entregará las islas Malv! inas, Sandwich y Georgias del Sur a la soberanía de los Estados Unidos de la Patagonia y formalizará con nosotros un tratado de paz que lleva implícita nuestra participación con todos nuestros productos en el mercado inglés y de sus dominios a cambio de la preservación de los intereses británicos que sean afectados por el cambio de soberanía. Chile, por su parte, nos integrará el dominio de las tres islas del Beagle". "Nos queda Brasil! ", exclamó el Presidente argentino...

Se opondrá al dominio de los mares del Sur por una nación extranjera. Se unirá a nosotros. Lo mismo Paraguay, Venezuela, Perú y Colombia".
Con mucha calma el Presidente patagónico l e alcanzó un fax que decía: "Itamaraty ha informado confidencialmente a nuestro enviado que está emitiendo un comunicado al Gobierno Argentino advírtiéndole que cualquier acción armada contra los Estados Unidos de la Patagonia será considerara como el rompimiento del necesario equilibrio en los mares del Sur y obligará al Brasil a movilizarse sobre la frontera argentina y uruguaya".

El Presidente argentino, bajó sus brazos. Se tomó la cabeza entre las manos y dijo: "qué desastre!, Qué ciegos hemos estado!, Malditos porteños!". Cuando los dos Presidentes salieron de la carpa y se unieron a sus acompañantes el viento patagónico soplaba con toda intensidad sobre el inmenso erial. Las caras mostraban las distintas emociones. No había evidentemente triunfadores, más bien un sentimiento de amargura predominaba en todos y alguna lágrima de rabia se escapaba de los ojos de muchos de un lado y de otro de los que ayer hermanos, hoy estaban divididos por una frontera que había levantado con el tiempo la desidia de los gobernantes porteños.

Así se perdió la Patagonia para la Nación Argentina.
Por su parte los Estados Unidos de la Patagonia progresaron a ritmo inusitado. Vendiendo petróleo, gas e hidroelectricidad a la Argentina, aún a precios inferiores a los del mercado mundial, ingresaban anualmente miles de millones de dólares de divisas que se utilizaban para el desarrollo de su infraestructura.

Los valles de los ríos y la precordillera fueron irrigados y explotados para exportaciones agropecuarias y agroindustriales al exterior y un contingente enorme de inmigrantes se fue radicando libremente en una República que echando por la borda el estatismo porteño, se apoyó en la empresa privada para afirmar su desarrollo. En sólo diez años la población patagónica se triplicó con los inmigrantes y en toda la región lacustre y fluvial de la cordillera, centros de turismo de renombre mundial atrajeron millares de turistas anuales que reforzaron el muy fav orable balance de pagos de la flamante nación.

Industrias electrointensivas y petroquímicas se instalaron para aprovechar los recursos energéticos disponibles a bajo costo. La exportación industrial supero largamente a las exportaciones agropecuarias.

La moneda en circulación fue el Patagón, con garantía oro y convertible lo cual surgió de una negociación con las principales naciones del mudo que aceptaron pagar en oro sus compras durante cinco años para formar dicha reserva áurea. La inflación desapareció instantáneamente.

Por supuesto los Estados Unidos de la Patagonia no tuvieron ejército, ni marina, ni aeronáutica. Apenas una fuerza policial. Estaba defendida por todos contra todos.

En poco tiempo los Estados Unidos de la Patagonia, sobrepasaron a la Argentina prácticamente en todo, excepto en la producción agropecuaria que siguió siendo la única base de la Argentina que no supo reconocer en la Patagonia su verdadero destino.

JUAN CARLOS SEMBERA

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