ESTA EN MARCHA UNA NUEVA GUERRA REVOLUCIONARIA

"No es la guerra civil la que lleva a la disolución de los estados sino que esa disolución es la que lleva a la guerra civil". Carl Smitch.

Por Carlos Manuel Acuña

Hay informaciones en las que sólo se repara cuando, concurrentes, inician el dibujo de un escenario percibido cada vez con mayor claridad junto a una carga psicológica resumida en angustias sin respuesta. Eso sucede en la Argentina de hoy dónde la inseguridad pública y extendida alimenta esa angustia que, inexorable, crece al ritmo de los muertos policiales.

Acumulados en una larga lista mezclada con civiles inocentes, ésta angustia es adivinada como el anticipo de una anarquía negada desde los estamentos del poder pero que la opinión pública comienza a concebir como una realidad que nadie desea y todos quieren eludir, aunque no sepan cómo hacerlo.

Los asaltos comando a los bancos, el copamiento de comisarías en localidades periféricas para concretar el mismo delito, los asesinatos a mansalva de personas desarmadas que no se resisten, el robo de armamento a los policías caídos y otras manifestaciones del delito común, lo elevaron a éste a la categoría de guerrilla indirecta que a esta altura de las circunstancias modificó nuestras costumbres cotidianas. Precisamente, esto ultimo ha sido siempre el objetivo principal del terrorismo, que busca incorporar el desconcierto, pero sobre todo, el miedo que es, nada más y nada menos, que la antesala de la parálisis social.

Es entonces cuando reaparece la memoria del pasado y no son pocos los que, silenciosos, se interrogan sobre el futuro y los motivos íntimos que determinan el silencio de los medios de comunicación que ocultan el trasfondo de lo que sucede, no hablan de los nuevos componentes del escenario ni cumplen con su función de alertar sobre los peligros que nos invaden.

El nacimiento del nuevo concepto revolucionario: la "Guerra Social".

Entre el 28 y 29 de julio de 2000, en la Universidad de Manta, República del Ecuador, tuvo lugar la primera reunión coordinadora de la nueva izquierda combativa, con el aporte experimentado de los que protagonizaron en todo el continente la "Guerra Revolucionaria" que se desarrolló durante las décadas del sesenta y del setenta.

Hubo representantes de todo el mundo pero primaron las delegaciones latinoamericanas y entre ellas, de la Argentina que, una vez más, ha sido elegida como uno de los blancos principales de las acciones que ya comenzaron a producirse.

Los debates fueron extensos y por momentos apasionados, plagados de homenajes a los caídos pero, por encima de los sentimentalismos, primó un sentido práctico a los efectos de determinar las nuevas estrategias y los roles políticos que los concurrentes esperan ejercer en adelante.

A la inversa de lo que ocurrió en el pasado, cuando la mayoría de los Partidos Comunistas latino-americanos no respaldaron públicamente a las guerrillas por apreciar que éstas fracasarían y retrasarían la victoria final del marxismo, esta vez los dirigentes que concurrieron - incluyendo europeos - dieron su respaldo a la creación doctrinaria y operativa de un nuevo derrotero. Coincidentemente estos voceros comunistas dieron por sentado no solamente que querían mantener la identidad ideológica, sino también que aceptaban los cambios de nombre y actuar dentro de un contexto más amplio como integrantes de la social democracia, exactamente como sucede en determinados países europeos.

Como punto de partida se resolvió declarar superado el concepto guevarista del foco revolucionario, es decir - como su nombre indica - que propiciaba la formación de centros insurrectos desde los cuales la Revolución debía crecer "como un panal de abejas". Así sucedió en Tucumán y en Salta, donde fueron aniquilados.

Asimismo, quedó establecido que se abandonaba la estrategia que apuntaba a la creación de grandes Movimientos Insurreccionales de Masas que en nuestro país comenzaron con el "Cordobazo" en 1970, seguido por el "Viborazo" en la misma provincia, el "Rosariazo" y el "Mendozaso", entre tantas otras manifestaciones similares. En su reemplazo se acordó poner en marcha un nuevo curso de acción que pasó a denominarse "Guerra Social", sustentada en las generalizadas dificultades económicas y sociales surgidas a fines del Siglo XX y acentuadas entre nosotros durante los últimos meses.

Durante las deliberaciones se destacó que el mismo nombre que definía a la flamante estrategia, era lo suficientemente neutro desde el punto de vista ideológico como para facilitar la convocatoria y ampliar las filas. Al mismo tiempo permitía actuar sobre las clases medias que son las más afectadas por la situación y todavía se mantienen en posiciones políticamente moderadas.

Al plantearse el novedoso enfoque que desde entonces se puso en práctica, se destacó la inexistencia de fuerzas políticas de centro derecha y de derecha que estuvieran lo suficientemente actualizadas como para competir en el plano electoral o en el más simple de las movilizaciones, inexistencia que, analizaron, se extiende al terreno mediático donde después de una intensa labor, las izquierdas dominan ampliamente.

Coincidentemente, reconocieron que esto último facilita con una amplitud insospechada el desarrollo de la nueva etapa y contribuye a que esas izquierdas se afirmen en el terreno cultural, viejo y principal escenario de la batalla moderna.

Se destacó que el concepto de "Guerra Social" es sencillo, multisectorial y plurisocial, lo que ya en el campo de la acción y en un primer paso, contribuye a la formación de grandes Frentes Urbanos bajo el lema de "oponerse al modelo económico". En tal sentido se reconoció que los sucesos previos de Seattle y posteriores de Davos, Québec y finalmente Buenos Aires, estuvieron inspirados en la nueva estrategia que obliga, eso sí, a la participación de grupos móviles que deben trasladarse a los distintos países para dirigir o engrosar las expresiones contestatarias.

Flamantes "Montoneros"

Además de las delegaciones de Partidos Comunistas, participaron en Manta el Partido Comunista Revolucionario (PRC) - que, en nuestro caso, desprendido del PCA dio origen a distintos grupos subversivos que operaron con relativa independencia unos de otros - y numerosas organizaciones cuyas cabezas, principalmente, se desenvuelven en los planos directivos de otras que en los hechos, son siempre las mismas aunque actúan con distinto nombre para crear una imagen numerosa y multifacética.

De la larga nómina de participantes mencionaremos a la llamada Corriente Clasista Combativa que lidera Víctor de Genaro convertida, por el momento, en la protagonista más destacada de los cortes de rutas en el Gran Buenos Aires, el Movimiento Patria Libre (PL) de antigua trayectoria extremista, Quebracho,, reconocida por su violencia callejera, los Movimientos Campesinos del Chaco y Santiago del Estero, vinculados con los brasileños del Movimiento de los Sin Tierra que igualmente ocuparon el primer plano de las deliberaciones ecuatorianas, el Movimiento de Asociaciones de la Matanza, el Partido de la Liberación, los Fogoneros de Cutralcó, la Unión de Pequeños Productores y Aspirantes a la Tierra, de la provincia de Buenos Aires, el Partido de los Trabajadores, el argentino Movimiento de los Sin Techo, que conduce un sacerdote jesuita de origen alemán y otros grupos similares que aún son virtualmente desconocidos en nuestro medio. Pequeños pero activos, son los nuevos representantes de un mecanismo contestatario que actúa dentro de un contexto internacionalizado que, en definitiva y al margen de la ideología que expresa, responde a intereses que mueven las fichas según sus conveniencias.

Entre los sectores extranjeros que participaron de los debates, estuvieron aquellos que integran el llamado Foro de San Pablo, especialmente los zapatistas de México y el Partido de los Trabajadores del Brasil (PTB), que conduce Innacio Lula Da Silva, uno de los jefes más importantes de ese Foro, quien se apresta a disputar por cuarta vez la presidencia del Brasil.

Como dato final debemos mencionar que en Manta reaparecieron los Montoneros en una nueva versión generacional cuyos carteles aparecidos en distintas ciudades rezan simplemente "Volvimos", aunque con la curiosidad de que fueron pegados juntos los coloridos que identifican al "PCR" que con toda lógica, convocan a la Resistencia Social.

Los gastos de estas deliberaciones virtualmente ignoradas por el periodismo argentino - excepto una breve referencia de Pagina 12 - fueron afrontados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las famosas FARC que han demostrado un notable interés por la planificación de la nueva estrategia revolucionaria, lo que es algo más que un simple detalle dentro del problema. Además de la infinita disponibilidad de recursos, esto confirma el plan del narcotráfico para extenderse a través de este tipo de acciones y explotar, simultáneamente, el progresivo deterioro de los Estados Nacionales. Coincidentemente, se propició amplias reformas de los códigos, limitaciones a las policías, la legalización de la droga y un aceleramiento del retroceso protagónico de las fuerzas armadas.

El indigenismo.

La promoción del indigenismo como factor aglutinante y convocante en aquellos países que cuentan con grandes grupos sociales de ese origen, fue una de las medidas a la que se le otorgó tanta importancia, que actuó como informante el ecuatoriano coronel Lucio Gutiérrez quien hace pocos meses encabezó en Quito un fracasado golpe militar que dejó planteado el problema con crudeza. Hoy, en cumplimiento de las disposiciones adoptadas, Gutiérrez recorre el continente para cumplir con esa misión promocional, tal como lo explicó hace muy poco en nuestro país, donde mantuvo reuniones con grupos mapuches que adhieren a las posiciones contestatarias y reclaman tierras - y soberanía - con la exigencia de que les sean entregadas bajo la forma jurídica de propiedad colectiva que será administrada, legal y económicamente, por los jefes de las tribus que aspiran a este notable beneficio.

Como ámbito geográfico elegido para una primera etapa de la nueva modalidad revolucionaria, se eligió prioritariamente al Ecuador, Perú y Bolivia; en segundo término a México, la Argentina y el Brasil. Un simple repaso de los acontecimientos que se registran en cada uno de estos países - aunque sea una parodia, en el nuestro ya tenemos dos subcomandantes - nos revela que el proyecto se cumple minuciosamente. Aunque todavía los resultados no son uniformes, comienza a extender a lo largo y a lo ancho del continente un cuadro de situación dónde la violencia se mezcla con sus necesidades de todo orden. Mientras por un lado se avanza en el campo político, por el otro se avivan los componentes de la crisis surgida por la falta de representatividad, se ejercen presiones directas que alteran la paz social y se promueven reclamos lo suficientemente emotivos como para conquistar a las voluntades más prudentes.

El escenario es parecido al de 1973: sin respuestas de la clase política, las guerrillas se habían convertido en un inevitable problema referencial, pero existían las reservas y un periodismo que expresaba los presagios, los temores y el enojo de la opinión pública. Sobre todo, le permitían rechazar libremente lo que ocurría y exigir las consiguientes sanciones reparadoras.

Hoy día, es necesario decirlo, la situación es completamente distinta.
 

 

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