Brasil, ¿el malo de la película?

Por Andrés Oppenheimer


A juzgar por lo que escuché en una conferencia de alto nivel sobre asuntos militares hemisféricos, el malo de la película que está bloqueando esfuerzos por resolver varias crisis de la región tiene un nombre concreto: Brasil.

No es que Brasil haya hecho algo terrible desde la asunción del presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, el 1º de enero. Por el contrario, Lula ha probado ser bastante más responsable de lo que preveían muchos conservadores en Washington.

Sin embargo, varios participantes en la conferencia sobre la "Construcción de la Seguridad Regional"", organizada por el Centro Norte-Sur de la Universidad de Miami esta semana, coincidieron en que el Brasil se está manteniendo de brazos cruzados en varios casos clave, mientras se incendia el vecindario.

Como México hasta no hace mucho, el Brasil sigue paralizado por temores que arrastra del siglo XIX sobre ambiciones territoriales de Estados Unidos. Por eso, Brasil suele oponerse instintivamente a cualquier idea que venga o sea apoyada por Washington, independientemente de que sea buena o mala, dijeron los conferencistas.

Actualmente, el Brasil está bloqueando una propuesta canadiense de realizar una "cumbre hemisférica de emergencia"" entre Bush y los otros 33 presidentes elegidos de la región, para hacer algo sobre las crisis de Colombia, Venezuela, Argentina, Bolivia y otros países del área.

La cumbre también ayudaría a forzar a Washington a prestarle más atención a América Latina, luego de que la región prácticamente desapareció del radar de la Casa Blanca tras los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001.

Sin embargo, mientras que Estados Unidos, México, los países democráticos del Caribe y la mayoría de los sudamericanos apoyan esta cumbre, el Brasil se está oponiendo, según dicen diplomáticos del Canadá y Estados Unidos.

"Todo el mundo se está preguntando por qué Brasil no apoya", me señaló Paul D. Durand, el embajador canadiense ante la Organización de Estados Americanos. Algunos expertos dicen que se opone a una cumbre en la que quedaría eclipsado por Estados Unidos. Otros señalan que el gobierno de Lula hace apenas dos meses que está en el poder y no ha tenido tiempo para prepararse como para jugar un rol importante en una cumbre como ésa.

Asimismo, Brasil no está haciendo mucho en apoyo del Plan Colombia, parcialmente financiado por Estados Unidos para ayudar a combatir el narcotráfico y el narcoterrorismo en Colombia. Y en una declaración que cayó como un balde de agua fría en Colombia, el asesor presidencial brasileño Marco Aurelio García dijo días atrás que el Brasil no quiere declarar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como un grupo terrorista, para poder ser un "mediador viable"" en el futuro.

Colombia ha venido pidiendo a todo el mundo que declare a las FARC como terroristas, para entre otras cosas cortarles las donaciones de grupos humanitarios europeos y norteamericanos que todavía ven a estas guerrillas como luchadores sociales. Las FARC hicieron volar un club social en Bogotá el mes pasado, matando a 35 personas, incluyendo cinco niños, e hiriendo de gravedad a otras 173.

En un esfuerzo por limar las asperezas, Lula invitó al presidente colombiano Alvaro Uribe a Brasilia esta semana, y dijo Brasil participó en una reunión de ministros de Defensa en Colombia el 11 de marzo.

Sin embargo, los expertos en seguridad que estuvieron en la conferencia de Miami se manifestaron escépticos de que el Brasil le ofrezca mucha ayuda a Uribe.

"No hay voluntad política"", dijo el coronel retirado del Ejército de Estados Unidos John A. Cope, investigador de la Universidad Nacional de Defensa. "Brasil es el único país que podría marcar una diferencia en la crisis colombiana, y no lo está haciendo"".

¿Son justas todas estas críticas? En una entrevista telefónica, el embajador de Brasil en Estados Unidos, Rubens Barbosa, me dijo que su país se ha mantenido al margen de la cumbre propuesta por Canadá porque originalmente estaba enfocada a acelerar las negociaciones de libre comercio. El Brasil criticó la propuesta de Washington de libre comercio regional y quiere seguir con las negociaciones en curso a nivel ministerial, dijo.

"Todavía estamos estudiando la idea. No hemos tomado una decisión final"", me dijo Barbosa, refiriéndose a la cumbre. Con respecto a la negativa a definir a las FARC como un grupo terrorista, dijo que "nadie nos ha pedido que lo hagamos, ni privadamente ni oficialmente"".

Para ser justos, Brasil fue el primer país de la región que salió a apoyar a Estados Unidos el 11 de setiembre. Y Lula recientemente rechazó un pedido de Venezuela de que se agreguen países no democráticos al Grupo de Países Amigos formado por Brasil para tratar de facilitar una solución a la crisis venezolana.

Pero en cuanto a la propuesta canadiense de realizar una cumbre de emergencia y al pedido colombiano de ayuda regional para combatir el narcoterrorismo, los críticos del Brasil tienen razón. Es hora de que ese país deje atrás sus viejos temores y se sume a esfuerzos regionales por resolver las crisis del momento. Si los brasileños quieren jugar a la pelota, tienen que meterse en el partido.

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