LA
GEOPOLITICA CONDICIONO AL PAPA GEOPOLITICO EN EL PREMIO NOBEL.

 

Hace casi 30 años me tocó escribir la asunción de Karol al trono de San Pedro.

Predestinado hasta por su nombre -Karol significa rey en el viejo polaco- sostuve contra la opinión de alguna beocia derecha argentina que el Papa llegado del frío tenía tres objetivos esenciales. Destruir al socialismo real, que crecía como una hierba envenenada desde Berlin hasta la la Siberia extrema, liquidar las fintas del eurocomunismo y poner límites a la racionalización del opio del capitalismo cerrado: la comisión Trilateral.

No era una apreciación demasiado equivocada. Juan Pablo II enfiló sus dardos contra Moscú, ahora ciudad liberada en lo político, no en lo religioso, a la cual aspira a visitar antes de morir, dió fuerza a los focolari de Formigoni y Buttiglione, endureció la predica agustiniana, esceptica y ligeramente sombría Ratzinger mediante y ocasionalmente puso límites al capitalismo rampante que ya insinuaba sus primeras armas mediante las bengalas del Club de Roma, la Comisión Trilateral, anticipos de la verdadera revolución notable y brutal a la vez que se llama globalización.

Lo acompañaron en la larga batalla Ronald Reagan y Margaret Thatcher y la vencieron sorteando varios atentados pero sin disparar un solo tiro por interpositos ciudadanos enfundados en uniformes nacionales.

El Papa había sido una pieza mayor en esa lucha de alfiles y diagonales.

Era un hombre geopolítico, endurecido en la guerra de verdad, estremecido por las masacres de Auschwitz -donde también medio millón de católicos encontraron la muerte, entre ellos la hija de la casa real de los Saboya- y era también un sindicalista de las insalubres minas de carbón que forjan el duro acero polaco que contara y recontara magistralmente Wadja.

Hoy el Papa no logró acceder al premio Nobel de la paz -al cual llegaron figuras menores y devaluadas- simplemente porque las coordenadas y prioridades de Occidente han cambiado.

Iran y la intelectual estrategicamente galardonada estan mas próximos de la nueva area del conflicto que sacudirá a todo el mundo occidental, por empezar el euroislámico.

Juan Pablo II -hijo esencial de la guerra fría- ha perdido su guerra privada y algo menor, una Academia creada por el inventor de la nitroglicerina, justamente porque ha ganado la mayor, permitiendo la libertad de miles de colonias en el corazón del viejo imperio austro-hungaro.


No es un mal balance para un hombre exangue pero aún duro y resistente.


Edgardo Arrivillaga.

 

 

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