Una semana lo que se dice, fructífera.
Para los sufridos observadores de la decadencia institucional de la Argentina, la semana que pasó nos tenía
reservado otro desagradable listado de malas señales: el Parlamento votaba, por primera vez en su historia, un proyecto de la
Izquierda Unida (que es mucho menos que un proyecto de la izquierda). El Presidente abandonaba el sillón de Rivadavia al grito de
"Voy y vengo" y se cruzaba a Paraguay obviando el traspaso del mando mientras durara su ausencia del país y el
Vicepresidente hacía un reconocimiento tácito de lo que el entorno presidencial ratificaba expresamente: Daniel Scioli no es santo
de la devoción de Kirchner.
Con esa amplitud de criterio propio de un estadista, el presidente ha resuelto sus diferencias de criterio con su
segundo suspendiendo todo contacto con él y borrando del mapa a sus hombres más cercanos. Dueño de esos "arranques" que
se nos toleran a nosotras mensualmente cuando nuestras hormonas rigen -o bloquean- el juicio, dejó acéfalo al país, al viajar al
exterior sin delegar el poder que le otorga ese bastón de mando que revoleó frente al mundo el día de su asunción.
Dudosos, él y los del "riñón" como se ha puesto de moda decir, de que algún desprevenido no haya
caído en la cuenta de que no se los ha visto juntos en los últimos tres meses, lo hizo público. Lo grave no son las diferencias
entre ellos sino el enojo. Lo grave no es que piensen distinto, sino que eso lo ofusque. Lo grave es que el presidente sea un
enamorado de la monocromía y un enemigo del disenso. Eso es lo grave.
Luego tuvimos la anunciada detención de María Julia Alsogaray, que desde hace un par de meses recibe,
desprolijamente, cédulas mediáticas que la notifican, antes que el juez de la causa, de los pasos procesales. Y allí está,
cumpliendo su primera semana de encierro contra las más elementales nociones de derecho penal, contentando a los sedientos de sangre
menemista.
Siempre en el camino de la construcción, en medio de progresos y políticas definitivamente derivadas de un
meduloso plan de gobierno que nos saque del desastre adolfista-duhaldista-kirchnerista porque para las autoridades está más que
clara la prioridad del crecimiento, dos terroristas eran detenidos bajo el cargo de haber traicionado a otros terroristas, un delito
ajeno a los códigos argentinos.
En una Argentina dantesca, no es improbable que el Juez Bonadío esté pretendiendo darles su merecido a estos dos
civiles aplicando el Código de Justicia Militar. Loco y todo, sería el reconocimiento de que aquello que asoló nuestras vidas en
los ´70 fue, efectivamente, una guerra, aunque los integrantes del Ejército Revolucionario de Pueblo, del Ejército Montonero y de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias niegan y niegan.
Paralelamente, en el Congreso, a instancias de un partido de tan ínfima representación parlamentaria como
extremista, nuestros diputados anularon una ley derogada. Un completo absurdo, pues entre las facultades del cuerpo figuran votar,
aprobar, modificar y derogar normas, pero nunca anularlas. Pero ahí estuvo la corporación política, y fueron uno (salvo honrosas
excepciones) evitando un enfrentamiento peligroso con los deseos de un Ejecutivo hasta ahora más fuerte que ellos. No todos querían
votar tamaña barbaridad pero la causa superior era defender las prebendas de casta, tarea en la que todos ellos coinciden. Y la
corporación volvió a salvarse a sí misma en el corto plazo mientras se suicida en etapas.
Para quienes debemos contemplar los mamarrachos jurídicos que escupe el Honorable Congreso de la Nación, como la
reciente anulación de una ley derogada, resta agradecer a Dios que nuestros legisladores, esa banda de inescrupulosos que nos
avergüenza con su conducta, no tenga facultades sobre el derecho canónico, por ahora y mientras no dispongan lo contrario. Muy
probablemente, con esa inteligencia creativa de la que hacen gala, resolverían borrar los efectos de un matrimonio anulado, matando a
los hijos surgidos de esa unión.
María Zaldívar