El excelente trabajo de Susana Merino olvida, sin embargo, algo esencial y claramente político. La célula de crisis medioambiental existente en la Jefatura de Gabinete, en la que revistaba gente de jerarquía en la UBA y en el CONICET, como la licenciada Natenzon, fué claramente desactivada por el titular de la cartera, señor Atanassof por considerarla de poco interés económico y razones presupuestarias mediante. Aquellas aguas de la astringencia económica trajeron estas aguas, irremediablemente turbias.

LA TRAGEDIA DE SANTA FE.
PROVOCADA POR LOS DESEQUILIBRIOS DEL ECOSISTEMA.

por Susana Merino
(Miembro de ATTAC-Argentina y editora de El Grano de Arena)


Las copiosas lluvias y los desbordes del río Salado que han provocado severas inundaciones en la ciudad de Santa Fé, anegado miles de hectáreas cultivadas, la muerte de más de un millón de cabezas de ganado y la pérdida de sus viviendas a más de cien mil familias, además de un todavía incierto número de vidas humanas son la cruel pero predecible respuesta a décadas de explotación irracional de nuestros recursos naturales y a la absoluta falta de inversiones que pudieran haberlas atenuado.

Múltiples pero perfectamente identificables son los factores que han contribuido a provocar uno de los mayores desastres acaecidos en nuestro país en el lapso de siglos: el cambio climático generado por el recalentamiento atmosférico, comúnmente llamado "efecto invernadero" originado en la excesiva emisión de anhídrido carbónico, producido por la combustión de hidrocarburos, (especialmente en el hemisferio Norte), la eliminación progresiva y persistente de la masa forestal de la llamada Cuña boscosa que reducía el impacto de la lluvia sobre la tierra y permitía una mayor y más lenta absorción del agua por los suelos de la región y la introducción del cultivo extensivo e intensivo de la soja en los campos deforestados son sin duda sus principales componentes.

La presencia del monte natural biogeográficamente característico de una amplia zona del noroeste argentino permitía que los árboles retuvieran el agua de lluvia en sus copas, sus ramas, sus raíces y en las plantas que constituyen el sotobosque, evitando las escorrentías, posibilitando que los suelos actúen como una gran esponja e impidiendo el desborde de los cauces que naturalmente reciben el excedente pluvial. La tala indiscriminada de esos bosques, cuya riqueza alimentaria y maderera, fue la base de sustentación de las poblaciones locales ha tenido por único objetivo la ampliación de las áreas cultivadas con cereales transgénicos, especialmente soja, cuyos rindes siguen despertando la codicia de las grandes empresas del sector. Estos cultivos no solo impermeabilizan los suelos sino que también el aumento del uso de fertilizantes y de biocidas no degradables, que estos requieren, contamina las aguas, volviéndolas extremadamente peligrosas y nocivas para la totalidad d! e los seres vivos incluido el hombre y alterando gravemente los ecosistemas. Ya en 1961 la Organización Mundial de la Salud, afirmaba, refiriéndose a las aguas dulces continentales que su composición y su estado estaban ya tan deteriorados que "ya no reúnen las condiciones necesarias para uno u otro uso o al conjunto de utilizaciones a las que se hubiera destinado en su estado natural".

Esta transformación no se hubiera producido sin la anuencia y la complicidad de los dirigentes políticos nacionales y provinciales, los responsables del contralor forestal y las empresas de desmonte que con sus topadoras han arrasado el bosque e ignorado todo tipo de leyes públicas y naturales.

Esta tragedia es el precio que la Argentina está pagando por haberse convertido en el segundo productor mundial de soja ya que como dice Jorge Cappato, premio Global 500 de las Naciones Unidas . "Esto no es un desastre natural. Para hacer esta tragedia no alcanza con una lluvia extraordinaria. Hacen falta suelos agotados por los monocultivos, una deforestación irracional

En toda la cuenca, rutas mal construidas, calentamiento global, falta de circulación de la información científica y, sobre todo, una dirigencia inoperante con un inconcebible desprecio por los que menos tienen que es de donde, paradójicamente desde hace veinte años, recogen los votos"

Y no es que no existan leyes destinadas a impulsar un desarrollo económico, social, político y cultural en el amplio marco de la lucha contra la desertificación, ya que contrariamente a lo que se cree, las dos terceras partes de la Argentina son semiáridas sino que la instalación de la maximización de las ganancias y el provecho empresario, arrasan como los desbordes hídricos, con cualquier tipo de reglamentaciones tendientes a garantizar un desarrollo equitativo y ecológicamente sustentable.

El desastre de Santa Fe constituye un desesperado grito de alerta de la naturaleza que si no somos capaces de atender y de entender seguirá causando tantas pérdidas humanas y materiales como quizás seamos incapaces de imaginar. Es inútil que los responsables políticos sigan escudándose en el pretexto de la imprevisibilidad de los fenómenos meteorológicos, la reiteración y el agravamiento de estas catástrofes serán irreversibles si no comienza a primar la cordura, la sensatez y el llamado de atención de los expertos cuyos conocimientos científicos permiten identificar, las verdaderas causas, que casi nadie menciona, de estos gravísimos problemas.

De lo contrario seguirá cumpliéndose el pronóstico del biólogo Francisco Marraro "Siembra soja y cosecharás inundados"

Fuente: SUSANA MERINO

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