| CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Sergio Cerón – Noviembre 2002 |
Ante la necesidad de encarar la urgente superación de la crisis, el país debe movilizar toda su potencialidad. Una de las áreas más afectadas por la ineptitud y la desaprensión de la clase dirigente argentina, es la de la aplicación del conocimiento a la producción de riquezas. De ahí que sea preciso marcar los lineamientos básicos de una política destinada a vigorizar la investigación científica, con prioridad en lo inmediato a la ciencia aplicada, y a la innovación tecnológica como instrumento destinado a desarrollar una industria de avanzada para acceder a los nichos disponibles en el mercado mundial. El país, pese a todos los avatares vividos, incluyendo la desarticulación de la estructura de investigación y de aplicación tecnológica, está en condiciones de recuperar el tiempo perdido y de avanzar a paso redoblado hacia su futuro. Instrumento esencial para ello es la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Este organismo debe fijar políticas para todas las instituciones que reciben partidas presupuestaria y subsidios del gobierno, a fin de evitar dispersión de esfuerzos, superposición de funciones, duplicación de proyectos y deficiente control de gestión. Esas instituciones – como por ejemplo, la Comisión Nacional de Energía Atómica, actualmente desarticulada, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, la Comisión de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y otras similares, recibirán el mayor apoyo posible del Estado, pero manteniendo la autonomía de gestión viable, a fin de no alimentar a una monstruosa estructura burocrática. El presupuesto para CyT será elevado paulatinamente al 2% del PBI, a fin de evitar la emigración de científicos y técnicos como consecuencia del desempleo, los bajos sueldos, la pauperización de los presupuestos, la escasez de instalaciones adecuadas, la desarticulación de los equipos de investigación y la interrupción de los proyectos iniciados. El Estado necesariamente se abocará a brindar líneas de apoyo a los esfuerzos de innovación tecnológicas para evitar la repetición de un viejo vicio: llegar al estadio de unidades o plantas piloto, sin culminar en la producción seriada. Algunos ejemplos:
energía, calefacción o desalinización de aguas); nunca se contó con presupuesto su fabricación y se boicotearon todas las propuestas externas de crear una
La lista sería prácticamente interminable y sólo serviría para ilustrar una historia de frustraciones y dependencia. A pesar de todo si, como lo hizo la India en 1956 cuando la gobernaba el Pandit Nehru, la Argentina decide emprender el desafío de convocar a su capital de inteligencia, es mucho lo que se puede hacer para salir del subdesarrollo y la desazón que nos agobian. La cuestión fundamental es la aptitud con la que el liderato político y económico se muestre capaz de acumular un plusproducto económico para la inversión, a partir de los sectores aptos para acumular recursos de sus exportaciones – en este caso de agroindustrias, energía y minería, como sectores básicos – para encauzarlos con decisión hacia las áreas de alta tecnología y alto rendimiento. ¿Un sueño de ilusos? ¿Acaso es un sueño haber exportado centros de investigación nuclear a Perú, Argelia, Egipto y Australia? ¿O productos medicinales surgidos de la ingeniería genética (laboratorios Bio-Sidus) a países de varios continentes? ¿O que nos enteremos por la prensa de que INVAP ha elaborado un prototipo de usina eólica que duplica la capacidad de elaboración de energía de los modelos más avanzados del mundo? ¿O, finalmente, de que un técnico argentino construye turbinas para aviones u otros usos, que con menor peso y número de piezas que las convencionales, logra mucho mayor rendimiento? Nuestro país conserva todavía una substancial porción de científicos y tecnólogos – masa crítica de talento - para producir nuevas tecnologías y realizar nuestros descubrimientos científicos, sin depender de decisiones externas. Para ello ha de contar con una estrategia que tenga en cuenta tres condiciones:
para romper la inercia Una resolución del ministerio de Economía del 13 de junio propone revisar partidas presupuestarias para disminuir el gasto público. Entre los organismos en cuyas partidas se recomienda podar, se encuentran la Comisión Nacional de Energía Atómica, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y el CONICET. Precisamente tres reservorios del conocimiento científico y de la aplicación tecnológica, palancas necesarias para desarrollar tecnología argentina, a fin de remozar la industria actual y crear nuevas plantas para reemplazar costosas importaciones y exportar al resto del mundo.
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No tan curioso... Lo sería, en cambio, que esta clase dirigente diligentemente dedicada a destruir la estructura de Poder Nacional en las últimas décadas, se atreviera a enfrentar una política de colonización que se aplica en la Argentina sin prisa y sin pausa. Los finlandeses, que prácticamente no destinaban fondos para CyT, pasaron a invertir el 3,3% del PBI. Los resultados están a la vista. Lo mismo hace Suecia, que invierte el 3,8% y domina varios nichos tecnológicos en el mundo. ¿Qué hacer para quebrar la inercia y retomar la senda perdida? En primer lugar definir una política de CyT, con capacidad para realimentarse y expandir la producción de tecnología de avanzada, en los nichos que la Argentina identifique como viables. Ningún país produce todo lo que necesita en este rubro. Opta por lo que mejor sabe y puede hacer. El 12 de julio último, en el ministerio de Relaciones Exteriores se realizó una reunión que sería un paso estimulante, si no mediara la desconfianza que suscita la clase política argentina. El secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín Redrado, y el secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Julio Luna, firmaron un acuerdo para impulsar la exportación de productos y servicios de alto valor agregado con innovación tecnológica. Allí se anunció:
¿Cómo compatibilizar estos anuncios dignos de elogio, con la política del ministerio de Economía, área de gobierno desde la cual en el último medio siglo se desmontó la ciencia y la industria del país? FANTASIAS Y REALIDADES Los afectados por la colonización cultural a las que nos someten sonreirán con displicencia y dirán que todo esto no es más que un paseo por la fantasía. Sin embargo, a ese cuestionamiento podemos enfrentar realidades concretas y verificables, capaces de alimentar una estrategia nacional liberadora para multiplicar la materia gris, crear fuentes de trabajo para millares de científicos y tecnólogos, rescatar la mano de obra calificada que destaca a la Argentina de gran parte del mundo en desarrollo, multiplicar las empresas en todos los sectores, desde el agropecuario, la industria convencional y - 4 - las empresas del sector de "high tech", para decirlo en términos que conmuevan la sensibilidad de los admiradores del postmodernismo político y económico. El consultor internacional Adrián Salbuchi ha dicho que debemos asumir nuestra condición de "País en Guerra". No estamos caminando sobre un terreno bélico característico de siglos pasados, simplemente tomamos conciencia de que desde al menos el nacimiento del siglo XIX la Argentina, como el resto del entonces imperio español en decadencia, es sometida a una estrategia en la que las armas no surgen de los arsenales, sino de los centros financieros. La penetración económica y cultural ha logrado, en nuestro caso, lo que no pudieron hacer los regimientos veteranos de la Gran Bretaña en 1806 y 1807. La derrota de los invasores sajones, que para algunos ingleses resultó afrentosa, fue recibida no solo con resignación, sino con complacencia, por los líderes del Imperio que habían pergeñado una nueva, sutil y más eficaz forma de imperialismo en el mundo. En todas partes, en lugar de combatir a los pueblos en armas, aprendieron a utilizar a los dirigentes nativos, compuestos por ideólogos trasnochados y gerentes económicos, para ejercer su dominio. Este es el campo de batalla y éste es el tiempo. El espacio es la Argentina e Iberoamérica, en ese orden de prioridades; el tiempo es hoy y el corto plazo, para librar el primer combate. Pero la estrategia es una estrategia que se prolongará en el medio y largo plazo. Porque mucho dependerá del escenario mundial. No podemos excluir, aunque no podamos depositar todas nuestras fichas a ello, que la misma implosión que derrumbó el Muro de Berlín se reproduzca en Wall Street (la calle del"Muro") si las contradicciones de la globalización se agravan. Mientras tanto, debemos "Esperar contra toda esperanza", a pesar del bombardeo mediático, de los domesticados exponentes de la cultura oficial y de los adoctrinados economistas que cursan postgrados en las universidades norteamericanas. CURSOS DE ACCION ¿Podemos hacerlo? Es una pregunta que se formulan en un dibujito infantil unas simpáticas máquinas de la construcción, lideradas por un constructor humano. La respuesta, que cala en la mentalidad de los niños y los entusiasma es "!SI, PODEMOS!"
De algunos de sus artículos, extraemos los siguientes ejemplos:
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cátedra de tecnología y es la compañía líder en el mundo en su renglón de producción; el acero y los tubos sin costura para transportar gas y petróleo.
club selecto de no más de una docena de países capaces de clonar bovinos. Intervinieron en el proyecto, veterinarios, neonatólogos, bioquímicos y biólogos moleculares, pertenecientes a la Facultad de Agronomía de la UBA, al Instituto de Genética y Biología Molecular, el INTA y empresas privadas.
INVAP cierra el proceso completo: diseño, construcción del equipo y abastecimiento de Cobalto 60, el isótopo que requiere el aparato para funcionar. Y hay mas, muchas cosas mas, latentes en el vientre del arquitecto nacional. |