|
MR K :ONCE MINUTOS SOBRE WASHINGTON
"¡Zafó!", escuchó desde su celular el presidente de la Cámara de Diputados, señor
Camaño, cuando concluyó el breve y sintético informe - después de todo 22 minutos continuados de hablar y hablar desde un recoleto
y distinguido café neoyorquino, en un discurso apenas interrumpido por el mismo para constatar que del otro lado se seguía su
exposición - "¿Escuchás? ¡Negro! ¿Escuchás?" -, tras el encuentro del presidente de la Nación, doctor Néstor
Kirchner con una veintena de hombres de negocios de los Estados Unidos.
La exclamación "¡Zafó!" era proferida desde un SPA de lujo a todo tren de la costa brasileña, por el ex presidente
interino de la Nación, doctor Eduardo Duhalde, en un breve intervalo de su siesta tras un poco menos que ayunante almuerzo destinado
a bajar unos kilos de cintura y abdomen.
"¿Te parece que zafó?" fue la inquietud y escasa coincidencia que respondió al lacónico comentario del ex presidente
interino.
"Sí, sí. Zafó. De esta y en este momento. Entendeme. por lo menos no aumentó la grieta, ¿entendés?, que ya es bastante
grande".
Si el director de "pinchaduras" telefónicas de la SIDE - ahora SI - , tan afecto al primer mandatario, doctor Néstor
Kirchner, hubiera tenido acceso a este diálogo - reproducido en sintética versión por el propio presidente de la Cámara de
Diputados de la Nación a dos contertulios - uno de ellos, hombre de la propia SIDE residente, hasta ese mismo día, en Nueva York y,
desde ese día, decapitado administrativamente, por obra y magia de las decisiones presidenciales, a pedido, entre otros del ministro
de Economía, doctor Roberto Lavagna, pero inicialmente de la secretaria de medios de la Nación dada su desafortunada intervención
en algunas audiciones locales de radiofonía y televisión - se habría podido granjear los amistosos elogios que normalmente escucha
por sus libros y su facundia rememorativa de "las luchas armadas".
Pero ni el jefe de "pinchaduras" ni el presidente Néstor Kirchner conocieron este diálogo interpretativo y antes bien,.
escucharon severas advertencias de algunos allegados preocupados por que "esto podría interpretarse como un giro a la
derecha" o bien "una mirada contemplativa y tímida".
A estos últimos, el doctor Néstor Kirchner habrìa respondido, todavía en viaje de regreso y telefónicamente que "no hay por
que preocuparse ni ha sido tan elevado el tiro", ya que "hay que distinguir entre lo que dicen los 'amigos periodistas' y lo
que en realidad ocurrió".
Parece en este punto donde las cosas han comenzado a decantarse con cierta lentitud y mayor realismo ahora, con una orientación más
o menos certera acerca de lo que hizo realmente y le ocurrió al doctor Néstor Kirchner en Nueva York - no en Washington, que es
asunto de otro capitulo de este análisis - durante el encuentro con los empresarios - en su trato con los empresarios.
Tanto el doctor Roberto Lavagna como algunos allegados - ¿Alberto Fernández? ¿La senadora Cristina Fernández de Kirchner? - que
elogiaron con entusiasmo "el estilo para tratar a los empresarios de las privatizadas", parecen haber recapacitado respecto
de los efectos posteriores que tendieron un manto de graves críticas y severas advertencias acerca de la modalidad "casi
payasezca" con la que el primer manadatrio encaró a los franceses - ausencia inusitada - y a los españoles - frontal agresión
y despectivo tratamiento - haciendo gala de una cuasi irresponsabilidad sistemática.
En el momento, los elogios y las risas dominaron a los mejores amigos presidenciales y avanzaron hasta el momento en que comenzaron a
leer algunas interpretaciones - varias de las dadas a conocer mediante intérpretes periodísticos y aquí poco difundidas, bien que
los suscriptores de "Informe (2003) Argentina con Lupa" conocen detalladamente - que 24 horas antes de la partida del
presidente a Washington determinaron una fuerte presión para rectificar el modo y comportamiento a seguir en la Unión.
Esa revisión del "estilo" no incluía el saco cruzado desabrochado, pero obligó a que se impusiera un trato màs
objetivos, más desapasionado, menos mediático, lo que generó una exposición menos hilarante y explosiva pero si más circunscripta
a la problemática real.
Por empezar, esta decisión presidencial no se conocía y, antes bien existía la semi convicción de que continuaría adelante y
cabía esperar de él un imprevisto gesto payasezcoo.
Quizá por eso la reunión con el Council limitó los asuntos a una veintena de invitados - suelen concurrir entre dos y tres veces
mayor número de importantes inversores y hombres de empresa - con la asistencia dominante de un nivel gerencial - segundas filas,
salvo el propio presidente de la institución invitante, señor David Rockefeller y la descollante presencia del presidente del City
Bank Internacional.
Dos prominentes hombres de negocios y dieciocho segundas figuras no es un espacio empresario que coincida con la importancia, por
ejemplo, de la deuda externa Argentina, ni con la dignidad del invitado, un presidente de la Nación, pero sí pone en evidencia las
severas dudas existentes en la Unión acerca de la seriedad y la gravedad de los diálogos posibles con el actual primer mandatario
argentino.
Los hechos hablan con más elocuencia que las palabras y las palabras suelen justificar la interpretación de los hechos, tal como
eventualmente se desprendió del discurso presidencial a los anfitriones, en la media en que se limitó a consignar algunos hechos de
relevancia pero de poca monta: el propósito del gobierno que encabeza no es reprivatizar ("¿Con que dinero lo harían o con que
dinero lograrían que esas empresas funcionaran en la orbita del estado?" fue una reflexión escuchada por algún periodista al
finalizar el encuentro), o que es indispensable practicar ajustes en la economía para sincerar la situación económica ("¿Que
qué otro modo podrían actuar si o fuera eso?", insistió la misma fuente de reflexiones post encuentro), etcétera.
Nada nuevo ofreció el presidente como no fuera demostrarles que podía hablar con un grupo empresario - no lo hizo en la Argentina
con los locales, ni en Francia con los inversores y tan solo en Madrid para retarlo - o que podía abandonar el sesgo payasezcoo y
mediático de su presentación pública para, en privado, hablar como un ser humano corriente.
Este esquema es el que parece haber desprendido de labios del ex presidente interino, doctor Eduardo Duhalde, el modesto comentario de
cuasi alivio y casi satisfacción: "¡Zafó!".
"Zafar" no implica triunfo ni logro alguno, sino simplemente haber podido superar un escollo inmediato, haber despojado de
dramaticidad un desempeño o, a lo sumo, haber logrado algo que se imaginaba imposible; en definitiva y en el más puro significado
castellano, librarse de una molestia.
37 minutos que no conmovieron al mundo
El día anterior, en Washington, el desempeño presidencial no parece haber sido mas lucido.
Al parecer en el ámbito estrictamente gubernamental, en la propia intimidad presidencial, se estimaba con bastante y sostenida
intriga, la sospecha de que el presidente George Bush habrìa de sorprender a sus invitados mediante una rutilante y magnifica
propuesta.
La versión - no poco pueril - de que el éxito de la tourné europea del doctor Néstor Kirchner había preocupado al gobierno
norteamericano hasta el extremo de intentar un aceleradisimo encuentro a fin de que Washington ganara los favores de Buenos Aires,
parece haber dominado desde la rápida aceptación de la decisión norteamericana, sin agenda previa y en condiciones ajenas a una
visita de Estado - rango distinto a la simple visita protocolar en la que se vio envuelto el presidente Néstor Kirchner, tal como los
subscriptores de Informe (2003) Argentina con Lupa supieron la semana precedente -- hasta la misma integración - equivoca y confusa -
de la misión que acompañó al presidente Néstor Kirchner en el (siempre tan vilipendiado pero siempre tan usado) Tango 01.
El encuentro de 37 minutos exactos, congregó en el despacho oval de la casa Blanca, alrededor de una docena de personas.
Nueve de ellas integraban la comitiva argentina que designó el presidente Kirchner para acompañarlo al encuentro - quedaban fuera
unas veinte personas adicionalmente integrantes del viaje en el Tango 01, entre ellas media docena de periodistas siempre tan
sutilmente seleccionados con criterios que no responde tanto a la eficiencia informativa como a otras razones -, en tanto las otras
tres eran el presidente de los Estados Unidos, señor George Bush; el secretario de estado, general Powell y un traductor del propio
presidente, quien pese a hablar con bastante fluidez castellano (su esposa es mexicana), prefiere tener una fidelísima versión de
cuanto se dice.
La relación nueve a tres, desde el punto de vista protocolar y diplomático incluyó un notorio desajuste: el presidente Néstor
Kirchner asistió acompañado por su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner quien viajaba en calidad de "primera
dama" y no por su rango legislativo.
Pero del lado norteamericano, aplicando criterios universalmente respetados, la calidad del encuentro no ameritaba, ni remotamente -
una entrevista protocolar no es una entrevista de Estado - aue el presidente George Bush estuviera acompañado por su esposa, dejando
sin embargo en blanco la presencia de ela primera dama de la Argentina en un trámite solventado por funcionarios estrictamente.
la contabilización del uso del tiempo durante el encuentro despierta aún más dudas cerca de la calidad y profundidad del mismo.
Por que si unos cinco a siete minutos se fueron en las presentaciones y saludos, en los informales diálogos para saber "cómo
fue el viaje" o - tal como ocurrió - advertir el presidente argentino: "discúlpeme la informalidad, pero yo soy un sureño
de Santa Cruz totalmente informal", para escuchar en seguida por la voz del presidente norteamericano: "o no, no importa,
porque yo también soy un sureño de Texas, totalmente informal", bien que no debiera pedirle disculpas por informalidad alguna
en el encuentro que por si y por tal - y por respeto mutuo - suponía una seriedad prescindente de puntos geográficos, el tiempo
restante debió dividirse en dos por las obligadas traducciones párrafo a párrafo entre ambos mandatarios, lo que supone que
restaron, de los 37 minutos tan solo entre 16 y 18 minutos, quizá, para hablar.
De ese lapso, asimismo, hay que descartar los tres minutos y medio que demandó un aparte - "muy reservado" según la
confidencia a periodistas realizada por el doctor Alberto Fernández, jefe del gabinete nacional - mantenido entre ambos mandatarios
junto a una ventana junto a la cual el presidente norteamericano habrìa gesticulado como si mostrara a su invitado algún escenario o
paisaje, pero que bien podria haber sido tan solo un artero disimulo para el grave y profundo intercambio de opiniones y puntos de
vista que habrían deseado sustraer a oídos indiscretos de sus restantes diez contertulios.
De modo que en los escasos diez u once minutos, entre ambos se analizaron los diecisiete temas pendientes de análisis en las
relaciones entre Argentina y Estados Unidos, desde la ley de patentes hasta la negociación de ela deuda externa, pasando por el
envío de tropas a zonas de conflicto, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, la negociación con el Fondo Monetario
internacional, la tentativa estadounidenses de lograr la expansión de ela territorialidad judicial norteamericana a fin de juzgar
hechos de guerra que atañan a sus soldados, etcétera, etcétera, etcétera.
Todo esto supone una suprema aptitud de síntesis, que va mas allá de la simple enunciación de los títulos temáticos y que
implica, tal ve una lectura velos del pensamiento ajeno.
De otro modo, en el corto laso que duró el encuentro, difícilmente se haya hecho otra cosa que cruzar una docena de frases echas y
de generalidades y vaguedades entre dos hombres de Estado.
Suponer que este encuentro ha constituido un éxito en la diplomacia argentina y que configura una situación excepcional de la
Argentina para su futuro político y que, en consonancia con los esquemas dominantes en el gobierno del doctor Néstor Kirchner,
Estados Unidos ha debido avenirse a su intransigente actitud respecto de los lineamientos del mundo anglosajón, parece un punto de
difícil credibilidad.
Lo cierto es que el doctor >Néstor Kirchner y sus treinta acompañantes en el Tango 01, hicieron un viaje de 11.000 millas aéreas
y un retorno de similar extensión aproximada, para tener una charla informal de 37 minutos y un almuerzo que demandó un par de
horas.
Un costo bastante alto en materia de relaciones exteriores, conforme con algunos parámetros de rendimiento.
Pero así suelen ser las relaciones internacionales y vale ahora medir el traslado no tanto por la duración, lo que se dijo y no hubo
ni tiempo ni programa para decir, cuanto por los hechos resultantes.
Hay que hacer los deberes
Lo cierto, en esta dimensión, sin embargo, es que no siempre son así las relaciones internacionales.
El presidente Josè Inazio - Lula - Da silva, de Brasil, estuvo una s semanas antes con el mismo presidente George Bush y la
dimensión y diseño del encuentro fue notoriamente diferente.
La agenda del encuentro se negoció entre las cancillerías de ambos países durante aproximadamente cincuenta dìas y solo cuando
hubo un acuerdo acerca de qué temas se trataran, con qué expectativa y referidos a que circunstancias internacionales y locales en
ambos países, se pudo pasar a precisar la fecha del encuentro.
Pero la importancia del encuentro quizá quedó revelada en el hecho de que prevista para una hora de duración, el primer encuentro
se extendió durante dos horas y media, de manera que se prolongó inesperadamente en un segundo encuentro no programado para el día
siguiente, el que demandó un total de una hora y cuarenta y cinco minutos.
De tal modo, el encuentro Lula-Bush demandó cuatro horas y cuarto, tras unos 50 dìas de negociación de agenda.
Y del encuentro surgieron hechos concretos referidos a compromisos formales y compromisos virtuales.
Los compromisos formales fueron un explícito y bastante detallado apoyo norteamericano a la negociación financiera de Brasil.
Pero, del mismo modo, un informal anuncio brasileño para admitir el ingreso al ALCA a partir de Enero de 2005.
Ademas, una coincidencia pormenorizada en los acuerdos respecto del narcotráfico en primer lugar, del terrorismo en segundo lugar y
de la guerrilla subversiva en tercer lugar.
De tal magnitud y complejidad fueron los acuerdos negociados y señalando que desde el día siguiente del retorno del presidente Josè
Inazio - Lula - Da Silva a Brasilia, el Ejército de Brasil inicio un despliegue operativo orgánico y centralizado en la frontera con
Colombia y, por extensión, de Venezuela.
En segundo lugar, de todos los extractos informativos y de prensa distribuidos por Brasilia a medios de comunicación locales y
mundiales, desaparecieron todas las referencias a la eventual conformación de un ente petrolero brasilero-venezolano estatal.
Se podrìan enunciar efectos en no menos de dos decenas de tópicos que se registraron enel curso de apenas los siete dìas que
siguieron a ese encuentro,
No en vano el presidente George habrìa dicho al presidente Néstor Kirchner - y no se trata de un chiste ni de una broma -.
"Este muchacho (sic) Lula, me gusta cada vez más".
A su retorno a Buenos Aires, el doctor Néstor Kirchner traía una simple opinión vertida por el presidente George Bush acerca del
carácter de la relación que el país del Norte mantendrá con la Argentina: "Tomen las medidas para ayudarse que nosotros los
ayudaremos a cumplirlas" (sic).
Dicho de un modo más simple y genérico. "Muchachos, cumplan con lo que deben hacer y tendrán nuestra ayuda para cumplir con lo
que deben hacer".
Y una sugerencia estimulante para que no haya sospecha de preferencias injustas: "Peleen con el Fondo Monetario centavo a
centavo. Defiendan su interés centavo a centavo hasta el último centavo".
Algo que implica un paralelismo cierto con esa otra aseveración del presidente George Bush: "Ustedes defienden lo suyo como
nosotros defendemos lo nuestro. Y me parece bien", obviamente bien que ellos también defiendan lo suyo.
Los criterios de ecuanimidad y desprendimiento de cualquier compromiso, reconocibles en toda esa fraseología implementada en los
escasos quince minutos que le correspondía consumir palabras, constituyen el desiderátum de lo obvio y de lo no compromete para nada
a nadie que las diga o bien lo compromete a seguir siendo igual a lo que es.
Por que si algún indicio se desprende del retorno del doctor Néstor Kirchner a Buenos Aires tras esos dos encuentros en Washington y
nueva York, es, indudablemente, que nada ha cambiado y que las cosas eran exactamente iguales al partir que al regreso.
Al no contar con los efectos mediáticos de actos sorpresivos - y de alguna dimensión payasezca - la imagen presidencial no alcanzó
los ribetes y singularidad que arrancó destellos de primer plano en escenarios superiluminados y apenas descendía del Tango 01, el
viaje pasaba simplemente a ser historia.
Y queda por delante, ahora, el intrincado y descomunal tema del acuerdo - o desacuerdo, si cabe atenerse a las últimas informaciones
- con el Fondo Monetario Internacional.
Decretazo "interruptus"
Bien es cierto que el viernes al llegar, el ímpetu del viaje figuraba en los lineamientos informativos de todos los medios locales.
Y de pronto, la atención fue violentamente desviada de ese escenario - tan aceitado por los recursos mediáticos oficiales que
habían ya lanzado sus propias interpretaciones de éxito arrollador en Washington - cuando en reunión de petit comité, el
presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner firmó el decretazo derogatorio del decreto que Fernando de ela Rúa había emitido
hace dos años para impedir las extradiciones de jefes militares que derrotaron a al subversión para ser juzgado en el exterior por
delitos denuncia de hechos ocurridos en territorio argentino.
El episodio merece analizarse en primer termino, cronològicamente.
El decreto debìa haberse firmado quizá unos tres a cuatro dìas antes conforme con los planes elaborados en el entorno presidencial.
Esos planes suponían que los encuentros con los presidente Chirac y Aznar exitosos desde el punto de vista político - y hasta con un
dejo de apuntalamiento de la política kirchnerista frente a inversores españoles por algunos dichos, se afirmaba, susurrados por el
señor Aznar para que le presentara sus quejas si estas existían - tanto con los mandatarios como con los exiliados de la guerra
antisubversiva y simples residentes argentinos en Europa, tendrían el broche de oro final en la promulgación del decreto derogatorio
del de Fernando de la Rúa.
Pero inopinadamente, cuando todavía el doctor Néstor Kirchner estaba en Europa y el decretazo solo existía en el escritorio del
secretario legal y técnico de la presidencia, un veterano cuadro montonero, la invitación de George Bush para que Néstor Kirchner
adelantara en dos meses y apenas seis dìas más tarde su viaje a Washington, trastocó o, al menos, postergó ese cronograma por
algunos dìas.
De este modo, el decretazo en cuestión, debe observarse como la continuación de la política emergente del viaje a Europa y en nada
asimilable - sino, más fuertemente conflictiva y contradictoria - con el viaje a Washington, detalle este que pone en evidencia
cierta lentitud en los reflejos estratégicos del gobierno kirchnerista.
El decretazo debía actuar circunstancialmente, asimismo como una pantalla de un trato fortísimo dirigido al ministro francés que se
desencadenó conforme al cronograma pero al margen de la fluidez de los hechos que demandaba, obviamente, modificar ligeramente los
pliegues respectivos de ela estrategia seguida.
Por ello el arquitecto Julio De Vido, hecho a la disciplina de trabajo del doctor Néstor Kirchner pero ambientado a la siesta
provincial santacruceña en días de extremado frío, decoló en vuelo rasante sobre el ministro francés sin tomar en cuenta que el
ataque debía conformarse con el dato previo del decretazo, las salutaciones francesa y española y por lo tanto el condicionamiento y
marcación de la negociación económica mediante la fuerte presencia del factor político a favor.
Algo así como decirle a Chirac: "Que tu ministro se calle la boca por que estamos por mandártelo a Astiz", mientras en el
orden interno se podía exhibir una "alta defensa de ela justicia y los derechos humanos y un frontal ataque al imperialismo
inversionista".
Desde el punto de vista estratégico no parece haber estado mal visto y cerraba al menos en la ecuación estrictamente mediática con
la que se maneja el "estilo K", un si es no es heredado, como concepto, del propio duhaldismo que hacia galas - señor
Carlos Ben mediante - de inefables dotes en este sentido.
Para planes de este estilo, la imprevisión que suelen generar los imprevistos, valga la redundancia, pueden generar situaciones y
condiciones catastróficas.
Porque, en principio, el episodio con el ministro francés pasó a constituir un clásico de la improvisación y el desenfado, que
debió ser seguido de disculpas ordenadas por el propio presidente en vuelo hacia la Argentina y asombrado de que se hubiera escapado
el detalle funesto de la postergación del decreto y su apropia ausencia de Buenos Aires.
En segundo lugar, el decretazo mismo puso en juego situaciones imprevistas como, por ejemplo, dos notorias ausencias en el momento de
las decisiones.
La primera estrictamente política, fue la del propio ministro de Defensa, que desapareció de toda fotografía y de toda presencia
activa en la promoción del decretazo.
Que una medida de este tipo y esta envergadura se haya adoptado sin la presencia activa y eje del propio ministro de Defensa,
descansando en los ministros Fernández - Alberto y Aníbal -, el de justicia, doctor Gustavo Béliz y el Canciller sin tomar en
cuenta que se trata deuna meddia que toma directa orientación hacia la defensa, constituye una garrafal y reiterada acvtitud
despectiva hacia el jefe adminiustrayivo de las Fuerzas Armadas.
Pero la segunda ausencia parece mucho màs significativa, ya que se trata de una ausencia del país: el jefe del Estado Mayor General
del Ejército, general Bendini se encontraba, al firmarse el decretazo, en Estados Unidos, no con la comitiva presidencial ni en
misión oficial, sino, simplemente, en tren de turismo familiar.
Claro que hubo indiscretos que preguntaban si un general que percibe a lo sumo 3.500 pesos - suma que corresponde a su salario desde
hace apenas un mes, ya que el ingreso anterior no superaba los 3.050 pesos mensuales en la mano -, está en condiciones de realizar un
tour familiar de descanso de dos semanas por la Unión.
Justo en el momento en el que destellan las propiedades, viajes y suntuosidad de algunos oficiales de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires originados en el escalón promocional que acompañó el inicio del gobierno del doctor Eduardo Duhalde en esa misma
provincia a fines de la primera mitad de la década del '90, el nuevo jefe del Estado Mayor General del Ejercito, general Bendini
despierta sospechas en medios políticos que tratan de hacer cuentas razonables con los salarios de los agentes oficiales.
Estas ausencias ¿estaban previstas en los planes originales o surgieron a partir de los desacuerdos internos, de las fuertes
tensiones que han comenzado a desatarse a raíz del decretazo y que eran previsibles para no pocos antes de que se adoptara esta
decisión?.
Lo cierto parece ser que el jefe de la Marina, almirante Godoy, habría registrado el intento de exhibir ante los jefes superiores de
ela fuerza que se encuentran en retiro y no cesan de expresar sus opiniones, la decisión de encabezar la protesta y eventual presión
contra los hechos derivados del decretazo.
Si el decretazo logró tapar el fondo de la triste figura paseada por las calles de Washington, no ha podido evitar que los problemas
en las Fuerzas comiencen a agudizarse.
El almirante Godoy, que dijo que nadie en la Fuerza hablaría fuera de `él, el jefe superior en actividad, en su reunión con los
almirante s sancionados por haber emitido opinión debió escuchar una fuerte filípica de un hombre que habría sido su superior
durante varios años.
El por entonces subordinado pero ahora comandante superior, Almirante Godoy, habría intentado frenar la lengua critica de su ex
superior y habría dado por terminada la reunión.
Era el lunes de la semana que ahora concluye y el día pareció eternizarse junto a la puerta que separaba la sala de reuniones del
despacho del jefe de Estado Mayor General de la Armada, ya que el almirante Godoy habrìa permanecido con su mano sobre el picaporte
sin dar el paso final de abandonar la sala, debiendo escuchar la fuerte diatriba del que fuera su superior jerárquico en otra época.
Un episodio similar pero de diferente perfil fue el protagonizado por el brigadier Jorge Chevallier, jefe del Estado Mayor Conjunto,
desde el 7 de Julio - día aciago para el presidente Néstor Kirchner - en el que se realizó la comida de camaradería de las Fuerzas
Armadas y el alto jefe aeronáutico le formuló una severa critica por el discurso que acababa de pronunciar.
De manera simultánea con la convocatoria a la reunión de almirante efectuada por el almirante Godoy, el primer magistrado giró al
jefe aeronáutico y titular del estado mayor Conjunto, una carta en la que puntualizó que los militares no formulan opiniones y mucho
menos políticas, que no les haya solicitado su jefa jerárquico y, para el caso, el jefe jerárquico, aclaró en la misiva, es el
propio Néstor Kirchner.
El general Bendini antes de comenzar la semana habrìa iniciado su curioso periplo vacacional por Estados unidos, a tiempo que en el
Ejército comenzaban a notarse una suerte de lluvia de versiones acerca del descontento reinante.
Si esta era la situación al comenzar la semana que ahora concluye y que se inicio casi con el despegue presidencial hacia Washington
y culminó con el decretazo, es fácil comprender que esas temperaturas poco agradables en los medios castrenses habrìan ido en
incremento conforme con una multitud de eversiones convergentes.
Hombres moderados como el ex candidato a presidente de la Nación y ex ministro de Defensa doctor Ricardo López Murphy, no descartaba
al conocerse el decreto que existirían un creciente malestar en las Fuerzas Armadas.
El problema, conforme con este panorama de incertidumbre y perfiles tan negativos es tratar de establecer la razón por la cual el
doctor Néstor Kirchner y su elenco de gobierno admitieron adoptar una decisión que era patrocinada por el Diario pagina 12 y los
cuadros remanentes de montoneros y erp., bien que algunos de ellos tengan funciones del mas alto rango en el actual gobierno.
La pregunta, que parece tautológica para muchos tenía efectos y ramificaciones en las respuestas de signos y características
inquietantes en puntos extremos.
Ya algunos funcionarios judiciales han explicado enforma pública haber recibido advertencias telefónicas acerca del modo como
piensan encarar el tema de las extradiciones.
Y tales advertencias se formarían a titulo de organismos operativos militares, algunos indicando su asiento en Campo de Mayo, otros
en la Base de la Flota de Mar en Punta Alta, otros en diversas unidades aeronáuticas del interior y el Gran Buenos Aires.
Un periodista de radio América, el domingo por la mañana, admitía ante el micrófono la posibilidad de que resurja la violencia
particularizando la hipótesis de que un militar dispare contra un montonero o un montonero contra un funcionario o un jefe militar,
como hacían los subversivos en la década del '70.
Esta pintura de la situación no parecia ni exagerada ni fuera del contexto político que ha comenzado a diseñarse tras el decretazo,
en tanto las denuncias de "aberrantes distorsiones de ela Constitución" formuladas por abogados y juristas como es el caso
del doctor Florencio Varela, parecen avanzar hacia la configuración de una escena donde el desborde de tipos institucional así
denunciado comience a operar de manera efectiva.
Entre tanto, desde fuentes oficiales tanto como desde las mismas judiciales que son responsables de aplicar la ley, han comenzado a
deslizarse algunos indicios de intento de aplacar este creciente incendio político, poniendo termino de relatividad ala funcionalidad
de los reclamos de extradición.
El argumento central es que cualquiera de esos pedidos podría demorar entre cuatro meses - finales de los comicios en curso - hasta
varios años - excediendo así el lapso presidencial del doctor Néstor Kirchner.
Lo único que no se ha podido lograr es una declaración oficial que intente moderar la escena mediante la modificación de las
políticas implementadas, las que parecen configurarse con un solo signo y a partir de una concepción con más tinte ideológico que
institucional o legal.
Las ilusiones con el F.M.I.
Del viaje presidencial se ha desprendio un tipo de ilusiones o, al menos el intento de transmitir hacia abajo la ilusión misma no del
todo creído en la cúpula, enel sentido de que los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional parecen un hecho ya decidido sobre
todo ante un presunto apoyo - se habla en esferas oficiales de "decisión" con una ligereza que sorprende más un
interlocutor - del gobierno norteamericano de que la Argentina arribe a buen puerto en la materia.
Más arriba se ha podido leer la relatividad de estas expectativas en cuanto derivan de la entrevista del presidente George Bush con
el presidente Néstor Kirchner.
Pero a esto se suman ahora hechos documentales que relativizan al máximo la ilusión de un apoyo del gobierno estadounidense a la
gestión y negociación argentina con el Fondo Monetario internacional.
Esta procede, en principio, del documento filtrado desde la conducción del alto organismo financiero internacional, respecto de las
negociaciones con Buenos Aires.
El documento, que corresponde a fines de junio y refleja fundamentalmente la situación emergente de los finales de la gestión
interina del duhaldismo y comienzos de la gestión del kirchnerismo, destaca el desasosiego y la mala impresión que originan en el
Fondo Monetario internacional la marcha de los negocios públicos.
El gobierno intento desactivar la idea que estaba referido a la gestión kirchnerista pero no pudo, hasta el fin de la semana que
viene de concluir, al menos, rectificar la impresión de que el alegato contra la Argentina del informe mencionado, está referido a
la misma gestión económica en la medida en que ha sido el mismo funcionario, con el mismo equipo y siguiendo las mismas lineas de
acción, polìticas y de gestión - el doctor Roberto Lavagna - quien personaliza las criticas del alto organismo-.
Cuando llegue el lunes de esta semana que ahora se inicia el señor John Dosdworth, representante residente del alto organismo
financiero mundial, se encontrará seguramente con una situación confusa conforme con la cual la calle lo saludara como el inminente
firmante de un acuerdo mientras su portafolio encierre el informe de gestión de hace menos de 30 dìas en el que se consigna que, en
ese curso de acción difícilmente haya un acuerdo.
La Argentina dispone de un lapso muy corto, ultima semana del mes de Agosto que se iniciará inexorablemente el fin de esta semana que
ahora comienza - ya que el informe preliminar último anterior a la reunión del Fondo que se iniciará el 2 de Setiembre, debe estar
terminado antes del 28 de Agosto.
Si este informe denunciara insuficiencia en el cumplimiento de las pautas de gestión - no en los números inmediatos, para el caso
secundarios pero que el gobierno del doctor Kirchner y la gestión del doctor Roberto Lavagna han intentado exaltar como datos de
cumplimiento con los compromisos con el alto organismo mundial - difícilmente la Argentina podria dejar de pagar el 9 de Setiembre -
una semana después de ela reunión del alto organismo mundial - una suma que oscila en alrededor de los 3.000 millones de dólares.
O, en caso contrario, enfrentar una situación de default ya de características criticas con el alto organismo de las finanzas del
mundo.-
Es evidente que el malestar social y político, el castrense y el económico, convergiendo sobre una misma escena, difícilmente
facilitan la resolución de los problemas de fondo.
Si esto se suma la manifiesta crisis que ha comenzado en el ámbito estricto del propio partido peronista, enfrentando en candidaturas
dispares y en lineas de acción discordantes al presidente Néstor Kirchner con quien fuera su mentor electoral, doctor Eduardo
Duhalde, la escena de soledad política del primer mandatario se convierte en un dato que multiplica la incertidumbre respecto de la
misma estructura del gobierno.
Observadores locales como analistas diplomàticos se manifestaban deseosos de mantener el màs estrecho contacto posible con el
vicepresidente de la Nación, señor Daniel Scioli, un dato que ya en este Informe (2003) Argentina con Lupa se mencionó hace algunas
semanas como un dato en relación con la actividad del doctor Eduardo Duhalde durante sus recientes vacaciones en Italia.
|
|
|
|
|
|