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La tarea del estadista es construir poder
RUMBO DE COLISION
El sábado 16 de agosto el diario inglés "Buenos Aires Herald" publicó un editorial que
cerraba con una significativa oración que culminaba su visión de la crisis Kirchner-Scioli: "Si este gobierno realmente se
desintegra, tal vez no sea el Vicepresidente quien se marche esta vez".
El Herald, a través de buena parte de la historia argentina ha sido el vocero del Foreign Office y su
redacción la cobertura de más de un agente del Servicio de Inteligencia de Su Majestad. De ahí que sería ingenuo no tomar buena
nota de la suposición que allí se plantea.
Más alarmante resulta que la habitual sutileza del Imperio se transforme de una casi tosca
advertencia, que hasta podría interpretarse como una consigna dirigida a quienes están atentos a la mínima señal que emane de
Londres. Que, en definitiva es lo miso que decir de la coalición anglosajona
Un análisis de la realidad, avanzada la semana, nos sugiere diversas reflexiones:
- El estilo Kirchner, consistente en descargar su iracundia a fuerza de mandoble, desechando la
elasticidad de la espada de duelo, sugiere que el conflicto con Daniel Scioli lleva rumbo de colisión. El barco del gobierno
apunta a peligrosos arrecifes.
- En su campaña electoral, el Presidente anunció que su aspiración era ser un administrador del
Estado y no un estadista. El estadista construye su poder; el administrador es un empleado del dueño real del poder. Grave
error inicial de concepto. No es posible administrar lo que no se tiene.
- El estadista es un estratega de la política. Parte de un país real, con todas su eventuales
limitaciones, para estructurar el país deseado, delimita claramente a amigos y enemigos, convoca a aliados a quienes asocia a
su proyecto, propone objetivos compartibles y beneficiosos para las partes, se propone desarticular líneas de resistencia y
se fija un tiempo para llegar a la meta, tratando de prever las variables que indefectiblemente se introducirán en su
primitiva ecuación política. Todo esto requiere condiciones de prudencia, sagacidad, sutileza y manejo del tiempo político.
Todo lo contrario de huir hacia delante, arremetiendo como un toro embravecido contra la capa del torero. Y el torero no está
dentro de nuestras fronteras; observa, con paciencia y pertinacia de siglos, desde afuera. Un estratega se preguntaría si el
primer sacudón alarmante que sufre este gobierno es fruto de la ambición o la torpeza del Vicepresidente o si éste,
conscientemente o no, es influenciado desde otras latitudes.
- Un estadista debe saber que el poder real se estructura con la mayoría de los aportes de los
sectores que integran la Nación. Y así como las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas en el trono, los
votos pueden encandilar con su ovación en el momento del triunfo, pero la predilección de la masas es volátil y las
encuestas de opinión, como el vino de mala calidad, producen una embriagante sensación de poderío que puede diluirse
rápidamente y dejar detrás de sí la poco confortante sensación de la "resaca". Generar simultáneamente
reacción en las fuerzas armadas y de seguridad, en los productores agropecuarios, en las grandes empresas, en la importante
masa ciudadana que tiene legítimos valores espirituales, en lo grupos multinacionales –por más que tengamos en claro que
no vienen a la Argentina precisamente para ayudarla a crecer- es contravenir las normas de la inteligencia estratégica. Como
lo es ufanarse, más allá de lo que puede formar parte de una táctica necesaria, de abrir las puertas del país a Fidel
Castro o a Hugo Chávez y mostrar predilección por Hebe Bonafini, gravemente cuestionada entre las mismas Madres de Plaza de
Mayo.
- Un gobernante tiene la enorme responsabilidad de unir a la sociedad en torno de un proyecto
sugestivo de vida en común; no puede marcar desde su sitial la predilección por los elegidos y su adversión por aquellos
que considera réprobos. Mucho menos de crearse líneas de resistencia gratuitas; no está en juego solamente su suerte
personal; es la Argentina la que no puede permitirse una nueva frustración.
Ambos protagonistas de este lamentable episodio político deben meditar sobre su responsabilidad. Es
hora de decidir si se ama a la Patria –la tierra de los padres- por sobre toda ambición individual o si aceptarán ser peones en un
juego cuyos hilos no deben estar seguros de manejar personalmente.
A pocas horas de las elecciones se abre un interrogante que desde Balcarse 50 debería ser
considerado: ¿en qué medida sobreviviría la capacidad de maniobra del Presidente a una eventual derrota de su candidato Anibal
Ibarra? Con Mauricio Macri en la capital federal, Eduardo Duhalde controlando la provincia de Buenos Aires, José Manuel De la Sota en
Córdoba y Carlos Reutemann en Santa Fe, el control del Congreso sería una ilusión tal vez inaccesible y la Casa Rosada comenzaría
a recibir un creciente envío de facturas de múltiples orígenes.
La ominosa referencia del Herald comenzaría, lamentablemente, a tener visos de profecía.
Sergio Cerón – Agosto de 2003
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