RITMOS INEXORABLES: UNA RECESION ATADA A LA DE LOS ESTADOS UNIDOS.
En un dramático crescendo de profecías autocumplidas, Stiglitz explica el despliegue de una recesión, la local, la nacional, que no puede escapar a los desajustes de la economía americana y su profunda interacción entre flujos monetarios que se han vuelto variables independientes de los de la producción. En su escenario mas positivo y favorable y apuntando mas a las causas exógenas de la crisis nacional, mas que a las internas -tributarias de lo político- el último best seller americano sostiene que la ruta del desierto arido aún es larga para la Argentina y preve un escenario de penuria recesiva que se prolongaría aún por dos años. El tiempo necesario como para que la economía americana refleje un crecimiento sostenido. Paralelamente y con mas energía que el funcionariado nacional argentino pone rígidos límites intelectuales a las recetas del FMI, señalando como los mejores alumnos pueden volverse, repentinamente, los peores y como para ellos el gran maestro de la finanza internacional carece de recetas, y en ese aspecto roza tangencialmente una tema supranacional, la revisión de las misiones, funciones y casi viabilidad de los organismos de credito creados despues de la ya lejana, lejanísima, segunda guerra mundial.

El diagnóstico - interrogante planteado por Stglitz - queda abierto.


"El FMI los ató de manos"-
Ago02

El economista culpa a los gobiernos por seguir los consejos del organismo, y explica por qué la recesión seguirá al menos por un año.

P: ¿Por qué tanta gente en los países en desarrollo teme u odia al Fondo Monetario Internacional?
Stiglitz: Creo que en algunos casos es porque el FMI tiene un mensaje muy simple que no les gusta. Resienten al mensajero, sin advertir al mensaje. Ese es un punto. Pero frecuentemente el FMI impone políticas extremadamente hostiles, basadas en modelos simplistas del fundamentalismo de mercado. Modelos simplificados que no logran describir el funcionamiento real de la economía de mercado en los países industrializados, y son mucho más inapropiados para los países en desarrollo, probablemente debido a la manera en la que ellos operan.
P: ¿Qué opina sobre una eventual ruptura con el Fondo?
Stiglitz: En un mundo globalizado hay una mayor necesidad de instituciones globales, porque somos más interdependientes y hay más necesidad de sumar acciones colectivas. Cuando el FMI respondió a este precepto, lo hizo desde una visión rara. Y los mercados no funcionaron. Los países en desarrollo frecuentemente necesitaron ayuda externa para promover la expansión fiscal y detener la recesión. Los mercados de capitales frecuentemente no funcionaron y necesitaron conseguir fondos. Por desgracia, el FMI ha perdido completamente su misión original, y más bien hace lo opuesto. Hay muchos cuestionamientos acerca de cuáles son las reformas fundamentales necesarias: si volver al FMI a la misión original, cambiar a los funcionarios, ser más transparentes o cambiar las motivaciones operativas. Reformas fundacionales. La pregunta dura es si la reforma del FMI es posible o si conviene comenzar desde el llano. Hay un sentimiento creciente de que quizás es mejor empezar de nuevo.
P: ¿Quién es más responsable por la crisis económica y social en la Argentina? ¿El FMI, Washington o los gobiernos argentinos?
Stiglitz: Todos tienen una responsabilidad compartida. La cuestión no es quién tiene más o menos responsabilidad, sino que la comparten. La responsabilidad última es de los gobiernos, que siguen los consejos del FMI.
P: ¿Y el FMI?
Stiglitz: Como el FMI les dio malos consejos a los gobiernos y apoyó malas políticas económicas tiene un muy alto grado de culpabilidad y responsabilidad. No sólo por haber creado un sistema económico que fracasó, sino también por las políticas particulares que lo construyeron. Por ejemplo, el tema sobre si la convertibilidad era apropiada o no, no es el factor clave. La convertibilidad triunfó en bajar la inflación, en un país que padecía la hiperinflación. El problema fue alrededor de 1995, cuando las consecuencias de la crisis del Tequila aparecieron. ¿La Argentina tenía las armas para salir de eso? Nunca se adoptaron las medidas necesarias. ¿Por qué pensó el FMI que la Argentina podía superar esa crisis sin medidas de fondo? Para mí es muy difícil de entender. Concibieron al sistema de la convertibilidad de una manera tal que se hizo muy costoso salirse de él. Entonces, era un sistema que no podía resultar atándose a un dólar que representaba sólo el quince por ciento de su intercambio comercial, un dólar sobrevaluado. Después del colapso del real y el debilitamiento del euro, se volvió cada vez más evidente que la Argentina no podría continuar así. Pero mientras tanto, el FMI le siguió proveyendo fondos para permitirle al país estirar esa situación.
P: ¿Por qué fue eso?
Stiglitz: Creo que el FMI no quiso admitir su error. Anteriormente, en la crisis del Sudeste asiático, ellos forzaron la idea de que había dos polos: o se podía tener cambio flexible o se podía tener cambio fijo. Impusieron el cambio fijo en muchos países. Y no querían admitir, al ver al sistema en funcionamiento, que estaban engañados. La Argentina tendrá que pagar por los errores del FMI en sus teorías económicas.
P: ¿El sistema de convertibilidad argentino fue un modelo?
Stiglitz: El FMI definió a la Argentina como "un alumno destacado". Pero el peor problema para la Argentina fue haber sido un alumno obediente. Por serlo, los créditos fluyeron. Era muy fácil pedir. Y el endeudamiento se produjo en dólares. Que significó que si se devaluaba, las consecuencias serían mucho más severas. En otras palabras, a ustedes el FMI los ató de manos. La crisis financiera global la afectó y de repente convirtió a la Argentina en víctima inocente de las enormes vicisitudes en los mercados de capitales y del desgobierno del FMI. Todos huyeron de los mercados de capitales emergentes, incluida la Argentina. Mientras la tasa de interés permaneció baja, la deuda argentina no era tan alta. Pero cuando esa tasa se elevó, se volvió inviable. Si la Argentina cayó en esto tan repentinamente, significó que pedir se volvería peligroso para cualquier país. Y nuevamente, el FMI quiso probar que el modelo funcionaba. Pero estaba destinado a fracasar.
P: Hubo otros problemas.
Stiglitz: Sí. La privatización de las jubilaciones significó un empeoramiento de la situación fiscal. La privatización de los servicios públicos fue hecha de una manera incorrecta. Y no hubo nunca otra política más allá de profundizar la recesión. El FMI esperó que algún milagro sucediera y apostó a algún tipo de resurrección, que nunca llegó.
P: ¿Cómo deberían tratar los países emergentes con el Fondo?
Stiglitz: Creo que hay tres aspectos. El primero es no dejar de recordar al mundo sobre la hipocresía del FMI. La mayoría de los estadounidenses son sensibles. No los pocos que tienen intereses creados. Pero el resto de los americanos se siente mal. En segundo lugar, focalizar más en los tratados regionales de comercio, como el Mercosur, y reconocer que ustedes deben volverse a sí mismos. Y desarrollar el Mercosur globalmente, levantarse de entre los muertos. Globalización significa que pueden ver hacia Europa o Asia, adoptar una perspectiva global y profundizarla para presionar. Buscar los acuerdos que más convengan. Y lo tercero es utilizar los foros internacionales. Reclamar el crecimiento y mostrar las injusticias del trato recibido.
P: Muchos creen que en las políticas impuestas por el FMI se ocultan planes secretos para controlar al país.
Stiglitz: No creo en las teorías conspirativas. Lo que sí creo es que hay muchos intereses creados en juego. Ningún país por sí solo tiene un poder similar al de los Estados Unidos. Por ejemplo, en la crisis asiática, Japón propuso un Fondo Monetario Asiático de cien billones de dólares, absolutamente críticos para la recuperación de los países asiáticos. Y los Estados Unidos y el FMI hicieron todo lo posible para deshacer esa iniciativa. Y la razón era que creían que el Fondo Monetario Asiático podía ser la contracara del FMI. Ese es un ejemplo de cómo debido a intereses políticos, hubo consecuencias de sufrimiento en muchos lugares.
P: ¿Qué debería hacer ahora el FMI con la Argentina?
Stiglitz: Colaborar sin condicionamientos. Eso habilitaría al Banco Interamericano de Desarrollo y al Banco Mundial a proveer fondos para reactivar la economía.
P: Una señal.
Stiglitz: No creo que una señal sea tan importante, pienso que se exagera mucho sobre eso. Porque otros inversores no están mirando a los ratings del FMI, sino más bien qué está ocurriendo en el país. Si la economía comienza a recuperarse, comenzarían a venir.
P: ¿Qué sería bueno para la Argentina?
Stiglitz: Concentrarse en la reactivación de la economía. Proveer créditos, crear nuevas instituciones, reestructurar las existentes, subsidiar las exportaciones. Tratar de identificar las barreras para el resurgimiento de la economía y dirigir el crédito hacia ellas.
P: ¿Cuánto tiempo durará la recesión en América latina?
Stiglitz: Ustedes conservarán esta recesión hasta que termine la de los Estados Unidos, lamentablemente...
P: ¿Muchos años?
Stiglitz: No, no. Posiblemente un año o dos. Pero ese es un tiempo muy largo en un mundo tan rápido. No veo la recuperación a la vuelta de la esquina.

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