CARRIO, FREUD, EL HIJO DE PUTA O LA FURIA DE LOS ALIENADOS

por Claudio Chaves


El domingo 20 de abril el Doctor Grondona le hizo una nota a la diputada Carrió, en un tramo de la misma y ante la pregunta del periodista acerca del notable crecimiento en la intención de votos del Doctor Menem, la entrevistada contestó que todos llevamos dentro a un "hijo de puta" y que la gran tarea de la sociedad es contenerlo o anularlo. En el caso específico que estamos hablando, continuó verborrágica la señora, el ex-presidente tiene la rara habilidad de potenciar y expresar a ese "hijo de puta" interior que corroe nuestras vidas.

Sorprendido y quizás tocado, el señor Rozín periodista del elenco estable del programa, le repreguntó, cosa que no quedaran dudas, si efectivamente ella afirmaba que aquellos que votan al Doctor Menem lo hacen impulsados o motivados por el "hijo de puta" que llavamos dentro. Llegados a esta situación la susodicha practicó una vivisección de la sociedad que complicó aún más su exabruto poniendo en evidencia su odio irreflexivo. Me refiero, aseveró desaprensiva y mirando indistintamente hacia los costados como es su estilo, a los votantes de clase media o alta, de ninguna manera a los humildes, pensando que de esta forma dulcificaba sus expresiones.

La Doctora Carrió tiene escuela. La historia política argentina esconde en sus pliegues más oscuros opiniones similares, que bajo otras circunstancias convendría olvidar, pero que en vísperas de un combate tan decisivo como son las elecciones del domingo 27, aún a desgano, no puedo dejar de evocar.

La línea del odio social en el marco de las instituciones creadas a partir de la Constitución del 53´ se remonta a aquella infeliz e imprudente carta que Sarmiento enviara al General Mitre inmediatamente después del triunfo porteño sobre los provincianos en la batalla de Pavón. En la misiva el sanjuanino le confiaba a Mitre:

"Necesito ir a las provincias. Usted sabe mi doctrina. Los hombres estan hechos de antemano."

Y en otra parte de la misma se explayaba sin tapujos expresándole su programa:

"No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos. No deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste"

La violencia expresada en el lenguaje pronto se transformó en violencia real y efectiva en lo cotidiano, y así murieron Peñaloza, Varela y tantos otros.

Algunos años después y enemistado con Mitre, Sarmiento dejó de ser el energumeno de marras y asumió la presidencia desde donde acordó con el gauchaje de provincias abrazándose con Urquiza. Sin embargo lo dicho, dicho estaba.

El desprecio social, refugiado en la provincia de Buenos Aires, no cesó en sus sentimientos. Algunos años después apuntaron sobre el General Roca, heredero del federalismo provinciano y de Urquiza, definiéndolo como el Jefe político de los "chinos", mote despectivo que apuntaba a la base social del roquismo en el ejército, los viejos gauchos fortineros y los indios y mestizos incorporados luego de la Campaña al Desierto.

A Juarez Celman le cupo lo de "burrito cordobés" que la juventud frívola de la ciudad puerto proclamaba irresponsablemente a los cuatro vientos.

Con el advenimiento del radicalismo en el siglo XX y cuando todo hacía suponer que el progreso de la modernidad acallaría las pasiones ominosas, recrudecieron, sin embargo, los males.

Y el radicalismo pasó a ser un movimiento de "mentalidad negroide" o de "manumisión de los negritos" como decía cruelmente el periódico La Fronda o -simplemente la chusma.

Por aquellos años un Senador nacional, desbordante de resentimiento y elitismo afirmaba:

"Irigoyen significó un anacronismo, un paso hacia atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura por la hez del conventillo" [1]

Los años transcurrieron y surgió el peronismo. Con él, el odio y el resentimiento de los contras aumentaron exponencialmente. El "cabecita negra" fue el centro de los ataques.

A derecha e izquierda del arco político; la cosa daba igual, el "cabecita" era la manifestación más fiera de la barbarie. Veamos que opinaba la izquierda progresista de antaño acerca del 17 de octubre: "Malón peronista" y "se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representan ninguna clase de la sociedad argentina"

Los diez años su gobierno y la época posterior estuvo cargada de frases hirientes y opiniones segregadoras que caldearon los ánimos y recalentaron la sesera.

Desde el famoso "aluvión zoológico" hasta las obscenidades de Ezequiel Martinez Estrada, lamentablemente, los argentinos no nos vimos privados de nada.

Este último, un insolente y deslenguado provocador llegó a afirmar:

"El peronismo es una forma soez del alma del arrabal" y "Perón recogió con prolija minuciosidad de hurgador en los tachos de basura, los residuos de todas las actividades nacionales, en los órdenes espiritual y material"[2]

El peronismo finalmente dejó de ser el foco de agresión de estos intelectuales progresistas a los cuales la ciudad de Buenos Aires siempre extendió patente de corso si se trataba de atacar el alma popular.

Llegados a los noventa el progresismo, de capa caída por aquello del Muro de Berlín, sin embargo, no se amilanó y volvió por sus fueros.

Claro, Evita ya no era una ramera, al fin y al cabo el tiempo había pasado para todos, los diez años de Perón ya no eran una tiranía y, ahora, se les antojaba el paraíso perdido, de modo que las viejas antonomias desaparecían para dar paso a las nuevas, las importantes, las que definen el presente y no el pasado, que no se puede modificar.

El menemismo afloró, entonces, como el moderno emergente y depósito de las agresiones desmedidas. Los odios eternos al sentimiento popular por parte del sector "sano" y "pensante" se pusieron nuevamente en movimiento y lograron fracturar a la sociedad a un nuevo nivel.

Y así nos encontramos que donde hay más de dos intelectuales "progresistas", "libre pensadores" o gente "inteligente" y de "avanzada" cuchichiando verdades inmarscesibles el pensamiento único antimenemista se impone gravitacionalmente.

No hay programa de la movida televisiva, "moderna" y "juvenil" al estilo Televisión Registrada, CQC, Punto Doc y similares que no ataquen sin piedad al Doctor Menem, quién, paradójicamente, cuando puso en juego su aceptación popular en 1989 y 1995, invariablemente, recibió el apoyo de los sectores más humildes.

¿Qué ocurre en la Argentina con los sectores medios vinculados a la "cultura"?

¿Acaso un elitismo estetisista les impide acompañar experiencias políticas populares?

La decadencia moral y ética de este sector es asombrosa y sorprendente. Estudiar este plano inclinado hacia el lodo es recorrer el camino que va de Nini Marshall a Fernando Peña.

Finalmente pensadores como León Rozitchner, progresista si los hay, ha llegado a decir, anticipándose a la diputada chaqueña:

"Hoy estas figuras que se llaman políticos -basta ver las caras de la bancada peronista- están en el poder porque les queda ese poder formal, desde el Estado, de convalidar con sus leyes la entrega de los bienes nacionales, de liquidar las conquistas sociales. Peor aún: la gente que los sigue votando debe presentir de alguna manera, contradictoriamente, que votan por su propia destrucción, pero lo siguen haciendo. Te pido que me señales una sola ley o una medida de Menem o de sus legisladores, a favor de los trabajadores. Ni una. ¿Se puede saber porque siguen votando al peronismo los pobres peronistas? Esta es la desgracia en este país: el peronismo inseminó en la gente la dependencia y la sumisión"[3]

Y así de este modo llegamos a la degradación de la Carrió donde la gravedad de lo que dijo aumenta con lo que ocultó en los repliegues sombríos de su pensamiento.

Si al lector le queda, aún, un poco más de paciencia, lo invito a repasar juntos la frase lanzada en el programa de Grondona "el hijo de puta que llevamos dentro" pero esto va para las clases medias y altas y no para los humildes. ¿Porqué a unos si y otros no?

En esta idea se esconde lo peor de sus sentimientos. A la clase media no se lo perdona, seguramente, porque supone que sabe y entiende, que está vinculada al pensamiento y a la razón, pero a los humildes los comprende y los dispensa porque son casi animalitos instintivos, ganado arriado. ¿Ovejas?

Más de lo mismo. Que raro es este país dónde esta estructura de pensamiento ha seducido a tanto progresista.

[1] Villafañe, Benjamín: La tragedia Argentina.. Bs. As. 1943. Pag. 75
[2] Martinez Estrada, Ezequiel: ¿Qué es esto? De. Lautaro. Bs. As. 1956. Pag. 29
[3] Rozitchner, León: La Izquierda en la Argentina. De. Manantial. Bs. As. 1998. Pag. 216.

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