CIERTO PRECOZ VACIO DE PODER Y UN SECO DIAGNOSTICO DE ALAIN TOURAINE.
 

Un "muchacho de la tendencia", por fin, "ha llegado bien arriba, ahora" y con él "estamos todos nosotros: no es una cuestión de reivindicación al tiempo - porque ya estuvimos en muchos escalones, subiendo en estos años, pero nunca tan alto -, sino que, directamente, es llegar y empezar ahora lo que ha tenido una demora de dos décadas y media", según dos conspicuos cuadros "montoneros" - 54 y 46 años de edad, respectivamente, y más de dos décadas en la "reserva", como ellos mismos identifican su desempeño actual - observaban con confianza y satisfacción el sábado por la mañana en un bar de Uruguay y Córdoba, la instalación del nuevo gobierno nacional encabezado por el doctor Néstor Kirchner.

Pero para "La Nación" - siempre tan moderada (¿o cauta?) en sus juicios y buscando hacer romos los filos más agudos, si es posible mellando el metal - quien ha llegado es un "negociador duro, pero capitalista", según le atribuye haber dicho, el veterano matutino - tan comprometido con la candidatura del doctor Ricardo Hipólito López Murphy - a inversores en Santa Cruz, algo que, como un eco remoto,  habla de negocios que habrá que analizar más pormenorizadamente.

Y cerrando esta ecuación valorativa, finalmente, el sociólogo Torcuato Di Tella - autoidentificado "hombre de izquierda pero no un cuadro", un "intelectual progresista pero no necesariamente marxista", partícipe de una inmensa fortuna y muy allegado al presidente de la Nación electo, que viene de rechazar un cargo gerencial político en el área de la cultura ofrecido por el doctor Néstor Kirchner; a través de terceros muy activos en este tipo de ofrecimientos -, reconocía en el nuevo presidente, el viernes de esta semana que ahora concluye, por la noche - sobre todo a partir de su primer discurso presidencial del miércoles a las 16 - alguien "que hace lo que se debe hacer: mostrar los dientes y hacer caminar derecho a los capitalistas" y "advertir que ahora las cosas cambiaron aquí" por que "ahora llegamos y no van a estar mas los representantes de los intereses plutocráticos financieros y capitalistas" sino que "estamos en una hora en que debe reestructurarse y reformarse la sociedad" y "todo el país".

Para el multimillonario descendiente del primer fabricante de autos en la Argentina, "se fueron los intereses plutocráticos con el bulldog y con el otro, el riojano de triste memoria".

"Cuando hayan visto los dientes (los capitalistas) y empiecen a comportarse bien, entonces hay que tenderles la mano y hacerlos caminar para lo que los necesitemos. Como en Cuba. Porque después de todo, en Cuba - que no es una sociedad que me guste pero que funciona muy bien - esta lleno de inversores, no dejan de invertir y crecen, como pueden venir a invertir y crecer aquí".

"Además - arguyó el sociólogo multimillonario - si se trata del discurso sí, fue un discurso fuerte. Y Kirchner es un hombre fuerte. Porque necesitamos un hombre fuerte y un gobierno fuerte, claro, democrático, eso sí. Pero hace falta un gobierno fuerte que se haga sentir y haga entrar en razones a los desbocados y gobierne para el pueblo".

Sea cualquiera de estas versiones la que se ajusta a la verdad, lo cierto es que el propio doctor Néstor Kirchner no ha tenido impedimento retórico alguno para coincidir con el sesgo global más dramático de estas versiones, en una manifiesta actitud fuerte y de claras definiciones doctrinarias contra los capitalistas, los financistas y de fortísimo e inusual tono agresivo contra sus opositores en el comicio del 27 de Abril y el ballottage que no se concretó este domingo de la semana que ahora concluye.

La violencia de las palabras y los gestos proferidas desde la tribuna suelen acompañar hechos de perfiles dramáticos en la historia del país.

Más aún cuando se intenta disimular el asunto o se elude como ha ocurrido con el periodismo local que en ningún caso reprodujo en toda su extensión y verdadero alcance el texto completo de esa pieza agresiva, reconociendo inesperadamente la presencia de ese abultado presupuesto que suele manejar la secretaría de medios a cargo del señor Carlos Ben.

"Lo dicho, dicho está", sentenciaba el jueves por la tarde, con un dejo racional casi pueril, un - sin embargo - preocupado legislador provincial, quizá confiando excesivamente en la memoria auditiva y visual de los millones que tuvieron acceso a ese dispendio de violencia verbal en un hombre que observó un perfil tan silente y cuasi inaudible - y, cuando audible, descartable por anodino - en el curso de los dos meses previos al comicio.

Ratificaciones explícitas e implícitas

Si alguna duda queda acerca de lo que piensa el presidente electo respecto de las situaciones política y el conformado de problemas sociales y económicos que dominan el panorama político social y económico local - y, en buena medida, mundial - cabe rescatar su plena ratificación del texto del discurso inaugural de su futura gestión dado apenas 45 minutos antes de que el ex presidente de la Nación, doctor Carlos Saúl Menem, anunciara su decisión de no competir en el ballottage.

El doctor Néstor Kirchner formuló esa ratificación plena y sin ambages en Río Gallegos, poco después de elegir en respuesta a una pregunta periodística, quieren las malas lenguas que fomentada desde el propio e incipiente aparato de contralor informativo que dispone para el orden nacional (el local, con abundantes datos, ha sido ampliamente difundido al extremo de reconocerse la inexistencia de diarios opositores en la provincia de Santa Cruz con excepción de uno de pequeña circulación editado en una localidad del interior santacruceño).

En esa ratificación el doctor Kirchner hizo hincapié en reconocer que "efectivamente, ni las corporaciones, ni los intereses financieros o extranacionales del capital, o los que defienden un interés económico egoísta, tendrán cabida" dijo enfatizando cada una de las calificaciones.

Pero con la misma elocuencia, un reportaje que concedió al diario Página 12 - el primer reportaje en su condición de presidente electo - parece abrir las puertas a una variedad de advertencias respecto de sus ideas y principios orientadores.

Por empeorar, el doctor Kirchner aseveró: "No me interesa ser presidente de cualquier manera", lo que supone que una alternativa ante la eventual fractura de sus opiniones, ideas o propósitos sería dejar de ser presidente, es decir, irse o, más preciso aún, abandonar el gobierno.

Dadas las condiciones y el panorama que envuelve su condición apretadamente minoritaria, esta aseveración, de expresar con exactitud su idea y esquema de conducta deja abierta situaciones difíciles que ya se vivieron con las renuncias primero de Carlos - Chacho Alvarez - y luego con la de Fernando de la Rúa.

En el mismo reportaje y casi a continuación, el presidente electo precisó que a su juicio - un juicio que obviamente debe orientar su gestión - "desde 1976 los grupos de intereses corporativos y extranacionales, acostumbrados a que los gerencien desde el poder, han dominado sin cesar la gestión política de los sucesivos gobiernos y eso es lo que va a terminar", una aseveración que tiene dos vórtices diferentes y divergentes que parecen reclamar una necesaria explicación:

a) si hasta 1976 esos grupos que denuncia no tuvieron presencia - fue "desde 1976" cuando sí la tuvieron -, queda pendiente la explicación acerca de cuales eran sus razones o justificaciones personales para pertenecer a la "tendencia" - bajo otro nombre, montoneros - antes de esa fecha o, por vía del sinceramiento sencillo y directo, si esa razón era exclusivamente lograr un acceso al poder negado en las urnas y buscado bajo cualquier justificativo;

b) en segundo lugar, cabría una mayor precisión respecto a lo que, en consecuencia, piensa hacer, y si esos propósitos están definitivamente asociados a los móviles que informaron desde 1970 y hasta su derrota militar en 1979, a la subversión montonera alimentada por la "tendencia" a la cual pertenecía junto con su actual esposa la senadora nacional por Santa Cruz, doctora Cristina Fernández de Kirchner.

Pero más importante parece la repuesta a una pregunta acerca de si considera que habrá sectores y dirigentes políticos interesados en impedir que concluya su mandato.

El doctor Néstor Kirchner respondió: "No puedo colocarme en la cabeza de cualquier dirigente político, pero lo que si puedo aseverar que yo no soy Fernando de la Rúa".

La respuesta podría merecer una cita judicial en torno del denunciado complot para derrocar al ex presidente de la Nación, doctor Fernando de la Rúa ya que, implícitamente el primer mandatario electo conecta su eventual derrocamiento por dirigentes políticos con la huida del poder del doctor Fernando de la Rúa, señalando implícitamente que esta huida se debió un derrocamiento originado en la acción de dirigentes políticos.

Sin mucho esfuerzo la coherencia lógica entre las preguntas y las respuestas parece encolumnarse en la versión de la historia que asocia al doctor Eduardo Duhalde, todavía presidente interino de la Nación, con la fuga presidencial del doctor Fernando de la Rúa ya que, justamente, el doctor Eduardo Duhalde parece el único político - en silente asociación con el doctor Raúl Ricardo Alfonsín- que dan sustento a la elección del doctor Néstor Kirchner como presidente de la Nación.

Que el doctor Néstor Kirchner haya mitigado hasta el silencio su oratoria preelectoral comienza a ponerse en evidencia tras su consagración presidencial por efecto de la renuncia al ballottage del ex presidente de la Nación, doctor Carlos Saúl Menem.

El cotejo transparente de opiniones y circunstancias, de definiciones implícitas y explícitas revelan que la población habría votado - aún en términos extremadamente minoritarios - a un candidato que no explicó con precisión y seguridad sus opiniones ni proyectos, generando una vez mas en la historia argentina -. Como lo ha señalado el académico doctor Luis García Martínez en diversas oportunidades - un desencuentro y equívoco funesto para la institucionalización del país (en este casi quizá deliberado dado el silencio roto solo después de su consagración), entre intenciones, proyectos y posibilidades de realización de los políticos y esperanzas o convicciones de la población.

El ballottage perdido, y el ballottage que viene.

Estos silencios, definiciones, desencuentros y equívocos sobrenadan en la superficie de una estructura política que de manera inmediata deberá enfrentar el presidente electo y que constituye el punto central de cualquier vaticinio para el futuro.

El triunfo del candidato Néstor Kirchner, quedan pocas dudas, tiene un soporte exiguo: 21,76 por ciento de los votantes del 27 de Abril.

Pero este porcentaje, sin ocultamientos y casi a la luz del mediodía del día del comicio mismo, permite distinguir entre una porción propia de electores y un aporte de votos prestados, concedidos, tolerados o, en términos peyorativos como ya se viene susurrando en los más diversos rincones políticos "alquilados" desde diversos ángulos de la sociedad.

Ese 21,76 por ciento reconocería de manera gruesa y global alrededor del 14,5 o 15 por ciento de las bases electorales del doctor Eduardo Duhalde, el 90 por ciento de los cuales se originan nítidamente en la provincia de Buenos Aires y el 1,5 por ciento restante en el resto del país.

Desde el costado de la izquierda el doctor Néstor Kirchner habría obtenido alrededor de 2,75 por ciento de los votos (una proporción similar habría orientado sus preferencias por la doctora Elisa Carrió), si se estima que el voto formalizado en unos siete partidos de esa franja política totalizaba, en comicios anteriores - el de diputados de 2001 fue el último - alrededor del 10 por ciento del total del país y, en el último comicio del 27 de Abril, no logró superar, en conjunto, más del 4,5 por ciento.

De tal manera el doctor Néstor Kirchner dispone como electorado propio el remanente de 4,51 por ciento del total de los votos emitidos el 27 de Abril.

Las cifras no puede engañar si se computa el voto de la provincia de Buenos Aires donde existieron tan solo seis unidades básicas kirchneristas hasta ser prohijado por el presidente interino como candidato muleto de su propia gestión; y se toma en cuenta, de paso, las cifras inobjetables de la votación de la izquierda repartida en proporciones paralelas entre el doctor Kirchner y la doctora Elisa Carrió.

Un candidato con menos del 5 por ciento de los votos exhibe una difícil condición de soporte político, la más grave quizá de la historia argentina.

El caso típico en épocas recientes se refiere, generalmente, al gobierno del doctor Arturo Umberto Illia, que logró el gobierno en 1963 con pocos centésimos menos del 25 por ciento.

Entre el 25 y el 5 por ciento, media cinco veces más de apoyos y soportes políticos.

Un congreso sin sinceramiento

Pero si Arturo Umberto Illia había reunido ese caudal, en el Colegio Electoral logró remontar la situación merced a los apoyos de conservadores y socialistas - eran, dominantemente, los conservadores de Pablo González Bergez y los socialistas de Américo Ghioldi y Juan Antonio Solari, claro - pudiendo exhibir un soporte sustancialmente superior.

¿Cuenta el doctor Néstor Kirchner con una expectativa similar a la del doctor Arturo Umberto Illia en su momento?

Si bien no hay Colegio Electoral, el Parlamento juega hoy un papel decisivo para legitimar la presencia de un presidente tan carente de sustento político propio.

Pero a su turno, el propio Parlamento ¿está en mejores condiciones de legitimidad política que la del presidente electo?

Un Parlamento que se compone con la superposición de dos momentos políticos - 1999 y 2001 en Diputados, más la renovación constitucionalmente obligada del Senado verificada en 2001 para dar cabida a esa extraña figura de los senadores por la minoría (con el aditamento más extraño aún de los cupos o cuotas de poder femeninas en la representación), configura una relación de fuerzas tan lejana como ajena a la relación de fuerzas emergentes de las crisis de diciembre de 2001 y de la agobiante crisis que se arrastró durante 2002 y lo que va del 2003, estructura y relación de fuerzas hoy ampliamente dominantes en el país.

Los recientes comicios son una expresión inobjetable de esa crisis de fondo que experimenta la estructura partidaria y política y, como secuela necesaria, la relación de fuerzas en el mismo orden, algo que es, justamente, lo que determina el escueto y acotado poder del hombre que resultó así elegido presidente de la Nación.

Una mirada sobre la estructura de la Cámara de Diputados muestra, por ejemplo, que el radicalismo, que obtuvo el 3,90 por ciento de los votos el 27 de Abril dispone de alrededor de 80 diputados procedentes de los dos últimos comicios previos, lo que representa aproximadamente el 31 por ciento, o sea casi diez veces más de lo que representa electoralmente.

A su turno, el duhaldismo, que cuenta con unos 70 diputados del total de 129 diputados, congrega algo así como el 27 por ciento del total de la Cámara cuando en realidad, sumando la provincia de Buenos Aires y un par de islotes en otros distritos, los votos aportados al doctor Néstor Kirchner representan el 15% del total de votantes, excediendo en casi el doble su representación parlamentaria.

El menemismo, a su turno, con unos 30 diputados del bloque peronista, dispone de una presencia porcentual en Diputados del orden del 11,5 por ciento del total, mientras en el comicio del 27 de Abril su 25,76 por ciento menos el 5 por ciento aportado por la Unión de Centro Democrático, calculado de manera transparente por el propio escrutinio, dispone de un total de 20 por ciento del voto emitido el 27 de Abril.

La más flagrante diferencia en el peronismo lo registra la corriente que responde al doctor Alberto Rodríguez Saá quien con su 14,5 por ciento de votos totales y el 11 por ciento de votos propios - deducidos los aportes del moyanismo y el residual y caído radicalismo desarrollista del doctor

Melchor Pose, cuenta con apenas 4 diputados provinciales y uno de adhesión póstuma, de manera que esos 5 diputados, configuran un escuálido 2 por ciento del total de la Cámara.

A su turno, el lópezmurphismo podría contabilizar los 18 diputados provinciales adheridos a su formula y nada más, según expresión al menos formal y pública de los bloques de diputados, lo que significa que el sector penas dispone de algo así como el 6 y medio ciento, es decir casi la tercera parte porcentual de su real y efectiva fuerza cívica expresada en las urnas.

La doctora Elisa Carrió - o, institucionalmente, el ARI - cuenta con unos 15 diputados o muy poco mas del 6 por ciento de la Cámara en tanto su votación la ubicó en quinto lugar con algo más del 13 por ciento, es decir una fuerza equivalente al doble porcentual de su representación.

La izquierda en su conjunto, dispone de muy escasa representación parlamentaria - un total de 5 legisladores en Diputados - que expresa algo así como el 2 por ciento del total de la Cámara aunque su votación conjunta, de todos los partidos haya rondado el 4,5%.

¿Alguien podría manejar un gobierno que exprese la voluntad popular con apenas el 4,75 o quizá tan solo propio menos del 2 por ciento, cuando se le ofrecen apoyos que proceden de estructuras que nada tiene que ver, a su turno, con la real estructura política del país?

El nivel de inestabilidad que supone un Parlamento en las condiciones descriptas es valido, en términos generales para cualquiera que hubiera ganado, salvo que no hubiera ocurrido el sismo y el silencio derivados de la multifragmentación del 27 de Abril y del silencio del 18 de Mayo.

Aún cuando hubiera ocurrido el ballottage y el doctor Kirchner se hubiera impuesto por lo que decían las dudosas encuestas, la composición de su voto, las fuerzas políticas operantes, la relación de fuerzas en la sociedad y entre los empadronados y la composición y relación de fuerzas del Parlamento no hubieran cambiado en nada sustancial este esquema.

El doctor Néstor Kirchner no hubiera logrado una base electoral propia mayor, ni el duhaldismo habría logrado superar ese 15 por ciento propio, ni la doctora Carrió hubiera excedido su escueto 13 por ciento o el doctor Adolfo Rodríguez Saá hubiera avanzar sobre su reducido 14,5 por ciento ni el doctor Ricardo Hipólito López Murphy habría perdido o ganado sobre su 17 o 18 por ciento.

De ellos hubieran salido fragmentos disparados hacia los dos candidatos supérstites de la fragmentación, sin modificar lo que en el seno de la sociedad ya se había operado.

En Setiembre-Octubre, ballottage múltiple

Justamente con esta situación es con la que el ahora presidente electo, doctor Néstor Kirchner deberá comenzar a evaluar sus expectativas ciertas de gobierno.

Cuando lanza el discurso inflamado de su victoria, el primero de su condición presidencial - aunque fuera pronunciado apenas 45 minutos antes del anuncio formal de la renuncia no menos formal del ex Presidente de la Nación a la votación del 18 de Mayo - parece razonar en términos bastante poco realistas al imaginar que representa a toda la sociedad o a una fracción suficientemente amplia y dominante que respaldara sus dichos.

Pero la distancia con la realidad es tan importante que sin hacer caso de sus afirmaciones todos los medios políticos han comenzado antes de terminar la semana que ahora concluye, a analizar y especular entorno de los comicios de renovación parlamentaria que deberán producirse entre Setiembre y Octubre próximos.

Estos comicios que deberán ser convocados antes de concluir Julio, segundo mes de ejercicio del presidente ahora electo, tendrán un efecto deletéreo adicional sobre la estructura de poder que podría sustentar la gestión presidencial.

Si el martes de esta semana que se inicia el bloque de diputados del peronismo puede llegar a zanjar algunas diferencias de momento y acordar una reunificación formal, es difícil. Sin embargo, que logre dirimir el gravísimo problema que se plantea en forma inmediata, desde el mes próximo, junio, en torno de la conducción del propio partido por un lado, en poco más, en cuanto a la confección de las listas de diputados que deberán conformar el nuevo Parlamento.

En principio, la resolución acerca del partido deberá enfrentar un hecho inocultable: si el comicio del 27 de Abril implicó el imponderable de una interna del peronismo fragmentado en tres segmentos, el resultado expresa con bastante precisión que el menemismo obtuvo no menos del 20 por ciento de los favores de la interna en tanto el duhaldismo quedó relegado a apenas un

15 por ciento y, finalmente, una diversidad de corrientes identificadas en la superficie formal con el doctor Adolfo Rodríguez Saá, congregó un 10 por ciento.

Esto es cuanto a la representación que el total del padrón partidario representa sobre el padrón general, lo que llevaría al menemismo a disponer de una fuerza interna de alrededor del 44 por ciento, en tanto el duhaldismo no superaría el 33 por ciento y el rodriguezsaaismo o las corrientes enroladas tras suyo, obtendrían el 27 por ciento aproximadamente.

Parece bien claro conforme con estas expectativas, que los tres pedazos no aportan un dominio neto y que esto, como se sabe, a fuer de vacío, en política pronostica un estallido de las estructuras.

De todos modos, la lucha unificada se dinamizará a lo largo de los 30 días siguientes - hasta elegir los candidatos legislativos a pesar de que el peronismo bonaerense ya los haya designado en previsión de est mismo estallido y a fin de conservar poder y decisión - generando para el presidente un factor adicional de inestabilidad.

El radicalismo pretende que en el comicio legislativo podrá remontar su técnicamente desaparecido perfil partidario ya que, argumenta, las situaciones locales imponen un grado creciente de recuperación de la identidad que consideran decididamente desaparecida.

Aún cuando esta hipótesis fuera cierto es indudable que para afirmarse una estructura con esta calidad, deberá avanzar de una manera sostenida y fulgurante en abierta definición de oposición, única forma que en política se reconoce como valida a fin de mantener caudales propios aparte de galvanizar una estructura en proceso de extinción.

Justamente una actitud como esta diluirá los intentos del ala progresista del radicalismo remanente, de llegar a acuerdos con el kirchnerismo como expresión por sí misma definida como progresista, lo que contribuirá a retar aún más solidez a la gestión del nuevo presidente.

Los fragmentos radicales dispersos hacia Ricardo Hipólito López Murphy y Elisa Carrió en sus dos alas contrapuestas, contribuirán a agravar el escenario.

Si ambos dirigentes, desde el liberalismo y desde el denunciativismo de izquierda respectivamente, han comprometido buena fe y buena letra hacia el presidente electo, la necesidad de afianzar sus estructuras tanto como dirimir diferencias con el aparato central radical que lo origina, deberán tomar distancias comprometidas de una gestión que, en principio, permanecerá en la soledad de la lid política sin capacidad operativa para conformar su propia corriente de inserción electoral fuera de los escasisimos aportes que en el distrito extremosureño resulten operativos: un total de cuatro diputados.

Proyecto de sinceramiento rechazado

Cuando el presidente electo, doctor Néstor Kirchner aseveró en su discurso triunfal del miércoles a las 16, que no admitiría negociaciones, compromisos o acuerdos de ningún tipo y que ya los había rechazado, no mentía.

Según las mejores versiones, el miércoles por la mañana desde el menemismo habría llegado un intento de negociación previo a la renuncia del doctor Carlos Saúl Menem al ballottage, a fin de lograr un compromiso que superara la situación sin ballottage.

La propuesta era al parecer un plan completo y complejo cuya elaboración se atribuye al doctor Carlos Corach - en el momento en que se formulaba la propuesta él ya estaba en Londres de regreso a sus compromisos académicos que viene desempañando desde hace cerca de un año - y al ex ministro de Comercio doctor Carlos García Martínez.

El proyecto propuesto habría consistido en los siguientes ítems:

a) Se anulaba el ballottage por renuncia del doctor Carlos Saúl Menem quien reconocía el triunfo de su adversario, el doctor Néstor Kirchner.

b) Este aceptaba la situación y se comprometía, ante la evidente reducción de su caudal electoral, a un llamado a comicios presidencial antes de fin de año, resignando para entonces su cargo, lo que ubicaba todo el proceso dentro del lapso en el cual se cumpliría el mandato interrumpido el doctor Fernando de la Rúa.

c) Pero este llamado a comicios presidenciales debía ser simultáneo con un llamado a comicios generales para renovar todos los poderes: el legislativo nacional, incluidos Senado y Diputados, Gobernaciones y legislaturas provinciales, así como intendencias y sus respectivos órganos deliberativos.

La idea central consistía en que hacia Octubre el país estuviera dispuesto a "barajar y dar de nuevo", con un itinerario pautado y preciso de internas partidarias, lapso breve de campañas y transparencia en la conducción del proceso.

d) el compromiso emergente sería que todo el peronismo - las tres fracciones - y todos los presidentes y vicepresidentes constitucionales vivos, confluyeran en una rápida escisión de respaldo al proyecto.

e) el intento de unificar mandatos se limitaba estricta y anunciándolos así, a los dos poderes - legislativo y ejecutivo - dejando a salvo la continuidad del poder judicial solo sujeto a las nomás de depuración vigente.

Se asevera que poco antes de que éste proyecto comenzara analizarse entre menemistas y kirchneristas, los presidentes y vicepresidentes vivos habrían sido impuestos de este punto, sin que se conozcan por lo menos de manera fiable, las respuestas.

Sin embargo hubo una sola expresión pública que fue la de María Estela Martínez, quien se limitó a dar un respaldo al presidente interino de la Nación, doctor Eduardo Duhalde sin mención alguna a este proceso.

Quizá esta alternativa habría abierto las puertas a una suerte de sinceramiento realista que, aún sin superar completamente la fragmentación partidaria en curso - o quizá permitiendo o abriendo las puertas de manera perentoria a la tan postergada reformulación de la política - habría permitido un gobierno corto y administrativo eficiente al doctor Néstor Kirchner.

Un gabinete sin horizontes

En este complejo - y crecientemente confuso - escenario político, no cabe extrañarse de que el doctor Néstor Kirchner, con una muy limitada experiencia como gobernador durante casi doce años en una provincia que resulta más chica que un barrio porteño y donde su palabra es ley inabordable, experimente crecientes dificultades para completar un equipo ministerial que aparece no solo tironeado sino inexpresivo de línea central alguna fuera de la que él mismo pueda manifestar con su escaso 2,5 al 5 por ciento de los votantes de todo el país.

Teóricamente - y atento a su "palabra empeñada" - el primer día de la semana que ahora comienza el doctor Néstor Kirchner debería anunciar su gabinete.

Fuentes mas fiables postergaban hasta el martes ese anuncio, pero para el miércoles hay prevista una audiencia con el presidente interino de la Nación, doctor Eduardo Duhalde, oportunidad en la cual el presidente electo aprovecharía para comunicarle en primer término a él - no se sabe bien por qué a él y no a otro o ala opinión pública - las designaciones eventuales y, posteriormente, en una de sus habituales conferencias de prensa - de las que estarán excluidas las preguntas periodísticas o bien se las limita a una por medio sin posibilidad de repreguntar (un signo elocuente ya puesto en práctica, acerca de lo que puede avecinarse para el futuro) - se haría el anuncio formal.

La decisión respecto del camino y fecha en la que se seguirá dependerá del grado de certeza que encierren las designaciones: cuanto más se demore mayor certeza existirá.

Hasta el domingo de esta semana que ahora concluye, los únicos ministros "seguros" eran el doctor Roberto Lavagna al frente de Economía - y en notorio crecimiento - y el titular de Salud, doctor Ginés García. Ambos miembros del actual gabinete del doctor Eduardo Duhalde.

La propuesta hecha al licenciado Filmus - un hombre de veterana presencia en la izquierda, actualmente ministro de educación en la gestión del doctor Aníbal Ibarra y su segundo termino en la formula que auspicia el Frente Grande para la renovación de la intendencia porteña - para ocupar la cartera de educación nacional, hasta el domingo a media tarde de esta semana que ahora concluye, se encontraba pendiente de los detalles respecto de una alianza del duhaldismo y el Frente Grande que promociona la candidatura del doctor Aníbal Ibarra, y lo que parecía más decisivo, pendiente también de las negociaciones en torno a la redistribución de poder en el municipio porteño tanto como en algunas zonas de la provincia de Buenos Aires y del gobierno nacional, una negociación a tres puntas que amenazaba a cada instante con zozobrar ante la ausencia de poderes legítimos capaces de garantizarlas.

En un desayuno mantenido en el curso de esta semana por el doctor Kirchner con el doctor Roberto Lavagna habrìan surgido con bastante claridad los perfiles de nítida divergencia estructural de poder entre ambos.

El doctor Lavagna habría pretendió en esa oportunidad la desaparición del ministerio de la Producción, cuya estructura pasaría constituir una secretaría bajo su dependencia directa.

El doctor Néstor Kirchner habría aceptado a condición de crear un ministerio de Infraestructura o - como él prefiere definirlo - de Obras y Servicios Públicos.

El doctor Roberto Lavagna habrìa aceptado pero con la condición, a su vez, de que el tema de los servicios públicos en cuanto concierne a las empresas privatizadas, en particular el de las tarifas, quedase bajo su estricta órbita de decisión.

La renuencia del doctor Néstor Kirchner a conceder en este punto se habrìa derivado a dos puntos:

a) el tema de las tarifas es un resorte de negociación - aún si fuera en el área de Economía (principio de concesión al doctor Lavagna) - estrictamente dependiente de la presidencia de la Nación;

d) en coincidencia con esta tesitura, el tema de la revisión de los contratos corre por exclusiva cuenta del ministerio de Infraestructura - o de Obras y Servicios Públicos.

El doctor Lavagna habrìa respondido con una contraoferta: en el caso apuntado, si esa fuera la decisión final, reclamaba dos áreas de decisión para su área ministerial:

a) la designación del ministro Jefe de Gabinete;

b) la designación del futuro ministro de Relaciones Exteriores.

El doctor Néstor Kirchner habrìa rechazado ambas propuestas, bien que en forma inmediata el nombre del doctor Alberto Fernández su vocero en Buenos Aires durante la campaña y legislador electo en las listas del cavallismo en la legislatura porteña, que se mencionaba como posible jefe de gabinete, pasó rápidamente a girarse como el próximo secretario general de la presidencia de la Nación.

Pero además el doctor Roberto Lavagna modificó su reclamo sobre la cancillería sugiriendo la posiblidad de que esta experimente una división seca y concreta:

a) la de las relaciones exteriores del país centradas en temas económicos;

b) la cancillería propiamente dicha que se ocuparía de las relaciones del país con terceros países en materia estrictamente política.

Para notoria curiosidad de quienes desde cerca analizan este tema, desde ámbitos áulicos del doctor Néstor Kirchner surgió la versión el sábado por la tarde, de que en el último caso mencionado el candidato a ocupar el ministerio político serìa el licenciado Martín Redrado quien, según la versión original dada su condición de economista figuraba la frente de un ministerio de Relaciones Exteriores unificado si bien fuertemente orientado al comercio exterior, revelando de éste modo la tentativa del doctor Roberto Lavagna de sacarlo del juego, algo que, en tal caso y por el origen de la versión, serìa consentido por el doctor Néstor Kirchner.

El exterior y la seguridad

Mucho más conflictivo, sin embargo, parece haber sido en estos tour turísticos del gabinete, el proyecto elevado al doctor Néstor Kirchner - a su pedido, formalmente, a comienzos de Mayo y previo conocimiento - un conocimiento lleno de alarma - del jefe del Estado Mayor General del

Ejército, genera Brinzoni - para disolver el ministerio de Defensa y convertirlo en una secretaría, bien dependiente del ministerio de seguridad con el nombre de "seguridad exterior" o bien de la propia presidencia de la Nación, bajo el nomenclador "preservación y defensa de los intereses externos".

Esta versión corrió de la mano de la que atribuye al presidente interino una jugada a fondo para liquidar las leyes de "obediencia debida" y "punto final", que actualmente se encuentran bajo análisis de la Corte Suprema de Justicia.

El alto organismo judicial habrìa recibido en el curso de los últimos dìas terminos dudosos de negociación de este y otros temas bajo su jurisdicción, compensatorios para no iniciar acciones judiciales o parlamentarias contra los miembros que lo integran.

El caso del cortistas Carlos s Fayt se encuentra en manos del Parlamento pero habrìa escaso márgen para que la iniciativa de un juicio político avanzara todavía en tiempo cercano.

Pero desde la presidencia de la Nación s e podrìan iniciar acciones tendientes a despejar el camino a juicios que se inhiben ahora por ambas leyes, desafiando un pronunciamiento cortista en el corto plazo.

Que la Corte aguarde el momento para dar su fallo parece un hecho razonable:

lo haría solo después de la asunción del doctor Néstor Kirchner y otorgando constitucionalidad a ambas disposiciones legales, de manera de quedar en un terreno decisivo para legitimar su acción.

Sin embargo, el tema militar no quedaría agotado en este punto ya que se encuentra fresco y pendiente de resolución la suspensión de la participación de la Marina argentina en un operativo de entrenamiento conjunto con los Estados Unidos, por decisión que se atribuye al doctor Eduardo Duhalde y que el presidente interino habrìa respaldado.

El tema parece por demás crítico si se toma en cuenta que Estados Unidos ha designado un nuevo embajador en Buenos Aires en reemplazo del señor Walsh que actualmente se desempeña al frente de esa embajada.

El nuevo embajador norteamericano será el señor Lino Gutiérrez, un hombre nacido en Cuba y expresión de la linea más dura del Departamento de Estado en materia de temas latinoamericanos.

La renuencia argentina a involucrar a la Marina en el operativo antes mencionado, que de todos modos se realiza desde hace más de dos décadas sin interrupciones, se suma en este momento a las invitaciones cursadas por la Argentina a los mandatarios extranjeros para asistir a la asunción del mando del doctor Néstor Kirchner, entre los cuales figuran hombres como el coronel retirado Hugo Chávez, titular del gobierno de Venezuela y el corrientemente denominado "chacal del Caribe", el jefe militar-guerrillero en ejercicio del gobierno cubano, Fidel Castro Ruz.

La demora en concertar el anuncio del viaje del "chacal del Caribe" parece reflejar una áspera disputa que se ha generado en la intimidad del duhaldismo y de la cual el presidente electo va tomando noticia y, se asevera, llegando siempre tarde para las definiciones.

En este sentido, el doctor Carlos Ruckauf muy interesado en mantener buena imágen en Washington si se concreta su ingreso a una consultora que intervendría, entre otros emprendimientos, en la construcción del Puerto de Aguas Profundas y del Puente Buenos Aires-Colonia - había advertido el desagrado en Washington por esta iniciación de la gestión del doctor Néstor Kirchner, que no haría otra cosa que proyectar un espejo de la asunción de Héctor Cámpora en 1973 (y justamente también un 25 de Mayo, por curioso paralelismo de candidatos también muletos en acceso al gobierno), aparte de combinarse de manera harto negativa con el voto argentino contra Cuba y a favor de Fidel Castro, para que no se investiguen las violaciones a los derechos humanos en la Isla-prisión.

Los tiempos y los hechos

Este prieto paquete de situaciones en manos de "un muchacho de la tendencia" como se lo denominó (ver comienzo de este análisis) al doctor Néstor Kirchner en amigable diálogo con veteranos cuadros "montoneros", parece constituir un hito de difícil deglución política para configurar los primeros pasos de un gobierno sin mucho respaldo político y de opinión pública.

Parece natural que normalmente los perfiles más agudos se diluyen cuando comienza una marcha ya que los hechos previstos con mayor dramaticidad ceden ante el menor tenor de los problemas.

Sin embargo, parece un hecho que estos problemas no podrán superarse con facilidad.

En principio, el nuevo presidente dispondrá quizá de una quincena a fin de mostrar el estilo y el rostro de su gestión.

Esos quince días podrán ser cruciales y hacia el 15 de Junio se podrá verificar si el desarrollo sereno y ordenado de una gestión puede extenderse quizá hasta concluir Julio.

A partir de ese momento cabe esperar que el tironeo político emergente de la definición del poder legislativo y de las presencias realistas partidarias, terminen por trazar el verdadero cuadro de situación hacia el futuro.

Los observadores - locales y diplomàticos - más moderados consideraban que sesenta dìas es un plazo "enorme para que el doctor Kirchner pueda estabilizar su situación".

Y con menos confianza, hubo quienes, tras los primeros quince días antes mencionados, vaticinaban contradicciones de fondo y confrontaciones públicas de inefable "sabor a cambios" (sic, en boca de un calificado observador del exterior).

El sociólogo francés Alain Touraine habrìa entregado al Diario "El País" de Madrid, un texto analítico sobre la situación Argentina en el que vaticina "un golpe seco" que él define sin presencia -aunque si compromiso final militar-, de origen estrictamente político, para una "Argentina que no logra conjugar sus corrientes contradictorias".

Cuando se le preguntó en un medio periodístico qué significa esta interpretación suya, el académico francés habría aclarado: "No, no se trata de una interpretación sino de una información originada en una fuente fiable para mí" (sic).

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