¿Habrá un despliegue argentino en Afghanistan?

 

Fuentes cercanas al ministerio de Defensa estarian contemplando el pedido efectuado por el presidente Bush, de enviar aproximadamente una dotacion de 600 hombres a Afghanistan, en el marco de una operacion de pacificación.

El responsable y nexo con el gobierno americano y quien se encuentra ya trabajando en el ministerio de Defensa argentino, es el recientemente relevado general Julio Hang, perteneciente al arma de caballería, quien se desempeñó como agregado militar en Washington, antes de pasar a revistar como jefe de la casa militar, en el breve gobierno de De la Rua.

Hang es un viejo conocedor de los temas americanos, ha mantenido contactos con Henry Kissinger y se encuentra muy vinculado con Bob Olson, un coronel americano que se desempeña en el Centro de Estudios Hemisféricos de Arlington y que conoce muy bien la Argentina, ya que cursó el Colegio Militar en nuestro pais, casándose finalmente con una ciudadana argentina.

Hang, posee excelentes relaciones tanto con el peronismo como con el radicalismo, y tiene un pariente directo de altas responsabilidades en el grupo Techint, filial argentina.



La medida no puede constituir una impía sorpresa para nadie, excepto para el partido de los apaciguadores que sostiene que el país debe limitarse a tareas de contrainteligencia, seguridad interior, control fronterizo, en particular en esas fronteras blandas como una torta de bodas y que encuentran su expresión más hiperbólica en la Triple Frontera, el vientre flojo de la dilatada extensión territorial argentina. Pero la decisión política está encriptada en los años de terrorismo sufrido por el país y en la necesidad de mantener una política militar coherente y sostenida. Es decir sin metáforas chamberlenianas.

Por lo pronto ya existe el esbozo de lo que podría ser la composición de una fuerza argentina operacional en las montañas afghanas. El primer paso sería el envío de dos fragatas tipo Makon y una corbeta, repitiendo el esquema del Golfo y del cuál ya se han extraído algunas lecciones.

Simultáneamente el ejército constituiría un grupo especial reforzado o lo que técnicamente se denomina fuerza de despliegue rápido, con capacidad para desparramarse, emboscar y avanzar de forma flexible. Este grupo estaría constituido por un elemento de asalto aéreo dotado básicamente de helicópteros, la compañía de comandos 602 y una unidad de infantería mecanizada ligera.

Actualmente serían los elementos más aptos para operar en las heladas montañas afghanas que proponen las nieves de la segunda quincena de octubre.

Actuarían también los clásicamente veteranos Hércules, la pieza esencial para el transporte de hombres y materiales. El vector aéreo logístico por excelencia.

A este conglomerado se sumaria un hospital de campaña de la fuerza aerea, que fue utilizado con eficacia en Kossovo, repitiendo de alguna forma la inteligente opción hospitalaria italiana del Líbano.

Pero la operación no tiene solamente una óptica telescópica estrictamente militar. La presidencia podría aportar los Cascos Blancos que permanecerían largamente sobre el terreno una vez concluidas las operaciones militares y desarticulado el prehistórico gobierno de los talibanes. Ocurre que la experiencia de Kuwait encontró rápidamente a sus perdedores y ganadores todo a lo largo de los años noventa. Los que ganan son los países que colaboran en la reconstrucción de las sociedades militarmente derrotadas y políticamente vencidas.

Entre tanto - y para evitar un interminable debate parlamentario- sectores gubernamentales estarían analizando la operación como una rotación dentro del esquema de intervencionismo occidental en las cuevas talibanes. En ese caso los vientos de guerra que ya han llegado a la Argentina tomarían un camino sinuoso pero eficaz: el relevo de tropas británicas o estadounidenses por tropas profesionales argentinas se enmarcaría dentro de los lineamientos de una operación de pacificación.

 

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