LA DERROTA DE IBARRA: LOS MONTONEROS NO SON ETERNOS

Actualización semanal, cuarta semana de Agosto,2003

Actualización de la situación política a partir de los hechos relevantes
ocurridos hasta el 25 de Agosto de 2003*


Tras el comicio, nada queda igual

Pocas veces un comicio - y un comicio en la Capital Federal, pese a su tradicional peso político demostrativo - ha tenido efectos deletéreos de tan elevado alcance ni sinceramientos tan agudos, como el que se verificó el domingo 24 de Agosto para renovar al intendente-jefe y escalones legislativos - local y nacional - de la ciudad.

Un hombre sin pasado político, con un único entrenamiento en lides empresarias y deportivas derrotó equipos con prolongada experiencia en escaramuzas y batallas polìticas, con esmerilados antecedentes subversivos y afianzados discursos doctrinarios e ideológicos.

El desempeño de Mauricio Macri constituye un test bastante cercano a la emergencia inesperada de figuras que, hacia mediados de la década del '70, pasaron abruptamente de la escena estrictamente empresaria - pero, en este caso, con rangos de conducción sectorial, cosa que no alcanza a Mauricio Macri - a papeles de disímil significado político como es el caso, por ejemplo, de Jorge Rubén Aguado, originado en el gremialismo empresario rural y transferido a importantes rangos de conducción política y de gestión públicas, hombre - curiosamente y coincidentemente - ligado al candidato a intendente-jefe porteño mencionado, a través de la empresa familiar que conduce su padre.

Caben estas referencias iniciales para analizar el resultado del comicio del domingo ya que es un signo inequívoco de los resultados que desalojan del primer plano al actual intendente-jefe municipal porteño, el veterano militante y jefe juvenil del partido comunista y hoy transferido a una gestión de jefe del Frente Grande, ex integrante de la Alianza que tuvo como exponente máximo al ex presidente de la Nación, doctor Fernando de la Rúa y que cuenta sustancialmente hoy con el sostén político del gobierno nacional encabezado por el doctor Néstor Kirchner como jefe del Poder ejecutivo Nacional.

La antinomia Macri-Ibarra esconde, en su esencia, un proceso de renovación de cuadros e imágenes polìticas que ha sepultado inesperadamente a las dos formaciones partidarias que han dominado la escena política de los últimos casi sesenta años: el peronismo y el radicalismo.

Si bien el peronismo ha quedado diluido en las fuerzas que dieron soporte organicamente a Mauricio Macri y de manera inorgánica en el propio soporte partidario a Aníbal Ibarra, lo cierto es que, a la hora de la gravitar en las decisiones, ha aparecido como una corriente subordinada a formaciones por ahora un tanto amorfas pero sin dudas operativamente muy activas en la escena política local (¿y acaso nacional?).

Quienes trataron de encabezar retóricamente esta renovación forzada de escenas - como el actor cómico Nito Artaza partir de su liderazgo de acreedores esquilmados por la devaluación y la pesificación, refugiado curiosamente en una estructura clásica partidaria, por mayor contradicción, como el radicalismo -, experimentaron el "default" político en toda su intensidad, reduciéndose a la mínima expresión electoral: apenas el 1,7 por ciento de los votos en cuanto al partido radical en cuestión y apenas un total del 3,3 por ciento en la suma de otra agrupación inventada a los efectos de reafirmar la lucha contra los agravios financieros a la clase media.

En términos estrictamente numéricos, el doctor Aníbal Ibarra, ex fiscal de la comisión especial que juzgó a los jefes militares que derrotaron a la subversión, vio destrozado el 49 por ciento de los votos que hace unos años lo llevaron a la conducción de la metrópolis porteña, cayendo abruptamente a menos del 33 por ciento - una pérdida de poco más de 16 puntos, es decir, casi la tercera parte de sus soportes de hace apenas cuatro años, lo que implica, de hecho un juicio de valor cívico acerca de su desempeño - y esto pese (o, quizá, a raíz de eso mismo) a la suma de adhesiones inesperadas laterales, originadas tanto en el oficialismo kirchnerista como en uno de los mas estrechos aliados del oficialismo, la ultraizquierda montonera.

Pero quizá la mayor decepción o incógnita reside en el escaso o casi nulo alcance del apoyo que activamente exhibió hacia la candidatura del doctor Aníbal Ibarra, el propio presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner.

Los acotados encuestadores tan ligados tantas veces a las campañas oficiales de imagen, aseveraban hasta apenas 24 horas antes del comicio, que el doctor Néstor Kirchner contaba con una adhesión popular casi unánime, rondando el 90 por ciento de la opinión pública dispuesta a respaldar su gestión de gobierno.

estos índices fueron fulminantes cuando en forma oficiosa y sostenida desde los medios "más que amigos" del gobierno se informó y se analizo su enfrentamiento con el vicepresidente d ela Nación, señor Daniel Scioli.

Pero la lucha electoral porteña ha venido a revelar inopinadamente el alcance ilusorio de esos porcentuales cuando se analizan a la luz objetiva de los aportes públicos de los propios encuestadores.

Así, por ejemplo, cuatro meses antes del comicio - casi aún antes del comicio nacional - el señor Mauricio Macri llevaba al doctor Anibal Ibarra alrededor de 15 puntos de ventaja en esas encuestas. Ibarra alcanzaba apenas 27 por ciento de adhesiones y Mauricio Macri disponía ya de cerca de 43 por ciento de adhesiones.

En aquel momento, de paso, todavía no se había concretado la postulación de la doctora Patricia Bullrich como candidata de quien aparecía como un nuevo jefe político y de quien, poco después, se sospecharía, casi sin fundamentos precisos, que serìa el jefe de la oposición al gobierno kirchnerista, el doctor Ricardo Hipólito López Murphy.

Desde aquellas cifras de 43 y 27 por ciento, el resultado electoral ha movido al 37 y al 33 por ciento a ambos candidatos, lo que significa que el apoyo del presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner, alcanzo a sumar al candidato Aníbal Ibarra tan solo seis por ciento y que el señor Mauricio Macri perdió, a favor de la postulación de Patricia Bullrich, algo así como seis puntos porcentuales.

Esa cantera de justificativos manejada por los encuestadores para explicar los profundos baches de sus errores o dibujos a gusto de sus clientes, que se traduce en franjas inesperadas de inseguros o indefinidos, puede comenzar a actuar ahora para disimular la desnivelación de los guarismos que revelan, de manera inequívoca las contradicciones de las mismas encuestas.

Lo cierto es que Mauricio Macri ganó a Aníbal Ibarra, y que lo hizo pese a la alianza expresa, publica y manifiesta, de Anibal Ibarra con Néstor Kirchner y los montoneros.

y que esa diferencia en la votación excede sustantivamente lo que puede considerarse una diferencia "por error u omisión" del electorado o bien por porcentuales ocasionales limitados a 1,5 por ciento hacia arriba o hacia abajo, pero no a 3 por ciento hacia arriba o hacia abajo.

La maquinaria oficialista intentó iniciar un esquema de respuestas estimativas similar a la que se aplico en la lección nacional de comienzos del año para desestimar el triunfo de la fórmula encabezada por el ex presidente de la Nación, doctor Carlos Saúl Menem, cuando se especificaba que "apenas" había logrado el 25 por ciento y que, por lo tanto tenia al 75 por ciento d ela opinión en contra, peor disimulando que su seguidor, que hoy ocupa la presidencia de la Nación, lograba poco más del 21 por ciento y, en tal caso, podía contabilizar 79 por ciento de resistentes a su gestión.

El juego del "vaso medio lleno o medio vacío" se repitió, como esquema intencional el domingo por la noche apenas sugerido y en ciernes de ser esbozado formalmente por el jefe de campaña del doctor Aníbal Ibarra y obtuvo una contundente aseveración formal y pública desde el bando del candidato Mauricio Macri cuando se señaló que "la elección demuestra que el setenta por ciento de la opinión no respalda la gestión del gobierno del doctor Anibal Ibarra", una medición más homogénea, al menos, en cuanto a su sentido objetivo al tomar como referencia y antecedente del candidato la gestión de cuatro años de gobierno.



La agria espera

Al comienzo de la semana que ahora se inicia, irrumpe un lapso que podrá, quizá, llegar a configurar una de las etapas más acres de la política nacional de los tiempos recientes, en la medida en que no solo la campaña se intensificará, casi sin lugar a dudas, en términos durísimos, sino que comenzarán a gestarse las condiciones de una redistribución de poder y, paralelamente del propio poder puesto a prueba, n terminos globales y casi liminares de expectativas nuevas.

El domingo por la noche, el presidente Néstor Kirchner, en una sala de la Residencia de Olivos y delante de un televisor corriente, de una pantalla que lo comunicaba de manera directa con el centro de cómputos, dos lineas telefónicas abiertas hacia el ministro del Interior, doctor Anibal Ibarra, y a la sala donde se encintraban reunidos media docena de hombres de su màs estrecha colaboración, más tres teléfonos al alcance para comunicarse con Alberto Fernández, Miguel Bonasso y las oficinas de Anibal Ibarra, siguió con tensa calma al principio y agitada expresión de incertidumbre después, los avatares del comicio que había cerrado a las 18 (19 en realidad en toda la ciudad).

Fue de su boca que salió, cerca de las 20, cuando comenzaron a filtrarse las primeras estimaciones catastróficas relativas al comicio del doctor Aníbal Ibarra, la orden de "esperar, demorar lo necesario: no hay que largar cifras hasta que no haya seguridad y hay que ir largándolas de a poco, con escenas lo más favorables".

Esto fue lo que se hizo y fue lo que permitió que en momento alguno se filtraran al público resultados como los de la sección 20ª, por ejemplo con cerca del 65 por ciento en favor de Mauricio Macri y apenas el 18 por ciento en favor de Anibal Ibarra: o bien de la tercera y cuarta, dos secciones de las de mayor raigambre popular, donde Mauricio Macri obtenía el 58 por ciento y Anibal Ibarra se ubicaba en no más de 23 por ciento: o, finalmente de las más pobladas y abigarras de ela ciudad, como Belgrano, Palermo o Saavedra, en las que el candidato oficialista no superaba el 25 por ciento y el candidato opositor superaba holgadamente el 55 por ciento de la votación total.

Sobre esta base de tensiones, poco después de las 20,30 - ya existían técnicamente en Interior más del 50 por ciento de los resultados y estos indicaban que eran irreversibles y solo se estudiaba el momento oportuno para comenzar a difundirlos, lo que demoró todavía cerca de una hora y pico - comenzó una reunión mediada por continuas consultas y conferencias telefónicas con Miguel Bonasso, Aníbal Ibarra y el "petit comité" de estrategas, para determinar en forma inmediata. calmando la creciente ansiedad presidencial, los pasos a seguir.

¿Debía insistir en dar su apoyo al misionero Rovira, con el que tenía comprometida una gestión proselitista para el día siguiente, el lunes 25 de Agosto, pero en los cálculos iniciales montado sobre un eventual triunfo aunque solo fuera del uno por ciento, de Aníbal Ibarra?

¿O debia postergarse ese encuentro para realizar una reunión "magna" el mismo lunes por la tarde en Olivos a fin de determinar el curso a seguir?

¿Convendrá al presidente de ela Nación, redoblar su apuesta por Aníbal Ibarra durante la campaña por el ballotage?

¿Puede descender en una etapa en la cual se cierra el comicio en la provincia de Buenos Aires y, de paso, supone que deberán enancarse uno y otro fin de consolidar una presencia del duhaldismo y un sostén del la provincia de Buenos Aires por lo que resta hasta la final renovación del Congreso Nacional, tras los comicios pendientes?

¿Acaso es posible "bajarse del caballo" en la Capital sin efectos distorsionantes agudisimos en cuanto. no solo el resto de los comicios en los otros distritos, sino por los efectos políticos internos que una decisión de este tipo podría alcanzar y sin exhibir una conducta contradictoria con la ilusión de la "solidaridad con los compañeros"?

¿Es posible adoptar decisiones de este tipo, además, al márgen del duhaldismo, tan comprometido en este mismo proceso y en los soportes indispensables para la gestión kirchnerista mientras continúe la vigencia del actual Congreso nacional?


Esta no es sino una muy pequeña fracción de cerca de un centenar de inquietantes interrogantes que, conforme a quienes pueden saber, se habrìan girado en el curso de ela tensa reunión realizada en Olivos hasta muy avanzada la madrugada del Lunes.

Una resolución inicial básica fue que no se suspendiera el viaje a Misiones, que se siguiera una linea de conducta moderada y que para el Lunes por la noche se reunieran los datos indispensables para continuar el análisis

Estos datos indispensables, conforme con la aseveración de los mismos que pueden saber, o insistirá en una sucesión de reuniones que comenzaron en la misma mañana del Lunes, orientadas a profundizar lo que correspondería a una planificación del proceso de ballotage.

Pero esto no dejará de lado la más esmerada atención a todo lo que puede derivar desde el duhaldismo.


La "malla de delicados compromisos y alianzas"

La decisión acerca de qué hacer y cómo hacerlo en la Capital Federal no parece sencilla para el presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner, si se toma en cuenta la heterogénea composición política en juego.

Uno de los puntos centrales pasa por el comportamiento del peronismo local, que reconoce en las intenciones de Eduardo Duhalde uno de los principales factores de presión.

El ex presidente interino de la Nación, doctor Eduardo Duhalde, considera en sus esquemas estratégicos, al distrito porteño como un - casi único - polo de expansión posible para su limitada presencia en el distrito bonaerense.

No solo por la continuidad territorial sino por el hecho de que el aparato se encuentre desde hace años casi sin una definición de conducción más o menos estable y consistente - el menemismo tiene una presencia dominante pero carece de líderes locales reconocidos tras la migración de Daniel Scioli hacia la formula con Néstor Kirchner y la limitada penetración del doctor Miguel Angel Toma, ultimo factótum del aparato.

Duhalde inclinó la balanza del aparato peronismo en favor de Mauricio Macri, siguiendo aproximadamente la linea que reconocía dominante y que, sin la presencia activa de Carlos Saúl Menem, podía desmigarse - o, incluso, desgajarse - y, en consecuencia, era indispensable darle cierta coherencia.

Esto enfrentó la posición de Eduardo Duhalde con la decisión de Néstor Kirchner, dividiendo aguas en materia electoral este domingo.

En adelante y hasta el ballotage, el peronismo está intensamente comprometido con Mauricio Macri, sobre todo porque gracias a él ha logrado instalar tres diputados nacionales - que de otra manera no tendría por su propio peso - y una amplia gama de legisladores porteños que le asegura cierta continuidad no capitalizada por otros partidos como el radicalismo que, técnicamente, han perdido al totalidad de la representación en ambos niveles.

De ahí que la persistencia en el apoyo a Anibal Ibarra - izquierda del Frente Grande y montoneros mediante - convierte al tema en algo más que una simple sumatoria de adhesiones y lo traduce en una malla de prieto tejido en la cual queda enzarzada con el duhaldismo.

En la medida en que el kirchnerismo no dispone de aparato propio alguno - tan solo los efectivos prestados por los montoneros que capitanea Miguel Bonasso - no tiene una plataforma en condiciones de asegurarle que podrá medir fuerzas con sustento garantizado.

Pero como contrapartida, si dispusiera de una garantía respecto del eventual triunfo de Anibal Ibarra en el ballotage, podría jugar una carta tan fuerte como obligar a doblegar a Eduardo Duhalde a una negociación de fondo capaz de permitirle, incluso, tener cierta presencia enel peronismo porteño.

Pero esto parece antes que nada una ilusión para sus estrategas que consideran que las posibilidades de triunfo de Anibal Ibarra resultan poco menos que muy difíciles.
Las razones esgrimidas en la intimidad presidencial el domingo por la noche pasaron por datos inexorables que vale la pena retener.

Si Luis Zamora estuviera dispuesto a dar un apoyo sustantivo y formal al actual intendente-jefe porteño, podría quizá contar con seguridad no menos de una decena de puntos, que llevaría su eventual fuerza electoral hasta el 43,5 por ciento.

Podría, del mismo modo, contar con un apoyo espontaneo de alrededor de dos o tres puntos, originados en los restantes aparatos de ela izquierda - izquierda Unida, que obtuvo el 1,7 por cinto, el Partido Obrero, con el 0,7 y algunos grupúsculos menores como los Humanistas, etcétera, que totalizaran entre el 0,5 y el 0,7 por ciento adicionales.

Todo esto, lo acercaría sino poder lograr la última linea del 50 por ciento exigible en el ballotage.

Pero esto es un esquema de sumatorias casi mecánicas que no coincide con la realidad conforme con los datos a la mano de los propios estrategas kirchneristas. Porque, como ya lo anunció Luis Zamora, su partido no se comprometerá en un apoyo a Mauricio Macri pero tampoco a Anibal Ibarra, aunque distinguiendo algunas virtudes conforme con su posición en este último, sin disposición para soportar su candidatura final.

Esto implica que el diez u once por ciento de adhesiones que podrìan especularse para el actual intendente-jefe, podrìan quedar, para los estrategas kirchneristas, a apenas un cinco o seis por ciento, llevando asi su fuerza electoral hasta el 40 por ciento, a lo que cabría sumar el 3,5 o 4 por ciento restantes de los diversos grupúsculos de la izquierda para totalizar no más del 45 por ciento en favor del doctor Aníbal Ibarra.

Esa renuencia del zamorismo para darle sustento, aún vencida no permite suponer que mas de la mitad de su electorado quede bajo su contralor y esté dispuesta a votar por Anibal Ibarra, algo que en el caso de Mauricio Macri se plantea, parte por parte, en terminos opuestos respecto de sus bases en el comicio del domingo.

Porque, de hecho, aunque Patricia Bullrich se muestre proclive a cualquiera negociación con el intendente-jefe, su contralor sobre ese diez por ciento de votantes que la ha respaldado es tan exiguo como casi nulo.

Las más optimistas evaluaciones le otorgaban no mas de un punto sobre los diez que logró.

El resto parecen votos de Ricardo Hipólito López Murphy, remanente de aquel extremo 30 por ciento alcanzado en el comicio para presidente de la Nación de comienzos del año.

Y esos nueve puntos ¿podrìan girar hacia un horizonte electoral distinto al de Mauricio Macri, no por orden o disposición de ninguno de los eventuales jefes partidarios - la propia doctora patricia Bullrich o el doctor Ricardo Hipólito López Murphy - cuanto por propio definición y ubicación en el espectro electoral del país?

Si el zamorismo puede tener resistencia contra Aníbal Ibarra por su pertenencia al staff político tradicional, incluso al partido comunista como lo fuera hasta hace pocos años - y más aún a Mauricio Macri por su procedencia empresaria, este último no serìa un freno para los votantes de Patricia Bullrich.

De este modo, el ballotage confirma para Mauricio Macri un punto inicial que podría llegar holgadamente a los 47 puntos, restando apenas un tres por ciento para alcanzar el procentual consagratorio.

Este, tres por ciento se reduce sustantivamente - según los análisis de los estrategas kirchneristas - cuando se suman los votos obtenidos por una decena de partidos ubicados a la derecha en la franja doctrinaria y política de la ciudad y que, para el ballotage, no tendrán ni por vía de hipótesis, la alternativa de sumarse al contingente que respalda a Ibarra.

Si este conjunto de partidos suma no más de dos por ciento, hay un fenómeno de arrastre electoral bien conocido por los encuestadores serios, que supone que todo candidato que suma muchos votos, suma muchos más por arrastre de quienes están dispuestos a convalidar el exitismo político.

Este esquema y consideraciones habrìan determinado que, hacia la madrugada del lunes de esta semana ahora iniciada, surgiera con nitidez un consejo para el presidente de la Nación Néstor Kirchner: "Lo que te conviene ahora es guardar silencio, pero exhibir el apoyo a Rovira y a los candidatos sureños, para recuperar confianza de la gente, rehacer el desmadejado entuerto porteño y, con este bagaje asi recompuesto, irrumpir con fuerza y jugándote el final de la partida en favor de Ibarra".

"¿Cuando?", fue la famosa "pregunta del millón".

Pero, en principio, la respuesta fue aleatoria: "Exactamente cuando lo necesite Ibarra".

Lo que no parece significar que la decisión quede a manos del derrotado candidato oficialista porteño, sino que la evaluación seguirá por la cuerda de los estrategas y del propio presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner.

Lo cierto parece ser que la decisión final no se adoptara en la soledad de las habitaciones presidenciales sino que procederá de un nuevo laberinto no es menos intrincado como es la negociación con Eduardo Duhalde entorno de la campaña de la provincia de Buenos Aires.

Hay un solo dato que parece beneficiar al presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner en esta negociación.

En la Capital federal, el duhaldismo no tiene salvo una mera aproximación, presencia partidaria alguna, mientras el doctor Néstor Kirchner cuenta con media docena de soportes,. de escasa monta electoral pero de activa presencia política, como son los aparatos de la izquierda, los remanentes de la izquierda radical ahora desencajados por la suerte de dilusión del partido radical, y la estructura, endeble pero presente todavía, del Frente Grande.

En la provincia de Buenos Aires no dispone de un solo asiento propio salvo algunos compromisos originados en varias intendencias con la de Balestrini, e La Matanza, morigerada tras el regreso de Eduardo Duhalde después de su viaje a Europa y soportar un fuerte "sosegate", algo que el propio Néstor Kirchner suele minimizar ya que no confía en el poder comunal.

(Al respecto, vale la pena retener su consejo al candidato misionero Rovira - rival de Ramón Puerta en la provincia, candidato que cuenta con la activa adhesión de Eduardo Duhalde - cuando se presentaron 46 de los 48 intendentes de Misiones para objetar la presencia kirchnerista y la candidatura del propio Rovira: "No valen ni siquiera por los 46 votos que representan: alguno de ellos se va a enfermar y ni siquiera 46 votos habrá al final de cuentas", habría dicho al gobernador Rovira respecto de la queja de los intendentes misioneros).

De este modo, su inserción en la capital y su ausencia en la provincia, negociados estrechamente por Eduardo Duhalde a partir de su fe ciega en las encuestas - y estas le atribuían al presidente Néstor Kirchner hasta el 90 por ciento de adhesión, pero hoy han quedado desarticuladas a partir de la prueba de fuego del comicio porteño, como queda explicado más arriba - costara al presidente Néstor Kirchner un acotamiento muy fuerte a su gestión y a su habitual exhibición de poder y fastidio como motores de gobierno y poder de entrecasa.

Pero, aún regresando a la situación estricta de ela capital, el presidente Kirchner, aparte de la compleja relación con el poder duhaldista, enfrenta una situación de imprevisibles consecuencias dado que el jefe natural del peronismo local, por encima de la intención del duhaldismo de penetrar en el aparato local, parece ser el vicepresidente de la Nación, señor Daniel Scioli.

Es fácil comprender que el liderazgo de Daniel Scioli, expresado el mismo día que aceptaba la candidatura a vicepresidente de la Nación con un triunfo electoral arrollador para ser candidato a intendente-jefe de la ciudad de Buenos Aires, se presenta en terminos harto importantes desde la óptica del doctor Néstor Kirchner.
Por que si se mide como factor de poder político propio, no caben dudas de que el peronismo porteño, por pequeño y escasamente representativo que sea, es una estructura que cuadruplica cómodamente al peronismo santacruceño del que procede el doctor Néstor Kirchner.

Y que el propio distrito porteño, respecto del distrito santacruceño es una suerte de gigante frente a un enano.

En circunstancias normales esto carecería de importancia.

Pero lo que ocurre es que no se trata de una circunstancia normal y que el vicepresidente puede hablar al presidente de el Nación, en cuanto a relación de fuerzas operativas propias distritales, con una capacidad de poder operativo sustantivamente mayor, aparte de constituir un polo de opción política real inmediato.

Si se retrocede en el tiempo, no mucho más atrás, cuando Carlos Saúl Menem necesitó despojarse del peso neutro de arrastre que llevaba con la vicepresidencia de Eduardo Duhalde, lo tentó con la tajada de la gobernación bonaerense.

En el momento fue un paso arriesgado pero calculado que, quizá, no tuvo en cuenta el curso del tiempo para que, finalmente, a la vuelta del comicio de 2003, el ex presidente interino de la Nación pudiera tenderle una fuerte encerrona partiendo de ese mayor poder.

Bien que la diferencia sustancial entre una y otra circunstancia pasa por el hecho sencillo de que Carlos Saúl Menem no limitaba su poder a una situación de distrito, La Rioja, y disponía de poder en todo el territorio salvo la provincia de Buenos Aires, en tanto Néstor Kirchner no dispone de poder real fuera del territorio de Santa Cruz.
Un punto este, que seguramente no ha pasado por alto en los análisis que el domingo por la noche se realizaron en la Residencia de Olivos.


El poder hasta y desde Diciembre

Esta prieta malla de condicionamientos y alternativas sobre la cual debe moverse el presidente de la Nación tiene presencia tensa y activa hasta fines de noviembre, cuando concluya la variada serie de comicios de distrito donde se debe decidir la nueva estructura del poder.

El citado más critico de esta situación es que, hasta el 10 de Diciembre, la estructura del poder Legislativo nacional - y en muchas provincias - responde a un esquema propio de hace dos años, antes de la renuncia del doctor Fernando de la Rúa a la presidencia, lo que permite entrever el grado de dislocamiento e irrealidad que domina cualquier decisión sobre la cual deba moverse el poder.

Dada la estructura de gobierno que manda la Constitución Nacional, a su turno, aún cuando hubiera existido alguna renovación legislativa en paralelo con las abruptas modificaciones de la cúpula del gobierno - el Poder Ejecutivo Nacional - registrada en el curso de los últimos dos años, habría que deducir de las eventuales y nuevas estructuras que acompañaran aquellos cambios, la propia estructura del poder del presidente Néstor Kirchner.

No caben dudas de que su poder - "prestado" ,según el veredicto de un científico social norteamericano que permaneció en Buenos Aires durante las dos ultimas semanas, para observar "in situ" el proceso electoral - era, antes de cualquiera de los últimos conflictos, más o menos acorde con la estructura parlamentaria, en la medida en que el bloque mayoritario peronista respondía en Diputados a una corriente al menos dominante: el duhaldismo.

Otra cosa es en el Senado, donde la presencia duhaldista se limita a muy escasos escaños dada la aislación dle ex presidente interino de la Nación respecto de el territorio nacional ajeno a la provincia de Buenos Aires.

Pero si es un espacio ajeno al duhaldismo, cuanto más puede verificarse que resulta extraño al dominio kirchnerista, situación que, en este caso, se prolonga abismalmente en la Cámara de Diputados.

De ahí que los comicios que se realicen hasta fines de Noviembre, que incluyen la renovación parcial de la Cámara de Diputados y, en varias provincias, la renovación completa de la legislatura local (como ocurrió con la legislatura porteña), constituyan el factor fundamental respecto de la promoción de un poder asociado al gobierno y, finalmente, la capacidad de gobierno - y maniobra - del propio doctor Néstor Kirchner.

Tras el comicio porteño, sin embargo, la gran duda queda instalada en cualquiera de las prognosis que se efectúen para la estructura del poder después del 10 de Diciembre, fecha en la cual caduca el mandato del cincuenta por ciento de la actual composición de Diputados.

La limitación de la renovación a la mitad de los integrantes del cuerpo, es un dato que no suprime de cuajo la irrealidad de la futura estructura.

La legislatura porteña, por ejemplo, que se renovó en el cien por ciento, configura un poder notoriamente diferente y hasta contradictorio con el esquema dominante en el cuerpo legislativo previo que caducará enforma inmediata.

Radicales y peronistas, junto con integrantes del Frente Grande conformaban una mayoría abrumadora de los sesenta escaños metropolitanos.

Pero ahora, ese mismo cuerpo se integrará - no hay naturalmente ballotage para los legislador elegidos - por unos 24 miembros de la lista central de Mauricio Macri, unos veinte originados en los listados que respaldaron a Anibal Ibarra; nueve miembros de la corriente encabezada por Luis Zamora, seis de las listas que acompañaron a la doctora Patricia Bullrich y un legislador mas que conforme con el sistema D'Hont deberá designarse una vez que se haya realizado el escrutinio definitivo ya que existirían ligeras diferencias y criterios contrapuestos para su adjudicación.

Cualquiera de los dos candidatos a intendente-jefe que obtenga la mitad mas uno de los votos del ballotage, deberán pensar en un sistema desacuerdo o alianzas a fin de poder manejare en el ámbito legislativo.

Que haya mayor afinidad entre los respaldos de Ibarra con los legisladores que responden a Luis Zamora - hasta ahora 29 escaños - frente a los que responden a Mauricio Macri eventualmente asociados a los de Patricia Bullrich - con exactitud 30, la mitad del cuerpo deliberativo - no hace sino subrayar la calidad del nuevo poder sea cual fuere el triunfador: un poder negociado en niveles legislativos a fin de lograr algún tipo de agilidad.

Pero lo que parece más dramático n cuanto a este cuerpo, es que como cualquier observador político sabe, de hecho, el empate político supone un fenómeno que sin dramaticidad cabe consignar como "vacío de poder" en la medida en que el poder es la antinomia del equilibrio y del empate.

Muchas veces, situaciones como estas suelen superarse mediante el simple corrimiento de uno o mas legisladores hacia el bando opuesto, algo que, de suyo, no parece el paradigma de las soluciones.

Pero este ejemplo, que implica de paso analizar el proceso electoral de este domingo que cierra la semana que ahora comienza, podría reflejarse con una riqueza de múltiples alternativas mayor, a partir de los comicios que se realizaran hasta fines de Noviembre.

¿Mejorará, en consecuencia, la situación después de Diciembre?

Es difícil que ocurra algo de este tipo si se toma como modelo la distribución de cargos legislativos nacionales a partir del comicio del domingo en la Capital federal.

Por que, de hecho, el listado de Mauricio Macri se ha adjudicado en total cinco diputados nacionales, en tanto el listado de Anibal Ibarra obtuvo tan solo dos procedentes de su lista central, pero resultaron elegidos dos de la lista de diputados encabezada por el montonero Miguel Bonasso que incorporo a la boleta el nombre de Ibarra para intendente-jefe: la lista de Luis Zamora y la de Patricia Bullrich, uno cada uno, restando definir un legislador cuando concluya el escrutinio por la mas correcta aplicación del sistema D'Hont.


El suspenso del F.M.I.

Mientras todo esto sucede, los días corren aceleradamente hacia las fechas topes del 6 y 9 de Setiembre, tope para que la Argentina deba pagar sus deudas con el exterior o firmar el acuerdo tan ansiado con el Fondo Monetario Internacional.

Pese a las alentadoras declaraciones que surgen cada día desde distintos rincones de la administración estadounidense y hasta del propio alto organismo de las finanzas del mundo, el ministro de Economía, doctor Roberto Lavagna ha debido recurrir a los rezos en el Vaticano y a las influencias financieras y económicas de la Iglesia a fin de tratar de superar los fuertes escollos que existen para estampar las firmas finales.

Uno de los "nudos Gordianos" de la negociación reside desde hace ya bastante tiempo, en el Parlamento local, que debe sancionar media docena de leyes capaces de dinamizar el proceso económico mediante reformas capaces de ponerse a tono con inversiones e inserción argentina enel mundo económico.

Pese ala tensión que aporta esta situación, en el nivel superior del gobierno parecen coexistir lineas contrapuestas: la que sostiene la necesidad de presionar a fondo y hasta el final para obtener las leyes o bien una breve prorroga hasta lograr la adecuación final del país a la realidad mundial; n) la que sin más exposiciones propone aprovechar el impulso de las objeciones del Fondo Monetario Internacional para romper con él y pasar a una reformulación política, económica y social de todo el país.

Algo de esto estaba preparado para el regreso de Néstor Kirchner tras su viaje a Europa - y así se consignó con detalle en este mismo espacio - previéndose la realización de un acto masivo en la plaza de mayo que permitiera al primer magistrado a anunciar la ruptura con el Fondo Monetario Internacional y la inauguración de una nueva etapa para "vivir con lo nuestro" o "vivir con lo puesto" como se moteja el viejo esquema y plataforma elaborado sobre el tema por el economista desarrollista Aldo Ferrer.

En ese momento se suspendió el acto y la decisión, al calor de la cita urgente cursada por el presidente de los Estados Unidos, doctor George Bush (ahora se sabe que a instancias del señor Aznar y por la preocupación que generaba el pésimo resultado de la gira del doctor Néstor Kirchner por el viejo continente, tal como se lo dijo el propio presidente de la Unión) pero desde mediados de la semana que viene de concluir han comenzado a reelaborarse los planes coincidentes.

En este sentido, si surgieran inconvenientes con el Fondo Monetario internacional entre el fin de semana de la semana que ahora se inicia y mediados de ela siguiente, plazo terminal fijado aquí para llegar a un acuerdo, se procedería a una convocatoria multitudinaria y un anuncio que el presidente Kirchner formularía desde el balcon de la Casa Rosada.

Como un paso previo para ir configurando una suerte de "reacción popular" o bien de "reclamo popular", desde la semana que ahora comienza los piqueteros de Alderete y D'Elia han comenzado una movilización creciente que tiene como objetivo central en el curso de estos cinco dìas hábiles la capital de ela provincia de Buenos Aires y que en el caso de ser atendidos en su reclamo tanto como si fueran rechazados, serìa proyectada enforma inmediata para la semana siguiente a la propia capital federal, apenas seis u ocho días antes del ballotage, en reclamo de beneficios sociales.

Lo curioso de ambas convocatorias - la que conduce hasta La Plata y la proyecta para derramar el reclamo sobre la ciudad de Buenos Aires - es que su base de propuesta pública tiene como consigna central "Romper con el Fondo Monetario Internacional".

No caben dudas que para el doctor Néstor Kirchner el comicio en al capital constituye una suerte de test final de poder donde se dirimirían indistintamente la presencia en distritos como el porteño y el bonaerense -. en ajuste de encuestas con el duhaldismo - peor, al mismo tiempo, constituye el punto central de prueba de su poder como presidente.

De esta manera no parece correr por afuera de los proyectos oficiales la necesidad de contar con un shock político suficientemente expositivo como para justificar medidas extremas que podrìan pasar, indistintamente, por presionar una solidaridad absoluta de abajo hacia arriba, generando la exigencia de un voto masivo en favor de los candidatos oficiales; o, en su defecto, la necesidad de postergar cualquier definición electoral frente a la crisis imaginable en el caso de una ruptura con el Fondo Monetario Internacional "legítimamente reclamada por el pueblo" (sic, según una suerte de justificación final escuchada de labios oficiales y piqueteros).


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