DUHALDE IN THE CORNER

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COMIENZA LA CUENTA DE LAS ELECCIONES ANTICIPADAS Y SE INICIA EL DILEMÁTICO AXIOMA ROMANO, ¿LOS VOTOS SE CUENTAN O SE PESAN ?

JMS NEWSLETTER
16 DE MAYO 2002


CONTENIDO:

SÍNTESIS:

  1. El Banco Central debe optar en estos días entre dos alternativas: o asistir a los bancos o dejar caer el sistema financiero para evitar la hiperinflación. Mario Blejer pidió la opinión de los gobernadores Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota.
  2. El Banco Central reclama la urgente despenalización de la gestión del directorio de la entidad para poder manejar la crisis financiera.
  3. Mientras tanto, Roberto Lavagna optó por mostrarse como un negociador duro ante los bancos y ante las empresas de servicios de públicos. La estrategia podría alejarlo del FMI y del G7.
  4. Eduardo Duhalde se vería obligado a entregar el poder o convocar a elecciones en caso de hiperinflación o de caída del sistema financiero.
  5. Las tres condiciones actuales del FMI son las precondiciones para negociar una carta de intención, que deberá tratarse durante, por lo menos, un mes.
  6. Lavagna y Blejer sostienen que el FMI deberá apurar la negociación una vez que la Argentina cumpla con las precondiciones, porque fue el propio organismo el que expuso el caso argentino en el escenario internacional.
  7. Cambió Duhalde: ahora está convencido de la necesidad de negociar con el FMI, luego de varios días de vacilaciones sobre acordar o congelar las tratativas. Las razones del cambio.
  8. No obstante, Duhalde podría perder la condición de única alternativa razonable de la política argentina si no encuentra rápidamente un rumbo. Reuniones de Reutemann y De la Sota para analizar un llamado anticipado a elecciones.

DURA OPCIÓN DEL BANCO CENTRAL

El Banco Central se debate en estas horas entre dos alternativas: emitir dinero para sostener al sistema financiero, y provocar indirectamente un proceso hiperinflacionario, o cancelar los redescuentos a los bancos, lo que podría terminar en un rápido colapso del sistema.

El organismo sostiene que todo el dinero que va a los bancos sale inmediatamente y termina en la compra de dólares. El aumento del valor del dólar empuja hacia arriba, a su vez, a los índices inflacionarios y obliga al Banco Central a sacrificar reservas para mantener bajo control al tipo de cambio.

Una ruptura abrupta en la cadena de asistencia a los bancos acarrearía, por su parte, una caída del sistema financiero. Si bien el Banco Central viene advirtiendo que el sistema deberá ser reestructurado tras la actual crisis, considera al mismo tiempo que la solución no puede terminar, hecha de mala manera, en mano de los ahorristas.

La entidad cree que el sistema terminará concentrado en unos pocos bancos norteamericanos, europeos (fundamentalmente españoles) y una banca pública. "La única diferencia es entre hacerlo bien y hacerlo mal", dicen sus directivos.

El presidente del Banco Central, Mario Blejer, se reunió en las últimas horas con los gobernadores de Santa Fe y Córdoba, Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, a los que seguramente convocó como potenciales candidatos presidenciales. Les pidió su opinión sobre cuál de aquellas opciones debería elegir la entidad.

Ambos le pidieron que explorara un camino intermedio, pero los dos se inclinaron, finalmente, por la conservación de las reservas nacionales.

"Con las reservas actuales, que ya no son muchas, se podrá intentar una reconstrucción. Sin reservas todo será más difícil", le advirtió De la Sota. Los dos le respondieron a Blejer como implícitos candidatos presidenciales, que preveían un futuro en el que el país estaría en sus manos.

Aún cuando Blejer sostiene que están dadas las condiciones para un acuerdo con el FMI en el plazo de entre un mes y cuarenta días (ver más

adelante), teme que un eventual proceso hiperinflacionario o el colapso de los bancos se produzca antes del acuerdo.

Blejer les dijo a Reutemann y De la Sota que necesita que se despenalice de manera urgente la gestión del directorio del Banco Central, porque ya tiene varias renuncias del directorio en sus manos.

"Ustedes me piden que evite la hiperinflación, pero ningún presidente del Banco Central fue procesado por hiperinflación. Y, en cambio, hay varios procesados por la caída de bancos", les advirtió.

Es tal la preocupación de Blejer por esa cuestión que volvió de Basilea, el martes último, con la legislación comparada de casi todos los países más importantes del mundo en materia de conducción monetaria.

LAVAGNA OPTÓ POR MOSTRARSE COMO UN DURO NEGOCIADOR

Mientras el Banco Central se debate entre la hiperinflación y la caída del sistema bancario, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, prefiere cultivar el perfil de negociador duro con los bancos para confrontar con la sensación de flexibilidad de su antecesor, Jorge Remes Lenicov.

Esta es la imagen sobre la que Lavagna y su equipo de comunicaciones está trabajando. No es el primer ministro de Economía que recurre a la estrategia de confrontar con su antecesor: ya lo hizo Domingo Cavallo cuando anunció que no habría más ajustes tras los recortes presupuestarios que sacaron del gobierno a Ricardo López Murphy.

El propio Remes Lenicov creyó que su decisión de salir de la convertibilidad lo alejaría de la imagen de Cavallo, que en esos momentos tenía a toda la opinión pública en contra.

Lo cierto es que esa estrategia le puede complicar el frente externo a Lavagna. Es sabido en el mundo financiero internacional que un distanciamiento con el sistema financiero local termina en un endurecimiento de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

Del mismo modo, cuando se tensa la cuerda con las empresas de servicios públicos se abre, casi automáticamente, un conflicto con el G7, que vela fundamentalmente por la seguridad de las inversiones extranjeras en los países emergentes.

Casi todas las empresas de servicios públicos han visto disminuidos a un tercio sus ingresos en dólares y tienen serios inconvenientes sólo para mantener (no para aumentar, desde ya) la calidad de sus prestaciones.

También en el caso de los servicios públicos, Lavagna optó por mostrarse como un negociador duro.

Tanto en el caso de los bancos como el de las empresas de servicios, el problema de fondo consiste en determinar quién pagará las consecuencias de una devaluación feroz.

La experiencia de otros países (los casos de México, en 1995, y de Chile, en 1982) es que esas entidades pagan hasta la propiedad, pero no más allá de eso. El resto debe ser asumido por el Estado con bonos a largo plazo.

DUHALDE, ANTE EL RIESGO DE PERDER EL PODER

Eduardo Duhalde podría verse obligado a entregar el gobierno o a llamar a elecciones anticipadas en uno o dos meses más, si se topara con una hiperinflación o con una caótica crisis del sistema financiero.

Los peligros del presidente son el creciente aumento en el valor del dólar (con una suba de más del 200 por ciento desde enero pasado) y una economía en las puertas de la hiperinflación. Ese fenómeno se agregaría a un país que está en recesión desde julio de 1998.

El responsable del caso argentino en el Fondo Monetario Internacional, Anoop Singh, le adelantó el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que las proyecciones del organismo indican que el país estará en hiperinflación en tres meses más.

Singh aceptó que la Argentina está aún a tiempo de escapar de ese riesgo, pero agregó que necesita con urgencia el acuerdo con el FMI.

Según fuentes del gobierno argentino, el nuevo acuerdo con el organismo multilateral no debería extenderse más allá del mes de junio.

Lo cierto es que las tres actuales condiciones en boga (modificaciones de las leyes de Quiebras y de subversión económica y pactos fiscales con las provincias) son sólo precondiciones para iniciar una negociación en serio por una carta de intención.

La carta de intención deberá incluir: pautas de superávit primario para atender a los acreedores externos, que debe llegar al 5 por ciento en dos o tres años; reconstrucción del sistema financiero y cronograma de reformas provinciales que disciplinen el déficit y vayan eliminando el sistema de bonos.

Se supone que, en el mejor de los casos, esa negociación llevará un mes. Las tratativas deberían concluir antes del 1° de julio, porque entonces comenzarán las vacaciones del verano boreal, que suspenderían casi por dos meses los progresos firmes en la negociación.

Si el acuerdo se demorara, o directamente se truncara, la repercusión política y social interna obligaría a Duhalde a abandonar el gobierno o a llamar precipitadamente a elecciones presidenciales.

Sin embargo, según Roberto Lavagna y Mario Blejer, el Fondo no tendrá otra alternativa que apurar una negociación para llegar a un acuerdo cuando el país cumpla con las tres precondiciones.

La teoría de los dos funcionarios es que el propio FMI ha puesto el caso argentino en el escenario internacional con declaraciones públicas que son impolíticas en el plano argentino.

Esas declaraciones –sobre todo las de la vicejefa del organismo, Anne Kruguer- han despertado una ola de nacionalismo en la política argentina, que le dificultan aún más a Duhalde la obtención de los requisitos pedidos por el Fondo.

Pero, a su vez, el caso argentino ha quedado demasiado expuesto como para ser ahora ignorado por los funcionarios del FMI, sostienen Lavagna y Blejer.

El responsable del caso argentino en el organismo, Anoop Singh, le destacó a los funcionarios locales que la Argentina es el único conflicto económico y financiero grave en el mundo y que al FMI le sería muy difícil de explicar un fracaso de las actuales negociaciones.

DUHALDE, CONVENCIDO DE LA NECESIDAD DE UN ACUERDO CON EL FMI

Después de varias semanas de vacilaciones, el presidente Eduardo Duhalde decidió encaminar su gobierno hacia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Ahora se sabe con precisión que en la semana posterior a la renuncia del ex ministro Jorge Remes Lenicov, Duhalde propició una política de ruptura con el FMI (o de alejamiento, en el mejor de los casos) para implantar una política "nacionalista".

El sindicalista Hugo Moyano aseguró en público que Duhalde le había hecho ese anuncio y José Manuel de la Sota lo confirmó en privado: Duhalde estaba dispuesto a abandonar la negociación con el FMI y a encerrarse en una política aislacionista.

La ambivalencia presidencial terminó demorando tres semanas los progresos locales para cumplir con las precondiciones del FMI.

La primera semana se gastó cuando Duhalde decidió el relevo de Remes Lenicov sin tener en la mano una alternativa cierta; la segunda se evaporó con los imprudentes cambios de gabinete que consagraron la alianza con el sindicalismo de la CGT oficial, y la tercera se diluyó por las peles internas del Senado, en la que cada sector peronista se sentía interpretando al presidente.

Una prueba de que las cosas han cambiado ahora es la disposición del gobierno a pagar con las reservas del Banco Central (unos 12.000 millones de dólares en total) los vencimientos con el Banco Mundial y con el FMI, que rondan una cifra conjunta cercana a los 1.000 millones de dólares.

El conflicto entre el Presidente y el Congreso exhibió una patética falta de liderazgo político en la conducción de la crisis argentina.

En momentos en que la dirigencia política es gravemente cuestionada por la sociedad, la actitud más común de políticos y legisladores es la de intentar una salvación personal antes que responder a liderazgos políticos, sobre todo cuando no existe una línea política definida por parte del gobierno.

También influyó en el cambio de Duhalde la impresión de que una ruptura con el FMI hubiera ahondado, por sus repercusiones en la economía, la crisis política y social, hasta provocar la caída del gobierno.

Esta perspectiva le fue expuesta al mandatario argentino por el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quien lo presiona para un pronto acuerdo con el FMI.

Cardoso le advirtió también a Duhalde que, en caso de una ruptura de la negociación con el FMI, las exportaciones argentinas podrían ser embargadas, así como las propiedades de ciudadanos argentinos en el exterior.

Estas advertencias habrían influido, más que cualquier otra cosa, para que Duhalde eligiera el camino de insistir con un acuerdo con el FMI.

DUHALDE PIERDE SU PRINCIPAL CAPITAL POLÍTICO

El principal capital político de Eduardo Duhalde, la carencia de una alternativa más razonable a su gobierno, podría perderse si el mandatario no encuentra rápidamente un rumbo para su administración y comienza a normalizar la vida económica y social.

Desconfiado por casi todos los dirigentes de su partido, éstos no querían, al mismo tiempo, elecciones anticipadas en un clima de caos políticos y social.

El principal candidato presidencial del peronismo, el gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, había adelanto que no participaría de elecciones anticipadas, porque temía que un presidente surgido de semejantes condiciones sea devorado por la crisis inmediatamente después.

El otro candidato presidencial del peronismo, el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, dijo que podría presentarse en elecciones anticipadas, aunque prefería que se cumpliera con el calendario electoral, que fija las elecciones para septiembre de 2003.

También funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que estuvieron fugazmente en Buenos Aires, señalaron que cualquier alternativa precipitada al actual gobierno de Duhalde sólo agravaría la situación argentina.

Sin embargo, las reuniones entre Reutemann y De la Sota de los últimos días (a lo que debe agregarse las comunicaciones telefónicas diarias entre ellos) estuvieron destinadas a analizar un cuadro eventual de elecciones anticipadas.

El dato más significativo es que Duhalde parece haber perdido el respeto de los dirigentes peronistas luego de la semana en la que vaciló entre la ortodoxia y la heterodoxia.

De cualquier manera, serán la inflación, el valor del dólar y el grado de tolerancia de la sociedad argentina los elementos que marcarán el reloj de Duhalde, antes que los exponentes de la política local o externa.


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