La nueva soberanía (II)

LA POTESTAD DEL NOSOTROS

"A la economía especulativa ya no le interesa el trabajo, va detrás del ídolo-dinero que se crea a sí mismo".
Cardenal Jorge Bergoglio

por Julián Licastro(*)

La transformación del poder mundial

La globalización posmoderna, en la era de la informática, genera y multiplica constantemente operaciones financieras centradas en la maximización de la ganancia especulativa. Su rasgo principal es la ofensiva permanente con altos niveles de movilidad, sorpresa y audacia para eliminar competencias, copar espacios económicos o fugar capitales. Este desborde del poder financiero transnacional agrega, a su carácter especulador, la pretensión arbitraria de dictar su propia ley en cualquier circunstancia y lugar.

Sólo es posible neutralizar o moderar tal proceder económico y político, capaz de avanzar aún sobre aspectos institucionales y legales, cuando se tiene la habilidad y la posibilidad de instrumentar otras estrategias, de estados nacionales y comunidades regionales, tan inteligentes como sólidas. Estas exigen conducciones bien plantadas, no vacilantes; ideas firmes, no pendulantes y capacidad real de ejecución. Conducciones que, además, hayan podido lograr la unidad y el buen ordenamiento del frente interno, con cuyo desgobierno y fragmentación juega el superpoder global.

Para una concepción adecuada del liderazgo nacional en este difícil escenario, es preciso comprender la gran transformación del poder mundial, a partir de las crisis y conflictos que le tocó enfrentar en las décadas del 60 y 70. Allí el sistema capitalista aprendió más del sistema socialista que viceversa; y se propuso específicamente resolver las limitaciones y oposiciones que lo amenazaban en todos los campos de acción, al costo de muchos de sus principios y procedimientos tradicionales.

Del equilibrio estratégico a la acción unilateral

En lo geopolítico, el problema lo constituían entonces los desafíos de Rusia y China y el proceso de liberación colonial del Tercer Mundo, respecto de las potencias europeas declinantes en la postguerra. Todos o gran parte de esos inmensos espacios económicos fueron incorporados sucesivamente al mercado mundial, desde las negociaciones de Nixon con Mao, hasta la implosión de la Unión Soviética y su pérdida de Europa Oriental, testimoniada con la caída del muro de Berlín.

En lo ideológico, el reto intelectual representado por "un pensamiento revolucionario" de naturaleza dialéctica, ampliaba sin cesar el número de sus adeptos incluso en los propios centros universitarios del llamado bloque occidental. Y en muchos casos, sumaba la militancia estudiantil a las movilizaciones de los trabajadores, como en el mayo francés de 1968. Contra esta tendencia surgió, se elaboró y se difundió masivamente el pensamiento único, con sus consignas sobre "el fin de la historia" y "la muerte de las ideologías", destinado a perpetuar el actual sistema de mando, más allá de toda teoría transformadora, cualquiera fuese su perspectiva de análisis.

En lo estratégico, el equilibrio relativo en el armamento nuclear y la paridad en las fuerzas convencionales, impedían la respuesta total en conflictos como los de Cuba y Vietnam. Esta situación varió dramáticamente luego de la iniciativa estratégica de Reagan, la llamada "guerra de las galaxias" con sus misiles antimisiles, que hizo lugar a una doctrina distinta a la de "mutua destrucción asegurada". Esto permitió las grandes acciones militares unilaterales, con mayor o menor consenso internacional, como sucedió luego en Irak y Afganistán, vinculadas a la "guerra del petróleo".

Del movimiento reformador a los movimientos transgresores

Estos cambios generales afectaron las relaciones de fuerza en las situaciones políticas y sociales locales, que en aquel tiempo estaban determinadas por luchas de liberación, sean raciales (Luther King, Malcom X), o nacionales como el conflicto en Argelia y varios países de Asia, África y América Latina. La política de Estado norteamericana para imponer en su propio territorio los derechos civiles y la acción mundial por los derechos humanos, iniciada por Carter, fueron canalizando los enfrentamientos contra las dictaduras, en el marco más pacífico de los regímenes democráticos o semi-democráticos.

Correlativamente, los grandes movimientos nacionales, que además de la soberanía política buscaban el desarrollo económico y la justicia social, fueron cuestionados desde una visión extrema, como "reformistas" o "burocráticos". En su reemplazo, surgían y se potenciaban mediáticamente una serie de nuevos movimientos de transgresión moral, presentados como "progresistas", aunque sin fuerza ni calidad política para encarar la evolución necesaria de las comunidades, con criterio de equidad económica y social.

Finalmente, el poder mundial pudo alterar las leyes ecológicas del planeta, impactado por la percepción inédita hasta entonces de la limitación de los recursos naturales. Y la tecnología empezó a dar respuestas en el tema de la generación de naturaleza artificial, no sólo en materiales para la industria y los servicios, sino en el reino vegetal, animal y humano. Este es el cuadro integral, agravado en las últimas décadas, donde confluyen con pronóstico reservado las innovaciones aceleradas de un pensar técnico, sin contraparte en el aspecto espiritual del desarrollo civilizatorio.

La nueva proletarización del desempleo estructural

Pero no es la intención de estas reflexiones culminar en un tratamiento filosófico de la crisis originada en el más alto nivel del orden o del desorden global. La idea, más simple, es mostrar sus efectos negativos en el área de la producción que, como lo indica la cita inicial de referencia, ha abandonado el trabajo por un sentido idolátrico del dinero por el dinero mismo.

En consonancia con la involución de la cultura productiva a la subcultura especulativa, la precariedad impuesta como régimen laboral destruyó la solidaridad gremial y redujo fuertemente el peso del sindicalismo en la balanza de las fuerzas sociales organizadas. Este hecho tiene alcance mundial y es independiente de la crítica constructiva que requieren nuestros sindicatos para su propia transparencia y actualización. Por lo demás, las nuevas modalidades de producción en red y no en línea, con su dispersión de lugares de trabajo, desconcentra hoy la masa laboral y plantea difíciles cuestiones de comunicación y evolución de la conciencia social, que deben responderse con una concepción comunitaria del empleo productivo, que abarque la pertenencia territorial y la identidad cultural.

El desempleo estructural vía la producción masivamente informatizada, ha provocado la nueva proletarización de los seres humanos, aunque en una realidad tecnológica no imaginada por el marxismo histórico. Los trabajadores permanentemente desocupados, no tienen otro medio de subsistencia que su propia prole. Y sus hijos, o son apenas sostenidos por un asistencialismo pasivo e insuficiente, que perpetúa y consagra la política del no-trabajo, o son condenados a la marginación total, el riesgo social, la mendicidad, la prostitución y el delito.

Tales son las nuevas formas en que se manifiesta la injusticia social, que conoce la futilidad de la denuncia periodística y los diagnósticos técnicos, cuando no están acompañados de la formulación de ideas creativas y medidas concretas. De igual manera, el poder rehuye los modos de aplicación de la represión social directa, que van en contra, a la larga, del régimen económico vigente: pues la historia ha demostrado que el dominio violento, de tipo colonial, se convierte en derrota política y recambio del esquema gobernante.

No al monopolio de los monopolios

Por un determinismo implícito en la génesis del pensamiento único, la globalización económica, en su tendencia ilimitada a la expansión, la confrontación y la fusión, va camino del monopolio de los monopolios, de "un único trust mundial". En este punto, varios autores ven en las mega-fusiones de empresas, una proyección indirecta pero innegable hacia la economía planificada, aunque no centralizada al modo de un Estado comunista, sino por las corporaciones. Tendencia que se incrementa diariamente con el progresivo manejo electrónico del dinero y las operaciones del mercado mundial.

No es éste el "universalismo" anticipado por Perón y otros notables estadistas, entre ellos los creadores de la exitosa unión europea (Adenauer y De Gaulle), quienes previeron la etapa intermedia del "continentalismo". Lo universal no debería imponerse por la fuerza económica y militar de un imperio, de viejo o nuevo cuño, sino por la confluencia más armónica posible de los desarrollos nacionales y las grandes comunidades regionales. Esto no significa desconocer la existencia y la influencia de las grandes potencias, pero reserva el campo de acción irrenunciable de la potestad inherente a todos los pueblos de la tierra.

Las condiciones básicas para aprovechar la oportunidad que nos ofrece la historia, junto con las tragedias humanas de la crisis, es el liderazgo y la unión nacional. Sin estas condiciones cumplidas de verdad la alternativa nacional y popular degrada a retórica "nacionalista" y práctica "populista" que hacen el juego, conciente o inconcientemente, a la imposición global. Los gobiernos incoherentes resultan así muy vulnerables, y destacados como "el mal ejemplo", porque son pasibles de remoción con simples presiones económicas y operaciones diplomáticas y mediáticas de desgaste.

Todo apunta concéntricamente a lograr la fractura del frente interno, que es el lugar donde se ejerce el poder sin fronteras, y no en una intervención evidente del exterior, propia de una época pasada. De este modo, el clásico "divide y reina" de la polarización, siempre repetida pero eficaz, consolidará las alas activas de "derecha" e "izquierda", igualmente impotentes, por sí solas, para resolver con éxito una crisis de tanta magnitud.

Buenos Aires, mayo de 2002.

(*)Julián Licastro es autor, entre otros, de los siguientes libros: "Formación de dirigentes para la nueva política", 1999, "Líderes Comunitarios: el quinto poder", 2000 y "La voluntad de conducción", 2001. En el año 2002 ha publicado los siguientes impresos: "Llamado al corazón del proyecto nacional" y "Argentina: entre el ser y la nada". 
para contactar al autor:julianlicastro@yahoo.com.ar

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