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HIPÓTESIS
Por María Zaldívar(*)
¿Y si el ritmo incompresible de la ola de violencia con epicentro en el
conurbano bonaerense, que amaina y resurge espasmódicamente, no fuese casual?
¿Será beneficioso el pie que el Gobierno central pone en los dominios de Duhalde, en aras de frenar la eclosión delicitiva de las
últimas semanas?
¿No existe contradicción entre la lucha contra el delito que argumenta Beliz
para avanzar con su “ayuda”, y el garantismo genético que transpira la administración Kirchner?
¿Y si la difusión del escándalo en Santiago del Estero que explota ahora por
hechos ocurridos hace 4 meses durante la administración Duhalde y que está jaqueando al Ejecutivo provincial al extremo de barajarse
la necesidad de una intervención federal, no fuese casual?
¿Será absolutamente inevitable intervenir o amenazar con intervenir una provincia para resolver un episodio judicial? ¿Será
institucionalmente conveniente?
¿Y si la solicitud de un particular para que el Presidente de la Nación se
involucre personalmente en la investigación de lo sucedido en la fábrica de Río Tercero, no fuese casual?
¿Implicará que tampoco Córdoba es capaz de resolver la cuestión con sus mecanismos propios?
¿Y si el enojo presidencial con empresas europeas y los nada diplomáticos
desplantes de que hizo gala en España y Francia bajo el remanido argumento de la confabulación cipaya, no fuese casual?
Si realmente se persigue un acuerdo de renegociación de la deuda argentina ¿será conveniente el ofuscamiento en pleno proceso? ¿No
se interpretará como una de nuestras vivezas criollas para embarrar la cancha? ¿No será que están intentando embarrar la cancha?
¿No será que septiembre es una fecha que sigue disgustando para abrochar el acuerdo y están buscando la manera de llevarlo a
diciembre, como propuso el Gobierno argentino inicialmente? ¿Estarán buscando puntos de encuentro o de divergencia con el Fondo
Monetario Internacional y demás acreedores?
¿Y si el cambio de postura de las Honorables Cámaras Legislativas, que hace
unos pocos meses desestimaron el juzgamiento de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y ahora lo alientan a tambor batiente, no
fuese casual?
¿Será prolijo, serio y explicable tan abrupto cambio de opinión por parte de diputados y senadores, que en un trámite
inéditamente veloz, remuevan a la máxima autoridad del máximo tribunal de justicia de la nación sin siquiera evaluar su descargo?
¿Olvidarán los legisladores que no los retrata sólo Crónica TV? ¿Serán el exacto reflejo del respeto por las instituciones que
tienen ellos y el Ejecutivo que los convocó por cadena nacional a enjuiciar a la Corte?
¿Y si el silencio de los funcionarios ante el allanamiento al diario “La
Nación”, no fuese casual?
El milagroso amparo que recibieron ciertos medios con la sanción de la Ley de Patrimonio Cultural, sumado a la pesificación de sus
cuantiosas deudas manifiesta una apreciable sensibilidad oficial por los temas que afectan a la prensa, pero contrasta notablemente
con la indiferencia frente aquel desproporcionado episodio judicial promovido por una jueza cuya cintura política es digna de todo
elogio.
¿Y si la indisimulada preferencia oficial por ex guerrilleros para el
ejercicio de la función pública, no fuese casual?
Apellidos emblemáticos de granada (vocablo usado, en este caso, sin connotación violenta) estirpe subversiva resuenan con inusitada
vigencia mientras ocupan estratégicos despachos. Ellos alegarán que no están todos, que Bullrich -por ejemplo- se pasó de bando,
pero cierto es que el grueso sigue fielmente encolumnado tras la nostalgia setentista que hoy encabezan aquellos jóvenes militantes,
Kirchner y señora.
¿Y si la extradición del Capitán Cavallo a España, que se produjo tres
años después de su detención, no fuese casual?
¿Será simple coincidencia el envión que tomó la causa a los 15 días de la asunción de Néstor Kirchner? ¿Estará sabiendo la
izquierda internacional que el Gobierno argentino actual no va a defender el principio de territorialidad y mucho menos a quien vista
o haya vestido uniforme? ¿Habrá sido esa la señal de largada para la persecución política de todo el personal militar que haya
combatido la subversión?
¿Y si el movimiento de fichas que en Capital Federal hizo Néstor Kirchner
purgándole a Aníbal Ibarra el camino a la Intendencia porteña, no fuese casual?
Milagrosamente, no quedó ni uno de los varios adversarios que tuvo hasta hace muy poco en “propia tropa”. ¿Eso indica que el
acuerdo ya ha sido alcanzado?
Razonando estas hipótesis y para resumir una inquietud: ¿Y si el avance del
Ejecutivo Nacional sobre las autonomías provinciales y los otros poderes del Estado, no fuese casual?
Buenos Aires, Agosto de 2003.-
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