EL DESARME DE UN BELICISTA

Beliz Wins tituló hace poco el Buenos Aires Herald, al narrar las aventuras del ex ministro del interior de Carlos Menem, en su profunda arremetida contra la corte. No se preveía que en muy poco tiempo el incansable jovencito, iniciado a la política en la cancha de fútbol de la quinta de Olivos ya estaba preparando una nueva embestida que ambiciona -básicamente- desarmar a toda la sociedad argentina o al menos a ese sector que todavía no ha accedido a prontuario alguno.

El proyecto de ley que prepara meticulosamente Gustavo Béliz apunta a prohibir el uso de armas de cualquier naturaleza y calibre a los civiles. El proyecto, basado en estadísticas de produccion, compra y robo demuestran que en la Argentina hay mas de dos millones de armas ilegales en manos de civiles y en verdad -gran parte de ellas -en manos de la criminalidad, mas o menos organizada.

Si alguien desea comprar una pistola antiterrorista Gluck, austríaca, diseñada para que la munición permanezca dentro del cuerpo del blanco, sin producir rebotes innecesarios y peligrosos lo mas probable es que tenga que pagarla 900 pesos en el mercado negro. Si usted desea una Bersa, un arma adecuada para enfilarle un silenciador casero y eliminar algún pariente incomodo, es mas probable que tenga que pagar 300 pesos. Para armas de menor calibre o mas rudimentarias los precios oscilan entre los 150 o 200 pesos.

La posición de Béliz, de inocultable sentido demagógico pacifista y que se inscribe en los criterios de protección a las ballenas que conmueve a las almas bellas, soslaya que las Fuerzas de Seguridad, actualmente todavía bajo sus ordenes, no han podido eliminar las armas clandestinas y en verdad carecen de personal necesario para efectuar ese monitoreo que resulta ineficaz hasta en el caso de la propia delincuencia armada.

El proyecto ataca también el sistema recaudatario del RENAR, que no le depende sino que se articula con el Ministerio de Defensa y que cobra impuestos no solo por la tenencia sino por la recarga de munición de alto calibre. En ese aspecto es un tiro por elevación o una clara mordida a la yugular del propio ministro Pampurro, quien ya blandió su renuncia al advertir que lo pactado con Brinzoni, es decir el mantenimiento de las cúpulas castrenses hasta diciembre, no sería cumplido.

La iniciativa de Béliz, poco feliz ya que apunta a desarmar a la ciudadanía legal abre el interrogante en algunos sectores políticos acerca de si no será el momento de formular un partido del Rifle -como el existente en Estados Unidos- apuntando a que en la próxima reforma constitucional, que intentará convertir a la Argentina en una república parlamentaria, se introduzca un articulo que establezca la constitucionalidad de la autodefensa lo cual implicaría, automáticamente, la libertad de armarse no solo contra la delincuencia sino contra el mismo estado si este tiene devaneos de imprevistos totalitarismos.

El ejemplo de Nito Artaza, el hombre común que salió a defender sus intereses y los de la clase media confiscada, para luego mutarse en hombre político a secas, podría extrapolarse a otros ámbitos. Según algunos, seria conveniente estudiar la constitución americana, pero también la de Suiza extraordinariamente sensible a la defensa de las garantías individuales.

Entre tanto, la sociedad observa las contorsiones de Béliz, jaqueado por las Madres de Plaza de Mayo, los duros embates de Emilio Corbiere -desde el ala de la masonería tradicional- y su extraña posición de outsider en un gabinete que masculla, con unanimidad, la jerga del progresismo.

El problema del joven católico es justamente lo que se llama la contrahabitacion: vivir en lugares públicos pero a la vez deshabitados por gente propia.

Algo similar al gabinete del doctor Kirchner.

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