CUANDO UN ESCANDALO SEXUAL CASI HACE CAER A LA REINA ISABEL II

Por Fernando Del Corro

Los líos de faldas más de una vez tuvieron efectos impactantes en la corona del Reino Unido y de sus antecesoras de Inglaterra y Gran Bretaña, aunque no en todos los casos se llegó, como en el paradigmático del rey Enrique VIII en el Siglo XVI al punto de provocar un cisma religioso y a la creación de una iglesia nacional, la anglicana.

Mucho menos recordado, seguramente, que el divorcio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, la princesa española, para casarse con la plebeya Ana Bolena, luego decapitada en aras de un matrimonio con Juana de Seymour, pero sí de gran importancia para la historia de la segunda mitad del Siglo XX en ese país fue el en ese momento muy sonado Caso Profumo.

John Profumo fue el ministro de Defensa del gabinete conservador encabezado por Harold MacMillan quién había sucedido a Anthony Eden, renunciante, a su vez, tras la invasión anglo-francesa-israelí a Egipto. El incauto Profumo, que pagaba por el amor de prostitutas, logró hacer caer a MacMillan y hasta casi hizo que debiera abdicar la reina Isabel II.

Fue todo un gran embrollo del espionaje. Algunos hasta la emparentaron con la célebre bailarina Mata Hari. También en este caso la que pagó los platos rotos yendo presa fue la fémina, en este caso la bella prostituta pelirroja Christine Keeler por cuya cama pasaron personajes célebres, sin descartar, según algunos medios, al esposo de Isabel II, el príncipe consorte Felipe de Edimburgo.

Resulta que Keeler y otras "trabajadoras sociales" como ella prestaban servicios para la "compañía" de Steven Ward. Una de ellas, Mandy Rice-Davies, también anduvo repartiendo placeres en las mismas camas a los mismos personajes pero su caso no se difundió tanto. Es probable que no haya participado en el juego de sacarles informaciones a unos para vendérselas a otros.

El "empresario" Ward trabajaba para el servicio de inteligencia del Reino Unido denominado MI-5. Uno de los objetivos centrales de Ward era poder atrapar a un agente soviético denominado Eugene Ivanov quién, aparentemente, se desempeñaba en la delegación diplomática de su país en Londres. Ivanov se convirtió en un cliente de las cotizadas cover-girls.

La residencia del vizconde de Astor, denominada Cliveden, fue el lugar de los encuentros de Christine Keeler con Ivanov y allí también practicó sus intimidades con Profumo. Ward, médico, espía y proxeneta, también fue quién le vendió los servicios de la cotizada Keeler al príncipe Felipe, según se publicó entonces en los medios de ese país.

Claro que todo habría pasado sin mayores problemas, como en las andanzas entre sábanas de Rice-Davies, si Keeler también no se hubiera lanzado a una nueva actividad lucrativa, como era la de sacarle información militar a Profumo y vendérsela a Ivanov. Probablemente en el caso de Felipe ello debiera haber sido tarea inútil dada su no acceso al poder político real.

La cuestión es que las actividades de Keeler fueron denunciadas y Profumo debió dimitir en pocos días, MacMillan en algunos más siendo reemplazado por el talentoso sir Alec Douglas Home, Ward se suicidó, Ivanov debió volver a la Unión Soviética, la prostituta luego de permanecer prófuga fue a la cárcel, y a Isabel II la corona le tambaleó sobre su cabeza.

Ward, un osteópata play boy que había gozado de la amistad del primer ministro Winston Churchill y del actor Douglas Fairbanks (h) entre otras celebridades, desde los años 50 se había dedicado a ese otro negocio tan rentable y con tan bajo riesgo financiero, y sus conexiones como la de Profumo le habían abierto el camino hacia las estructuras del gobierno.

En relación con Keeler, cuando el escándalo estalló, Profumo, que llevaba varios años al frente del Ministerio de Defensa, fue citado al parlamento donde mintió. Pero en marzo de 1963 los hechos fueron confirmados y la mentira, más que a propia relación con la prostituta, fue lo que hizo que debiera abandonar su cargo, arrastrando con él al gabinete MacMillan.

Publicada su foto en la primera página de todos los medios del RU, los amigos de Keeler optaron por sacarla del medio y esconderla en medio de las multitudes de turistas que inundaban las playas españolas. Pero no tuvo suerte. En Gandia el recepcionista del "Hotel Bayrén" identificó a la bella pelirroja con una foto que había visto en el diario madrileño "ABC" y la denunció.

Así, mientras ella pasó de las primeras planas a la cárcel, su caso se convirtió en tema de tratamiento en las más diversas áreas sociales, desde las cuestiones de seguridad al vodevil, pasando por la política y la moral, y también en un amplio espectro geográfico que superó en largo al de las fronteras de las islas del RU.

Un hecho importante derivado del Caso Profumo fue la aparición de una campaña en el RU contra la prensa escandalosa. Mary Whitehouse, una docente del Colegio Madeley de Shorpshire, al leer que tres chicas de catorce años cada una, entusiasmadas con Keeler, habían entrado en el negocio de la prostitución, fue la propulsora de tal campaña.

Whitehouse se vio ante el derrumbe final de la moral victoriana y concluyó que los medios de prensa eran los principales responsables de ello. En consecuencia en 1964 lanzó "Limpiemos la Televisión" (una ONG de nuestros tiempos) con tanto éxito que dio mítines multitudinarios por todo el país y hasta puso en jaque a sir Hugh Greene, conductor de la BBC por una década.

Como contrapartida, por ejemplo, en Israel el Caso Profumo sirvió como gran lanzamiento de la luego estrella de los musicales Rivká Raz que a los 22 años surgió en un cabaret de Tel Aviv cantando en un cuadro satírico musical, junto con un par de viejos cómicos, una reconstrucción de las relaciones de Keeler con Profumo y el agregado naval soviético.

Gracias a ello Rivká Raz fue elegida para la presentación en hebreo de "My fair lady" en Tel Aviv. Pero la versión que se dio no respetó estrictamente el original. Además del cambio idiomático se incluyeron, como variantes políticas de actualidad, algunas canciones sobre el escándalo de Londres asimilando a Eliza con Keeler, a Higgins con Profumo y a Pickering con Ivanov.

Claro en estas cosas no todos pierden, siempre hay algún ganador como la actriz. Tal fue el caso del Partido Laborista que por entonces sufría tras la pérdida provocada por el fallecimiento de su líder Hugh Gaitskell. Pero el Caso Profumo le dio nuevas fuerzas y en 1964 nada pudo hacer Sir Alec para evitar la derrota conservadora a manos de Harold Wilson, quien gobernó de 1964 a 1976.

 

 

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