PANORAMA POLÍTICO AL 17.03.03.


A cuarenta días de los comicios, el proceso electoral se torna irreversible
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Las declaraciones de algunos candidatos como Rodríguez Saá, argumentando que Duhalde podría impedir las elecciones, forman parte de la crítica contra el oficialismo, pero no reflejan una posibilidad real. La alternativa de que una elección confusa, con resultados parejos y denuncias de irregularidades impida definir el resultado y en consecuencia lleve a que Duhalde permanezca en el poder, si bien puede darse, no es la estrategia del Presidente, quien tiene en claro que el Ministro Lavagna ha diseñado un plan económico para llegar al 25 de mayo y no al 10 de diciembre. En el caso poco probable que el escrutinio se demorase, Duhalde dejaría el poder el 25 de mayo al senador Gioja o al diputado Caamaño, evitando el costo que esta incertidumbre política tendría sobre la economía.

Duhalde ha comenzado a aceptar la posibilidad de que Menem sea el próximo Presidente.
En las últimas dos semanas, ha evitado las críticas hacia Menem y también lo ha hecho su esposa -hasta hace pocos días quien expresaba la crítica más fuerte hacia el ex Presidente-, incluso frente a las afirmaciones de Menem de que investigará la actual gestión si llega a la Presidencia. Este cambio de actitud ha llevado incluso al actual Ministro de Producción -Aníbal Fernández- la figura del gabinete que hasta hace pocos días era el más crítico del ex Presidente, a decir que si en la segunda vuelta compite Menem contra un no justicialista, votaría por él. A ello se suma el argumento expuesto por Duhalde ante su círculo de que Menem sería el "mal menor" frente a Rodríguez Saá. Pese a ello, el Presidente seguirá intentando apoyar a Kirchner, aunque el domingo reconoció públicamente que el candidato oficialista tiene que "trabajar mucho" para captar el voto justicialista en provincias como Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

Pero la incertidumbre electoral sigue siendo muy alta.
Parece claro que ningún candidato llega al 40% con 10 puntos de ventaja sobre el segundo o al 45%, para ganar en primera vuelta de acuerdo al sistema del balotaje argentino. En los días que restan hasta los comicios, la estrategia del oficialismo es intentar plantear una polarización relativa entre Menem y Kirchner, ya que si el primero compitiera con Carrió, el PJ tendería a reunificarse electoralmente detrás del ex Presidente, como ya lo han expresado voceros de Duhalde. La percepción es que Menem es hoy la primera minoría dominante en el PJ, pese a las encuestas que se publican que siguen mostrando una relativa paridad. Pero contra quién compita en la segunda vuelta, sigue siendo un tema abierto. Frente a este cuadro, la estrategia de Menem sigue siendo obtener una diferencia importante en puntos en la primera vuelta, que haga irreversible su triunfo en la segunda vuelta. La experiencia del sistema de balotaje muestra que el segundo para ganar necesita que la diferencia en su contra se dé por pocos puntos, para evitar el impacto "ganador" que beneficia al primero.

Sindicalistas y piqueteros se muestran dispersos frente a la elección.
La CGT disidente que lidera Hugo Moyano sigue apoyando a Rodríguez Saá, mientras que la CGT oficialista se divide entre quienes apoyan a Menem, a Kirchner y los que se mantienen prescindentes hasta la segunda vuelta, para apoyar al candidato del PJ si compite con un no justicialista. La misma posición tiene el sindicalismo de izquierda nucleado en la CTA, que se mantendrá al margen en la primera vuelta, para recién definirse en la segunda. En lo que hace a los piqueteros, los que responden a la CTA apoyan en la provincia de Buenos Aires la candidatura de Gobernador de Luis D’Elia, mientras que la CCC se define por la abstención y los sectores más radicalizados asumen esta posición o bien apoyan a las distintas fórmulas de la izquierda. Es así como sindicalistas y piqueteros no han logrado transformarse en una fuerza electoral relevante.

A setenta días del nuevo gobierno, el tema de la futura gobernabilidad sigue siendo la clave.
El Presidente no surgirá de un triunfo mayoritario, como ha sucedido históricamente en la Argentina; convivirá seis meses con el actual sistema político en el ámbito nacional, provincial y municipal; tendrá que resolver una agenda crítica urgente, heredada de la actual administración; los partidos políticos, necesarios para articular consensos y coaliciones, están en crisis y la brecha que existe entre la política y la sociedad no se cierra con la elección. Estas dificultades son válidas para cualquiera que gane, pero quizás Menem es quien tenga más posibilidades de enfrentarlas con éxito, por lo menos inicialmente.

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