ESGRIMISTAS EN ECONOMIA: CHAVES VERSUS LLACH.

Desde que se puso de moda denigrar al neoliberalismo, el economista y sociólogo Juan Llach ha comenzado a desandar el camino recorrido en otros tiempos. Lo dicho pone de manifiesto de manera palmaria la estampida vergonzante de ciertos intelectuales, políticos y economistas que partícipes de la década del 90’ ahora se retiran; algunos en silencio y otros, como el nombrado, vociferando desacuerdos y elucubrando doctrina de final de época. Veamos como nos presenta el ex Viceministro de Economía la ecuación del momento.

Al otrora Ministro de Educación de De La Rua le llama la atención, y por su puesto crítica, que los organismos internacionales y el grupo de los siete hayan ponderado en 1998 al Doctor Menem señalándolo como el campeón mundial de las reformas. Y esto lo conturba, aún más, por la inexplicable modificación de las reglas de juego mundiales promovidas por el nuevo Gobierno Republicano de los EEUU que sin aviso previo ni señal previsible decretaron que "los regímenes de cambio fijo, fueron...no van más y el default no es tan malo si lo pagan los acreedores privados".

Más allá de las decisiones del nuevo Gobierno de Bush que en ese aspecto, efectivamente significaron un cambio respecto de los demócratas, estas cuestiones, invariablemente forman parte de las reglas de juego de la democracia. Ganan unos y vienen otros, y cada maestrito con su librito. Está en uno percibir el cambio.

Apartando, entonces, esta observación como trivial y si se quiere ingenua adentrémonos al argumento central del autor:

"El paradigma neoliberal entró en crisis. En una doble crisis. Por un lado la crisis real. Está el dicho latino el fin corona la obra. Y la verdad es que el fin fue muy malo. Se tocó la profundidad de la crisis social y la recesión duró cuatro años. Este es un hecho que todos tenemos que registrar cuidadosamente."

"Y después está la crisis ideológica: al haber un final tan malo es razonable que también el neoliberalismo haya perdido anclaje y vigencia social. Lo que no está claro es cuál es el nuevo paradigma"

Esta manera de entender el problema es la que han logrado imponer en la sociedad los medios de comunicación ciertamente "serios", el progresismo en sus distintas variables, sectores importantes del radicalismo, más el duhaldismo y su primo el kirchnerismo y ahora Llach.

¿Y cuál es esta manera ? Pues simple y sencilla: el neoliberalismo traído a la arena política por Menem a comienzos de los noventa continuó con el gobierno de la Alianza hasta su caída en el 2001.

Es decir una nueva década infame atravesada por dos gobiernos.

En una palabra los nefastos noventa han tenido dos responsables: Menem y la Alianza.

¡Que fácil es hacer historia con trazo grueso! Esta actitud de Llach me recuerda la picardía de aquel alumno que poco o nada sabía de geografía Argentina y al ser inquirido por el docente, mapa en mano, que señale la Provincia de Córdoba, extendió su manaza y dada la pequeñez del plano, claro está, no hubo posibilidad de errarle. Toda la República cabía en su palma.

De esta manera Llach se olvida o deja de lado la campaña de la Alianza contra el menemismo y el modelo neoliberal, la corrupción inherente al modelo como decía el Chacho, más los incalificables agresiones que desde adentro del peronismo ejercían los Duhalde. Todo lo mete en la misma bolsa amigos y enemigos.

A mi buen entender aquí comenzó la crisis o como dice Llach la decadencia del neoliberalismo y no en el 2001. Fue la decisión política de un grupo de irresponsables que habían trabajado por años para alcanzar el final del 2001, y la valiosa ayuda de un gobierno muerto.

La Argentina entre 1860 y 1930 desarrolló un modelo que le dio enormes satisfacciones: la Argentina agroexportadora. Todos, absolutamente todos los grupos económicos, sociales y políticos del período a lo largo de setenta años jamás cuestionaron el modelo, lo pusieron en jaque o batallaron para derribarlo.

Ninguno de los grupos políticos destacados Mitrismo, Roquismo, Socialismo y Radicalismo cuestionaron esa Argentina orientada a Europa. La discusión, en todo caso, se daba en torno a la democracia y la justicia social pero siempre conservando el modelo. Los europeos y particularmente Inglaterra observaron esta realidad política, y por eso, y sólo por esa conducta de los políticos criollos, Inglaterra realizó las inversiones que hizo. El 40% de las inversiones británicas en el extranjero se hicieron en nuestro país. Lamentablemente esto no ocurrió en los 90’ Llach que hoy augura el final del neoliberalismo participó del Gobierno que con sus declaraciones, sentido e intención derribó la obra de los 90’.

Se equivoca, también, cuando afirma que "la convertibilidad se utilizó mal y toda la crisis empieza con la reelección de Menem y el nefasto Pacto de Olivos. Entonces, empieza a consolidarse la idea de que todo era dulce, que se podía aumentar el gasto y la deuda pública".

Y aquí está la pata del borrego, el latiguillo de toda la partidocracia mediocre. Lo mismo se hizo con Perón: el primer Gobierno fue bueno, pero el segundo dejó mucho que desear.

Para no abrumar al lector con citas, remito a un excelente artículo de Pablo Guidotti publicado por Ámbito Financiero el 6 de agosto del 2001 donde el Viceministro de Economía de la segunda gestión del Doctor Menem demuestra con números claros que el gasto público primario consolidado aumentó entre 1991 y 1995 de 48.000 millones de dólares a 78.000. Y en la segunda presidencia de 78.000 en el 95’ a 83.109 en el 2000’. Es decir casi nada. Por lo cual lo afirmado por Llach es un disparate.

Acoto para el lector desprevenido que la recaudación nacional se anticipó a los gastos. Roberto Cortés Conde, poco favorable al Menemismo declaró "Pero lo cierto fue que si el gasto aumentó, lo que básicamente aumentó fue la recaudación, de 10.000 millones en 1990 se pasó a 48.000 millones en 1995, (Cortés Conde, Roberto: De la hiperinflación a la era de Menem. La Nación 13/11/2000).

De modo que la crisis de la convertibilidad más que en el excesivo gasto fiscal del menemismo hay que encontrarla en el desgobierno de la Alianza que mató en el vientre, la recuperación económica que se avizoraba en el segundo semestre del 99, cuando apenas asumió como gobierno.

Nicolás Gallo afirmó a Página 12 el 13/1/02:

"El error del primer impuestazo de Machinea ha sido reconocido por todos: en un momento en el que la curva de recesión había cambiado de pendiente se la mató de un golpe, en base a una visión muy ortodoxa de reducir el déficit fiscal". Desconocer e ignorar estos hechos lo emparenta a Llach con toda la política que vino luego, con Duhalde, devaluación y pesificacion incluida.

Donde sí acierta el autor es en la identificación del problema argentino:

"El consenso de Washington hablaba de la apertura y esta se hizo, pero los países desarrollados subsidian mas o menos con mil millones de dólares por día, entre subsidios y proteccionismo agroalimentario, y también otros rubros. Y eso es dramático. La Argentina es el país más perjudicado de todos porque tiene toda la gama de productos que ellos protegen".

Aquí está la matriz del problema. Desde que Inglaterra se retiró como compradora de nuestra producción allá por los años 30 la Argentina intentó un nuevo modelo centrado en la sustitución de importaciones y el mercado interno que con inconvenientes se extendió hasta el 76’, a partir de esa fecha y Proceso Militar mediante nos hemos quedado sin alternativas. Ni mercado interno sustitutivo ni exportaciones.

Menem se propuso un camino intermedio pero en los 90 no hallamos un mercado comprador que impulsara las exportaciones. De hecho y no obstante el uno a uno las exportaciones se triplicaron.

Vuelve a tener razón el autor cuando le niega autoridad a Stigliz, tan amado por el progresismo vernáculo quién señala que el problema argentino es el alto endeudamiento. Llach lo niega y dice:

"El problema argentino es comercial. La deuda, si, bueno, supongamos que se hiciera un perdón de alguna magnitud, pero déjennos trabajar, producir y comerciar. Ese es el principal problema para nosotros. Entonces sigue siendo el primer tema de al agenda para nosotros"

Entonces Doctor Llach ¿porqué responsabiliza a los 90 y a Menem?, acaso Ud. ignora que las exportaciones al final del gobierno de Alfonsín fueron de aproximadamente 9.000 millones de dólares y la deuda externa trepaba a los 90.000 y cuando nos fuimos en el 99’ las exportaciones llegaron a 27.000 millones y la deuda externa a 126.000. ¿No fue esto mejor que todo lo que vino después?.

Y, por otro lado y para terminar ¿cuál es la alternativa al neoliberalismo? si el país casualmente lo que necesita es exportar y comerciar libremente con el mundo. ¿Acaso vamos a poder hacerlo repudiando los principios del libre comercio que nos vinculan al mundo?

Y entonces Llach vuelve a equivocarse: "Muchos de nosotros estamos revisando los errores que hemos cometido y esperemos que lo nuevo se alumbre pronto"

¿A qué errores se refiere Doctor Llach, a haber sido funcionario de Menem o de De La Rua?

Respecto "de que lo nuevo se alumbre pronto", la agenda no ha cambiado, por el contrario ¿Qué buscamos los argentinos en la conferencia de Cancún? Acaso el proteccionismo y el renacer del nacionalismo autárquico?.

Si en el mundo luchamos por la liberalización del comercio y una mayor inserción en las corrientes comerciales ¿podemos tener hacia adentro una ideología antagónica?. La agenda no ha cambiado y el liberalismo de moda en el mundo puede ser traducido a nuestro país según nuestras necesidades y la de nuestro pueblo lo que ha cambiado son los vientos que soplan en el país.

CLAUDIO CHAVES

 

 

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