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Chile, un país independiente que no teme al mundo tal cual es .


Mientras la Argentina acentúa sus conflictos internos y su aislamiento, al otro lado de los Andes se asocian con la primera potencia del planeta, entre muchas otras naciones.

La firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, el viernes 6 en Miami, es considerada por la inmensa mayoría de los chilenos como un momento histórico especial, casi el comienzo de una nueva era.

"David y Goliat", tituló el diario "El Mercurio" el cuadro comparativo entre los principales números económicos de ambas naciones. Sin embargo, Robert Zoellick, el Representante de Comercio del gobierno de Bush, no mencionó esa desigualdad de las cifras. En cambio, entre las razones de la firma de este acuerdo proclamó: "Chile es un compañero ejemplar. Siempre ha estado en la vanguardia de los países latinoamericanos. Ha sido líder y modelo de la democracia y es la economía más desarrollada. Tiene un nivel muy elevado en América Latina".

Durante y fuera del país "compañero ejemplar", durante los últimos meses hubo agoreros que pronosticaron la demora, quizás el "cajoneo" y hasta la congelación indefinida de estas negociaciones - que tardaron doce años para fructificar - porque Chile no apoyó la resolución presentada por los Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, antes del inicio de la guerra de Irak. ¿Porqué el principal negociador de la primera potencia del planeta empleó estas palabras para referirse a un país bastante pequeño, de apenas algo más de 15 millones de habitantes, casi la mitad de ellos concentrados en los valles centrales, porque los extremos de su singular geografía están ocupados por desiertos o glaciares?

George Walker Bush no había sido menos enfático hace poco tiempo: "Chile es un país extraordinario. Es un país con una democracia vigorosa, que ha mostrado a la gente en este hemisferio la importancia del imperio de la ley.

Está en el mejor interés de nuestra nación concluir un acuerdo de libre comercio con Chile".

Jeff Bush, el gobernador del estado de Florida, arrancó sonrisas a los asistentes cuando agradeció este acuerdo que calificó de "histórico" a sus "dos presidentes favoritos": Su padre, quien acordara en 1991 el comienzo de las negociaciones con el primer presidente de la recuperada democracia chilena Patricio Aylwin, y su hermano mayor, que las finalizó más de una década después con el actual Jefe de Estado Ricardo Lagos.

En esta docena de años, la sociedad chilena se dedicó a demostrar un hecho poco frecuente, una indiscutible rareza en Sudamérica: que, a pesar de sus limitaciones y dificultades - que eran sencillamente terribles hace hoy apenas treinta años -, no le temen al mundo tal cual es y no derrochan su tiempo en la retórica, esperando que escenario internacional cambie conforme a los deseos profundos de sus sueños (esos que en sus vecinos del subcontinente se transforman, con frecuencia, en pesadillas diurnas), que surgen - como los de las personas - de sus agudas necesidades aún insatisfechas, dictaminaría Sigmund Freud.

El modelo económico abierto se consolidó con la democracia

Es precisamente en este momento cuando el hoy "políticamente correcto progresismo" argentino recuerda - como si fuera una culpa imperdonable - que la apertura, la liberalización y el equilibrio fiscal de la economía chilena se iniciaron durante la dictadura del general Augusto Pinochet. Un hecho cierto. Pero allí comienza la amnesia psicótica de este sector, que perdió el rumbo mental entre la caída del Muro de Berlín y la implosión de la ex Unión Soviética: nunca reconocen que fue la Concertación de demócratas cristianos y socialistas (esos mismos políticos cuyo liderazgo recuperó la democracia para los chilenos) la que profundizó ejemplarmente un modelo económico abierto, que mira hacia el mundo sin ningún temor, y lo conquista día a día con su oferta competitiva de bienes y servicios.

Estados Unidos es un país para nada generoso en materia de acuerdos de libre comercio. Cuando el congreso de Washington apruebe los que acaba de firmar con Chile y Singapur, solo llegarán a la media docena, sumándose a los suscriptos con Israel (1985), Canadá y México (1994) y Jordania (2001).

Chile, en cambio, es la nación realmente prolífica en tratados comerciales, y cuando se ponga en marcha lo firmado en Miami estará entre las cinco economías más libres del mundo. Los firmó con México en 1991, con Canadá en 1996, con Centroamérica en 1999, con Corea del Sur y la Unión Europea el año pasado y con la Asociación Europea de Libre Comercio y los Estados Unidos en este 2003. Ahora está trabajando en una negociación similar con Bolivia y pronto, en el segundo semestre de este mismo año, iniciará otras con Nueva Zelanda y Singapur.

La ministro de Relaciones Exteriores Soledad Alvear, una mujer de figura pequeña, ideas claras, palabras medidas y hechos contundentes, no se conforma y va por más. Hace un mes visitó la India (mil millones de habitantes) y quienes la conocen afirman que su marcha no se detiene hasta comenzar las negociaciones tras el libre comercio con la China (mil trescientos millones de personas). No por nada esta mujer aparece en las encuestas como la mejor posicionada para enfrentar al actual alcalde de Santiago, el opositor Joaquín Lavín Infante, en las elecciones presidenciales del 2005.

Brutal contraste

El estrecho sendero elegido por la Argentina desde el segundo semestre del 2001 (aislacionista y con una economía protagonizada por las decisiones del gobierno de turno) muestra un contraste brutal: congelación de las cuentas bancarias, default de la deuda pública, devaluación de la moneda y de todos los activos reales, confiscación de los ahorros de todo tipo, incluyendo los previsionales obligatorios, default de la deuda de las empresas, ruptura, en síntesis, de todos los contratos públicos y privados, sin vestigios de intentos de reparación de la vigencia de las leyes.

Un camino que el nuevo presidente, recientemente elegido por la segunda minoría, con la menor cantidad de votos en toda nuestra historia, intenta profundizar cada día: desde su misma asunción, con el internacionalmente condenado dictador Fidel Castro, de un lado, y el errático - pero elegido - Hugo Chávez del otro.

Desde ese mismo instante inaugural, los bríos del ex gobernador de Santa Cruz durante once años parecen fortalecerse en esta inmensa "fuga hacia delante". Siguió una purga militar que carece de sentido, salvo el de la propia inseguridad de Néstor Kirchner. Luego, un ataque a los otros dos poderes del Estado, realizado mediante un discurso personal por la cadena de radios y televisoras (una mediática castrista y chavizta, si la hay), intentando subordinar a ambos, pidiéndole a uno que descabece al otro. "La democracia no consiste en mirarse en el espejo ni en escucharse a sí mismo", lapidó el columnista dominical de "La Nación" Joaquín Morales Solá, a quien resulta siempre difícil definir en uno u otro bando político.

Mientras tanto, como visión internacional solo surge un intento de convertir al MERCOSUR en una suerte de "vivir con lo nuestro" ampliado. Algo que, sin duda, un Lula da Silva maduro utilizará, pero nunca aceptará. No es por menos que el vicepresidente Daniel Scioli tuvo que confesar que, en su reciente visita a los Estados Unidos, muchos empresarios y políticos le preguntaron si la Argentina pensaba delegar sus relaciones internacionales a la cancillería de Itamaraty.

Hoy en Sudamérica, el pueblo hermano trasandino está peleando con uñas y dientes para obtener su porción de los beneficios de la globalización. Con un ímpetu únicamente comparable al del gigante chino o a algunas de las nacientes democracias europeas que - hasta hace poco más de diez años - formaban parte del pacto de Varsovia. Hasta ahora, Chile lo está logrando, aunque esté totalmente rodeado por vecinos que se desangran.

Luis Candurra

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