EL VALLE TENNESSE, BANCO DE PRUEBAS DEL MODELO KYNESIANO EN EL NEW DEAL DE ROOSEVELT.

Por Fernando Del Corro


Cuando se habla de obras públicas y de combate al desempleo en el mundo surge siempre un ejemplo paradigmático, el de la "Tennesse Valley Authority" (TVA), la Autoridad del Valle de Tennesse, creada en los Estados Unidos de América (EEUU) bajo la administración del presidente Franklin Delano Roosevelt siete décadas atrás y cuyo éxito, a través del tiempo, ha hecho que sus facultades especiales sean parte de las reservas formuladas por el gobierno de ese país al constituirse, hace tres lustros, la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La crisis de Wall Street de 1929 había provocado en EEUU una fuerte recesión y un marcado desempleo. El gobierno intentó algunas salidas pero se trató de intentos limitados dentro de los parámetros preexistentes.
Fue cuando a fines de 1932 Franklin Delano Roosevelt reemplazó a Herbert Clark Hoover que fue posible apelar a otras alternativas basadas en su propuesta del "New Deal" (Nuevo Trato), dentro del cual el restablecimiento del empleo debía basarse en el desarrollo de grandes obras públicas y la intervención del estado como empleador.

Así fue que se conformó la "Civil Work Administration"(Administración Civil del Trabajo) que un año después, a comienzos de 1934, ya empleaba a cuatro millones de estadounidenses. Pero lo más trascendente fue la TVA, cuya ley de creación fue promulgada por Roosevelt el 18 de mayo de 1933, fecha de la que mañana se cumplirán 70 años.

La TVA fue creada como una corporación del estado "pero con la flexibilidad e iniciativa de una empresa privada", otorgándosele diversas responsabilidades, entre ellas, la más importante, desarrollar una serie de represas en los siete estados por los que atraviesa el curso de agua del Río Tennesse. Represas que debían generar energía eléctrica pero cuyas obras complementarias se planearon para asegurar la navegabilidad de esa vía fluvial, controlar las inundaciones, desarrollar un sistema canales de riesgo, encarar la prevención de epidemias en áreas críticas, reforestar zonas desertizadas, producir fertilizantes, adiestrar a los agricultores en el uso de nuevas tecnologías mediante la creación de fincas modelo (una propuesta que impulsan algunos economistas próximos al futuro presidente argentino), colaborar con la educación y la cultura instalando una biblioteca en cada presa y organizar el turismo regional.

Enmarcado el proyecto en el ideario del "Nuevo Trato", coincidente con las propuestas que impulsaban en el Reino Unido algunos economistas, particularmente John Maynard Keynes, cuya obra cumbre recién se conoció tres años después, la ley de creación de la TVA estableció, formalmente, para la misma, la tarea de "mejorar las condiciones económicas y el bienestar social de los habitantes del valle".

Este posee una superficie de 106.000 kilómetros cuadrados (algo más que la provincia argentina del Chaco), que al decir del estudioso venezolano Alejandro Peña Esclusa, por entonces se encontraban en "una situación deplorable", al punto de que menos del tres por ciento de sus habitantes contaba con el servicio eléctrico, el 30 por ciento estaba atacado de malaria, los ingresos per capita de la zona equivalían a un tercio de los nacionales y el 25 por ciento de la carne de cerdo faenada, principal alimento local, se descomponía por falta de conservantes, entre otras "ventajas".

Pueden seguir enumerándose las calamidades que vivían los pobladores del valle pero también debe consignarse que una década más tarde las familias con electricidad en sus viviendas pasaron de 6.000 a 500.000, las represas se construyeron a razón de una por año, por lo que en veinte años se hicieron veinte, para lo cual se dio empleo a 200.000 trabajadores y se utilizaron 86 millones de metros cuadrados de arena, piedra y cemento. La TVA había pasado a ser la principal generadora de electricidad del país mientras el río se convirtió en navegable a lo largo de sus 1.050 kilómetros.

Los habitantes del valle a partir de 1935 fueron organizados en cooperativas, las que para 1939 ya eran 417 que, a través de la Administración de Electricidad Rural abastecía a 288.000 hogares mientras la Autoridad Eléctrica para Hogares y Fincas otorgaba créditos para que la gente adquiriera artefactos eléctricos para sus casas, en tanto se instalaron fábricas que generaron medio millón de empleos industriales y se erradicaron las enfermedades endémicas como el paludismo.

Con el correr del tiempo la TVA debió ampliar sus represas a 50 ante el crecimiento de la demanda y luego, ante la posibilidad de seguir por ese camino encaró la generación nucleoeléctrica con la instalación de centrales atómicas. La rentabilidad anual de la corporación supera hoy anualmente el total de la inversión y de la misma se destina un sexto a nuevos desarrollos. Un paradigma de 70 años que nada tiene que ver con el moderno neomercantilismo disfrazado de "neoliberalismo.

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