LA LOCURA DE JUAN PABLO II

Escribe: Sergio Cerón

Me solicitaron que intentara un análisis de los 25 años de reinado de Juan Pablo II. Pasaron los días y no me fue posible escoger el ángulo de abordaje del tema, tan rica y compleja ha sido hasta ahora la vida del ex cardenal de Cracovia al frente de la Iglesia Católica.

¿De qué podía escribir? ¿Acaso de la riqueza de su cultura: teólogo, filósofo, dramaturgo, poeta, políglota? ¿O de un sacerdote surgido de la Iglesia de las catacumbas, preparado en seminarios clandestinos durante la era comunista? ¿O del visionario que desde Roma preparó las condiciones para liberar a su amada Polonia del yugo totalitario? ¿O de quien estaba destinado a dar contundente respuesta a la sardónica pregunta de Stalin: "¿Cuántas divisiones tiene el Vaticano?"? ¿O del Pontífice que batió todos los "records" de viajes, canonizaciones, audiencias, creación de cardenales, discursos y cartas apostólicas?

Todo -aún en su anonadante abundancia- es poco para aproximarse a semejante personalidad.

Comprendí, finalmente, que la única aproximación válida a Juan Pablo II era hacerlo desde la comprensión de su "locura". De la locura que es para la mayor parte de los hombres la manera en que está viviendo los últimos tiempos que le depara su biología. Más allá de las especulaciones de todo género, basadas en motivaciones legítimas o no, lo único cierto es que el cirio de su años alumbra con un llama que se agita y vacila, pero sigue difundiendo luz a su derredor.

¿Por qué este anciano encorvado y prisionero de una silla de ruedas, atormentado por el dolor físico, logra todavía asombrar y emocionar al mundo? ¿Por qué insiste en no recluirse en un monasterio y descansar su maltrecho cuerpo, mientras su espíritu se prepara para el llamado del Padre?

Místicos y poetas nos han dicho que el Cristo Crucificado es comprensible, para quienes lo contemplan desde una cosmovisión signada por la inmanencia, solamente desde el ángulo de la locura. Por eso es frecuente oír la expresión "Locura de la Cruz". La entrega total del Nazareno, su amor, su mansedumbre, su aceptación del martirio, su callada agonía, serían argumentos para que una junta de espectables psiquiatras dictaminaran sin vacilar su origen "pato1ógico y alienante". Tanto derrame de amor es absolutamente incomprensible en el mundo del Tercer Milenio. Solo un demente sería explicable como protagonista de La Pasión, para la ciencia humana.

Jesús se comprende y se vive, en cambio, desde la Fe, ese regalo misterioso que desciende sobre quienes contemplan su vida desde la Trascendencia. Desde el Misterio. Desde el verdadero significado, las verdaderas fuentes y fines del ser; en otras palabras, desde lo inefable. "Lo esencial es invisible a los ojos", nos dijo Antoine de Saint-Exupery.

Desde este nivel de aproximación, pues, hemos de ver a Juan Pablo II, como Vicario de Cristo. Como el sucesor de Pedro que juega un papel protagónico en el drama de la Plenitud de los Tiempos.

Jean Guitton, en su libro "Paulo VI secreto" recuerda que este Papa le dijo "Hay una gran turbación en este momento, en el mundo y en la Iglesia y lo que está en juego es la fe. Se comprende que se repita la frase oscura de Jesús en el Evangelio de San Lucas: "¿Cuándo vuelva el Hijo del Hombre, encontrará aún fe sobre la Tierra?" Releo a veces el Evangelio del fin de los tiempos y constato que en estos momentos se manifiestan algunos signos de este fin. ¿Estamos próximos al fin? Esto no lo sabremos nunca. Es necesario que estemos preparados, pero todo puede durar aún mucho tiempo..."

En distintas manifestaciones de la Virgen María hay explícitas referencias a la misión conferida al Papa que llegó desde detrás de la Cortina de Hierro.

..."Yo he obtenido de Dios para la Iglesia el Papa preparado y formado por Mí. El se ha consagrado a mi Corazón Inmaculado y me ha confiado solemnemente a la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre Juan Pablo II, Yo reflejo mi gran luz, que se hará tanto más fuerte cuanto más las tinieblas lo envuelvan todo". (1-1-1979)

En los mensajes atribuidos a la Virgen del Rosario de San Nicolás, pueden leerse las siguientes referencias al Pontífice:

"Ofreced esta novena al Señor, orando por el Papa, mi predilectísimo hijo, entregado en cuerpo y alma al Señor y a María Madre de Cristo. Juan Pablo II, camina con su Cruz, llevando por los pueblos la paz y la esperanza de Cristo, consciente de los peligros a los que está expuesto sigue humildemente cimentando la Iglesia de mi hijo. Gloria eterna a Dios". (12-7-1986.

..."Mis amados hijos sacerdotes deben seguir al Papa, caminando junto a él, ya que es hacerlo con el mismo Cristo. Juan Pablo II, fiel y consagrado al Corazón de la Madre, nada teme, marcha donde la Madre lo llama, superando todo obstáculo. Tiene la confianza en la Madre y la seguridad de que en los momentos más difíciles lo acompaña la Madre. Su corazón, golpeado tantas veces por los adversarios de Cristo, sigue fortalecido por Cristo. Gloria al Señor eternamente". (27-10-1986)

..."El es un hijo pequeño que ha ido y va creciendo en el Corazón de María. Su cuerpo frágil se robustece con la fuerza que le da mi amor. Su espíritu totalmente íntegro y puro entregado está al Señor. Juan Pablo, humilde siervo, su corazón desborda de amor por todos y para todos; sus ojos transparentes dejan ver su alma límpida" (28-10-1986)

"Hija mía: este día quedará marcado en la historia de tu país y en el corazón de los cristianos. El Vicario de Cristo llega con humildad, con su corazón cargado de bondad. Su boca habla de Cristo, su corazón ama lo que ama Cristo y sus pies caminan las huellas de Cristo. La Madre está junto a su hijo predilecto. Gloria a Dios" (6-4-1987)

"Hoy la llama de amor de mi Corazón se aviva, brilla con más intensidad. El Papa, el manso, el bueno, deja que la Santísima Trinidad obre en él para gloria de Dios. Yo lo conduzco por el sendero imborrable" (12-4-1987)

"Ora, hija mía, por el sucesor de Pedro, el Papa. ¡Cuánto dolor guarda en su corazón, mi querido hijo! Soporta muchos ataques hacia la Iglesia y hacia su persona. El está envuelto en el resplandor de mi Luz, recibe de Mí la protección necesaria para seguir adelante. Hoy, cuando todo parece que es tiempo de sufrimiento y agonía, surge la Gran Esperanza; es Cristo Jesús que llega con Su Gracia, es la Madre, que retorna para hacer realidad la Obra de su Hijo. Amén. Amén" (29-6-1987)

Muchas voces proféticas se alzaron señalando la acelerada decadencia de la cultura humana. En 1978, Alexandre Solzhenitsyn, premio Nobel de literatura, ensalzado por los centros de poder occidentales para combatir a la Unión Soviética fue invitado a todas las cátedras intelectuales de los países capitalistas. Desde Harvard hasta Paris. Pero pronto su voz dejó de oírse y el silencio total borró su nombre de todos los medios.

Es que dijo cosas como éstas:

"Acaece en Occidente ahora lo mismo que entonces sucedía allí (la URSS): Padres permisivos frente a sus hijos, jóvenes encandilados con cosas superficiales, profesores temerosos de no estar a la moda, periodistas que declinan responsabilidades, simpatía generalizada por los subversivos revolucionarios, gente valiente imposibilitada de expresarse, gobiernos débiles, confusión espiritual."

"... Y muy pronto las ideas del Renacimiento, de la Reforma, de la Ilustración, hicieron que la humanidad desembocara en lo que hoy se conoce como las "Grandes Revoluciones" de la historia, que yo me atrevo a calificar de terribles. Me refiero a la Revolución Francesa y a la nuestra"

"El Oriente totalitario contemporáneo y el actual Occidente democrático, al parecer sistemas opuestos, sin embargo están en realidad emparentados, reposan sobre una base común, que es el materialismo. Ambos son el fruto de un lento proceso de apostasía que viene durando 300 años, un proceso de apartamiento de Dios, en pro de una cosmovisión pragmatizante, que sólo se interesa por lo "útil", por los beneficios de índole material, por el "paraíso en la tierra".

Las disertaciones del escritor ruso se produjeron en 1978. Siete años más tarde, el 19 de noviembre de l985, en la Universidad Urbaniana del Vaticano, en Roma, se realizó el Simposio Iglesia y Economía, en el cual el cardenal Joseph Ratzinger, virtual vocero de Juan Pablo II, criticó tanto al capitalismo liberal como al marxismo. No dejó lugar a dudas de que ambos sistemas chocan con la concepción cristiana de la vida, son igualmente injustos y destruyen la dignidad del hombre.

Ratzinger provocó asombro en no pocos sectores que no conocen la tradicional doctrina social de la Iglesia y el escozor de los centros económicos financieros y económicos del hemisferio norte, cuando no tuvo empacho en señalar la hostilidad del liderato estadounidense para con ella. Recordó "las famosas palabras de Teodoro Roosevelt, en 1912:

"Creo que la asimilación de los países latinoamericanos será larga y difícil mientras esos países sigan siendo católicos".

Y luego agregó lo siguiente:

"En esa misma tónica, Rockefeller, hablando en Roma en 1969, recomendó que se sustituyera a los católicos por otros cristianos: empresa que, como sabemos, ahora está en plena marcha"

La sorpresiva evaporación del imperio soviético, poco después, fue saludada por los intelectuales liberales como el triunfo final del liberalismo. Francis Fukuyama llegó a sostener que la humanidad llegaba al "Fin de la Historia" , con la presunta victoria de una sola ideología. Se equivocaba. Tanto como Stalin que redujera todo al potencial bélico de sus adversarios, porque subestimó la fuerza espiritual que podía movilizar desde Roma el Papa llegado desde la Cortina de Hierro. El Obispo de Roma que presidiera los funerales del comunismo – cumplidas así las profecías de la Virgen de Fátima - no vacilaba en enfrentar a la oligarquía financiera de Occidente y a los líderes políticos que representaban sus intereses.

La globalización planetaria es la representación concreta del Imperio Universal que habla inglés. Un imperio que tiene muchos más visos de Cartago que de Roma, surgido de las compañías de mercaderes ingleses y holandeses en el siglo XVII y consolidado con la asociación de banqueros europeos y americanos en el siglo XX.

"El imperio anglófono es universal, en el sentido de que destruye toda diversidad; plasma a la variedad de los pueblos en plebe consumidora", sostiene el politólogo italiano Geminnello Alvi en un reciente ensayo.

Hoy el peligro surge de la expansión de este imperio que se arroga la propiedad total del Bien y parece adjudicar la categoría de Mal a todo lo que se le oponga. Se trate de los países árabes e islámicos ricos en petróleo, en la actualidad o, mañana, de aquellos que posean los recursos naturales que el opulento hemisferio norte ha dilapidado.

En la medida en que la Cátedra Romana defienda los derechos de las naciones periféricas, hasta qué punto el Papa no estará incluido - tal vez "in pectore" - entre los emisarios de la maldad, por los señores del Imperio.

De alguna manera, éste es el sustrato invisible de la contienda universal que supera en mucho los niveles políticos y económicos e ingresa en los terrenos aparentemente más abstractos de la teología.

Los Señores del Mundo libran una sutil y silenciosa, pero no por ello menos cruenta, lucha contra el anciano sacerdote polaco que carga la cruz del vicariato de Cristo. Tal vez represente el mayor obstáculo para el imperio plutocrático.

Clavado por primera vez en su cruz por las balas de un sicario, fustigado por los intelectuales progresistas de todo el mundo, enfrentado por cardenales y obispos, lacerado por traiciones y deserciones en sus propias filas, los días que le restan a Juan Pablo II para los escépticos y agnósticos sólo encontrarían explicación en una forma de locura.

Ciegos a lo "sublime", despojados de la facultad mística de percibir más allá de los cinco sentidos que limitan la percepción a lo tridimensional, nuestra esperanza se finca en otra locura, la de la Cruz, que cambió para siempre el mundo del invicto Imperio Romano, a partir del hijo de un carpintero de una aldea perdida en Galilea.

Signos y voces premonitorias – sin interés para el monopolio mediático internacional – existen y apenas logran franquear la conspiración del silencio. Las más altas profecías brotan María, sobre todo a partir de sus apariciones en Fátima en 1917. Se han multiplicado a medida que, al parecer, se vislumbra el cumplimiento de los anuncios sobre la Segunda Venida de Cristo.

"Puesto que el tiempo se ha cumplido, ya entrais en los acontecimientos que os prepararán para su segunda Navidad. Os aproximais el momento del glorioso retorno de Cristo..." "Y abridle corazón a la esperanza para acoger con alegría el anuncio que hoy os doy: se está cumpliendo el tiempo de un precioso retorno...", dijo en un mensaje entregado en una pequeña ciudad del Norte de Italia el 24 de diciembre de 1989.

Ya había quedado atrás uno de los enemigos anunciados en el Apocalipsis de Juan: el "Dragón Rojo", evaporado en poco tiempo luego de siete décadas de Imperio Soviético.

Pero queda otro enemigo, más sutil y peligroso. "Estos son los tiempos en que los seguidores de aquél que se opone a Cristo son sellados con la marca en la frente y sobre la mano".

Palabras enigmáticas, propias del mensaje profético que, sin embargo, fueron explicadas:

La frente indica la inteligencia, porque la frente es la sede de la razón humana.

La mano expresa la actividad humana, porque es con sus manos que el hombre actúa y trabaja.

Quien permite ser señalado con la marca en la frente es conducido a acoger la doctrina de la negación de Dios, del rechazo de su ley, del ateísmo, que en estos tiempos es cada vez más difundido y propagado. Y así es conducido a seguir las ideologías de moda y a hacerse propagador de todos los errores.

Quien permite ser señalado con la marca en la mano es obligado a actuar de una manera autónoma a independiente de Dios, ordenando la propia actividad a la búsqueda de bienes solamente materiales y terrenos. Trabaja para sí mismo, para acumular bienes materiales; hace del dinero su dios y acaba siendo víctima del materialismo".

Esta lucha se está librando en todo el mundo, también dentro de la Iglesia. Aunque no podamos saberlo, todo indica que Juan Pablo II es el lugarteniente que entrega sus últimas fuerzas para dejar alistadas las filas del Ejército que se prepara para lucha contra la iniquidad que marca con su sello los tiempos de la "Gran Tribulación".

San Juan Bosco en una difundida oración dirigida a "María Auxiliadora", le dice:

"¡Oh, María, Virgen poderosa:
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora admirable de los cristianos;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo;
Defiéndenos en nuestra angustias,
En nuestra luchas y en nuestras necesidades,
Y en la hora de nuestra muerte,
Recíbenos en los gozos eternos. Amén"

El estilo de esta nota es insólito, para algunos con edulcorados resabios a lenguaje de beatería. Pero para quien procura trascender de los límites tridimensionales de la materia e intenta contemplar estos tiempos desde la proyección del espíritu y que ha recibido la Gracia - el don de percibir más allá de los sentidos la existencia de la Creación como un don que nos ha sido entregado - es la única forma de entender las razones que hacen que Juan Pablo II siga fielmente el sendero de la "Locura de la Cruz". Y lo único que en horas de tenebrosa angustia por el destino de la humanidad abre una ventana a la Esperanza.

Octubre de 2003

 

 

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