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PARA UN PERONISTA NO HAY NADA PEOR QUE UN BONASSO
Por Juan Gabriel Labaké
La situación política ha comenzado a experimentar cambios notables, que denotan el rumbo que el Dr. Kirchner impondrá a su gobierno
en los próximos meses y los objetivos políticos que se propone alcanzar.
Kirchner viene de un sector de la juventud peronista de los años ’70, llamado "la tendencia revolucionaria", o
simplemente, "la tendencia", que fue el grupo peronista más "izquierdista" de aquel entonces, poco afecto a
obedecer la conducción de Perón y que llegó a enfrentarlo a partir de 1973.
Casi todos ellos se identificaban con el grupo Montoneros. En enero de 1974, una parte de ese sector decidió separase abiertamente de
la conducción del General, no entregar las armas usadas para combatir a la dictadura militar (1966/1973), como se los exigió Perón,
y pasar a la clandestinidad para
reiniciar "la lucha armada", esta vez contra ... Perón, objetivamente hablando. Ese grupo se quedó con la sigla de
Montoneros hasta nuestros días.
La otra parte de "la tendencia" aceptó la conducción de Perón y permaneció dentro del peronismo, pero se diferenció del
resto con el nombre sectorial de "JP Lealtad". En este último grupo militaron en aquella época Kirchner y su esposa
Cristina Fernández, siendo estudiantes de abogacía en La Plata.
Una vez producido el golpe militar de marzo de 1976, el matrimonio Kirchner se trasladó a vivir en Santa Cruz.
Con el tiempo, tanto Kirchner y su señora, como otros muchos jóvenes de la JP Lealtad, y también muchos montoneros, fueron
morigerando sus posiciones y se aclimataron a la nueva realidad política, sobre todo a partir del gobierno de Alfonsín (1983/1989) y
más aún con el de Menem (1989/1999).
Varios funcionarios de Menem, que profesaron abiertamente las ideas neoliberales, habían sido conspicuos dirigentes montoneros o de
la JP Lealtad. No fue el caso de Kirchner y su esposa, quienes siempre permanecieron fieles al menos a las ideas
"progresistas" de "centro-izquierda". De ese sector ideológico provienen sus amigos desde hace años, y aún
ahora. Entre los amigos de Kirchner, algunos fueron peronistas "de izquierda" como él, y otros nunca fueron peronistas,
sino que provienen de las filas marxistas o simplemente "progresistas". Con esos dos grupos Kirchner está tratando de crear
un partido político propio, según lo sugieren todos los indicios. Y ése será, sin duda, el punto de fricción más
importante con Duhalde y el resto del Partido Justicialista apenas pasen las elecciones de este año y, especialmente, a partir de
abril de 2004, cuando logren desplazar del todo a Menem de la conducción del PJ.
(Habrá que ver cómo nos libramos de tal disyuntiva, pues con Kirchner se irá un sector del peronismo, el "progre",
seguramente minoritario, pero en la dirección del PJ no quedarán justamente los santos y leales, sino muchos que hace años dejaron
de ser peronistas o nunca lo fueron. ¡Triste situación!)
En definitiva, Kirchner sueña con un partido propio que represente un "corte transversal" de las agrupaciones existentes.
La experiencia indica que los "cortes transversales" signados por un matiz ideológico determinado, dejando afuera al resto
del arco iris nacional y popular, nunca tuvieron éxito. Lo supieron tarde los montoneros, cuando inventaron el Partido Peronista
Auténtico. Luego lo supo, también demasiado
tarde, el Dr. Alfonsín con su no-nato Tercer Movimiento Histórico que, además, quiso repetir la hazaña del General, pero con un
pacto con el FMI, lo cual significaba hacerlo sin Tercera Posición, sin soberanía política, sin independencia económica, sin
justicia social y sin identidad cultural nacional. Un 17 de octubre del brazo con Braden. Un guiso de liebre, pero sin liebre.
Posteriormente, lo supo Chacho Álvarez, quien soñó con convertir a su grupo, el Frepaso, en un Movimiento de "corte
transversal" de tipo "progre" . ¡Oh, el discreto encanto de lo "progre"!, que vende la ilusión de
liberarnos de la dependencia extranjera y sus inevitables lacras políticas, económicas, sociales y culturales, ayudados y guiados
por la mano "generosa" y "amiga" de los socialdemócratas europeos y los "liberals" angloamericanos
(maestros de lo "progre" al servicio de las multinacionales y de los
intereses imperiales de sus potentes países).
Dicen que Chacho fracasó porque no tenía vocación de poder. En cambio, concluyen, Kirchner triunfará en ese camino contra natura
porque lo que le sobra es hambre de poder. Lo dudamos. El fracaso de Chacho no se produjo sólo por su escaso manejo del poder y sus
dudas existenciales, sino también
porque su pretensión era crear un partido político (nunca habló de movimiento, y menos nacional y popular) sin perder la amistad y
las invitaciones del embajador de EEUU que tanto apreciaba, y a quien visitaba asiduamente para dialogar. Insisto, es imposible hacer
un guiso de liebre sin liebres.
Kirchner prepara un coctel ya conocido: una medida de "progres" venidos de afuera, otra de peronistas de
"izquierda", algunos cubitos de discursos encendidos y muchos fuegos de artificios ("ya que no les damos pan, démosle
presos"); lo bate todo adecuadamente y pretende servirlo en copas de lujo, bajo la mirada paternal y sonriente de EEUU, Europa y
el FMI (porque no hay que caerse del mapa...). Será un coctel, sin duda, pero difícilmente sea nacional y popular, y menos aún
peronista, sobre todo si el ingreso al ALCA sigue su camino como hasta ahora (el gobierno acaba de ratificar, el 04-07-03, su
incorporación unilateral a esa verdadera trampa mortal de EEUU para antes de diciembre de 2005) y el acuerdo con el FMI se firma como
los pasos ya dados presagian: mal.
Si cabía alguna duda sobre los verdaderos objetivos políticos del Dr. Kirchner, ella desaparece al analizar su conducta en la
reciente elección de la Capital Federal. Reclamó a Ibarra la inclusión de Miguel Bonasso en la lista de diputados nacionales. Como
el actual Jefe de Gobierno se negó,
Kirchner dio su respaldo abierto y completo (que es de mucho peso y, en esta ocasión, de muchos pesos) para que su candidato
preferido tuviera partido propio. Así, con el apoyo irrestricto y público de la Casa Rosada, logró Bonasso salir electo diputado
nacional, título que se suma al de ser el asesor ideológico (¡ideológico, justamente!) más cercano y escuchado del presidente
Kirchner.
Pero, ¿quién es Miguel Bonasso?
En los años ’70, fue secretario de Prensa de la conducción nacional de Montoneros. En 1974, cuando los montoneros debieron optar
entre la conducción de Perón y la de Firmenich, Bonasso se quedó al lado del segundo y ahí estuvo hasta 1979. En la misma línea
ideológica y política, en 1997 editó un libro, "El presidente que no fue". En él, Bonasso calumnia y vitupera a Perón
como sólo yo he visto hacerlo a aquel tristemente celebre "service" de los EEUU, llamado Silvano Santander, autor del
vergonzoso libelo "Técnica de una traición" que fue escrito para hacernos creer que el General era un agente nazi. Con el
tiempo se supo que Santander escribió su libro con datos aportados por la CÍA, y por encargo de ella.
Bonasso ha emulado y, quizás, superado a Silvano Santander en su odio a Perón. Según su libro, en 1973, el conductor del pueblo
argentino era... Cámpora y no Perón. Afirma que el General volvió de España hecho un "viejo envidioso" y por eso lo
desplazó a Cámpora que era "el verdadero jefe de la
revolución nacional". Y lo desplazó porque le tenía miedo a la "capacidad política de Cámpora". ¡Fantástico!
En la misma línea de odio gorila (hay gorilas de "derechas", como tantos que conocemos, y los hay de
"izquierdas", como...), Bonasso le endilga a Perón todas las lacras imaginables: "alimentaba personalmente la
conflagración dentro del peronismo", "su sombra se extendía sobre los cadáveres con que la AAA sembró los bosques de
Ezeiza el 20-6-73", y llega a insinuar la infamia de que hubo "un acuerdo secreto entre Perón y Washington para destruir a
la insurgencia (los montoneros) en la Argentina".
De paso, vuelca su rencor contra el propio Cámpora, por no haber seguido sus consejos de traicionar a Perón para quedarse con la
presidencia del país ilegítimamente. Le endilga a Cámpora "poca vocación de poder, y una exagerada dependencia de Perón que
lo hacía vulnerable frente a Perón". Por lo visto, es común que la lealtad a Perón y su pensamiento nos condene a la calumnia
de sus enemigos.
Allá Bonasso con su grosera tergiversación de la historia para uso personal y sus fobias antiperonistas. Pero que el presidente
surgido del PJ (dizque peronista) lo considere su principal asesor ideológico, y lo haya inventado como diputado nacional, elimina
cualquier duda: nos libramos de la Guatemala neoliberal y de las relaciones carnales, para caer en la Guatemala de la "izquierda
progresista", tan sectaria como todo adolescente. Y no digo en Guatepeor, porque peor fue lo de Menem-Cavallo.
Es cierto que el Partido Justicialista ha defeccionado y hoy no defiende los principios que levantó Perón como banderas permanentes
e irrenunciables.
Aterra escuchar hablar de alianzas del PJ con Cavallo, con la UCEDE o con López Murphy. De la misma manera que nos paraliza el
corazón ver a un presidente surgido del peronismo asistir como alumno o como participante activo, lo mismo da, a un congreso de la
Tercera Vía en Londres, convocado por el señor Tony Blair, totalmente "progre" y socialdemócrata de pura cepa, y,
simultáneamente, socio incondicional de Bush. ¿"Quo vadis", Dr. Kirchner?
Si algo hace falta es revitalizar el movimiento que sirvió de base y fue razón de ser del PJ (hoy en coma, no sabemos si terminal e
irreversible), y no justamente sacrificar los principios nacionales y populares en el altar de alguna teoría europea o
angloamericana, que entre nosotros suena a trasnochada y exótica. Progresismo, Tercera Vía, izquierdas y derechas, socialdemocracia,
etc., etc., en la empobrecida, ilegítimamente endeudada y socialmente injusta Argentina actual, dependiente de EEUU y el G7,
asfixiada por los bancos acreedores europeos y angloamericanos, y chicaneada por el FMI que dominan Europa y EEUU, son sólo
entelequias, fuegos de artificio, cuyo peligrosidad (sino la finalidad expresa de quienes las impulsan) es dividir las fuerzas del
campo nacional y popular. No necesitamos más partidos políticos (en la Capital Federal hay 49 ya), sino un Movimiento basado en los
principios inmutables de soberanía política, independencia económica, justicia social e identidad cultural, y revitalizado y
actualizado en sus propuestas políticas, que vuelva a poner en el centro del escenario la lucha por la liberación contra la
dependencia.
Ese Movimiento Nacional y Popular, cuya expresión más genuina fue el Movimiento Peronista, siempre abarcó, y así deberá serlo en
el futuro, al pueblo argentino como tal, a todas sus fuerzas genuinas y patriotas. A todos: a aquellos que manejan mejor la derecha y
a los que son "diestros" con la "zurda", porque lo que nos une no son los esquemas teóricos y dogmáticos que nos
"venden" periódicamente los angloamericanos y los europeos, sino la común defensa de nuestros intereses nacionales y
populares. Y en esa tarea, como bien dijo Omar Torrijos (cuando le criticaron la colaboración de varios comunistas en su gobierno),
"para defender a Panamá (a la Argentina en nuestro caso) y a su pueblo, necesito usar, no una, sino las dos manos y, aún así,
a veces no me alcanzan".
Es que lo nacional y popular no se define tanto por los hombres llamados a colaborar, sino por los auténticos objetivos que se traza
el gobernante.
Para tener un anticipo de tales objetivos (los auténticos, digo) es bueno conocer los antecedentes de quien desea conducir el
proyecto.
A ese Movimiento que necesitamos recuperar jamás podrá conducirlo quien tenga a Miguel Bonasso como su asesor ideológico de mayor
confianza y trate de conformar a Bush, a Blair, al FMI, etc., etc. Con tales asesores como almohada, y con tales amistades, sólo se
llega a crear otro partido de "izquierda" más, tan gatopardista como los anteriores, nunca un Movimiento Nacional y
Popular.
Buenos Aires, 31 de agosto de 2003.
Juan Gabriel Labaké
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