EL PLAN BAKER PARA EL SAHARA OCCIDENTAL.


España ha finalizado su turno de presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU aprobando una de las inicuas resoluciones de éste órgano, en este caso sobre el denominado «Plan Baker II» para el antiguo Sáhara español.

Esta revisión del Plan auspiciado por el que fuera Secretario de Estado de G. Bush (padre), «recuerda» al rey de Marruecos la obligación de convocar el referéndum de autodeterminación para el Sáhara sobre la base del censo electoral inflado con los colonos desplazados a la zona en su momento por Hassan II.

Estrictamente el «Plan Baker II» supone un primer período de amplia autonomía para el Sáhara, previsiblemente bajo la autoridad de la cúpula de la RASD.

Es posible que durante el período de cinco años de autonomía previsto, se promueva por el Frente Polisario una vía independentista previa a la convocatoria del referéndum de autodeterminación. Naturalmente, esta iniciativa sería contraria a los intereses de la corona alauita.

Sólo esta posibilidad independentista puede explicar el apoyo al Plan Baker del Frente Polisario y Argelia, apoyos que se suman a los de EE.UU., Francia y España.

La independencia del Sáhara podría contar con cierto respaldo estadounidense habida cuenta de las buenas relaciones que Washington mantiene con Argel tras el 11-S. También sería de interés para España que contaría así con el único estado árabe y musulmán con el español como lengua oficial; de paso enmendaría una de sus etapas más indignas en política internacional.

Pero si Marruecos ha conseguido imponer su censo frente al español de cara al referéndum, más fácil le resultará bloquear cualquier proceso independentista en medio del período de autogobierno previsto por el Plan Baker.

Las apetencias anexionistas de la monarquía alauita se manifiestan esporádicamente aunque no por ello son menos graves. Dejando a un lado la vindicación de Ceuta y Melilla, así como el «salto» al Islote Perejil, Mohamed VI distrae el hambre de su pueblo haciendo Patria en el Sáhara; ¿y luego?

Luego, ya veremos, pero el objetivo puede ser Lanzarote. Los yacimientos saharauis de fosfatos carecen de interés industrial actualmente. No ocurre lo mismo con el petróleo que puede existir en aguas de Lanzarote; aguas sobre las que Marruecos reclama soberanía.

Si la política exterior española tuviese algún crédito, la reivindicación anterior sería sólo parte de la política interior marroquí (reivindicación territorial a cambio de acallar otras demandas). Pero la política exterior española desde los Acuerdos de Madrid (1975) tiene el mismo prestigio que la vida sentimental de la Montiel.

¿Acaso piensa el Gobierno español entregar la explotación del petróleo canario a la francesa Elf o a la americana Shell, a cambio de mantener la españolidad de las islas?

 

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