ELECCIONES CAPITALINAS:
LOS TRAIDORES DE LA DERECHA.

El analisis de las elecciones en la Capital Federal es bastante interesante porque no solo revela a los ganadores y perdedores -que no son tan obvios como parecen- sino que muestran a una ciudad claramente dividida entre un sector progresista y un sector medianamente productivo.

El progresista es un tardio hijo del revisionismo historico y podría reconocerse en un leal funcionario del Estado. Si revistara en el CONICET seriá infinitamente menos corrupto que si sirviera en el PAMI, por ejemplo.

Si estuviera en la Biblioteca Nacional tendría menos incidencia que si estuviera al frente de un porno-shop y ahí resultaría extremadamente dificil reconocer quién es el sector productivista y quién el parasitario rentistico. Sobretodo en un país que dejó reducir a escombros la mansión de la cultura de Victoria Ocampo, sin que nadie se molestara demasiado por el asunto.

Si buscaramos metáforas historicas podriamos decir que en la Capital Federal los cuenta propistas y almaceneros tendrían como héroe a Federico de Alzaga y los empleados del estado al general San Martín. El gran problema es que el almacenero Alzaga, hombre de la revolución capitalista y mercantil contra España fué el verdadero héroe de la resistencia y abatió a españoles, ingleses y franceses en muy breve tiempo. Defendía sus intereses o lo que el imaginaba como intereses de su país o mas bien de su ciudad porque el país era inconmensurable, desconocido y casi desierto.

El general San Martín tuvo mucho menos incidencia política de la que se dice, excepto como curtido y eficaz estratega militar, es decir funcionario publico de una eficacia administrativa para hacer la guerra casi inigualable. Curiosamente, San Martín no era el padre de la Patria -como se nos dice en los libros de historia- sino el abogado Manuel Belgrano, quién ya había liberado las tierras del ocupante y a la vez pariente español, cuando San Martin llegó junto con Alvear al Rio de la Plata. El culto a San Martín comenzó en 1930 y coincidió con la obra de Lepoldo Lugones y la revolución uriburista.

La hora de la espada maurrasiana que venía a sepultar tanto a los comerciantes como a los socialistas. Era una vuelta al pasado si bien parecía una apuesta hacia el futuro.

La historia siempre enseña . El triunfo de Ibarra es el triunfo de los sectores medios que quieren volver a los años dorados del buen empleo publico, retomar el bastión ideologicamente perturbador de la Universidad estatal donde reptan los pensamientos aletargados en los 70 y tratar de que el superavit ciudadano mantenga sueldos regulares, que la obra publica sea escasa y contenida y la masa de maniobra de la clase media se encuentre razonablemente subvencionada en el empleo publico.

Del otro lado estarian los votos de Federico de Alzaga, en este caso encarnados en el jóven Macri, un burgues nacional de origen italiano que podriá desarrollar sus actividades en cualquier país del mundo, pero opto por la Argentina por ese viejo dicho que sostiene que alguna gente toma su whisky en el bar de la ciudad en donde los periodistas lo conocen.

Aparece como el jefe de la derecha o centro-derecha visible y agrupa justamente a los almaceneros, a los ejecutivos, a los universitarios educados en los códigos de la convertibilidad, a los hinchas de Boca -dato no menor si tenemos en cuenta que Berlusconi es dueño del Milan y el empresario ruso Abramovich acaba de comprar el Chelsea- y a ese sector que quedó prematuramente huerfano despues de la derrota del menenismo, que ya habia ensayado una apuesta de menemismo sin menem al apoyar a Cavallo y que ahora mira con cierta nostalgia al señor Duhalde.

Es cierto, Duhalde parecía Ceausescu pero Kirchner semeja mas bien a Trotsky o a un político americano en campaña permanente.

A primera vista el perdedor es Macri y el ganador es Ibarra, con su rostro sombrío de galan jóven de un film de los 40, es decir de celuloide, es decir prevideocasetera.

Pero en verdad los verdaderos perdedores son las falsas derechas disfrazadas atras de los habitos modestos de Patricia Bullrich, de los grandes talles de Lopez y Murphy y de todas esas fuerzas que de un modo bastante escandaloso dejaron en libertad de acción a sus votantes sin aclararar que se debatían dos modelos de ciudad y de país y que la joven ex montonera y el becario de Harvard se encontraban en una clara disfuncionalidad plural con respecto al concepto ibarrista-telemarniano que sueña con otro canal cultural -ya canal A es suficientemente bueno- y con un diario que surtido por TELAM nos de por las mañanas solamente noticias felices.

No era una campaña de héroes administrativistas sino de modelos sociales claramente enfrentados y tanto que han dividido como una cimitarra a los dos partidos historicos.

Las dudas que quedan para el futuro son muchas y bastante dificiles de anticipar. En la ciudad de Buenos Aires hay espacio para un partido conservador popular que une la Matanza con Recoleta pero tendrá que asumirse como tal y –malgre la culposa referencia inconsciente que tienen con respecto a Menem- dejarse de coqueteos y fintas corteses con la izquierda.

Esta a su vez y -la responsabilidad le cabe al presidente Kirchner-, debera elegir entre el socialismo de Ricardo Lagos o algo similar y esa extraña mezcla de Idi Amin tropical que recita a Victor Hugo, explica la teoría de la relatividad y posee la prestancia de un cabo primero africano que distraidamente paso a escuchar clases en la Sorbona. Me refiero a Hugo Chavez, claro esta.

Pero hay un desafío mayor para el progresismo argentino que carece de proletariado y sueña con los piqueteros. Deberá aprender que la democracia burguesa, socialmente inicua, es infinitamente mas soportable que el totalitarismo de partido único, por mas que este se disfrace de una lucha antimperialista que jamás se corporizará en victoria alguna, sencillamente porque el imperialismo capitalista decimonónico se ha esfumado en una globalización superestructural irreversible.

Finalmente y para evitar esas penosas disquisiciones acerca de la lealtad partidaria o los derechos del ciudadano, en los que nadie cree demasiado, habria que eliminar arrojando sin mas vuelta a la etapa de los recuerdos historicos ese dogma del radicalismo que se esquematiza en la obligatoriedad del voto.

El creciente abstencionismo, la multiplicación de cortes de boleta, constituyen un referendum en si mismo.

Con un simple decreto se suspendió la ley del servicio militar obligatorio, algo mucho mas importante para el país.

El centro-derecha sigue buscando su centro de gravedad y solo resta señalar que Lilita Carrio ha sido mas coherente que la Bullrich y que Lopez y Murphy. Hay que apoyar al presidente –dijo-mientras los dos otros empequeñecidos iconos neoliberales seguían mirando la realidad macrista-peronista como algo demasiado impuro.

Edgardo Arrivillaga

 

 

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