EL PENSAMIENTO DE LOS CENTURIONES SOBRE EL FALSO CONFLICTO ENTRE DEFENSA Y SEGURIDAD.

Jaqueado por disquisiciones literarias relativas al pensamiento de Shakespeare en su célebre mercader venciano y sometido a una abundante campaña de desinformación y amable chantage intelectual, Brinzoni ha aprovechado los claustros universitarios para ejercer una interesante lectura en contrapunto de los desafíos concretos a los que se enfrenta la Argentina de hoy. La ventaja del diagnóstico es que el ejercito no es un partido político y si bien -esporadicamente y en situaciones jacobinas surge un Napoleón, en general es una burocracia de tiempos largos que intenta conjugar las hipotéticas acciones defensivas con las ofensivas. Entre tanto la sociedad, menos preocupada por las percepciones de la prosa isabelina que por su simple supervivencia comienza a interrogarse. En este caso, no se trata de la guerra sino de algo mucho mas cotidiano, las certezas tranquilas del hombre común.

Inevitable, como en toda situación de desestabilización interior, la contingencia puede convertir las situaciones defensivas en impiadosas tensiones de ofensiva.

Solo una vigorosa estrategia, que ataque tanto en lo económico como en lo social la masacrante experiencia de la degradación de la seguridad argentina, podrá permitir que la profesión política pueda religitimarse en una contienda entre derechas e izquierdas ancladas hacia un centrismo postmoderno.

El problema es que la delincuencia no tiene partido político. Se corre el riesgo -entonces- de que pretenda tenerlos a todos. Pero escuchemos la voz de los centuriones. Una voz peculiarmente aroniana.

Jefe del Estado Mayor General del Ejército
Tte Grl. Ricardo Brinzoni
Escuela de Graduados
USAL – Bs. As. ,30 de Mayo de 2002

 

INTRODUCCIÓN.

  • Valiéndome del espíritu "creativo e innovador" al que convoca la Carta de Principios de esta universidad, expondré algunos conceptos relativos a la Defensa y a la Seguridad, convencido de la necesidad de proponer "una visión actualizada al Siglo XXI" de un problema que se presenta como un desafío creciente para nuestro país.
  • Es un honor poder hacerlo frente a un distinguido grupo de académicos, ya que esta visión distinta que me propongo presentar requiere del análisis y de la agudeza propia de los hombres del pensamiento, que por naturaleza y por formación tienen la virtud de cuestionarse las frases hechas, de estar desinhibidos frente a aquello que perciben como nuevo y que es visto con recelo por los espíritus más rutinarios y conservadores.
  • En este mundo globalizado a tiempo real, la comunidad internacional, lejos de detenerse en los aspectos formales del conflicto y de la violencia, de características siempre mutantes, se afirma en la búsqueda de soluciones capaces de enfrentar las nuevas amenazas, que hoy se manifiestan a través de formas que incluyen, entre otras, las narcoacciones, la delincuencia organizada y el terrorismo.
  • Los Estados perciben que el conflicto ha cambiado y ante esta nueva visión, han articulado sus medios y sus políticas creando un frente común, que involucrando todo su potencial, ha desdibujado la frontera que artificialmente dividía las amenazas como externas e internas, dando prioridad a lo que comúnmente se conoce como Seguridad.
  • La Seguridad del Estado y de sus ciudadanos constituyen una demanda latente cuya última finalidad es proteger y garantizar un proyecto común de nación libre, respetuosa de sus tradiciones históricas, su sistema jurídico y la integridad patrimonial y territorial.
  • Es una función indelegable e irrenunciable del Estado, que hoy requiere no de un simple ajuste de estructuras o de medios, sino de la modificación del lugar y los prejuicios desde donde se la analiza para que se involucre todo el potencial nacional.
  • La misma ONU ha definido "Seguridad" como "La condición en la que los Estados pueden libremente continuar con su desarrollo y progreso, al no existir peligro de un ataque militar, presión política o coerción económica". Constituye entonces, una situación ideal que los Estados aspiran a alcanzar a través de todas sus instituciones, una cuestión inherente al interés nacional que implica, como dijo Raymond Aron, "la protección del territorio y de un modo o estilo de vida".
  • Los EEUU, que disponían de uno de los sistemas de seguridad más avanzados lo actualizaron según las amenazas y crearon el Comando Norte a órdenes de un General de 4 estrellas, con la finalidad de coordinar la defensa del propio territorio con todos los medios ya existentes y facilitar la decisión centralizada al mayor nivel, para ser eficaces al enfrentar desde un ataque terrorista hasta emergencias por desastres naturales.
  • Es el mundo el que tiende a cambiar la forma de concebir su seguridad. Son las distintas sociedades las que han aceptado, ante la realidad del delito y la violencia, que no era posible seguir enfrentando el presente y el futuro con un esquema que demostró ser ineficaz.
  • Nuestro país, desde hace casi 20 años, cuenta con un marco jurídico que regula el modo particular en que el Estado concibió su propia seguridad. Dicho ordenamiento legal se basa en un criterio territorial de las amenazas, es decir, establece una tajante división entre la seguridad interior y la exterior, que quizás entonces tuvo un justificativo político, pero que, desde hace tiempo, ha perdido vigencia.
  • En este sentido, es necesario tener en cuenta que si bien la Ley de Defensa Nacional reconoce una demarcación según el origen de la agresión, también establece como su finalidad el "...garantizar de modo permanente la soberanía, integridad territorial y...proteger la vida y la libertad de sus habitantes.". Ello nos permite deducir que inclusive en la visión del legislador la Defensa Nacional no comienza fronteras afuera.
  • Las nuevas amenazas y la crisis nos plantean la necesidad de un nuevo paradigma: conformar un hábitat de seguridad que nos permita avanzar con justicia y equidad hacia un horizonte de progreso.
CÓMO ES NUESTRO SISTEMA HOY
  • Nadie puede ignorar el descontento generalizado de la sociedad argentina en relación con las acciones del Estado en diversos campos. Éste no asume adecuadamente muchas de sus obligaciones, mostrándose débil en varios frentes e indefenso ante consecuencias que no supo o pudo prever.
  • La Seguridad no escapa a este marco. En tal sentido, la situación que hoy vive el país y las severas restricciones que nos afectan a todos, definen quizás la oportunidad para realizar una discusión global que evalúe todos los aspectos.
  • Debemos aceptar que las estadísticas nos muestran el golpe que está sufriendo nuestra sociedad:
  • Sólo en Capital Federal, en los últimos 10 años, las denuncias por robos subieron el 574%, de 21.181 en el año 1992 a 142.784 casos en el 2001 (16 robos x hora).
  • De 15 homicidios dolosos en 1993, llegamos a 152 en 2001, lo que representa un incremento del 1.000%.
  • De las condenas que se aplican en todo el país, un 23% es a reincidentes.
  • En el 2001, murieron en enfrentamientos 125 civiles y 51 policías en Capital Federal y conurbano, mientras que en Inglaterra murieron 5 civiles y ningún policía entre 1999 y 2001 (3 años).
  • En 1976, con un alto nivel de violencia en las calles, caían 42 hombres de la Policía Federal Argentina. Esto nos da la pauta del nivel de inseguridad al que hemos arribado.
  • En otro orden, nuestras fronteras reciben el impacto de una creciente ola de delitos que hacen casi imposible evitar el incremento del contrabando y de la inmigración ilegal.
  • En primer lugar, es necesario considerar que, anualmente, de los casi $ 15.560 millones que se gastan en defensa y seguridad (estatal y privada). De los cuales se invierten $3.560 millones en Defensa, en el orden de $ 4.500 millones en seguridad estatal y el resto, $ 7.500 millones en seguridad privada. Cabe, sin embargo, preguntarse qué nivel de seguridad tenemos y si nuestros recursos están preparados para una guerra poco probable o para enfrentar amenazas que nunca se materializarán.
  • Cabe preguntarse también si nuestra sociedad percibe o no el nivel de protección que le damos. Una encuesta reciente de Gallup (15 Abr), recoge que el 78% de los encuestados cree que volverán los saqueos.
  • En segundo lugar, podemos examinar las estructuras, los despliegues y competencias primarias y secundarias de las instituciones encargadas de prestar este servicio, es decir, las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales, para optimizar los resultados evitando duplicaciones inconvenientes.
  • Un análisis detallado nos mostraría, por ejemplo, que existe una superposición de funciones, porque esa "barrera geográfica imaginaria" que algún día se trazó y se creyó necesaria ha sido superada por la realidad y por la necesidad. Desde hace tiempo por imperativo de las amenazas las FFSS y la Policía Federal actúan fronteras afuera.
  • Por otra parte, en la actualidad el accionar de las Fuerzas de Seguridad y Policiales está centrado prioritariamente en la lucha contra la delincuencia común, el tráfico de drogas, el contrabando, y resulta evidente que, en ciertas ocasiones, se encuentran superadas para garantizar la seguridad de la población frente a otro tipo de amenazas.
  • Las Fuerzas de Seguridad, por su parte, están hoy sobreextendidas funcionalmente; cumplen una variedad y cantidad de funciones tales como seguridad en embajadas, misiones de paz, control de objetivos estratégicos, seguridad en autopistas, rutas nacionales, que debilitan, cada vez más, su capacidad y aptitud frente a una delincuencia cada vez más potente y sofisticada.
  • Mientras tanto, las Fuerzas Armadas, equipadas e instruidas para enfrentar el conflicto convencional, constituyen una suerte de reserva a la que hoy la legislación vigente da un carácter de "potencial" en su empleo interno.
  • Estas mismas fuerzas hoy son empleadas en el marco de misiones de paz de la ONU para darle seguridad, en el concepto restrictivo que se utiliza en la Argentina, a otros pueblos.
  • Estas circunstancias son las que nos deben movilizar hacia una evaluación de si nuestra Nación puede y debe mantener los criterios actuales o debe modificarlos.
  • Es, entonces, tiempo de realizar los estudios necesarios para optimizar la prestación de todas las instituciones vinculadas a la defensa y la seguridad y de obrar en forma acorde con los resultados que éstos arrojen y la autoridad resuelva. La amplitud territorial de nuestro país y la permeabilidad de sus extensas fronteras y costas invitan a cuestionarnos si resulta conveniente:
  • Unificar las políticas y la decisión al máximo nivel estatal, considerando la conveniencia de modificar las actuales estructuras ministeriales.
  • Centralizar y coordinar el empleo operativo de los medios disponibles, dando mayor eficacia al sistema, racionalizando recursos y evitando la superposición de "especialistas" (QBN, explosivos, radaristas, baqueanos, etc).
  • Revisar nuestras políticas de fronteras secas, en los pasos y en aquellos lugares poco accesibles, reasignando funciones.
  • Intensificar los controles en nuestras fronteras fluviales y marítimas, centralizando y coordinando su ejecución.
  • Optimizar el control del espacio aéreo, complementando los medios de todas las fuerzas.
  • Favorecer el rápido intercambio de inteligencia e información, eliminando fronteras imaginarias e innecesarias.
  • Analizar cambios de estructuras y eventuales fusiones en las áreas educativas, unificando la formación de aquellos que tendrán la responsabilidad de la seguridad.
  • Redesplegar medios y reasignar tareas en aquellas zonas en donde existan superposiciones de recursos humanos y materiales.
  • Crear un sistema versátil que permita articular, completar y emplear gradualmente todas las fuerzas para enfrentar todas las amenazas.
  • Actualizar la legislación con la finalidad de facilitar las tareas de prevención del delito y hacer más expeditivo el sistema.
EL PAÍS NECESITA DE NUEVAS RESPUESTAS.
  • La situación del país exige nuevas respuestas alejadas de las concepciones antiguas, en algunos casos ideologizadas. Es menester elaborar un marco legal que no sea de carácter restrictivo, rígido y casi estanco.
  • Es tiempo de una visión integral que contemple la utilización de todo el potencial del Estado, que no sólo conciba una respuesta militar o policial.
  • Debemos pensar, incluso, la forma de enfrentar el crimen y la delincuencia:
  • A través de la educación, fuente natural de la inclusión social.
  • Mediante leyes claras y sencillas, que permitan crear el sistema de "premios" y "castigos" conque toda sociedad democrática funciona.
  • Con un sistema penitenciario apropiado que permita hacer cumplir aquello que la justicia condena.
  • Dando contención a la niñez y juventud, como una forma de asegurar salud y alimentación
  • y, fundamentalmente, revalorizando y apoyando a la familia como el verdadero núcleo de toda organización social posible.
EN ESTE SENTIDO, EL EJÉRCITO ASPIRA TAMBIÉN A REALIZAR SU APORTE CON POSIBLES SOLUCIONES.
  • Estamos convencidos de que la sumatoria de tanques, cañones y helicópteros no constituyen, a nuestro parecer, la respuesta excluyente y única para mejorar la seguridad. Por este motivo, estamos trabajando en una serie de proyectos y evaluando diversas posibilidades a fin de establecer cuál es la mejor forma de continuar brindando, en estos momentos, la ayuda que la sociedad tanto necesita.
  • Además del conocido proyecto de "Voluntarios para la Defensa" que prevé la incorporación voluntaria de ciudadanos por períodos reducidos, para formar y constituir las Reservas de la Nación y para prestar apoyo en tareas para la comunidad, se encuentra en estudio la posibilidad de implementar un nuevo modelo de Servicio Militar Obligatorio, quizás como un servicio discontinuo que nos permitiría, al mismo tiempo, contribuir a la contención social y reforzar el sistema defensa y seguridad.
  • Queremos, sin embargo, mantener como núcleo DURO nuestro sistema de Soldados Voluntarios, complementándolo con conscriptos.
FINALMENTE.
  • Creemos que el Estado de Seguridad constituye una situación ideal a alcanzar que debe ser obtenida mediante la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación. La unidad de esfuerzo es el requisito de éxito.
  • Es un tiempo para reflexionar si podemos abandonar aquellas posturas originadas en la reacción frente al pasado y teñidas de ideología o de intereses sectoriales que ven a la Defensa y a la Seguridad como compartimentos estancos, con dificultades para complementarse y responder a planes integrados para pasar en consecuencia a un sistema que conciba el empleo coordinado de todos los medios y recursos con que cuenta el Estado.
  • Debemos abandonar, además, la tentación de darle carácter peyorativo al pleno ejercicio del monopolio de la fuerza, y rechazar catalogar como "represión" toda acción legítima del Estado para defenderse.
  • Es tiempo de asumir responsabilidades y adoptar medidas concretas, de pensar en la gente y no en las ideologías, de crear el futuro en lugar de debatir improductivamente el pasado. Hemos aprendido muchas y duras lecciones, hemos dado un claro testimonio de nuestra conducta como para que, ante el clima de inseguridad que nos rodea, sigamos dando a nuestra sociedad respuestas limitadas, condicionadas y por ende ineficientes.
  • En este sentido, Stephen Sloan en "Terrorismo y asimetrías" en el año 1999 llamaba a las naciones a abandonar la dialéctica al sostener "...perduran debates sobre si el terrorismo es un acto criminal, una forma de violencia política o una forma de guerra. El hecho es que el terrorismo ensancha el espectro de la violencia, el conflicto y la guerra....".
  • Sin lugar a dudas, la Seguridad del Estado no es patrimonio exclusivo militar o policial; es un bien de la sociedad, una obligación y un derecho de todos.
  • Los argentinos hemos alcanzado la madurez política suficiente como para comenzar a diseñar los instrumentos más aptos que permitan lograr ese hábitat de seguridad al que hacíamos referencia y que tanto anhelamos.
  • La solución no se agota en la "militarización" o en la "policialización", como algunos sostienen. Hemos de lograrla, adoptando medidas preventivas y ejecutivas:
  • en el campo de la educación, como vehículo de progreso que habilita aún a los más pobres y a los excluidos a tener un futuro posible,
  • en el campo del bienestar, donde salud y alimentación, hoy ausentes para muchos argentinos, se constituyen en la esencia de la justicia social y en condición esencial para limitar la inclinación al delito,
  • en el campo de la seguridad y de la defensa adoptando tal vez algunas de las medidas aquí propuestas o las que resulten de los estudios a encarar con urgencia,
  • y, fundamentalmente, protegiendo a la familia y ejerciendo los principios y valores que identifican a la sociedad argentina que hoy necesita que le devolvamos la esperanza.

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