Julio Barbaro, nuevo interventor en el COMFER, es un intelectual puro que entronca con la mejor tradición de Leopoldo Marechal y Arturo Jauretche. Su último libro -Pasiones Razonadas, ilustrado con un dibujo de Carpani que, paradójicamente se parece al autor, es una larga disección de algunos mitos argentinos y a la vez la búsqueda casi ontológica de un animal primitivo
practicamente desaparecido en la Argentina de hoy : el burgués nacional.
Barbaro, un hombre de formación social-cristiana es de los que apostando a Mr. K, piensa en la reformulación de un nuevo proyecto social para el país que entronca con los postulados de la socialdemocracia post Bad Godesberg.

Es un postperonismo que parte de la premisa que todo es postperonismo, a partir de la desaparición de su creador.
Pensador de una cultura nacional, sus propuestas para la liberación antimonopólica de los medios se parecen mas a un liberalismo antimonopólico americano que a los standares de los medios de comunicación masiva europeos.
Este secreto pero visible admirador de Malraux, tiene ahora a su cargo una tarea administrativa incómoda y que tal vez lo aburra. Su experiencia parlamentaria -igualmente- le será util para encarar la etapa de las nuevas leyes, en síntesis, nuevas reglas de juego, para los medios en el país. Pero lo mas dificil es el planteo de una cultura nacional vigente en plena era globalizadora.
Veamos sus respuestas.


JULIO BARBARO: "PASIONES RAZONADAS" EN EL COMFER ?
Por: Daniel Badenes


La imposibilidad de recibir las señales de televisión abierta es un problema en el Partido de La Costa. La Redacción entrevistó al interventor del COMFER, Julio Bárbaro, quien sostiene que 'se ha caído en la demencia de que el que no tiene cable no tiene acceso al canal de aire' y explica las posibilidades para recuperar las señales de TV abierta. A un mes de su asunción, el funcionario rechaza la prohibición que pesa sobre las cooperativas que quieren prestar servicios de radiodifusión. Además, habla del proyecto de ley que presentará el gobierno y cuestiona el reciente
decreto 1214, firmado por Eduardo Duhalde, que autoriza la creación de radios para los Estados municipales: 'darle una radio a cada Intendente sería, en muchos casos, tener un mono con navaja'.

Desde hace tiempo, sobre todo luego del aumento tarifario de los servicios de video-cable provocado tras la devaluación del peso, muchos vecinos de La Costa observan como un problema grave la imposibilidad de recibir las señales de televisión abierta. Sin duda, la negación de este servicio aumenta las desigualdades sociales, pues sólo pueden ver televisión aquellos que tienen ingresos suficientes para cubrir el abono de la TV paga, ya sea por cable o satelital.
La discusión sobre la factibilidad de retransmitir las señales de televisión abierta se reactivó recientemente, cuando el partido Memoria y Movilización Social, una de las listas que postula candidatos a Intendente y concejales, incluyó en su propuesta de gobierno 'traer la televisión a La Costa'.
La Redacción conversó sobre esta posibilidad con Julio Donato Bárbaro, interventor del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER). Ex diputado nacional (1973-76) y Secretario de Cultura al inicio del gobierno menemista -del que luego se alejó-, Bárbaro sostiene que 'se ha caído en la demencia de que el que no tiene cable no tiene acceso al canal de aire' y opina que 'es irracional que exista un cable donde se tienen cien o noventa señales y al lado un señor que, por no tener los 50 pesos por mes, no tenga nada'.
En esta entrevista, Bárbaro explica las posibilidades para que las localidades del interior tengan acceso a al menos un canal de aire, afirma que no obstaculizará las iniciativas de Santa Rosa y Oberá y define como 'un acto de demencia' la prohibición que pesa sobre las cooperativas que quieren prestar servicios de radiodifusión.

P - ¿Cómo garantizar, en un lugar como La Costa, que la gente pueda ver televisión?
JB - La Costa son 300 kilómetros. Baradero son 110. Y se ha caído en la demencia de que el que no tiene cable no tiene acceso al canal de aire.
Acá hay dos complicaciones: en algunos lugares, como San Juan, los cables no quieren incorporar el aire: esto se lo vamos a tener que imponer. En otros lugares, llegó el cable y nadie hizo nada por el aire.
Pensemos que al 50 por ciento de la Argentina, geográficamente, no llega nada, ni el canal 7.
Esto en lo geográfico, no poblacional; porque poblacional hay un porcentaje muy alto cubierto. A aquellos lugares el único que puede llegar es ATC.
¿Por qué? Porque el Estado es aquel que cubre los espacios no rentables. Los espacios no rentables son aquellos donde los cables tienen menos del número de habitantes que le permite una mínima ganancia. Nosotros estamos en este momento con dos soluciones posibles: o rearmar las antenas de ATC en todo el país, para que se cubra el 90 por ciento del espacio -en el Mundial se hizo un esfuerzo, pero vivimos en esta cosa de que después se desarma, no hay mantenimiento técnico...-; o una segunda opción que nos ofrecen los cables medianos y chicos que es poner juntos la antena repetidora y encargarse ellos del mantenimiento. Entonces, en una cantidad de lugares, ellos podrían ofrecer su estructura de cable asegurando la estructura de aire. La única actitud justiciera es que el que no tiene cable pueda tener aire. Lo que es irracional es que exista un cable donde el tipo tiene cien o noventa señales y al lado un señor que, por no tener los 50 pesos por mes, no tenga nada. Esto es lo irracional.
P - ¿La alternativa que barajan con las empresas medianas y chicas de cable es para que la gente pueda tener canales de aire sin pagar?
JB - Es para que a todos los lugares donde llega el cable llegue el aire.
Y que el cable incluya al aire, que también es un tema importante, porque en algunos lugares, donde no les gusta lo que opina el aire, como el cable tiene ideología, no está vacío de ideas, trata de sacarse de encima la otra opinión. Entonces tenemos que balancear los dos temas. Tenemos que imponer que llegue a todo el país canal 7, y también los cables. Y esto lo podemos hacer juntos: con las estructuras medianas y chicas. No con los grandes operadores: con ellos es imposible.
P - Si una cooperativa de servicios del interior del país pide autorización para transmitir señales de aire, ¿qué postura adoptará el COMFER?
JB - Cuando fui hace unos días a la Cámara de Diputados, (el diputado socialista Héctor) Polino, que es mi amigo de muchos años, me insistía con el tema de las cooperativas. Hay un acto demencial... como todo buen liberalismo, el liberalismo argentino es liberal para los ricos y
absolutamente nazi para los pobres... Hoy escuché una frase por televisión que me pareció una de las estupideces más grandes que escuché en mi vida; pero no era una imbecilidad, era de mala leche. Un señor que decía 'la minoría productiva': un liberal, de estos enfermos que tenemos nosotros, que son ladrones, se disfrazan de ideología pero en realidad se dedican al saqueo. Viven de la concentración económica y la venta del patrimonio nacional, estos son los dos ejes ideológicos de esta nefasta gente. Este señor hablaba de la 'minoría productiva' y de por qué le cobran impuestos a la minoría productiva. Se quieren llevar el país, no pagan impuestos y que el resto se muera de hambre. Esta es la teoría neoliberal de los argentinos, que no son liberales argentinos -que los hay y esos son respetables-, sino son gente de una extranjería que ni siquiera los reconoce como tales...

Creo que eliminar a la cooperativa como opción es un acto de demencia. También es cierto que la cooperativa tiene que estar reglada. Por dos cosas: porque en la Argentina, en el menemismo, se le dio el título de cooperativa y mutual a cualquier cosa que pagara unos pesos para recibir ese aval. La cooperativa y la mutual son dos estructuras de representación muy sólidas como para desvirtuarlas. Y en algunos lugares esas cooperativas son monopólicas: si la cooperativa de luz te manda el cable, y te manda otro servicio... terminás prisionero de la cooperativa. Nosotros estamos absolutamente a favor de la cooperativa y en contra del monopolio, aún cuando este monopolio sea cooperativo.
P -¿Qué va a pasar con las iniciativas que ya existen en Santa Rosa y en Oberá?
JB - Apoyarlas absolutamente, porque esas iniciativas son de cooperativas en serio. Yo cuando hablo de la desvirtuación del cooperativismo me refiero al Hogar Obrero. ¿Qué tenían que ver los asociados con los negocios que hacían cuatro vivos? Eso no era una cooperativa: eso era una empresa de estafadores con un sello cooperativo. Así como los menemistas no tienen nada que ver con el peronismo, algunos cooperativistas no tienen nada que ver con el cooperativismo.
Nosotros apoyamos y estamos haciendo la ley. Hoy vienen los diputados del radicalismo, del peronismo y del ARI; juntos vamos a hacer un proyecto y ese proyecto le da absoluta vigencia a la cooperativa, reglándola. La prohibición es irracional.
P - Durante las gestiones anteriores, inclusive la que estuvo hasta hace dos meses, ante el fallo de inconstitucionalidad del artículo 45, que es el que prohíbe el servicio de las cooperativas, el COMFER apelaba. Es decir: había, más allá de la ley, una clara decisión de obstaculizarlas...
JB - Yo creo que se terminó la Argentina donde el nervio del Estado era ayudar a hacer negocios. Vuelve una estructura política que está al servicio de la comunidad. Ahora: si la Argentina era un Estado para los negocios, que eso era el menem-cavallismo, las cooperativas molestaban porque no servían para llevarse unos pesos.
P - Concretamente, si una cooperativa bien constituida quisiese llevar a La Costa los cuatro canales de aire de Buenos Aires, ¿podría hacerlo?
JB - Sí.
P -¿A partir de...?
JB - A partir de solicitarlo. Punto. El otro problema que en algún momento tenemos que tratar es cuál es el fin de la cooperativa. ¿Qué quiero decir con esto? Si la cooperativa arrastra las facilidades que tiene para la construcción de un área a la otra área. O sea: una cooperativa de luz se hace con ese objetivo, no paga impuestos o tiene una cantidad de beneficios impositivos a partir de proveer la luz, y quiere meterse a dar radio...
¿arrastra estos mismos beneficios a la radio o se presenta como cooperativa pero a la par del privado? Este es el tema que no logramos definir. Porque esa exención fue para cubrir una falencia. Y si esa excepción la trasladamos para debilitar una competencia, yo soy injusto.
P - Dejemos a la cooperativa de lado. Si un grupo de vecinos hace una sociedad, sin fines de lucro, con balance cero, ¿el COMFER lo autoriza a llevar los canales de aire?
JB - Pero sí, desde ya, claro que se lo autoriza. A lo que le tengo miedo es al monopolio cooperativo. Que en muchos lugares ya pasa: el tipo te tiene la luz, la radio... y es una cooperativa monopólica. En algunos pueblos hay dos radios, que se alimentan a los empujones, y le ponés la cooperativa al lado, que no paga impuestos, y mataste a la radio privada. Ahí la cooperativa no está compitiendo contra el imperio, sino contra un tipo que tiene una radio como un almacenero. ¿Se entiende que pueden darse situaciones de injusticia?.
P - De todas formas, convengamos que es menos nocivo un monopolio cooperativo, que de última es el monopolio que la gente maneja democráticamente; que un monopolio de una empresa lucrativa...
JB - Estoy de acuerdo con vos. Pero el tema es que cuando nosotros usamos el término cooperativa y mutual lo usamos con tanta delicadeza que, si lo desvirtuamos, perdemos una cosa esencial. Hay que cuidar eso. Porque, de última, la sociedad anónima no tiene quién la cuide: se cuida con la ganancia. En el caso éste no le podés permitir ningún tipo de monopolio porque desvirtuás, y al desvirtuarlo le hacer perder lo más importante, que es el prestigio. 'Que haya una ley'
La normativa actualmente vigente en materia de radiodifusión, que lleva el número 22.285, data de 1980 y tiene las firmas de los genocidas Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy y José Alfredo Martínez de Hoz, entre otros.
Por ella, desde hace 20 años el titular del COMFER es un 'interventor'. Esto se debe a que el decreto de la dictadura, todavía vigente, establece que el directorio del organismo debe estar integrado por miembros de la Armada, de la Fuerza Aérea y de la Secretaría de Inteligencia del Estado, entre otros.
La 'ley' evidencia su perfil, además, por los valores que propugna, como 'el afianzamiento de los valores inherentes a la integridad de la familia' o 'la preservación de (...) los preceptos de la moral cristiana'.
Sin duda, la aprobación de una verdadera ley de radiodifusión que reemplace a ese decreto dictatorial es una cuenta pendiente de la democracia. Desde 1983, los cambios parciales que la 'ley' ha tenido, salvo en un caso, han sido por medio de decretos o resoluciones del COMFER y la Secretaría de Comunicaciones. Las múltiples iniciativas legislativas quedaron en la nada debido a las presiones del poder económico y a la facilidad de la corporación política para ceder ante ellas.
Julio Bárbaro asegura que ésta vez no será así, y que pronto la Argentina tendrá una Ley de Radiodifusión.
P -¿En que consisten los principales cambios de la ley de radiodifusión que están impulsando?
JB - El principal cambio es que haya una ley. Punto. Ese es el principal cambio. La actual ley tiene veintipico de años, es de la dictadura, y además es anterior al peso de los medios actuales. Entonces no tiene en cuenta nada de lo que está pasando hoy, donde el poder de los medios es otro, y la privatización desvirtuó totalmente el espectro.
Básicamente, esa ley intenta ordenar. Ordenar implica tres o cuatro cosas centrales. Primero, en los medios hay un límite concreto a la inversión extranjera. No puede haber una inversión mayor al treinta por ciento en un medio argentino. Esto es la ley de empresas culturales, se va a transferir
a la ley de radiodifusión.
No puede ser que los mexicanos tengan nueve radios compradas para jugar en la bolsa. Ni la radio ni la televisión no son objetos de venta y remate.
Hay un límite a la inversión extranjera: 30 por ciento en todo medio. Y un límite a la concentración: vamos a buscar que se estabilice a nivel de medianos y chicos; vamos a fortalecer la estructura mediana y chica, que es la que hace a una democracia, en lo empresarial y también en los medios.
Porque si no, no hay libertad. Me decía un periodista por radio que si hoy uno se pelea con los cuatro dueños -que no es difícil- es un exiliado político. Tendría que haber cincuenta medios para que uno no sea mal visto.
Pero en los últimos tiempos, si uno no tenía el pensamiento único liberal no salía por ninguna radio. Lo viví yo personalmente: no me llamaban porque no decía lo que querían que dijera para hacer negocios ellos. Se tenía que decir 'viva el mercado, abajo el estado', 'vivan los negocios, abajo el ciudadano'; las imbecilidades que se dijeron durante estos años. Pero eso cambia esencialmente.
Entonces: cambia en cuanto a la distribución, cambia en cuanto a la inversión extrajera, cambia en cuanto a la concentración y cambia en cuanto a que la marginalidad que representa sectores valiosos de la comunidad debe ser incluida; y excluida aquella que representa negocios oscuros o simples negocios.
P -¿Se va a proponer entender a la radiodifusión como servicio público o va a seguir siendo simplemente 'de interés público'?
JB - La pregunta es importante. Yo creo que así como hay que defender el lugar del Estado, no hay cosa más aburrida que el periodismo oficial. De esto estoy absolutamente convencido. El oficialismo en los medios no triunfó en ningún país del mundo: los medios viven de la crítica. Y darle pié al oficialismo es suicidarse.
Me parece que el Estado tiene que reglar, tiene que permitir que se expresen todos los sectores de la comunidad; tiene que obligar a que estos sectores de la comunidad no sean sólo los que tienen poder económico, porque sino se desvirtúa el pensamiento y no hay libertad. Pero tiene que tratar de limitar al máximo el peso de los medios estatales. Al Estado nacional le cuesta sacar adelante a Radio Nacional y ATC. En muchas gestiones eso en lugar de salir adelante se arrastraba. Yo creo que los medios estatales no son lo positivo para la expresión del Estado. El Estado se tiene que expresar a partir del intento de buscar apoyo y no de tener elementos propios.
Con esto me refiero al decreto de Duhalde: darle una radio a cada Intendente, para mí, sería una demencia.
P -¿Se va a volver atrás con ese decreto?
JB - Yo no diría que se va a volver atrás: la ley lo va a superar. Pero quiero decir las cosas claras: la mayoría de los sectores no tienen nada que decir. Es como cuando vos tenés, entre diputados y senadores, más de 300, pero cuando tenés que llamar para hacer una nota tenés veinte o treinta...
Para ser merecedor de una radio, una televisión, un medio, hay que tener algo para decir. No simplemente el apoyo del Estado. Creo que en muchos casos sería un mono con navaja. Y sería una competencia desleal al sector privado y cooperativo que lo hacen con su esfuerzo. El Estado crearía burocracia y no serviría para nada.
P - Todas las gestiones que asumieron desde 1983 prometieron establecer una ley de radiodifusión. ¿Por qué creerlo esta vez?
JB - Yo creo en la sociedad. Creo que estamos viviendo un deseo de salida que hace años que no veo. Lo ví un poco en Alfonsín, lo ví un poco en Menem.
Pero en el caso de Alfonsín había temas más graves, y en el caso del menemismo esto servía para hacer negocios. No se les ocurría hacer una ley:
el menemismo vino acá a llevarse lo que pudo y se lo llevó. De acá, del PAMI y de todos lados. La idea del menemismo era la estafa, no era otra idea.
Creo que hoy hay dos elementos centrales: hay deseo de la sociedad, y hay problemas porque la jungla lastima también a los grandes. Los grandes vienen también todos los días a quejarse porque le taparon la señal uno, la señal dos y la señal tres... La jungla del mercado termina lastimando a los propios grandes. Se han fundido muchos de los que apostaron al mercado.

Decían 'viva el mercado, viva el mercado' y se fundieron ellos con el mercado. La demencia del mercado se acabó y la necesidad de reglas afecta a grandes, medianos y chicos. Entonces, la coyuntura es lo que lo hace posible, y la coyuntura es también la que le da el apoyo que hoy tiene el Presidente.
'La 710 es la bronca ideológica del progresismo'
La cesión irregular de la frecuencia AM 710 fue una de las medidas más cuestionadas al COMFER de los últimos años; y es el símbolo de una época:
cuando Carlos Menem todavía era Presidente y hacía un uso discrecional de su poder, benefició al empresario periodístico Daniel Hadad con la frecuencia radial más poderosa del país, que pertenecía al Estado municipal.
En los últimos meses, varios sectores han reclamado la devolución a la Radio Ciudad de su histórica frecuencia AM, cedida irregularmente durante el menemismo. Inclusive se juntaron firmas para exigir al nuevo gobierno esa 'medida reparadora'. Sin embargo, Julio Bárbaro piensa que 'jurídicamente es imposible', además de afirmar que hay un problema más importante: revisar la situación propietaria de Telefé.
P -¿Qué postura tomará el COMFER con respecto a la AM 710?
JB - Es imposible, porque lo que está cerrado jurídicamente no lo podés alterar. Es como que me preguntes qué postura va a tomar el gobierno con Repsol-YPF, que es más importante que la 710.
P -¿No se puede revisar la cesión irregular de esa frecuencia?
JB - Es que lo de irregular... creo que es irregular en el trámite, pero no es irregular en la cesión. Es un tema de los abogados. Toda la tramitación fue irregular, pero el resultado ya lo consolidaron. Nosotros no podemos hacer nada, ya lo intentó la gestión anterior y es absolutamente imposible.
Lo que podés es buscarle a la Radio Ciudad una salida para que tenga un peso en el dial que le recupere su presencia.
P - De todas formas a la 710 actual le va a afectar la ley de bienes culturales...
JB - Sí, le va a afectar.
P ¿Y qué proceso se tiene que seguir con esas radios?
JB - Ahí tenés un tema. Los mexicanos se tienen que ir. Y luego vas a tener un debate jurídico en cuanto a qué es lo que se arma con la ley que viene y qué capacidad de influencia retroactiva tiene eso. Digo: hay cosas más pesadas que la 710. La 710 es la bronca ideológica del progresismo. El
problema es Telefé, que es un poquito más pesado, y es español. La 710 es la burla más grande, pero expresa a un sector de la sociedad. Si los escuchan es porque los expresa; no es el tuyo ni el mío, pero lo expresan, ¿no?...
Lo de Telefé es más pesado. Y es ahí donde hay que influir.

La prohibición a las cooperativas
Entre sus múltiples aberraciones, el 'decreto-ley' de radiodifusión es discriminatorio porque establece que ni las cooperativas, ni las asociaciones civiles, ni otro tipo de entidades sin fines de lucro, pueden pretender ser licenciatarias: sólo pueden serlo las sociedades comerciales.
De esta forma se define a la radiodifusión necesariamente como un negocio, y se viola los derechos a la igualdad y a la libre expresión.
El 6 de julio de 2002, el senador a cargo del Poder Ejecutivo Eduardo Duhalde prometió ante 400 cooperativistas terminar con esa prohibición que los deja en desigualdad de oportunidades. Pero nunca cumplió. Algunos sostienen que el decreto que Duhalde firmó poco antes de irse, permitiendo a los Estados provinciales y municipales tener un canal de aire y emisora de AM, también incluía a las cooperativas, que fueron borradas a último momento.
Pese a que la 'ley' 22.285 impide a las entidades sin fines de lucro prestar servicios de radiodifusión, en Santa Rosa (La Pampa) y en Oberá (Misiones), dos cooperativas eléctricas 'se rebelaron' contra la prohibición y actualmente están emitiendo señales de televisión abierta. En Santa Rosa, se transmiten dos canales: el 7 y un canal propio realizado por un grupo cooperativo. En apoyo a la medida se juntaron unas 23 mil firmas en menos de 13 días. En Oberá, mientras tanto, decidieron emitir las cuatro señales de aire de la Capital Federal.
En esta entrevista, el interventor del COMFER Julio Bárbaro habla ampliamente de la situación de las cooperativas, afirmando que se terminará con la prohibición y sostiene que, mientras tanto, apoyarán 'absolutamente' a las iniciativas de Santa Rosa y Oberá.

regresar