LAS GUERRAS AMERICANAS Y LOS ENFRENTAMIENTOS CON EUROPA

El presente trabajo parece un deja vu. Hecha de potencia muscular, de energía,de imaginación calvinista, la diplomacia americana tiende a empantanarse en guerras en donde la conflictualidad planteada por los intereses reales se confunde con la supervivencia de los intereses americanos y estos -a su vez- con los intereses globalizadores de Occidente.
A medida que las desinteligencias entre la Union Europea y Washington por la crucial cuestión "iraquí" se profundiza el desarrollo de los hechos nos recuerdan al frío cinismo anticipatorio de De Gaulle.
Planteada la descolonización por los propios americanos sin excesivos prestamos culturales -hay sectores que ahora se solazan en el autoarrepentimiento- la posición europea ha sido de una stagnation conservadora. Conviene,entonces reexaminar las enseñanzas de Vietnam, en donde el blanco real era China-pese a que el aliado militar llegara con la artilleria moscovita y analizar, paralelamente, la cruzada contra Castro, una entidad menor, cuyo bloqueo se mantiene porque quiso enarbolar algo imposible, el rigido control hacia Venezuela, el verdadero estado disturbador que corría el riesgo de deslizarse de la alianza.
Recordemos algunos hechos y solo cambiemos los nombres de los paises para entender algo de lo que esta ocurriendo y mucho de lo que ocurrirá.

La llegada al poder de Kennedy
Con el nombramiento de John Fitzgerald Kennedy como Presidente de los Estados Unidos, el 20 de enero del año 1961, la presencia y participación del Gobierno norteamericano en el conflicto experimentó un vuelco significativo. Lo que antes sólo constituía una ayuda militar en forma de asesores y dinero, además de material bélico, ahora se tornó en el envío directo de tropas norteamericanas a la zona, las cuales, año tras año, fueron aumentando vertiginosamente a medida que se iba prolongando el conflicto.
La primera semana de su mandato presidencial, Kennedy fue puesto al día sobre la situación en Vietnam. Alarmado por el cariz tan negativo que había adquirido el asunto, el presidente mandó a Saigón al general Lyman Lemnítzer, acompañado del vicepresidente Lyndon Johnson, con la misión de observar en el mismo teatro de operaciones las informaciones pesimistas que venía recibiendo Washington desde Saigón. El informe posterior que recibió Kennedy después del viaje juzgaba la situación como muy grave, y recomendaba afrontar decididamente el reto comunista del Vietcong si se quería erradicar de Vietnam del Sur la influencia comunista. Por lo que se infería, el informe forzaba, más que aconsejaba, a Kennedy a decretar una ayuda militar y económica importante para el Gobierno de Saigón. Kennedy, aunque titubeante al principio, finalmente se dejó influir por los consejos alarmantes de la gran mayoría de sus asesores y decretó, el 28 de enero, el envío de los primeros 400 miembros de las fuerzas especiales norteamericanas (boinas verdes), eufemísticamente denominados por la Administración norteamericana como "asesores y consejeros", con el fin de lanzar una serie de operaciones de sabotaje contra Vietnam del Norte y el Vietcong. Una vez decidido el primer paso encaminado hacia la intervención directa en el conflicto, el vicepresidente Lyndon Johnson, el general Maxwell Taylor (asesor especial del presidente para los asuntos asiáticos), y Walt Rostow (consejero presidencial), presionaron a Kennedy para que aumentase dicha ayuda enviando unidades de ingenieros, infantería y apoyo aéreo a Vietnam del Sur. Kennedy, asustado por el triunfo y consolidación del régimen castrista en Cuba y por la crisis de los misiles, quiso evitar un hecho parecido en Vietnam, por lo que firmó un tratado de amistad y cooperación con Vietnam del Sur en el que Estados Unidos se comprometía enviar más refuerzos a la zona. El Presidente norteamericano, sin darse cuenta, metió a su país hasta el cuello en el lodazal vietnamita, sin hacer caso a los consejos del general francés De Gaulle, mucho más experimentado que él en la cuestión de Indochina, cuando éste subrayó que el problema vietnamita no era en absoluto militar, sino político. Para el general francés en Vietnam no se estaba dilucidando una guerra por cuestiones territoriales, sino una guerra por ver qué sistema político era el que iba a triunfar: el comunista del Norte o el pro-occidental del Sur.

Kennedy, antes de firmar el acuerdo con Saigón que comprometía a su país en la guerra, obligó a Diem, como condición inapelable, a comprometerse en el inicio de una serie de reformas agrarias y democráticas tendentes a conseguir el apoyo de todas las clases sociales del país que el líder sudvietnamita estaba perdiendo con su política represiva. Diem, a regañadientes, comprendió que sin el apoyo de Kennedy (y de su dinero y tropas) le sería muy difícil, si no imposible, conseguir consolidarse en el poder, por lo que acabó aceptando las condiciones impuestas desde Washington. El 9 de abril del año 1961, Diem volvió a ser confirmado como presidente de Vietnam del Sur. Sin embargo, y a partir de ese preciso momento, el Gobierno de Saigón se vería estrictamente vigilado por la Administración norteamericana, cada día más reacia hacia su comportamiento y dubitativa sobre la utilidad de apoyar un régimen como el de Saigón.
Durante los meses siguientes se multiplicaron las visitas a Saigón de importantes miembros del Gobierno de Washington: tres asesores presidenciales (Maswell Taylor, Watt Rostow y George Bundy), un secretario de Estado (Dean Rusk) y un secretario de Defensa (Robert McNamara).
Todos los consejeros militares que Estados Unidos enviaba a Vietnam eran profesionales fogueados en la recién acabada Guerra de Corea o en la Segunda Guerra Mundial. Inmediatamente se aprestaron a organizar unidades especiales de montañeros en el centro del país, apoyadas por más de trescientos aviones transportadores, blindados y helicópteros, con los que desfoliaron y bañaron de napalm la densa jungla vietnamita para hacer salir al enemigo al aire libre, el cual se encontraba perfectamente camuflado gracias a la densa cobertura vegetal que cubría a casi todo el país. Asimismo, los norteamericanos se aprestaron a construir una serie de aldeas estratégicas para concentrar a la población vietnamita con el fin de reagruparla y controlarla, a la vez que se le cortaba al Vietcong sus áreas cotidianas de aprovisionamiento y apoyo logístico. A finales del año 1962, los americanos habían levantado ya unas 3.500 aldeas estratégicas, así como unas 2.000 más en los siguientes años. En estas aldeas sus habitantes podían elegir sus propios consejos municipales y demás estructuras administrativas simples; no obstante, y por desgracia, la responsabilidad de las aldeas estratégicas fue confiada al hermano de Diem, Ngo Dinh Nhu, quien, lejos de preocuparse por la aplicación de las bases democráticas, por el reparto de tierras o por la infraestructura sanitaria, hizo de estos reagrupamientos una nueva estructura autoritaria que acabó beneficiando al Vietcong, el cual encontraba cada vez más apoyo y muestras de simpatías por parte del campesinado, explotado y humillado por la política caprichosa del hermano de Diem.

Mientras que el Gobierno autoritario de Diem volvía a demostrar su incapacidad manifiesta para derrotar al Vietcong y a los movimientos opositores a su régimen (dentro del territorio de Vietnam del Sur), la
Administración norteamericana llevó a cabo un nuevo informe de los acontecimientos y de la forma de llevar los asuntos del dictador Diem en el que volvieron a mostrarse molestos por la acción de los dos hermanos. El balance del informe no podía ser más negativo para Washington: corrupción flagrante de los altos mandos sudvietnamitas, que incidía en las propias tropas de combate, tanto sudvietnamitas como norteamericanas, cada vez más desmoralizadas; campesinado cada vez más afín al Vietcong y más alejado de Saigón; y reservas monetarias y exportaciones en estado ruinoso. A esto hay que añadir la denuncia del propio Diem sobre la infiltración de miembros del Vietcong en los grupos budistas, lo que produjo una durísima represión contra tan poderoso grupo político-religioso que, evidentemente, no yudó a calmar los ánimos, sino todo lo contrario, los encrespó aún más.
Washington había llegado a la conclusión de que el régimen de Diem, al que años atrás había apoyado sin dilación, se había convertido en un gran peligro para sus propios intereses en la guerra, justificando con sus corruptelas al Vietcong, único beneficiario de la división latente que estaba dominando todo el Vietnam del Sur. El Gobierno estadounidense estaba decidida a seguir en la guerra, aunque para ello tenía que sustituir al molesto Diem en el Gobierno sudvietnamita, o de lo contrario el continuo y costoso esfuerzo bélico y económico que estaba desarrollando en Vietnam de nada serviría.

Diem era una figura molesta que no se marcharía por su propia voluntad, lo que hacía necesaria una intervención directa para derrocarle. De hecho, el Gobierno norteamericano, con Kennedy a la cabeza, no podía echarse atrás en su decisión, ya que había enviado un nuevo contingente de tropas de 23.000 soldados de infantería. Siendo así, la suerte de Diem y su régimen estaba echada. Desde el mes de mayo del año 1963, los budistas, exasperados por la preponderancia y prepotencia del grupo católico en el Gobierno, desencadenaron una campaña de protesta decidida a derribar a Diem mediante una serie de manifestaciones encadenadas, con especial relieve las de la ciudad de Hué, antigua capital imperial, en las que un gran número de monjes budistas se inmolaron, ardiendo en plena calle para llamar la atención. El 11 de junio, un bonzo se inmoló prendiéndose fuego en Saigón ante la mirada burlona de la esposa de Nhu (tristemente conocida con el apelativo de Lady Dragón), lo que provocó un gran revuelo, acompañado de protestas callejeras violentas contra el régimen de Diem, quien respondió como sólo sabía, con una tremenda represión por parte de las fuerzas policiales que se cobró un gran número de muertos, heridos y detenidos. Washington, conmocionado por las consecuencias que podía entrañar para su posición una rebelión de la poderosa facción budista, no se lo pensó dos veces, y decidió de una vez por todas acabar con la figura de Diem.

La caída de Ngo Dinh Diem y el aumento de la intervención norteamericana La aparición en la escena vietnamita del nuevo embajador norteamericano, Henry Cabot Lodge, fue determinante para el éxito del golpe militar que se estaba fraguando contra el presidente Diem. Henry Cabot concibió junto con el general Stanley, técnico enviado a Vietnam por el presidente Kennedy para estudiar una salida a la guerra, un plan cuyo objetivo principal era el de aumentar considerablemente la ayuda militar y económica a Vietnam del Sur, y que constaba de dos parte bien diferenciadas: primera, la estratégica, con la potenciación de las aldeas existentes y la construcción de otras nuevas; y segunda, la política, la cual pasaba necesariamente por la exigencia a Diem de que expulsase a su hermano y a toda su camarilla de los ámbitos del poder. Diem, tal como esperaban y deseaban los norteamericanos, se negó en redondo a esto último, para lo que alegó que controlaba perfectamente a todo su Gobierno.
Con el consentimiento tácito de los norteamericanos se tramó un complot militar contra Diem, encabezado por los principales generales sudvietnamitas, hasta ese momento íntimos colaboradores del propio Diem, como pueda ser el caso del general Ton That Dinh, cabecilla del complot.
El 1 de noviembre de 1963, al mediodía, las tropas sublevadas rodearon el palacio presidencial, que cayó apenas sin resistencia. Los militares sublevados ni siquiera pretendían la muerte de Diem o de su hermano, sino tan sólo expulsarles del poder y del país; pero tanto Diem como Nhu, al ver todo perdido, huyeron por un pasadizo secreto en dirección a la ciudad de Cholón, la parte china de la capital, donde fueron sorprendidos por un pelotón de soldados que los reconocieron y, sin previa consulta con el mando provisional de Saigón, los ametrallaron en el interior de un carro de combate.
Al conocerse la noticia, la población manifestó su alegría abiertamente por lo que se suponía que era el final de un período dictatorial, y por el deseo de que este hecho fuese una posible salida pacífica a la guerra. El propio ejército sudvietnamita entregó el poder al recién creado Consejo Militar Revolucionario, presidido por el general Duong Van Minh (Big Minh), como jefe del primero de una serie de gobiernos militares transitorios, asistido por los generales Tra Van Don y Ton That Dinh. Tres días después del golpe se promulgó una Constitución provisional y se formó un Gobierno del mismo cariz, presidido por Nguyen Ngoc Tho. No obstante, debido a la indolencia y apatía del nuevo hombre fuerte de Saigón, el general Big Minh, en esta ciudad se abrió un período histórico, que abarcaría cerca de una década, en el cual los golpes militares fueron habituales.
Cuando el 22 del mismo mes el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy fue asesinado en Dallas, las esperanzas de paz del pueblo sudvietnamita se vinieron abajo, lo mismo que la de los propios
estadounidenses. La llegada a la Casa Blanca del nuevo presidente norteamericano, Lyndon B. Johnson, tuvo tres consecuencias inmediatas que afectaron al propio desarrollo del conflicto: primera, Johnson se declaró abiertamente partidario de mantener la misma política en Vietnam de su predecesor; esto es, seguir con la ayuda norteamericana en Vietnam del Sur, incluso incrementado considerablemente la aportación en materiales y en hombres; segunda, el reciente golpe de Estado en Vietnam del Sur y el asesinato de Kennedy provocaron en Saigón un vacío de poder de tal envergadura que fomentó la ya aludida serie de pequeños golpes de Estado o relevos en la cúpula militar sudvietnamita hasta que, por fin, a finales del año 1965, los generales Nguyen Cao Ky y Nguyen Van Thieu se hicieran con el poder definitivo y restauraran un cierto orden político en Saigón con la formación del Consejo Director Nacional; tercera, que Johnson no intentaría más, como sí hiciera Kennedy, buscar una salida negociada o de paz al conflicto, lo que involucraría totalmente a su país en el conflicto vietnamita. Los generales Cao Ky y Van Thieu hallaron en Johnson el presidente ideal para llevar a cabo sus objetivos de guerra: acciones agresivas más allá del paralelo 17, invasión de Vietnam del Norte y bombardeos masivos contra las principales ciudades nordvietnamitas. Esto sólo podía significar una cosa: la guerra total.

Lyndon B. Johnson y la escalada militar Con Johnson en la presidencia norteamericana, el eufemismo de que la presencia de los norteamericanos en Vietnam consistía meramente en "consejeros" se tornó absolutamente inconsistente. Durante los años 1963 y 1964, el Vietcong, ayudado por la pésima gestión de Diem, por la confusión entre sus asesores y por el auxilio prestado por Vietnam del Norte y por China, extendió su control en Vietnam del Sur de forma tal que las fuerzas sudvietnamitas y norteamericanas estuvieron en peligro de correr la misma suerte que los franceses en la guerra anterior.
Johnson, al ver que el Vietcong estaba ganando la guerra en la jungla, decidió incrementar el esfuerzo militar de Estados Unidos y hacerse con el control de la dirección de la contienda. El Vietcong se resintió bastante y en un principio por la iniciativa estadounidense, por lo que Hanoi decidió también enviar una serie de divisiones regulares en auxilio de la guerrilla, para lo que utilizó la llamada "Ruta Ho Chi Minh", por la que también se trasladaron los suministros que tanto la URSS como China enviaban constantemente a Hanoi y al Vietcong. El conflicto se convirtió, sin apenas disimulo por ambas partes, en una guerra abierta entre Vietnam del Norte y los Estados Unidos, una guerra en la que nunca hubo frentes bélicos definidos, caracterizada más por ataques relámpago de los contendientes en respuesta a un ataque previo del enemigo, y así sucesivamente. Los contingentes norteamericanos se fueron multiplicando año tras año: desde los 23.000 a finales del año 1964, a los 390.000 dos años después, y los 550.000 a comienzos del año 1969. Cuando se inició la retirada norteamericana, a partir del año 1969, 36.000 soldados norteamericanos habían perdido la vida.
En el momento más duro de la guerra, las fuerzas conjuntas desplegadas por Washington y Saigón ascendían a la astronómica cifra de 1.250.000 hombres, respaldados por una poderosa y extraordinaria fuerza aérea.
Ahora bien, en su lucha contra semejantes fuerzas, el general en jefe del ejército nordvietnamita, el general Giap, demostró ser un brillante jefe de guerrillas, capaz de mover con agilidad a sus tropas, dispersas por toda la jungla, articulándolas en pequeñas unidades móviles y con gran capacidad de maniobra en un espacio tan reducido, las cuales conocían perfectamente el terreno por donde discurrían las operaciones, y eran capaces de golpear por sorpresa donde más daño podían hacer al enemigo, en el sur del país. Por mucho que la CIA se esforzase todos los días en presentar al Alto Mando norteamericano detallados informes sobre los movimientos de los famosos "charlies", el Vietcong siempre pudo maniobrar con una relativa libertad con la que sorprendían a los desprevenidos norteamericanos, lo que fue una de las claves del éxito del Vietcong y una de las razones por la que los
norteamericanos abandonaron una guerra que pronto se les hizo definitivamente grande.
En los seis primeros meses del año 1964, debido a presiones militares y políticas (era el año electoral y los demócratas podían ser tachados de tibios), la Administración de Johnson decidió extender la guerra al norte, además de seguir llevando a cabo toda una serie de operaciones de sabotaje contra Vietnam del Norte, encubiertas la mayoría de ellas a la opinión pública. Johnson también preparó una resolución que debía aprobar el Congreso para intervenir en el momento oportuno, la cual fue finalmente aceptada y llevada a cabo el 1 de febrero del año 1964 bajo el nombre de Operación Plan 34 A, que contenía 94 objetivos estratégicos a conseguir por la tropas norteamericanas y un plan de acción articulado en dos fases: control de fronteras y acciones de represalia, por un lado, y presión militar abierta y gradual hasta estrangular definitivamente al enemigo en todos los frentes.
El incidente de Tonkín Los cuatro primeros días del mes de agosto del año 1964 supusieron un punto
de inflexión en la Guerra de Vietnam o, mejor dicho, el verdadero inicio de la guerra en lo que se refiere al ejército norteamericano. Aunque el plan 34 A se aplicó tal y como estaba previsto, era tal la descoordinación que, cuando el destructor Maddox fue atacado (el 2 de agosto de ese mismo año) por torpederos nordvietnamitas en el golfo de Tonkín, éste no tenía instrucciones sobre cómo repeler el ataque. Finalmente, recibió la orden de esperar la llegada de otro destructor que se dirigía en su ayuda, el Turner Joy, aunque ambos buques fueron atacados y hundidos dos días más tarde. El presidente Johnson apenas tardó seis horas en reaccionar a la agresión. Realmente la utilizó como excusa para convocar una reunión de urgencia del Congreso norteamericano, en la que consiguió la autorización unánime del mismo para iniciar una tremenda represalia militar, con fuerzas navales incluidas, durante tres días seguidos. Así comenzó la escalada bélica norteamericana que se cristalizó en una serie de bombardeos continuos sobre objetivos del Vietnam del Norte y del Sur, en los que se utilizó toda la capacidad destructora que en esos momentos poseía Estados Unidos (que era mucha), desde los aviones B-52 a las bombas de napalm o defoliantes, y con un aumento espectacular de tropas terrestres en la zona de operaciones.

A finales del año 1964, Johnson dejó de ser el presidente de su país para presentarse a las elecciones presidenciales, las cuales ganó ese mismo año. De nuevo en el poder, fue convencido por sus principales asesores de que la única posibilidad que tenía Saigón (y por supuesto Washington) de ganar la guerra era la de golpear con fuerza la fuente de todos los conflictos, es decir, Vietnam del Norte. Un violento ataque del Vietcong, llevado a cabo en la región de Pleikú, acabó convenciendo definitivamente a Johnson, quien decretó la puesta en marcha de la gran operación aérea Rolling Thunders, el 8 de febrero, consistente en bombardear sistemáticamente todos los objetivos militares posibles de Vietnam del Norte: de 25.000 bombardeos decretados ese año, se pasó a los 107.000 en el año 1967, con un incremento en el tonelaje de las bombas de 63.000 a las 226.000. Sin embargo, la situación en
Vietnam del Norte siguió degradándose para los norteamericanos: el norte seguía adelante con su esfuerzo militar gracias a los envíos continuos de armamento por parte de la URSS y el socorro alimenticio chino; en el sur, los 200.000 del Vietcong y los 50.000 soldados nordvietnamitas proseguían una guerra de gran magnitud, mezcla de guerra de guerrillas con grandes operaciones militares definidas.

El fracaso de las negociaciones de paz
Con la operación Rolling Thunders, Johnson trató de aumentar todo lo que fuera posible la presión sobre el Gobierno de Hanoi, con el objeto de que éste dejase de proveer al Vietcong y se viera forzado a negociar una paz con Estados Unidos. Pensando en tal posibilidad, Johnson reforzó la operación aérea con el envío de un gran contingente de marines, el 8 de marzo del mismo año, al sur de la localidad de Da Nang. Al mismo tiempo que el esfuerzo bélico norteamericano se intensificaba, el presidente Johnson lanzó una oferta de diálogo a Ho Chi Minh sobre la base de un cese incondicional de las hostilidades y de que Vietnam del Sur fuera reconocido por el líder comunista como un Estado independiente del norte. Asimismo ofreció, tanto a Vietnam del Norte y como a Vietnam del Sur, 16.000 millones de dólares como ayuda para levantar la economía de ambos países. Sin embargo, las conversaciones finalmente fracasaron por ambas partes, ya que ninguno de los dos contendientes pararon los ataques sistemáticos sobre las líneas contrarias. La guerra continuó su curso, con mayor fuerza y horror si cabe que antes.
La brutalidad con que los norteamericanos reiniciaron los ataques en Vietnam del Norte generó toda una serie de protestas procedentes de todos los rincones del mundo. Fue especialmente significativa la producida dentro del propio país norteamericano, en el que las llamadas "palomas de la paz" (Eugene McCarthy en el seno del Partido Demócrata, la actriz Jane Fonda y el líder negro Martín Luther King) llevaron a cabo una agresiva campaña en favor del cese del conflicto y del inicio de conversaciones serias de paz que alcanzó su punto más álgido cuando Johnson restableció el reclutamiento forzoso de norteamericanos para nutrir el frente de guerra. El Vietcong, ahora apoyado y alentado sin reservas por China (enfrentada a la URSS), se apuntó un tanto valiosísimo con las unánimes muestras de repulsa hacia la intervención norteamericana en el conflicto.

La Administración de Johnson, lejos de arredrarse, incrementó su beligerancia contra el Vietcong. Ante la inoperancia manifiesta del general sudvietnamita Khanh al frente del Gobierno de Saigón, los norteamericanos permitieron la llegada al poder de una junta de jóvenes generales, en junio del año 1965, cuyo mando fue asumido por Lao Ky y Nguyen Van Thieu, partidarios de involucrar a todo el país de una guerra total contra el FNL, el Vietcong y Vietnam del Norte. Johnson, encantado con la nueva situación gubernamental de Saigón, intentó, no obstante, un nuevo intento negociador con Ho Chi Minh a finales del mismo año, en el que siguió ofreciendo las mismas condiciones que antes. Pese a que decretó el cese de los bombardeos y la instalación de una tregua, las conversaciones volvieron a fracasar. El 2 de febrero de 1966 se volvieron a reanudar los ataques.
La llegada a Vietnam del Sur de cientos de miles de militares norteamericanos, con todo tipo de materiales ultramodernos y con considerables medios financieros, acabó trastornándolo todo. La Administración norteamericana (y sobre todo su Alto Mando) aún pretendía forzar el fin de la guerra mediante una acción de fuerza contundente que permitiera al país salir del camino sin retorno en el que se había metido y así poder relanzar las futuras conversaciones de paz en una posición de fuerza. El objetivo del ejército norteamericano seguía siendo primordialmente el de cortar las comunicaciones entre Vietnam del Sur y Hanoi, para lo cual, mediante una serie de bombardeos sistemáticos y operaciones de "limpieza", se dedicó a vaciar los arrozales que alimentaban al Vietcong, con lo que provocó una emigración masiva de la población rural hacia las ciudades y poblados (más fáciles de defender y controlar), y, por último, destruir por completo el manto selvático que ocultaba perfectamente a los rebeldes. En esta operación se pusieron en marcha los más potentes medios de destrucción con los que en ese momento podía contar la tecnología armamentística de los Estados Unidos (que era como decir toda la existente en el mundo). A todos los simpatizantes del Vietcong capturados se les exterminó en la mayoría de los casos, ya fuera arrojándoles al vacío desde helicópteros, torturados, violados o asesinados a sangre fría, al igual que hicieron los miembros del Vietcong con los prisioneros norteamericanos.
Como botón de muestra del horror y de la barbarie a la que se llegó en el año 1967, baste recordar el caso ocurrido en la aldea de My Lai, que más tarde condujo a un proceso penal y a una condena de todos sus componentes en los Estados Unidos por la matanza indiscriminada de más de 300 civiles.
Johnson tuvo que soportar durante la mayor parte de su segundo mandato una presión cada vez más fuerte por parte de la opinión pública mundial. Personalidades del peso del papa Pablo VI, del secretario general de la ONU U. Thant, de sus propios aliados (con el caso más significativo de la Francia del general De Gaulle, quien en febrero del año 1966 retiró a su país de la OTAN e inició una serie de acercamientos con Moscú y Hanoi), pusieron en duda la respetabilidad de la primera potencia mundial. No menores fueron, como ya hemos señalado más arriba, las presiones internas, cada vez más fuertes a medida que la opinión pública estadounidense iba conociendo lo que realmente estaba pasando en la guerra gracias a la intervención de la televisión y a las constantes crónicas periodísticas de los diarios norteamericanos.
En el año 1967, Johnson volvió a intentar una nueva ronda de negociaciones para salir del conflicto, pero esta vez buscando la ayuda de la URSS, la cual también empezaba a mostrar síntomas de estar cansada de una guerra en la que no lograba nada práctico, además de mostrarse bastante preocupada por la cada vez mayor sintonía entre China y Vietnam del Norte. Johnson se entrevistó con el dirigente soviético Alexei Nikolaievich Kosiguin, en el mes de junio, en la ciudad de Glasboro (Nueva Jersey), sin conseguir ningún compromiso en firme por parte soviética debido a la definitiva presión de China, decidida a apoyar a Vietnam del Norte hasta el final. En vista de lo cual, Johnson volvió a decretar un incremento de efectivos norteamericanos y de los bombardeos sobre Vietnam del Norte, llegando incluso hasta zonas situadas a 10 kilómetros de la frontera con China.
Debido al aumento de las presiones contra la intervención en el conflicto, Johnson, visiblemente cansado y desgastado por una guerra que él mismo había concebido desde el principio como fácil, comprendió la necesidad de llevar a cabo un cambio de estrategia. El 29 de septiembre del año 1967, Johnson dio a entender, en un discurso que pronunció en San Antonio (Texas), que pararía los bombardeos contra Vietnam del Norte si obtuviera por parte de Hanoi la promesa de sentarse a una mesa negociadora para buscar una salida definitiva al conflicto. Pero tampoco esta vez tuvo respuesta de Hanoi: China seguía oponiéndose a tal proyecto, ya que pretendía utilizar el conflicto vietnamita para dirimir su enfrentamiento ideológico con la URSS.

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