PESCA, EL MARE NOSTRUM DE LOS CORSARIOS.

Para comprender este problema es necesario tener en cuenta que lo que hoy escasea en el mundo es el recurso pesquero.

Y lo que sobra son buques pesqueros e inversores en pesca. Justamente por ello, y para evitar la sobrepesca, la Unión Europea ha decidido la eliminación de 2.986 barcos pesqueros italianos, 1.326 españoles, 962 franceses, 736 daneses, 714 británicos, 355 griegos, 287 holandeses y 180 holandeses.

Esa situación, ajena a nosotros, ha incentivado apreciablemente el conocido interés de los pesqueros europeos (y de todo el mundo) por acaparar a bajo costo nuestra riqueza ictícola. En su afán de ganancias enormes y rápidas, no les interesa si depredan los cardúmenes hasta su agotamiento (ya lo hicieron durante décadas con la merluza y el calamar). Cuando destruyan lo nuestro, irán a otros mares en búsqueda de gobiernos indolentes (o corruptos) que les permitan continuar la fiesta depredadora.

Otra cuestión que preocupa es la escasa renta que queda en la Patagonia por la explotación de esta riqueza suya. Las empresas se llevan la parte del león, con el pretexto de que dan trabajo, y, además, se benefician impúdicamente con los subsidios estatales nacionales y provinciales.

Pruebas y datos al canto:

· Durante el año 2001, se exportaron desde la Patagonia productos pesqueros por un total de u$s 665.122.913. Por despacharlos desde puertos patagónicos hacia el exterior, las compañías pesqueras cobraron en concepto de reembolsos de puertos patagónicos, un subsidio, libre de impuesto a las ganancias, de u$s 45.039.436.

· En ese mismo año, se exportaron langostinos por u$s 431.815.299.

Ese volumen de exportación, a lo largo de un año, representa el cobro, por parte de un reducido grupo de empresas langostineras, de un subsidio por embarcarlo en un puerto patagónico de u$s 27.545.949, a pesar de que la mayor parte de esa inmensa riqueza se congela a bordo (es decir, sin tocar puerto alguno) y se transporta desde altamar directamente al exterior.

· Las actividades pesqueras gozan de exención de ingresos brutos y algunas empresas tienen, además, promoción industrial.

Cada vez que alguien solicita reveer esta absurda e injusta situación, las empresas extranjeras amenazan con abandonar esa provincia (seguramente, por falta de "seguridad jurídica") y trasladar sus negocios a otra en la que los gobernantes sean más "razonables". En más de una oportunidad han utilizado a los trabajadores como virtuales rehenes: "Si nos vamos, quedarán tantos y tantos desocupados"...

El clima se ha enrarecido últimamente por el asunto de la actualización del canon que pagan las empresas. Estaba nominado en pesos, cuando cada dólar costaba graciosamente un peso. Pero ahora que la paridad es 3,5 pesos por un dólar, las empresas siguen cobrando en dólares sus envíos a Europa, pero pretenden mantener el canon en pesos, para "evitar que haya más desempleados"...

Hay otro costado turbio en este tema. Los precios internacionales reales que cobran las empresas exportadoras son sensiblemente mayores a los que ellas declaran acá en el puerto de embarque. Así, el precio del langostino al 17 de noviembre en el mercado mayorista español, MERCAMADRID, fue de U$S-13,82 el kilo. Mientras la merluza cotizó a U$S-4,21 y el calamar a U$S 2,70, siempre por kilo. Ello da un total de pesca exportada de U$S-1.727.500.000. Pero los impuestos y demás gravámenes que deben pagar acá las pesqueras, se calculan sobre un total estimado caprichosamente en U$S-431.815.000. ¡Cuatro veces menos!

Buenos Aires, 11 de diciembre de 2002.

Juan Gabriel Labaké

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