INTERROGANDO AL TERRORISTA SUICIDA

 

por Edgardo Arrivillaga


Después del 11 de septiembre las preguntas que circundan los ambientes del mundo antiterrorista se obstinan en dilucidar una ecuación difícil.

El terrorista inmolado, el suicida autocelebratorio, constituye una ritualidad nacida en desierto del mundo islámico o -por el contrario-, forma parte de una refinada máquina de guerra puesta al servicio de una causa que, una vez mas, se pretende revolucionaria y a la vez nacional.

Según el especialista israelí Ehud Sprinzak, en un provocador articulo publicado en Foreing Affairs, no es necesario colocar el acento sobre el carácter irracional del suicida musulmán, para entender la profunda lógica interna de sus acciones.

"En el fondo es una táctica militar simple, básica y poco costosa" sostiene con la precisión de alguien que está haciendo un esquemático balance entre objetivo, costo, perdidas y logística, agregando

"solo se trata de evitar la fuga, ya que se sabe que el terrorista capturado no escapa a la muerte bajo interrogatorio"

Es cierto, hay una tremenda amplificación mediatica del suicidio", reconoce y eso -en el fondo- es lo que mas golpea".

Por su parte Martha Crenshaw, una especialista de la Universidad de Connecticut, argumenta que el martirologio es en si mismo una eficaz propaganda, ya que el martir se convierte en un modelo tardio, volcado hacia el futuro y -a la vez -una leyenda, que proyecta un halo de heroismo revolucionario para las generaciones que vendrán y culminarán su mandato de aniquilación, muerte y desafío.

Lo cierto es que el martilorologio no es consubstancial a la causa palestina, causa política de inspiración mas bien racionalista dentro del mundo árabe, que solo comenzó a blandir la cimitarra de la autoinmolación después de 1987, hace solo unos pocos años.

Ocurre que vistos con cierta esquema analítico los numerosos atentados autoinmolatorios no pertenecen a los palestinos sino a ese mundo conradiano que se encuentra entre Pakistán y la India. Es allí y no en Palestina, donde se encuentra el grupo mas eficaz en la ejecución de atentados, que implican la muerte o el semisuicidio del ejecutor. Y este grupo es básicamente el de los Tigres que se mueven en la folklórica tierra de Bengala, aunque resulten ser mucho menos mediáticos que los que se inmolan en los autobuses y las discotecas de medio oriente.

Mataron a Rajiv Ghandi, en 1991 y a un presidente de Sri Lanka en 1993 y han sistematizado una estrategia de inmolación para alcanzar el objetivo que consiste en el prolijo entrenamiento de comandos suicidas, de los cuales, poco se ha visto todavía en Palestina.

Un 30 por ciento de ellos son mujeres, ya que pueden disimular con un falso embarazo los explosivos que llevan debajo de su túnica, evadiendo con mayor pulcritud y eficacia los controles policiales.

Y si bien nadie quiere convertirse en una amable bomba humana, una de las elegidas sostiene -en un reportaje ofrecido a un periódico indio-, "es el mas grande sacrificio que puedo hacer para obtener nuestro territorio nacional y la única forma de que nos entiendan, aun si esto implica nuestra muerte"

Desde luego que los tigres destinados al suicidio no se consideran terroristas.

"Somos una organización de liberación nacional -declaran- queremos la libertad humana para nuestro pueblo. Somos combatientes".

Cronológicamente, del lado palestino, la primera bomba humana con éxito desbastador estallo en 1993 y produjo un efecto residual curiosamente perfecto: varios grupos reclamaron su autoría y el mas aguerrido en esa propaganda mortal era, indudablemente, Al Fatah.

Si realmente las operaciones de suicidio son una táctica militar, con escaso ingrediente religioso y tenue percepción de psicopatía encubierta, es poco probable que los mecanismos de destrucción se detengan en función de concesiones territoriales, acuerdos demográficos o cartas diplomáticas.

De alguna forma, ya lo había anticipado la etnóloga suiza Cristina Von Kaenel, al sostener que una identidad, la del suicida revolucionario, no logra esconder la otra, la mas profunda, la mas peligrosa, que es la del revolucionario a secas.

Un revolucionario peligrosamente jaqueado, volcado hacia el lado mas oscuro de su propio límite ya que es plenamente consciente que detrás de la táctica, eficaz pero primitiva, se esconde el rostro de la captura y la inmolación. De esa forma la astucia final de la inmolación no resulta ser, funcionalmente adecuada al paraíso, sino a la concreta búsqueda de una nueva identidad nacional.

En ese caso el problema no es el martirologio sino la eficacia del suicidio como herramienta política y como táctica militar.

También en Tchechenia, el ejercito ruso se ha visto enfrentado a tácticas suicidas y las explicaciones de los prisioneros son de una dura banalidad guerrera. "No es fácil entrar al paraíso" manifestaron escuetamente y con cierta ironía póstuma, cuando las tropas de Vladimir Putin ya los tenía entre sus fauces.

No resulta casual, entonces, que los terroristas se autodefinan como un arsenal de creyentes, una especie de infinita santabárbara de munición humana lista para deflagrar cuando la situación inmolatoria o la táctica militar y mediática lo exijan.

Y al respecto es bastante revelador recordar la posición de los teólogos libaneses en los años 80. Por razones doctrinarias no estaban dispuestos a aprobar las operaciones suicidas que ya se esbozaban y amenazaban con hacer tambalear el sueño de una paz occidental, producto de las probetas de la diplomacia modelo Camp David.

Frente a este fuego cruzado de creencias y tácticas militares bien aplicadas el espejismo de la paz se aleja cada día un poco mas.

Así, visto con cierto realismo el terrorista suicida refleja una estética occidental que decodifica románticamente las apuestas del mundo árabe en revuelta.

Pero la realidad es mucho más fría e inevitablemente pragmática.

Y las apuestas por la paz pareciera que deberán permanecer encapsuladas por un tiempo.

 

Háganos llegar su opinión sobre este artículo

Si utiliza nuestro material, por favor cite la fuente 

© Copyright 2000-2005 Harrymagazine (www.harrymagazine.com)

Mantenimiento: C & E asociados (www.ceasociados.com)     

 Portada