– Octubre 2003
Ante la necesidad de encarar la urgente superación de la crisis, el país debe movilizar toda su potencialidad. Una de las áreas
más afectadas por la ineptitud y la desaprensión de la clase dirigente argentina, es la de la aplicación del conocimiento a la
producción de riquezas. De ahí que sea preciso marcar los lineamientos básicos de una política destinada a vigorizar la
investigación científica, con prioridad en lo inmediato a la ciencia aplicada, y a la innovación tecnológica como instrumento
destinado a desarrollar una industria de avanzada para acceder a los nichos disponibles en el mercado mundial.
El país, pese a todos los avatares vividos, incluyendo la desarticulación de la estructura de investigación y de aplicación
tecnológica, está en condiciones de recuperar el tiempo perdido y de avanzar a paso redoblado hacia su futuro. Instrumento esencial
para ello es la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Este organismo debe fijar políticas para todas las instituciones
que reciben partidas presupuestaria y subsidios del gobierno, a fin de evitar dispersión de esfuerzos, superposición de funciones,
duplicación de proyectos y deficiente control de gestión. Esas instituciones – como por ejemplo, la Comisión Nacional de Energía
Atómica, actualmente desarticulada, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, el Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria, la Comisión de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas, el Instituto Nacional de Tecnología
Industrial, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y otras similares, recibirán el mayor apoyo
posible del Estado, pero manteniendo la autonomía de gestión viable, a fin de no alimentar a una monstruosa estructura burocrática.
El presupuesto para CyT será elevado paulatinamente al 2% del PBI, a fin de evitar la emigración de científicos y técnicos como
consecuencia del desempleo, los bajos sueldos, la pauperización de los presupuestos, la escasez de instalaciones adecuadas, la
desarticulación de los equipos de investigación y la interrupción de los proyectos iniciados.
El Estado necesariamente se abocará a brindar líneas de apoyo a los esfuerzos de innovación tecnológicas para evitar la
repetición de un viejo vicio: llegar al estadio de unidades o plantas piloto, sin culminar en la producción seriada.
Algunos ejemplos:
- La Argentina fue el quinto país en producir aviones a reacción (Pulqui I y Pulqui II).
- Construyó el tractor Pampa, movido con aceite comestible, en los años ’50.
- Construyó una planta piloto para la producción de agua pesada con tecnología propia; de la misma manera en Pilcaniyeu
logró acceder al enriquecimiento de uranio y produjo plutonio a nivel de laboratorio (Centro Constituyentes de la CNEA).
- Diseñó y fabricó en Córdoba el auto Torino, cuya producción seriada se discontinuó finalmente, fabricó el Tanque
Argentino Mediano y cañones pesados para la defensa nacional.
- En años recientes, el avión Pampa de entrenamiento avanzado vio interrumpida su producción cuando la vieja fábrica militar
de aviones fue servilmente cedida a la Lockeed; el misil Cóndor terminó en los desarmaderos de los Estados Unidos y la
fábrica de Falda del Carmen, fue prácticamente aniquilada.
- La empresa INVAP, de San Carlos de Bariloche, diseñó el prototipo del CAREM, un mini reactor modular, de múltiples
propósitos (producción de energía, calefacción o desalinización de aguas); nunca se contó con presupuesto su
fabricación y se boicotearon todas las propuestas externas de crear una sociedad binacional para competir en el mercado
mundial. El CAREM es ideal para su instalación en países en vías de desarrollo, por su bajo costo y facilidad de
mantenimiento.
La lista sería prácticamente interminable y sólo serviría para ilustrar una historia de frustraciones y dependencia.
A pesar de todo si, como lo hizo la India en 1956 cuando la gobernaba el Pandit Nehru,
la Argentina decide emprender el desafío de convocar a su capital de inteligencia, es mucho lo que se puede hacer para salir del
subdesarrollo y la desazón que nos agobian. La cuestión fundamental es la aptitud con la que el liderato político y económico se
muestre capaz de acumular un plusproducto económico para la inversión, a partir de los sectores aptos para acumular recursos de sus
exportaciones – en este caso de agroindustrias, energía y minería, como sectores básicos – para encauzarlos con decisión hacia
las áreas de alta tecnología y alto rendimiento. ¿Un sueño de ilusos?
¿Acaso es un sueño haber exportado centros de investigación nuclear a Perú, Argelia, Egipto y Australia? ¿O productos
medicinales surgidos de la ingeniería genética (laboratorios Bio-Sidus) a países de varios continentes? ¿O que nos enteremos por
la prensa de que INVAP ha elaborado un prototipo de usina eólica que duplica la capacidad de elaboración de energía de los modelos
más avanzados del mundo? ¿O, finalmente, de que un técnico argentino construye turbinas para aviones u otros usos, que con menor
peso y número de piezas que las convencionales, logra mucho mayor rendimiento?
Nuestro país conserva todavía una substancial porción de científicos y tecnólogos – masa crítica de talento - para producir
nuevas tecnologías y realizar nuestros descubrimientos científicos, sin depender de decisiones externas. Para ello ha de contar con
una estrategia que tenga en cuenta tres condiciones:
- Formación de institutos científicos de nivel internacional, consolidando los que posee y creando nuevos.
- Fortalecimiento de las instituciones de enseñanza superior, convirtiendo a la Universidad Tecnológica Nacional en un
verdadero Politécnico.
- Impulsar el adelanto científico y técnico en la agricultura y la industria por medio de eficaces instrumentos de
trasferencia de tecnología.
para romper la inercia
Una resolución del ministerio de Economía del 13 de junio de 2002 proponía revisar partidas presupuestarias para disminuir el
gasto público. Entre los organismos en cuyas partidas se recomendaba podar, se encontraban la Comisión Nacional de Energía
Atómica, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y el CONICET. Precisamente tres reservorios del conocimiento científico y
de la aplicación tecnológica, palancas necesarias para desarrollar tecnología argentina, a fin de remozar la industria actual y
crear nuevas plantas para reemplazar costosas importaciones y exportar al resto del mundo.
"Es curioso que, mientras que para quienes conducen los asuntos locales hay que elegir entre el pan y la ciencia, hace veinte
años cuando los finlandeses tuvieron que hacer frente a una situación de deterioro, optaron por la solución contraria: allí se
decidió apostar al conocimiento y la innovación", dijo la periodista científica Nora Bär, en el diario La Nación
(03-07-02).
No tan curioso... Lo sería, en cambio, que esta clase dirigente diligentemente dedicada a destruir la estructura de Poder Nacional
en las últimas décadas, se atreviera a enfrentar una política de colonización que se aplica en la Argentina sin prisa y sin pausa.
Los finlandeses, que prácticamente no destinaban fondos para CyT, pasaron a invertir el 3,3% del PBI. Los resultados están a la
vista. Lo mismo hace Suecia, que invierte el 3,8% y domina varios nichos tecnológicos en el mundo.
¿Qué hacer para quebrar la inercia y retomar la senda perdida? En primer lugar definir una política de CyT, con capacidad para
realimentarse y expandir la producción de tecnología de avanzada, en los nichos que la Argentina identifique como viables. Ningún
país produce todo lo que necesita en este rubro. Opta por lo que mejor sabe y puede hacer.
El 12 de julio de 2002, en el ministerio de Relaciones Exteriores se realizó una reunión que parecía un paso estimulante, si no
mediara la desconfianza que suscita la clase política argentina. El secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín
Redrado, y el secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Julio Luna, firmaron un acuerdo para impulsar la
exportación de productos y servicios de alto valor agregado con innovación tecnológica.
Allí se anunció:
- El primer objetivo será la identificación de mercados potenciales, para las áreas química, satelital, aeronáutica,
biotecnológica e informática, entre otras.
- En los próximos meses saldrán misiones que ofrecerán la tecnología aeronáutica local a no menos de 40 países.
- Se firmó, el día antes de la reunión, un acuerdo con Pakistán que facilitará a INVAP participar en una licitación de
instrumentos de cobaltoterapia. (la empresa construye bombas de cobaltoterapia, para tratamientos oncológicos)
- Se apoyará de inmediato a empresas con capacidad exportadora sin desarrollar.
- A las empresas que carezcan de estándares necesarios para exportar, se les ofrecerán programas de crédito fiscal o
incentivos productivos.
¿Cómo compatibilizar estos anuncios dignos de elogio, con la política del ministerio de Economía, área de gobierno desde la
cual en el último medio siglo se desmontó la ciencia y la industria del país?
FANTASIAS Y REALIDADES
Los afectados por la colonización cultural a las que nos someten sonreirán con displicencia y dirán que todo esto no es más que
un paseo por la fantasía. Sin embargo, a ese cuestionamiento podemos enfrentar realidades concretas y verificables, capaces de
alimentar una estrategia nacional liberadora para multiplicar la materia gris, crear fuentes de trabajo para millares de científicos
y tecnólogos, rescatar la mano de obra calificada que destaca a la Argentina de gran parte del mundo en desarrollo, multiplicar las
empresas en todos los sectores, desde el agropecuario, la industria convencional y las empresas del sector de "high tech",
para decirlo en términos que conmuevan la sensibilidad de los admiradores del postmodernismo político y económico.
El consultor internacional Adrián Salbuchi ha dicho que debemos asumir nuestra condición de "País en Guerra".
No estamos caminando sobre un terreno bélico característico de siglos pasados, simplemente tomamos conciencia de que desde al menos
el nacimiento del siglo XIX la Argentina, como el resto del entonces imperio español en decadencia, es sometida a una estrategia en
la que las armas no surgen de los arsenales, sino de los centros financieros. La penetración económica y cultural ha logrado, en
nuestro caso, lo que no pudieron hacer los regimientos veteranos de la Gran Bretaña en 1806 y 1807. La derrota de los invasores
sajones, que para algunos ingleses resultó afrentosa, fue recibida no solo con resignación, sino con complacencia, por los líderes
del Imperio que habían pergeñado una nueva, sutil y más eficaz forma de imperialismo en el mundo. En todas partes, en lugar de
combatir a los pueblos en armas, aprendieron a utilizar a los dirigentes nativos, compuestos por ideólogos trasnochados y gerentes
económicos, para ejercer su dominio.
Este es el campo de batalla y éste es el tiempo. El espacio es la Argentina e Iberoamérica, en ese orden de prioridades; el
tiempo es hoy y el corto plazo, para librar el primer combate. Pero la estrategia es una estrategia que se prolongará en el medio y
largo plazo. Porque mucho dependerá del escenario mundial. No podemos excluir, aunque no podamos depositar todas nuestras fichas a
ello, que la misma implosión que derrumbó el Muro de Berlín se reproduzca en Wall Street (la calle del"Muro")
si las contradicciones de la globalización se agravan.
Mientras tanto, debemos "Esperar contra toda esperanza", a pesar del bombardeo mediático, de los domesticados exponentes
de la cultura oficial y de los adoctrinados economistas que cursan postgrados en las universidades norteamericanas.
CURSOS DE ACCION
¿Podemos hacerlo? Es una pregunta que se formulan en un dibujito infantil unas simpáticas máquinas de la construcción,
lideradas por un constructor humano. La respuesta, que cala en la mentalidad de los niños y los entusiasma es "¡SI,
PODEMOS!"
- Para demostrar que sí, realmente podemos, conviene apelar a la realidad cotidiana, poco conocida, porque pasa inadvertida para la
mayoría de los medios de difusión. Entre las excepciones en los llamados comunicadores sociales, podemos citar a la mencionada
periodista Bär y a Daniel Arias, ambos especializados en asuntos científicos.
De algunos de sus artículos, extraemos los siguientes ejemplos:
- "En Bariloche se prueba la cosechadora de viento, una turbina eólica cuyo revolucionarios diseño duplica – y
puede llegar a quintuplicar – la captación de potencia y bajar los costos de fabricación, montaje y mantenimiento. Además
de producir electricidad, esta máquina podrá potabilizar agua en la estepa patagónica. Y esto podría dar paso a la
agricultura en sitios donde hoy sólo se ve una macilenta ganadería extensiva"
- "Este aparato contradice los manuales; es tan novedoso que ya lo tuvimos que proteger con trece patentes. Cuando lo
vieron los alemanes, casi los dueños mundiales de esta ingeniería, se miraron como diciéndose: "Pero, cómo no se
nos ocurrió a nosotros?". No lo podían creer", se ríe ante la Nación el doctor Juan Carlos Bolcich,
ingeniero en reactores de la Comisión Nacional de Energía Atómica" (Daniel Arias, La Nación, 18-11-01)
- La turbina argentina es obra de expertos independientes apoyados por el Centro Atómico de Bariloche, la firma INVAP, la
Universidad Nacional del Comahue y numerosas pequeñas empresas de tecnología que conforman el Polo Tecnológico de
Bariloche.
- La energía eólica crece en el mundo a una tasa del 25% anual. La Argentina apenas cuenta con 21.OOO kilovatios de potencia
instalada en algunas localidades de la Patagonia y de la provincia de La Pampa. Sus posibilidades son enormes, a punto tal de
que los expertos internacionales no vacilan en calificarla de un futuro Kuwait de energía eólica. La Asociación Argentina
de Energía Eólica, junto con varias universidades argentinas y la Universidad de Ciencias Aplicadas de Stralsud, Alemania,
ha desarrollado un proyecto con estas finalidades:
- A nivel de kw, para puntos aislados, por ejemplo una explotación rural
- A nivel de MW: para las llamadas granjas eólicas, cuyo eventual excedente se puede interconectar con la red pública. La
Patagonia, por sí sola, está en condiciones de generar suficiente energía para abastecer al MERCOSUR y exportar un
importante excedente al mundo.
- A nivel de GW, para exportar el viento, utilizando la energía para producir hidrógeno por electrólisis. Este
combustible, no contaminante, es considerado el necesario sucesor de los hidrocarburos (petróleo y gas), en vías de
agotamiento e insumo valioso para la petroquímica e industrias derivadas. Existen prototipos de autos e, incluso, de un
submarino alemán movidos por esta energía.
- David Rittenhouse Inglis (La energía Eólica,Edit. Fraterna, Buenos Áires, 1981), afirma que en las llanuras del Oeste
de EEUU., en un área ventosa de 20.000 millas cuadradas, utilizando molinos de viento, con tecnologías de los años 70,
se podría producir una potencia anual de 200.000 MW.,equivalente a 200 usinas de 1.000 MW, o alrededor de 600 Atucha I.
- Cuando la Argentina produjo por primera vez uranio levemente enriquecido en la planta de Pilcaniyeu, a pocos kilómetros de
Bariloche, uno de los equipos necesarios y declarados de tecnología intransferible por los países industrializados era un
"supercompresor", una suerte de turbina ultracompacta y de enorme potencia. Ese equipo existía en el país; lo
desarrolló un técnico, Gustavo Labala, ingeniero aeronáutico autodidacta. "El diseño inicial fue pulido por los
mejores ingenieros de la Argentina y desarrolló una fortaleza sólo explicable por su insólita sencillez: no consta de 1500
ni de 500 piezas, sino de 33" ( Arias, La Nación, 05-07-02).
- La Fuerza Aérea Argentina homologó esa turbina, aplicada a la aeronáutica. Se trata de un motor ultracompacto, ultraliviano
e insólitamente resistente (55 kilogramos, 200 hp de potencia, 5000 horas de vida útil estimada). Sólo falta la decisión
política de aprovecharlo para reanudar en el país la fabricación de aviones, recuperando las instalaciones de le ex Fabrica
Militar de Aviones de Córdoba. Este motor se está exportando, producido artesanalmente, a México y Estados Unidos, a apenas
una quinta parte del precio de las dos únicas marcas de turbinas chicas existentes en el mercado mundial.
- La India exportó en 2001 alrededor de 7600 millones de dólares de software. Hay empresas de software con calidad en el
país. Hay capacidad, conocimientos y experiencia. Existe, ante la crisis, la posibilidad de proyectar hacia el exterior su
potencialidad y exportar valor agregado, para lo cual es necesario el apoyo de una política de Estado que facilite la
creación de una industria a largo plazo.
- Aunque no se conocen cifras exactas, se estima que es posible llevar las exportaciones de informáticas de 100 millones a 200
millones de dólares en un año.
- "Hace alrededor de veinte años, Roberto Rocca en Techint y Marcelo Argüelles, en Sidus, decidieron crear centros de
investigación en tecnología de punta. Desde entonces, la primera compañía multiplicó diez veces su producción y pasó de
ser una pequeña empresa que hacía las cosas bien a convertirse en una multinacional con filiales en Brasil, Venezuela,
Canadá, Italia y Japón. Hoy da cátedra de tecnología y es la compañía líder en el mundo en su renglón de producción;
el acero y los tubos sin costura para transportar gas y petróleo.
- En el segundo caso, el centro de investigaciones se transformó en una empresa con nombre propio, Bio Sidus, que posee
patentes, exporta fármacos producidos transfiriendo genes humanos a bacterias y células a cuarenta países en América,
Africa y Asia, y es una de la docena de compañías más avanzadas del planeta en su especialidad. (Nora Bär, La Nación,
28-07-02)
- A pesar de la carencia de una política exportadora del Estado, la empresa vendió el año anterior al exterior por valor de
50 millones de dólares. Pero además tiene planes para fabricar vacunas contra el SIDA, producir papas transgénicas,
plásticos biodegradables y encarar la producción de remedios mediante una bacteria detectada en la Antártida.
- En los primeros días de Agosto de 2002, Bio Sidus colocó a la Argentina en el club selecto de no más de una docena de
países capaces de clonar bovinos. Intervinieron en el proyecto, veterinarios, neonatólogos, bioquímicos y biólogos
moleculares, pertenecientes a la Facultad de Agronomía de la UBA, al Instituto de Genética y Biología Molecular, el INTA y
empresas privadas.
- En el rubro de la industria farmacéutica, el 11 de diciembre de 2002, la prensa difundió la noticia de que la Universidad
Nacional de Córdoba inauguró una planta de producción de medicamentos genéricos inyectables en las áreas de
antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios y antihipertensivos. A la par se aprestaba a adjudicar a laboratorios
tercerizados en Buenos Aires la fabricación de comprimidos, jarabes y suspensiones.
- El 26 de noviembre de 2002, Clarín informó que INVAP "ganó la licitación mundial convocada por Brasil para
establecer un equipo contra el cáncer. INVAP se dedica a tecnología de punta en las áreas nucleares para la salud y
espacial. La licitación que ganó, de unos 300.000 dólares, le permite llegar por primera vez al país vecino,
tradicionalmente abastecido en el área por empresas de EE.UU. o Europa. Se trata de un equipo de colbaltoterapia, Teradi
800, con insumos provistos por la Central Atómica de Embalse de la CNEA, en Córdoba".
- Brasil demanda, para establecer un adecuado sistema de salud en este orden, alrededor de 160 equipos similares, lo que
representa un mercado potencial de 48 millones de dólares.
INVAP cierra el proceso completo: diseño, construcción del equipo y abastecimiento de Cobalto 60, el isótopo que requiere
el aparato para funcionar. Cubre las necesidades internas y vende al exterior: América del Sur y Medio Oriente. El Nuclear Medicine
Center, de Damasco, centro de referencia para la región, está dotado de equipos argentinos fabricados por INVAP, firma que compite
por su tecnología de punta con precios que han obligado a la competencia a reducir sus pretensiones habituales en la materia.
El diario CLARÍN (6 de junio de 2003) publicó un comentario del economista Aldo Ferrer en el que se informaba sobre la
firma de un convenio mediante el cual la Fuerza Aérea Argentina contrató a INVAP la fabricación de once radares de diseño propio
para su instalación en diversos aeropuertos nacionales. El costo total es de casi 60 millones de pesos y será financiado por
recursos provenientes de la ley de tasas de aeropuertos.
"La significación de este programa - dijo Ferrer – excede con mucho el referido a la continua imprescindible mejora de la
seguridad de la navegación aérea. Abarca cuestiones cruciales de la responsabilidad del Estado en el impulso del sistema
científico y tecnológico argentino y es revelador de la excelencia alcanzada por algunas de sus instituciones como el
INVAP".
La estrategia argentina de desarrollo de todos los recursos, materiales y humanos, debe basarse, en el contexto mundial y
sudamericano en la utilización de su capital en inteligencia. Se trata de encarar una estrategia cualitativa en un mundo donde el
conocimiento impone su presencia como factor de poder en todos los órdenes.
La incapacidad de nuestros dirigentes para captar en toda su dimensión la potencialidad
de los investigadores y científicos con que cuenta el país equivale a la metáfora del mendigo que dormía sobre una veta de oro,
inconsciente de que la riqueza podía estar al alcance de sus manos.
En los últimos veinte años se agravó un viejo mal argentino: el de relegar permanentemente la instrumentación de una política
de ciencia y tecnología, reduciendo los presupuestos destinados a la investigación básica y aplicada y a instaurar una cadena
virtuosa que cierre su ciclo con la innovación tecnológica. El genio y la tesonera perseverancia de Alberto Houssay, nuestro primer
Nobel de Ciencia y fundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) dio nacimiento a un sistema que
complementó la labor excepcional iniciada en la Comisión Nacional de Energía Atómica, las dos instituciones básicas con que
cuenta la Argentina para desplegar una estrategia que le daría un signo distintivo en el contexto de los países de menor desarrollo
relativo.
Si podemos nuestra mira en a creación de un MERCOSUR ampliado a la América del Sur, el papel de la Argentina de ser,
necesariamente, convertirse en el polo del conocimiento científico y tecnológico aplicado a la creación de productos de alto valor
agregado.
Es necesario, imprescindible, crear el Ministerio de Ciencia y Tecnología para darle al sector la fundamental importancia que
tiene y que, hasta hoy, no ha sido reconocida por los responsables de encarar, de manera definitiva, la tarea de convertir a la
Argentina en una Nación que sea protagonista de su destino.
San Carlos de Bariloche es un centro de concentración de capacidades científicas y técnicas que solamente espera la convocatoria
de los gobernantes para movilizar recursos de insospechadas perspectivas. Pero no es el único. En el sur del territorio nacional,
existen condiciones similares, en Bahía Blanca, Puerto Madryn y Tierra del Fuego, para que los centros regionales del CONICET hagan
substanciales aportes al desarrollo científico y económico.
Un panorama similar se presenta en el litoral mesopotámico, con los institutos de investigación en ingeniería química y
bioingeniería que funcionan en Santa Fe y Entre Ríos; en Córdoba, Mendoza y Tucumán donde las universidades y el CONICET trabajan
a veces de consuno, y otras, superponiendo y malgastando talentos y recursos.
El tema es inagotable y requiere una inmediata atención de los responsables de la conducción del Estado y de los empresarios
nacionales que aspiren a ser algo más que productores de utilidades para sí y a convertirse, además, en los fundadores de una nueva
Nación.