UNA DISCRETA CIUDAD EN VIRGINIA

FORT BELVOIR (Virginia).-


Los soldados llegaron a la península poco antes de la Primera Guerra Mundial: entre estos árboles y prados vivían los pacíficos cuáqueros, pero el ejército tenía necesidad de espacio para adiestrar a los reclutas y los desalojó. Desde entonces, Fort Belvoir alberga a miles de hombres y mujeres militares que, en la base, juegan al golf, participan de cursos de francés, asisten a espectáculos.

Uno solo de los edificios es diferente. En los vidrios de sus ventanas hay minúsculos sensores adaptados para confundir a los espías enemigos que, captando las vibraciones del cristal, quisieran escuchar los diálogos secretos.

Se trata de la discreta sede del Army Intelligence and Security Command, comando militar para el espionaje y la seguridad. Aquí, según los planes aprobados por la Casa Blanca y por el Pentágono, surgirá el cerebro del banco de datos más grande del mundo, capaz de registrar nuestra vida cotidiana en cada pequeño detalle.

El discutido contralmirante John Poindexter ha organizado la IAO (oficina para el conocimiento de la información), una rama de la legendaria Darpa, Defense Advanced Research Projects Agency (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa). Desea hacer converger todos los bancos de datos del planeta en uno solo, gigantesco archivo electrónico, capaz de guardar las reservas de pasajes aéreos, los talones de la caja del supermercado, las llamadas telefónicas realizadas por celular o con teléfonos públicos, los boletines escolares, los artículos de los diarios, los itinerarios en las casetas de las autopistas, las recetas médicas, todas las transacciones privadas o de trabajo.

Se llamará TIA, o Sistema de Conocimiento Total de la Información: "¿Cómo podemos descubrir a los terroristas si no seguimos sus rastros? -preguntó Poindexter en una asamblea pública de atentos especialistas en informática-.

Piensen en el comando de Osama ben Laden. En el francotirador de Washington: si la policía hubiera relacionado su patente con los disparos, gracias a TIA lo habríamos detenido rápidamente".

El sistema TIA ayudará a los analistas del antiterrorismo a verificar, por medio de palabras clave, las informaciones sobre las zonas en riesgo, los e-mails, las "transacciones" sospechosas, como a buscar en Internet datos sobre el ántrax antes del ataque con las esporas venenosas.

Steven Wallach, consejero del presidente Bush, explica: "TIA asociará una foto tomada en Malasia, una llamada a Francfort, un depósito de Paquistán a Chicago". El contralmirante Poindexter, de 65 años, lleva en su dedo el anillo con el sello de primero de su promoción en 1958, de la Academia Naval de Annapolis; en los puños, los gemelos con el escudo de la Casa Blanca, y ama a los clásicos: "Combatiremos a las sombras de la sombra", asegura.
Como lema para su agencia eligió "Sciencia est potencia", saber es poder.
"La llave para combatir al terrorismo es la información", reza el sitio de Internet del IAO.

"TIA será un banco de datos omnicomprensivo -afirma Jan Walker, vocero del IAO-. Trabajará con diarios, televisión, radio e Internet, filtrando e integrando datos. Los analistas podrán pensar juntos en la computadora.
Estamos creando una tecnología revolucionaria."

Pérdida de la privacidad.

"Pero ¿por qué los militares deben saber lo que como en mi almuerzo?", protesta John Pike, apasionado director del grupo de investigación GlobalSecurityu.org. "Si el gobierno acumulara estos datos a costa nuestra, tarde o temprano llegarán los abusos y desviaciones", se lamenta Charlotte Twight, docente de la Boise State University.

La senadora Dianne Feinstein promete una encuesta para proteger la privacidad de los ciudadanos contra el TIA. "Siento olor a Gran Hermano", aseguró.

El subsecretario de Defensa, Pete Aldridge, en cambio, está entusiasmado: "Basta con conectar las transacciones, pasaportes, visitas turísticas, permisos de trabajo, patentes de automóviles, tarjetas de crédito, pasajes aéreos, autos alquilados, compras de armas de fuego o de productos químicos, con los pedidos de captura y las actividades criminales".

Poindexter ya ha presentado el proyecto en el Pentágono, al ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, y a los jefes del FBI. "Me he encontrado con el almirante Poindexter y estamos razonando sobre el banco de datos", reconoce el general Dale Meyerrose, responsable de la tecnología de la información del comando militar al que se confió la defensa del territorio nacional norteamericano después del ataque al World Trade Center.

La idea de que Washington tenga acceso ilimitado a la vida privada de los ciudadanos subleva al decano conservador Bill Safire, columnista de The New York Times: "La idea no sirve, hará un terrorista de cada uno de nosotros, es terrible que el que la proponga sea Poindexter, que es un verdadero mentiroso".

Inocentes y terroristas

John Poindexter, consejero para la seguridad nacional de Ronald Reagan, se vio involucrado en el extraño escándalo Irán-Contras, de venta ilegal ilegal de armas a los ayatollah a cambio de promesas de liberación de rehenes en el Líbano y desvío de fondos a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua. Fue condenado en 1985 y luego absuelto gracias a la inmunidad de la comisión parlamentaria.

TIA querría fichar hasta 2007 a todos los ciudadanos, norteamericanos o no, y luego introducir "filtros ", programas informáticos para "distinguir a los inocentes de los terroristas".

En el 3701 de la calle Fairfax Drive tiene su sede el cuartel general de DARPA, el centro de investigación del Pentágono del cual depende TIA. He ahí la paradoja, ya que esa agencia, llamada a crear la enciclopedia secreta de Fort Belvoir, es la madrina de la libertaria Internet. Fundada en 1958 "para disputar el adelanto tecnológico de la Unión Soviética después del lanzamiento del satélite Sputnik", DARPA contribuyó a diseñar la Web.

Tecnologías de éxito incierto

Junto a TIA nacerán también Babilonia, traductor electrónico del inglés al árabe, al chino, al pashtu (lengua afgana) y el farsi (de Irán), que los marines están ya utilizando con resultados mediocres. También el Ears programado para convertir en texto las conversaciones: una llamada telefónica interceptada se convierte, en tiempo real, en página escrita. El Genisys, que dará la estructura para el banco de datos, y Genoa II, que permitirá a los técnicos y computadoras "pensar juntos" durante las investigaciones. ¿Funcionará? "Quizá no, el 85% de las ideas no se concreta, pero las que funcionan son extraordinarias", reconocen en el IAO. Poindexter tiene razón: saber es poder. Pero es el libre flujo de la información y no su control centralizado el que refuerza las democracias.

Recoger en un archivo inmenso cada pequeño gesto de nuestra actividad creará una rígida red burocrática, impotente contra la dúctil red del terror.

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