COMO SUPERAR LA CRISIS Y ABRIR UN "CIRCULO VIRTUOSO"

Escribe Sergio Cerón – Noviembre de 2002


John M. Keynes dijo que era una obligación moral de empresarios y del Estado luchar contra el "estancamiento" de la economía y el "desempleo". Sostuvo que los estados depresivos deben ser quebrados mediante el gasto público, las políticas monetarias y fiscales y otros instrumentos que permitan estimular la demanda, la inversión y el empleo, para salir de la depresión.

Esta política fue formulada en un contexto histórico muy particular; no obstante, el pensamiento de Keynes condiciona aún hoy el optimismo de quienes creen en el progreso lineal y constante de la economía. El sistema económico mundial está sometido a la alarma roja disparada por la presencia de una altísima tasa de especulación financiera, un creciente endeudamiento de las naciones, las crisis reiteradas en países periféricos, el temor al efecto dominó que las tornen incontrolables por efectos acumulativos y la falta de una clase política internacional, donde la figura del estadista ha sido reemplazada por el político de vuelo bajo, dependiente de las estructuras del poder especulativo.

Los analistas de la economía –economistas, sociólogos, planificadores y futurólogos—alertaron desde hace varias décadas sobre el impacto de las nuevas tecnologías y la eventual generación de cambios cualitativos más que cuantitativos en los sistemas industriales, con la consecuencia inmediata de la generación de desempleo debido a la substitución de industrias de mano de obra intensiva por las del conocimiento, demandantes de mano de obra de alta especialización, y el desplazamiento de los mercados mundiales de las naciones en vías de desarrollo, víctimas de su propia ineficacia productiva y, además de las prácticas proteccionistas de los Estados hiperdesarrollados, destinadas a evitar su desempleo interno.

De manera muy somera ésta es la situación que enfrenta la Argentina, sometida a la crisis tal vez más severa de toda su historia.

Encara el desafío de ingresar a una economía moderna, lo que implica producir con tecnología moderna productos que puedan competir en los mercados tanto internos como externos; es decir, que pertenezcan a una economía mundial. Pero,¿cuáles son los sectores que pueden razonablemente hacerlo en estos momentos?.

La producción agroalimentaria, la energía y, de manera incipiente, pero prometedora, la minería.

En las postrimerías de la década de los sesenta, Peter Drucker sorprendió a muchos de sus admiradores con la siguientes aseveración:

"En los países desarrollados, la agricultura se ha convertido en la actividad más productiva, la que requiere inversiones intensivas de capital, la más altamente mecanizada y, en conjunto las más "industrial" de todas las industrias modernas. Es una industria en la que interviene un elevado insumo de conocimientos científicos por unidad de producción. De ser el sector más tradicional, la agricultura en los países desarrollados se ha convertido en el sector más progresista."

Durante la Segunda Guerra Mundial, el país vio afectado su desarrollo industrial por las condiciones externas, pero después fueron las políticas discriminatorias que perjudicaban a las exportaciones tradicionales, las responsables no solamente del atraso de la agricultura, sino de las bajas tasas de crecimiento de la economía nacional, por entonces afianzada en el desarrollo de algunas ramas industriales.

La incorporación de nuevas tecnologías productivas, fruto de la acción del INTA y de algunos sectores de avanzada, como los grupos CREA, produjo en los últimos años una verdadera explosión de productividad en el agro y la generación de industrias altamente competitivas, como la aceitera, que conforman buena parte de las exportaciones del país que, en el caso de la soja, figura en la vanguardia mundial.

El mercado mundial para los productos agroindustriales se torna cada vez más sofisticado, debido a la penetración de productos de mayor valor agregado.

Históricamente, a pesar de los altibajos de la producción agropecuarias, el país nunca dejó de vender el total de sus saldos exportables, cualquiera fuera su volumen.

El sector agroindustrial, movilizador de otros rubros, como automotores, maquinarias agrícolas, construcción, transporte y comercio, es un factor de propulsión del desarrollo armónico del país, con fuerte influencia en las economías regionales, ya que permitiría expandir las empresas exportadoras de bienes terminados, localizadas en distintos puntos del territorio, creando una verdadera trama integrada por el desarrollo sectorial y territorial.

La exigencia de exportaciones obligará a aumentar la productividad en la Pampa Húmeda, a incorporar moderna tecnología, dotar de organización técnica y gerenciamiento a las explotaciones e, incluso estudiar la incorporación de nuevos cultivos e incorporar toda la tierra disponible de las áreas áridas y semiáridas para una producción intensiva con tecnologías hídricas y quizá sea necesario avanzar en los planes de adaptación de nuevas especies de cultivos para la producción de agroenergía (como el biodiesel), cuya demanda, por razones de orden económico y ecológico, se prevé destinada a crecer exponencialmente en el futuro inmediato.

El desplazamiento de la ganadería a regiones situadas más allá de las fronteras agropecuarias actuales, Chaco Gualamba, Bajos Submeridionales (sur del Chaco, norte de Santa Fe), tierras situadas al sur del Río Colorado, permitiría ampliar la producción agrícola y radicar nuevas industrias destinadas a elaborar la materia primera y desarrollar la economía de zonas hasta ahora abandonadas por los planificadores centrales.

La canalización del Bermejo facilitaría la provisión de agua y un sistema económico de navegación fluvial para sacar hacia el exterior la producción agropecuaria y minera del centro y noroeste del país. Este proyecto sería complementado por el riego, mediante una red de retrocanales, con agua del Paraná, que sería bombeada durante las horas en que la energía hidroeléctrica de las centrales de base, como Yacyretá, no es consumida por los centros urbanos industriales.

El Ferrocarril Transpatagónico, uniría a las regiones productivas del sur con la red ferroviaria actual, que deberá ser modernizada para alcanzar, en cargas, una velocidad promedio de 80 kilómetros horarios.

La Argentina deberá rescatar su señorío en la explotación de su litoral marítimo, evitando la depredación de sus especies ictícolas y promoviendo una industria nacional volcada a la exportación.

También es necesario encarar la producción intensiva de diversas variedades de peces moluscos y algas en aguas marítimas y continentales, requeridos por el mercado mundial.

La plataforma continental argentina no sólo es rica en hidrocarburos, sino en nódulos minerales, que aportarán nuevos recursos para la exportación.

Si aceptamos el reto de crear una moderna industria de la alimentación, tecnológicamente avanzada y comercialmente agresiva, es necesario aceptar desde ahora que la adaptación

tecnológica es la clave. Luego vendrá el desarrollo de tecnologías propias, para lo cual es indispensable prever una decidida política de ciencia y tecnología, movilizando la inteligencia nacional, hoy en vías de resignarse a abandonar su tierra simplemente para subsistir.

Carlos Conrado Helbling convocó a "apurar el paso" a los responsables de la conducción del país en un comentario publicado en La Nación del jueves 7 de marzo de 2002 y dejó constancia de su convicción de que la Argentina puede ampliar rápidamente su horizonte económico en base a condiciones existentes y no utilizadas en toda su potencialidad.

Señaló que se vislumbraba una cosecha record que nos convertiría en el primer exportador mundial de aceite de girasol y en el segundo de aceite de soja. La industria aceitera es uno de los sectores más dinámicos de la explotación agropecuaria. Dotada de tecnología de avanzada y de instalaciones portuarias puestas al día, constituye una demostración de cómo una adecuada política sectorial abre posibilidades apenas entrevistas hace un par de décadas.

Las exportaciones de petróleo y derivados permitieron ingresar al país el año pasado 5.000 millones de dólares y la venta de gas y electricidad a los países vecinos ofrece crecientes perspectivas para la balanza de pagos.

El otro gran rubro dormido de la Argentina, la gran minería, mantenida como reservas para las grandes empresas internacionales, se ha puesto en movimiento. Las cinco compañías más importantes se han establecido en el país en los últimos años y han comenzado a exportar minerales variados, entre ellos cobre, oro, plata, bórax y otros.

Estos tres sectores no pueden ser el objetivo excluyente de una estrategia de desarrollo, sino la avanzada de un proyecto integral, en el que la búsqueda y puesta en marcha de tecnologías de punta, para las que el país cuenta con recursos humanos calificados, abra perspectivas para su ingreso a una categoría que supere los niveles del subdesarrollo. Un país que exporta tecnología nuclear a Australia y coloca en el espacio satélites científicos construidos en el polo tecnológico de Bariloche, no es de ninguna manera una nación subdesarrollada. Raúl Prebisch dijo alguna vez que la Argentina era, en esencia, un "país subadministrado".

En lo que nos queda de la Comisión Nacional de Energía Atómica, en el INVAP, en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), en las universidades y en la Universidad Tecnológica Nacional, existe un reservorio de talento y conocimientos sin utilizar.

Contamos con una gran palanca para mover a la Argentina: agroindustrias, energía (con la enorme potencialidad de la generación eólica, para la cual INVAP acaba de patentar una turbina que duplica la productividad de las tecnologías conocidas) y minería. A partir de su inteligente aplicación a un proyecto de desarrollo, se articulará la movilización de los otros sectores de la economía, con prioridad en los que generan el uso intensivo de mano de obra.

Un proyecto económico realista debe asignarse como objetivo a corto plazo llevar el nivel de exportaciones de la Argentina a 50.000 millones de dólares por año. Es un logro posible de alcanzar si el país deja de ser un hervidero caótico de brillantes individualidades, para convertirse en un equipo coherente y esperanzado. Ello requiere la convocatoria de una nueva clase dirigente y la propuesta de una estrategia que recree no solamente confianza y fe, sino una verdadera mística política.

En ese contexto, es imperioso concertar voluntades y conciliar intereses sectoriales para que la Argentina funcione en el marco de una estrategia nacional. Uno de los objetivos imprescindibles de lograr es tomar conciencia de que sólo con el sinceramiento de las grandes naciones industrializadas respecto de la igualdad de oportunidades en el comercio internacional será posible asentar un orden mundial equitativo. Ese orden no será viable en la medida en que se trabe el desarrollo económico de los estados que basan buena parte de su economía en la producción y comercialización de materias primas y productos de la agroindustria.

Mientras rijan los regímenes de subsidios y gravámenes para mantener a los sectores ineficientes de los Estados Unidos y Europa, subsistirá una injusta relación del intercambio y se trabará toda posibilidad de que las naciones endeudadas pueden afrontar sus compromisos.

El caso argentino es paradigmático. Martín Redrado, secretario de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional, sostuvo en un comentario publicado en La NACION el 14 de noviembre de 2002, que con la eliminación de barreras comerciales, "nuestros sectores exportadores pueden aumentar sus ventas en 53 mil millones de dólares anuales", en particular en sectores como las agroindustrias y artefactos mecánicos, vehículos, maderas y muebles, productos químicos, hierro y acero, plásticos, papel y caucho, entre otros. Es decir, de alcanzarse esa eventual meta, el ingreso de divisas fluctuaría en el orden de los 80 mil millones de dólares anuales.

Es obvio que, si se diera esta hipótesis, automáticamente desaparecerían las angustias que nos provoca el pago de nuestra deuda externa. Y a la par se crearía una sostenida demanda de empleo en todos los rubros productivos, desde el campo hasta las industrias de tecnología innovativa. Se darían las condiciones para diseñar el anhelado "círculo virtuoso", horizonte soñado por muchos argentinos.

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