LIBERALISMO ARGENTINO
 
Centroderecha: sin indios, los caciques buscan toldería nueva

Por Gonzalo Esteban del Soler


Después de diecinueve años consecutivos de democracia, un tendal de popes “liberales”, conservadores y demócratas busca afanosamente lugar en donde aquerenciarse. Atrás han quedado destrozadas la Unión de Centro Democrático y Acción por la República del ex ministro Cavallo, ahora integradas definitivamente al movimiento peronista, tal vez el verdadero conservadurismo. Sin dinero, espónsores, locales, periodistas, seguidores y otras necesidades para hacer política como Dios manda, la segunda y tercera línea de ex dirigentes boyan de figura en figura ofreciendo sus servicios al mejor postor.

Sin embargo el liberalismo en su más pura esencia, parece arribar ahora a la arena política de la mano de Alberto Benegas Lynch (h), que es como decir los mismísimos von Mises y Hayek redividos. No sería de extrañar su postulación a algún cargo electivo (al Congreso, of course) teniendo como plataforma el respeto a la ética republicana, la seguridad jurídica, la propiedad privada y la Constitución. Es más que evidente que, de presentarse, no podría obtener más de cinco mil votos.Y serian votos neoperonistas si ,como muchos anticipan, las elecciones marcaran una nueva polarización.

Benegas Lynch siempre ha pontificado bien desde su refugio de la Escuela Superior de Economía de Uriarte y Santa Fe, acerca de las virtudes del liberalismo y en contra de los intereses de los empresarios prebendarios. En los inicios de la década del ’80, de la mano de algunos de sus ex alumnos, intentó brillar en la Ucedé, pero sin presentar batalla se retiró antes de ser opacado por las sangrantes cuchilladas de la interna. El economista siempre fue admirado por el periodista Marcelo Longobardi, quien al comienzo de sus años veinteañeros recibía apoyo logístico de la Fundación Carlos Pellegrini que regenteaban Ricardo Zinn y Gilberto Montagna, todo ello desde un edificio lindero a la Catedral metropolitana con una excelente vista panorámica de la Plaza de Mayo. Longobardi había tomado como suyo el espíritu benegaslynchiano mientras dirigía desde los altillos del partido Conservador, en Rodríguez Peña 525, los destinos de la recién aparecida revista Apertura. Sólo así se explican las últimas apariciones de Benegas Lynch en el programa Después de Hora del empresario y periodista Daniel Hadad, liberal y amigo de Longobardi, tan amigo como otro liberal, menemista y ex Salomón  Brothers, Martín Pérez, conocido en los círculos políticos y televisivos como Martín Redrado.

Por su parte, en el viejo partido Conservador las cosas se mantienen de acuerdo a lo pactado por sus caciques desde tiempos inmemoriales: no levantar demasiadas olas. Sus volteretas en el trapecio de la sobrevivencia han sido múltiples y hasta ahora exitosas. Han tejido alianzas con Alsogaray, Menem, Grosso, Cavallo, Duhalde e indirectamente con Alfonsín en el plesbicito contra Cafiero por su reelección. Por decantación, han sentado en el Congreso por un tiempo al perpetuo candidato Juan Carlos Lynch. Antes fueron Roberto Azaretto (quien salió muy mal parado de su gestión en el ex Concejo Deliberante) y Federico Pinedo, éste último bastión en la “alta sociedad” de Recoleta del otro Menem rubio, alto y de ojos azules que no conocíamos; de Grosso y del riojano-cordobés Germán Kamerath. Sin votos propios, los conservadores son un ejemplo de persistencia y adaptación camaleónica que hasta el momento les ha dado muy buenos frutos. Sobrevir, en esta Argentina devualada y pesificada, no es poco.

Mientras tanto, el economista liberal Ricardo López Murphy dice aspirar a la presidencia de la nación en la seguridad que obtendrá el ministerio de Economía. Su escasa actividad política consiste por el momento en reclutar asistentes vía mail para sus conferencias.

Patricia Bullrich, ha manifestado su intención de ser la candidata de derechas a algo.Una Margaret Thatcher criolla. Al igual que el joven Macri, intenta postularse, ya sea en el ámbito capitalino o en el nacional, aunque su sigla, Ahora Argentina, ha sufrido una baja del cincuenta por ciento en su significado porque legalmente la justicia electoral prohíbe el uso de la palabra Argentina.
Mientras en el cuartel general de Diagonal Sur al 700, sus seguidores buscan en forma urgente una buena aspirina para semejante dolor de cabeza (¿Ahora Todos?, ¿Ahora Nosotros?), algunas figuras y figuritas repetidas de la antigua Ucedé intentan volver a la palestra. En el primer caso es Pedro Benegas, el joven maravilla de la Ucedé del ’84. Primer presidente de la juventud y ex concejal, el mendocino, ahora con veinte kilos y años de más sería uno de los encargados de dialogar con López Murphy para el intento de realizar internas abiertas. Unos cuántos escalones más abajo, el ex concejal Fernando Bustelo, después de haber intentado ser postulado nuevamente por la Ucedé, por el cavallismo y haber formado un “partido” con muchos problemas de firmas en el despacho de Servini de Cubría (el Partido Nueva Alternativa Liberal, PANAL), merodea seguido por los actos de la Bullrich a la espera de una nueva oportunidad.

La Ucedé y su Alianza de Centro es sólo un  recuerdo. Para los votantes de la semirrecta Pilar-Baires o el triángulo Recoleta-Pinamar-Punta del Este, la marca registrada de la mano derecha haciendo la ele de la libertad (en realidad de la “Libertadora”) ha pasado a mejor vida. Después de diecisiete años los simpatizantes se esfumaron con Carlos Menem, las  privatizaciones, el pacto de Olivos, la reforma constitucional, la incorporación  tactica al peronismo, el derrumbe del muro del Berlín y las agachadas de los dirigentes que en la década del ’80 se jactaban de ser “distintos” a los demás.

La última “convención” partidaria se llevó a cabo el año pasado en un estudio jurídico en ruinas de Callao y Corrientes ante no más de veintidós convencionales. Allí estaban presentes los eternos Manny-Lalor, Crespo Campos, María de Jesús (la correveidile de don Álvaro), Méndez Thort, Seisdedos, Demarco, entre otros pocos. Rechazados por el peronismo de Cavallo y urgidos por juicios por deudas de más de doscientos mil pesos que dejara años atrás la gestión Ferrero-Bustelo, prestaron su “apoyo” al peronismo de Scioli-………. No figuraron ni a placé.

El partido fundado y liderado por Domingo Cavallo, Acción por la República, se encuentra en coma cuatro a la espera de que alguna alma piadosa desconecte el respirador. Cabe recordar que en la década del ‘80 Cavallo llegó al Congreso de la mano del peronista cordobés de la Sota, y en el ’97, crea su Acción por la República, al mismo tiempo que tejía una alianza de muy buenos frutos de todo tipo con Eduardo Duhalde, también peronista, gobernador de la máxima provincia argentina, y curiosamente, hoy a cargo de la presidencia de la Nación. En las elecciones del año 97, donde es electo diputado nacional junto a Guillermo Francos, teje alianza con el peronista Gustavo Béliz y su inexistente partido Nueva Dirigencia al que cede en forma casi total la lista de concejales de la ciudad y el aparato administrativo de los organismos de control, obviando a la dirigencia ucedeísta y conservadora que como un aluvión se había precipitado en el nuevo partido “liberal”. Tal es así que la flor y nata de los seguidores de Adelina de Viola y María Julia Alsogaray hicieron pata ancha en los nuevos aposentos esperando ser recompensados con una postulación que nunca llegó. Si nombramos que en Acción por la República gastaron baldosas Francisco Dolce y Osvaldo García, apoderado y cuñado respectivamente de Adelina de Viola y la cabo de la federal Elizabeth Brema, mano derecha de Jorge Pirra y María Julia, podemos darnos de cuenta de la invasión “bajo control” que sufrió el partido de Cavallo.

Pero los dirigentes “liberales” y “conservadores” no contaban con que Cavallo se entregase abiertamente a todas las líneas del peronismo, incluso, al grosismo, para terminar en el gabinete delarruista en una voltereta que dejó descolocados a los propios peronistas que lo habian apoyado. Quedaron así excluidos de la posibilidad de arribar a cualquier cargo electivo en un partido que ha hecho de la verticalidad  maoista una forma de vida, debido a que en cinco años de existencia no se ha disputado ninguna interna, debido a las disputas entre el cavallismo de los ex jovenes turcos sugidos del Colegio Militar en los sesenta y Caro Figueroa, también vinculado al ejercito pero con simpatias de negocios socialdemocratas.

Hoy no hay votos, ni esponsores, ni dinero. Sólo quedan algunos dirigentes que transpiran la camiseta en busca del lugar en donde calentará el sol el próximo verano.

No es del todo improbable que todas estas terceras fuerzas sean amablemente acogidas por un riojano de sonrisa cálida y ojos frios que aspira a cerrar el ciclo de la revolución capitalista en el país.

Entre él y los misticismos de la Carrio, los liberales no podrán dudar demasiado.

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