ESTRATEGIA CUALITATIVA ANTE EL BRASIL

OBJETIVO PARA UNA GRAN EMPRESA: ARGENTINA LIDER IBEROAMERICANO DEL CONOCIMIENTO

La integración de Iberoamérica es un imperativo para la supervivencia política y económica de la Argentina y de todas las naciones de la región. Estrechar vínculos con el Brasil y coparticipar en la conducción del MERCOSUR es absolutamente necesario en las circunstancias históricas del momento. No es hora de disputar un liderazgo que estaba a nuestro alcance en 1955, pero no ahora. Desde la Revolución Libertadora, promovida, financiada y custodiada por Gran Bretaña para recuperar en algún momento "la perla más preciada de la Corona", como lo fuera la Argentina del siglo XIX y principios del XX, el poder nacional necesario para mantener el nivel alcanzado por el país ha sido cuidadosamente desmontado. De ello son responsables los dirigentes políticos, intelectuales, empresariales, científicos y en general, de todos los sectores sociales, sin distinción de ideologías

La clase dirigente brasileña, con el sentido imperial de los portugueses, se muestra explícita en este aspecto: Brasil es junto con China y la India, una potencia emergente y no renunciará a su posición preeminente en América del Sur.

Requisito del estadista es aceptar la realidad, para desde esa base de lanzamiento, modificarla en su favor. Brasil será el país tractor de la región o se frustrará la posibilidad de generar un espacio geopolítico y geoeconómico que nos contenga.

Esto es así y por el momento no lo podemos modificar.

Ello no implica que los argentinos nos resignemos a ser socios menores o, aún peor, súbditos del Brasil, si es que en algunas mentes del país vecino -no hermano, todavía- se mantiene la vieja concepción imperial de los Braganza. Tampoco hemos de pretender substituirlo en la posición del liderazgo; hasta que una verdadera vocación integracionista nos conduzca paritariamente a la construcción de la Patria Grande, la Argentina ha de ganarse el lugar de socio igualitario. Para lo cual deberá construir las condiciones apropiadas para conquistarlo.

Es una propuesta seductora... en el papel. Pero, ¿cómo materializarla?

Brasil cuenta con una producción agropecuaria y una industria de la alimentación mayor que la Argentina, su poderío industrial es aún mayor y su mercado de capitales la aventaja de manera abrumadora.

Hasta hace pocos años no tenía prácticamente recursos energéticos en al área de los hidrocarburos: hoy domina la tecnología de la producción petrolífera submarina y logró que Pérez Companc vendiera su empresa a Petrobras, cuyo nombre apareció en todos los medios impresos en la camiseta de Racing que Néstor Kirchner regaló a Lula Da Silva, en su primera visita oficial a Brasil. Mientras YPF fue entregada sin vacilaciones al capital internacional, los brasileños –todos, sin excepción notoria – están orgullosos de conquistar y mantener un lugar bajo el sol.

En diciembre de 1951, con visión profética, sostuvo Perón al referirse a la América Latina: "Unidos seremos inconquistables; separados, indefendibles. Si no estamos a la altura de nuestra misión, hombres y pueblos sufriremos el destino de los mediocres. La fortuna nos ha de tender la mano. Quiera Dios que atinemos a asirnos de ella. Cada hombre y cada pueblo tienen la hora de su destino. Esta es la de los pueblos de estirpe latina. Nosotros los argentinos, preparados, estamos listos y esperamos. Si arrojamos la primera piedra es porque estamos exentos de culpa."

LA TRAMPA DIALECTICA
En síntesis, pareciera que nos proponemos una meta utópica. No estamos exentos de la culpa a que aludía el estadista en 1951. No supimos percibir que, apelando a una maniobra dialéctica de opuestos (peronismo-antiperonismo, nacionales-liberales, democráticos-totalitarios, civiles-militares) se desarticulaba el poder nacional construido con muchos esfuerzos y muchas contradicciones durante la primera mitad del siglo XX, cuando todavía la Argentina lideraba la América Latina. Nos especializamos en combatirnos encarnizadamente y en estancar al país hasta que en 1983, con el ingreso a la Casa Rosada de Raúl Alfonsín, un personaje menor convertido en prócer mediático, prosiguió la política económica y monetaria de la era Martínez de Hoz, , se permitió el saqueo del país por sus acreedores internacionales y la"patria financiera", se asfixió la industria, se redujo el salario y se aumentó el desempleo, se destruyó gran parte del sistema de ciencia y tecnología, en particular su vanguardia, el sector nuclear, y hasta se facilitó la decadencia del sector agropecuario.

De su acción de gobierno dijo el economista estadounidense Dennis Small: "Es difícil imaginar una política económica más destructiva, así se hubiera hecho un esfuerzo deliberado por hundir la economía argentina"

Así, escalón por escalón, los argentinos descendimos en el abismo de la decadencia. El país tocó fondo, quedó aprisionado en una ciénaga de la que está saliendo por la rebeldía de sus mejores hijos. De los anónimos líderes de la solidaridad, capaces de extraer de la nada pan y vestido para los marginados, de lanzarse a emprendimientos innovadores, de encabezar reacciones multitudinarias contra una dirigencia extraviada y corrompida, de reverdecer sueños y sembrar esperanzas.

La profundidad de la crisis fue de tal índole que destruyó todos los resortes del sistema neoliberal, arrastrados por la devastación a que fue sometida la Argentina.

En el instante mismo que no quedaba sitio para seguir en la caída, desde los recodos de la historia el oído bien entrenado percibía la zorruna sabiduría de Roca: "Estamos bien, porque estamos muy mal".

SUPERACION O FRUSTRACIÓN
Es decir, cuando todos los factores de poder han sido desarmados por las circunstancias, cuando predomina el escepticismo y la desesperanza, es el momento preciso en que todo es posible para los hombres que mantienen la serenidad, son capaces de desplegar estrategias audaces, tienen el coraje de arriesgarse a encabezar el cambio y están decididos a quemar sus naves, de ser necesario, para que nadie tenga la tentación de imaginar un regreso al escenario anterior.

El 25 de Mayo de 2003, estas son las circunstancias que encontró Néstor Kirchner. ¿Tendrá clara conciencia de que logró una cita con la Historia? ¿Llega al gobierno con un claro panorama de cuál es el país real y cuáles son los rasgos del país posible de construir a corto, mediano y largo plazo? ¿Sabrá sumar a la intrepidez para atacar en frentes simultáneos, la prudencia para no exceder sus fuerzas reales? ¿Tendrá la percepción de cómo las ideologías aplicadas a la realidad no hacen sino impedir toda perspectiva de estructurar una estrategia política que requiere del talento, el esfuerzo y la pasión nacional de todos los argentinos sin distinción de banderías? ¿De que, mirar el mundo desde la izquierda o desde la derecha, implica una visión recortada e incapaz de aprehenderlo en su compleja totalidad? ¿Recordará la advertencia de Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos, ésta es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, pues si entre ellos pelean... los devoran los de afuera"?

Estos y otros interrogantes se acumulan en el análisis de los observadores. Las respuestas se irán presentando paulatinamente.

CITA CON EL DESTINO
Lo cierto es que la Argentina vive horas apasionantes de una encrucijada cuya suerte aún no aparece definida. La taba está girando en el aire. Las apuestas tienen cincuenta por ciento de posibilidades. Quien arriesgue a más será porque lo guía la Fe, no la sencilla racionalidad.

La leyenda irlandesa afirma que al pie del arco iris está enterrada la piñata de oro. Al fin del arco temporal que puede llevar la Argentina a un renovado futuro de esperanza se encuentra la grandeza posible de una Nación a la que voces augurales le asignan una misión en lo universal. Una misión que intuyeron los fundadores de nuestra identidad nacional, conquistada en los campos de batalla de la Independencia, labrada desde San Lorenzo a Ayacucho. Desde los iniciales combates de los rioplatenses, hasta la final batalla de los paisanos de la América del Sur, que tuvieron al alcance de la mano los destinos de la Patria Grande, aún inconclusa.

Cristóbal Colón (Cristoforo Colombo, "Portador de Cristo" y "Paloma",signo del Espíritu Santo) no perseguía en sus sueños el oro, las especias y las demás riquezas de la India. Su intrépida aventura tenía un doble y trascendental objetivo: recorrer el globo terrestre para, navegando hacia el Oeste, llegar a la China y quebrar el cerco musulmán a la Cristiandad y buscar en la Cruz del Sur, nunca vista, pero sí anunciada por Dante Alighieri, nuevos espacios para la predicar la Buena Nueva de su Señor.

Las grandes hazañas de la humanidad se construyeron contra la opinión de los "sabios", la oposición de los mercaderes y banqueros, la mediocridad envuelta en ropajes de fingida prudencia, la mezquindad de los llamados a la grandeza que no se atrevieron a renunciar a la comodidad cotidiana.

Estos son los tiempos que nos toca vivir. En los que reaparecen entre las brumas del pasado, los rostros precursores de San Martín, Artigas, Bolívar, Martí, Sandino, convocando a la definitiva constitución de la "Tierra de la Esperanza".

Todo lo dicho sería apenas un fogonazo retórico si, además, no existieran condiciones objetivas que sustentaran tamaña pretensión.

LA UNION SUDAMERICANA
La América del Sur es el mayor reservorio de agua, energía, minerales, alimentos y oxígeno con que cuenta la Tierra. Está habitada por centenares de millones de seres humanos no contaminados por la filosofía hedonista que asuela el Hemisferio Norte.

Dispone de capacidades productivas, recursos naturales y fuerza de trabajo suficientes para cubrir la mayor parte de sus necesidades. Si se complementaran las capacidades de cada país con las de los demás, se reduciría enormemente la vulnerabilidad económica de la región.

Su mayor déficit reside en la escasa integración de las economías individuales y en una errónea orientación del comercio encaminado a conseguir dólares para pagar la deuda externa y equilibrar la balanza de pagos. Esa excesiva dependencia del dólar ha llevado a su desquiciamiento económico y a la sumisión financiera. En realidad su vulnerabilidad se debe, ante todo, a su falta de integración. A que no ha logrado proyectarse ante el resto del mundo como un espacio geoeconómico, capaz de alcanzar un grado de integración que le permita defender un proyecto propio.

Observando a la América del Sur desde sus respectivas individualidades nacionales, se proyecta una serie de falencias que desaparecen si, en cambio, colocamos la atención en una mirada panorámica integral.

  • Produce alimentos para abastecer sus necesidades y exportar hacia otras regiones.
  • En materias primas y minerales el balance es muy favorable.
  • En bienes de consumo tiene una base relativamente amplia e integrada en lo referente a alimentos procesados, vestimenta y calzado; cuenta con capacidad de abastecer prácticamente sus necesidades. En cambio, en bienes duraderos, sólo llegaría al 80 por ciento de ellas.
  • En bienes intermedios, es prácticamente autosuficiente en los casos del cemento y el acero, pero es deficitaria en productos químicos y petroquímicos, aunque en los últimos años se ha producido una notable expansión, por ejemplo, de la capacidad argentina de fabricación de fertilizantes y plaguicidas.
  • En materia de bienes de capital, posee una baja capacidad de producción, principalmente en el rubro de maquinarias y equipos industriales de tecnología avanzada. Solamente el Brasil cuenta con una industria relativamente amplia e integrada. La Argentina logró en la década del 80 insinuar la capacidad de producir e incluso exportar equipos de nivel competitivo en campos como la industria nuclear, material hospitalario y maquinas-herramienta, pero la política de apertura indiscriminada de la economía en las últimas dos décadas del siglo pasado provocó su desmantelamiento.
  • Otra de sus debilidades radica en la insuficiente de su capacidad de transporte intra y extra-zona, especialmente en lo que atañe a su flota mercante. Solamente el Brasil ha sabido mantener una política expansiva en este rubro, sostenida por una industria naval propia. La Argentina, en cambio, entregó su flota y sus astilleros a la más sórdida voracidad de una clase empresarial carente de sentido nacional y a los intereses internacionales que yugularon toda perspectiva de desarrollo interno. Un fenómeno similar ocurrió con la industria aeronáutica, asentada en Córdoba, dependiente de la Fuerza Aérea, pionera en la producción de aviones en serie en América Latina, actualmente en manos de la empresa Lockeed, que la mantiene virtualmente en estado de hibernación. Brasil, en cambio, mediante una política sostenida en el tiempo, en ese lapso pasó a convertirse en un fuerte competidor internacional en aeronaves de pequeño y mediano porte.

Existen bases para desplegar una estrategia de integración regional que permita soñar con la Unión Sudamericana, una suerte de Nación de las patrias balcanizadas durante el siglo XIX. Con todas sus falencias y defectos, el Mercosur es el primer escalón para alcanzar la meta. Una meta condicionada por la realidad de la globalización en marcha, pergeñada desde los centros de poder internacionales, al servicio de sus propios intereses.

LA PALANCA DEL CONOCIMIENTO
Raúl Prebisch, un economista ligado desde los años 30 del siglo pasado a los intereses británicos, tuvo la honestidad de reconocer, sin embargo, que la Argentina "no es un país subdesarrollado, sino un país subadministrado", es decir "subgobernado" por una clase dirigente indigna de su responsabilidad histórica.

Todos sabemos que nuestro país es un caso de estudio por politólogos, sociólogos y economistas. ¿Cómo explicar que un país aparentemente destinado a ser una gran potencia al iniciarse el siglo XX, se convirtiera al comenzar el siglo actual en una nación que muchos consideraban directamente "inviable"?

La respuesta no es simple; existe una multiplicidad de factores que podrían intentar una explicación. Pero a los efectos de esta aproximación al tema, abordaremos el que surge como uno de los determinantes: el mal uso del capital humano. Un país que ha dado tres Premios Nobel de Ciencia, con investigadores y profesionales destacados en todo el mundo, que logró enriquecer uranio a pesar de tener que superar el bloqueo tecnológico internacional, que por la misma causa diseñó y construyó un planta piloto para la producción de agua pesada en Santa Fe, que coloca satélites científicos en el espacio y que innova en materia de tecnología en usinas eoloeléctricas, tiene en sus manos la posibilidad de imaginar su futuro a partir de la movilización de su potencia intelectual y científica. Y no es éste un sector desarrollado al margen de un crecimiento similar en otras áreas de la cultura: bastará pasar lista a los artistas plásticos, compositores, escritores, arquitectos, ingenieros, pensadores argentinos que logran escalar primeros planos en el contexto mundial. Una ventana más a la presencia de nuestra gente se abre con el deporte, desde el fútbol, tenis, rugby, básquetbol, hockey, patín, natación, en los que cotidianamente sobresalen mujeres y hombres nacidos en nuestro suelo.

Si para muestra basta un botón , los medios del 29 de junio de 2003, nos informaron que sobre 37 premios Guggenheim otorgados para América Latina, 19 correspondieron a argentinos. Más del 50 por ciento.

¿Qué pasa, pues, con nuestra clase dirigente, en particular la política? ¿Cuál es la razón de este desperdicio de recursos de excelencia?

En principio, la ignorancia. Los políticos argentinos, con las excepciones que pudieran existir, no conocen su país, no se han preocupado de estudiar su historia, su geografía, sus sistemas científicos, sus institutos tecnológicos, sus centros de investigación y desarrollo, los equipos que han planificado durante décadas el crecimiento de la Nación.

¿Cuántos conocen la enorme potencialidad del polo científico-tecnológico de Bariloche, con base en el Centro Balseiro y la empresa INVAP? ¿Cuántos tienen noción del salto cualitativo que significó la Comisión Nacional de Energía Atómica? ¿Cuántos valoran los estudios y proyectos surgidos de la Comisión Nacional del Bermejo, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria , del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, de la Comisión de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas, el CONICET y las universidades del país? ¿Quiénes conocen la potencialidad del Consejo Federal de Inversiones como instrumento para actualizar los planes de desarrollo del territorio argentino, estudiados desde hacer décadas por los mejores equipos humanos? Planes que abarcan desde las infraestructuras caminera y de transporte, la generación de energía, la recuperación de tierras inundables, la modernización ferroviaria, la promoción de las economías regionales, solamente para mencionar algunos temas? Prácticamente todo está estudiado en la Argentina; sólo resta actualizar esos trabajos desde el aspecto tecnológico y de su viabilidad financiera.

La dirigencia argentina,que prácticamente gobernó desde 1955 supeditada a la estrategia de los centros de poder internacional – a veces a sabiendas y otras sin tener conciencia de ello – no supo implementar un proyecto sugerente y movilizador común a todos los argentinos, en base a objetivos y no a prejuicios ideológicos políticos.

EL MUNDO DE HOY
El mundo del siglo XXI es totalmente distinto al de medio siglo atrás. En esos tiempos una tercera parte de la economía era agropecuaria, una tercera parte industria, y el restante tercio, servicios. Por servicios debemos entender conocimientos; personas que crean, inventan, sacan patentes: científicos, técnicos, profesionales, consultores, legisladores, escritores, programadores informáticos, investigadores de todos los campos.

La amplitud de las transformación está dada por los siguientes datos: el 4% de la economía mundial tiene hoy que ver con la actividad rural, la industria mantiene su participación de un tercio; el resto, casi las dos terceras partes, son servicios.

Vivimos, pues, en una economía del conocimiento

Las naciones que siguen produciendo trigo, carne, petróleo, oro, se tornan cada vez más pobres. De ahí que los pueblos que pretenden competir en los mercados mundiales vendiendo materias primas sin valor agregado en conocimientos, son cada día más pobres. Por eso, los pueblos más ricos del mundo no son los grandes productores de alimentos básicos, ni de energía.

Por el contrario no sólo están empobrecidos, sino que figuran a la cabeza de los deudores internacionales.

Las grandes potencias ya no están a la caza de las materias primas, como en el siglo XIX; buscan con empeño extraer de las naciones periféricas su capital de inteligencia.

México ("Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos", se dijo alguna vez de este país), sufre la expoliación de sus recursos humanos por parte de su vecino. En el Instituto Tecnológico de Monterrey a los 30 mejores alumnos Microsoft los lleva todos los años una semana como huéspedes a Seattle (estado de Washington). Allí se los entrevista durante cuatro días, se los agasaja dispendiosamente y se acaba contratando a los mejores, que ya no regresan a su patria. Un fenómeno similar, en mayor escala, pasa en China y la India. En resumen, los pueblos pobres terminan financiando la formación de sus hijos que contribuyen a enriquecer más aún, a sus expensas, a los Estados Unidos, la mayor aspiradora de recursos humanos del planeta, y a otros países del Primer Mundo.

La Argentina, como otras naciones de la periferia mundial, tiene que planificar su infraestructura, sus industrias, pero por sobre todas las cosas, colocar en el orden máximo de prioridad al conocimiento. Esta es la base del desarrollo y el bienestar, más aún, lo es de la soberanía y de la plena realización nacional y personal.

La Argentina no puede perder más tiempo. Si no cambia quedará comprendida en la advertencia que Albert Einstein hizo a los pueblos del mundo en los años 40:

"Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento y solamente serán exitosos los pueblos que entienden cómo generar conocimientos y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, minas, con una historia fantástica; pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico"

Sergio Cerón – Julio de 2003

 

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