JOSE BAXTER:VIVIR POR VIVIR.

Por: Roberto Bardini

El 11 de julio de 1973, un Boeing 707 de la compañía Varig que debía volar a Bruselas se estrelló en el aeropuerto francés de Orly a los cinco minutos de despegar. Murieron 123 de sus 134 pasajeros. Fue muy difícil para los familiares de uno de ellos retirar el cadáver calcinado, porque viajaba con un pasaporte falso. Era argentino, tenía 33 años y había vivido en la cuerda floja durante la última década de su vida. Se llamaba José Baxter y hoy está sepultado en el cementerio británico de Buenos Aires.

Aunque Baxter era, junto con Alberto Ezcurra Uriburu, uno de los rostros visibles del Movimiento Nacionalista Tacuara, adquirió una espectacular notoriedad después del asalto al Policínico Bancario, el 29 de agosto de 1963. Ese hecho, que representó un botín de 100 mil dólares de la época -destinados inicialmente a financiar una invasión por mar a las Islas Malvinas- se considera la primera acción guerrillera urbana en la historia argentina.

Hoy a nadie le interesa conmemorar la fecha o reivindicar públicamente su figura. Ni siquiera sus viejos camaradas de distintas organizaciones quieren tocar el tema. Y es que Baxter fue un controvertido personaje con una trayectoria política igualmente controvertida.

Ex afiliado juvenil de la Unión Cívica Radical, dio sus primeros pasos como dirigente a fines de los años 50 en un nacionalismo católico con rasgos antisemitas. A comienzos de los 60 se pasó con armas y seguidores al peronismo revolucionario. En 1968, residía en París y fue testigo del Mayo francés, un masivo movimiento universitario que levantaba dos consignas: 'La imaginación al poder' y 'Seamos realistas: pidamos lo imposible'.

Fue allí donde se vinculó al contador santiagueño Roberto Mario Santucho. A partir de ahí se integró, con el nombre de 'Rafael', al Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Y finalmente se unió a un desprendimiento trotkista: la Fracción Roja, perteneciente a la Cuarta Internacional, entonces dirigida por el economista belga Ernst Mandel.

Descendiente de irlandeses, estudiante de abogacía y empleado de Teléfonos del Estado, tenía 24 años de edad cuando su nombre saltó a las primeras planas de los periódicos.

A mediados de septiembre de 1963, Baxter habló en la Facultad de Filosofía y Letras ante estudiantes de izquierda, presentó al Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara y tomó distancia del grupo dirigido por Ezcurra Uriburu. Dijo: 'No sólo hay liberalismo cipayo e izquierdismo cipayo; hay también nacionalismo cipayo. Los nacionalistas cipayos son quienes creen que la batalla por la soberanía argentina se jugó en la cancillería de Berlín en 1945'.

Unos días antes, Baxter le había confiado a un periodista judío: 'Nos sacamos de encima toda la Segunda Guerra Mundial... Hacer antisemitismo ahora es crear un problema artificial de tipo diversionista. Divide inútilmente y fabrica confusión en torno al verdadero enemigo'.

Fugitivo en Uruguay con el nombre de 'Salvador Ballesteros', vivió durante casi tres años en la casa de la familia Pérez Iriarte, en la esquina de las calles 26 de Marzo y Buxareo, en el barrio de Pocitos. En Montevideo se relacionó con el dirigente agrario Raúl Sendic y participó en la creación del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.

Desde allí viajó a Madrid, El Cairo y Argel donde se entrevistó sucesivamente con el exiliado ex presidente Juan Domingo Perón, el mandatario egipcio Gamal Abdel Nasser y el estadista argelino Ben Bella.

Junto con un grupo de tacuaras de izquierda y militantes de la Juventud Peronista recibió entrenamiento militar en China. Después pasó a Vietnam y se unió al Vietcong.

Su leyenda personal sostiene que, gracias a su aspecto físico -alto, corpulento, pelirrojo y con pecas- entró vestido de militar canadiente al Club de Oficiales del ejército de Estados Unidos en Saigón. Se dice que poco después, durante la ofensiva del Thet, participó del ataque de ese lugar y que el líder vietnamita Ho Chi Minh lo condecoró por su valor en combate.

Uno de sus ex camaradas, el sociólogo Alfredo Ossorio, describe a Baxter como 'ocurrente e histriónico' y dice que su personalidad le recuerda una frase de José Ortega y Gasset: 'En épocas de crisis hay hombres que se hacen matar por una ficción'. Algunos ex tupamaros aseguran que era 'un aventurero'. Ex integrantes del PRT-ERP lo definen como 'un chanta con mucho bla bla'. Y hay quienes tienen la duda, sin poseer datos concretos, de que fue 'agente de algún servicio de inteligencia'.

Alberto Pérez Iriarte, uruguayo de 55 años nacionalizado suizo, ex militante del Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) y actual vicepresidente del Partido Socialista de Ginebra, tiene una visión diametralmente opuesta. Él tenía 14 años cuando Baxter se alojó en su casa del barrio de Pocitos y compartió su habitación. Después se siguieron viendo en Cuba, en el Chile de Salvador Allende y en Europa. Lo recuerda como 'un joven de conversación rápida, graciosa, con ironías porteñas, amable y respetuoso'.

Pérez Iriarte afirma: 'Contra lo que opinan muchos, para mí el gordo Joe sigue siendo un personaje legendario, casi como Lawrence de Arabia o André Malraux'.

A 30 años de su muerte, José 'Joe' Baxter, alias 'El gordo', 'Salvador' y 'Rafael', continúa representando el mismo enigma que lo caracterizó en vida.

Un hombre del cual lo único seguro que se puede decir es que encarnó con sus acciones la consigna 'vivere pericolosamente'.

 

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