LA INTERVENCION DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

 

A poco más de noventa y seis horas de haber ocurrido, las denunciadas amenazas contra el presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner y - a estar por esa denuncia - su familia, recién ganó la primera plana de un medio "más que amigo" del gobierno este domingo que acaba de cerrar la primera semana de Noviembre abriendo la segunda del mes.

Por un lado esa demora y por el otro la difícil conjugación de las múltiples - y alarmantes - versiones que recorrieron la semana precipitándose sobre un fin de semana superficialmente calmo y, al parecer, criticamente agitado en la intimidad de las profundidades del gobierno y del poder, configuran una escena de altísimo voltaje y manifiesta preocupación no solo en medios locales regularmente bien informados sino en medios diplomàticos altamente bien informados.

La semana - como corolario o simple expresión central de estos horizontes inmediatos y muy próximos tan cargados - ha estado atravesada por silentes reuniones presidenciales con piqueteros, con jefes políticos del peronismo bonaerense - desde el doctor Eduardo Duhalde hasta connotados intendentes del conurbano -, con gobernadores - esencial y centralmente el ingeniero agrónomo Felipe Solá -, algunos de sus propios ministros, etcétera.

Este es el nivel y punto real por el que ha pasado el desenvolvimiento político de la semana sin que se reflejara en su significado y trascendente importancia política, en las informaciones que manejan los medios gráficos, de aire e imagen públicos, adocenados en las reuniones empresarias de Rosario - Techint y aláteres - y Mar del Plata - IDEA, centro para el desenvolvimiento del más ubicuo y siempre conformista empresariado y sus dirigencias formales afines.

Esa misma razón subraya la repentina y cuasi oficial irrupción en la primera plana de uno de esos "medios más que amigos" del gobierno, del tema de las amenazas contra el presidente de la Nación con datos y detalles significativos, tras ese prolongado lapso de silenciamiento a presión del eventual significado de los hechos, manipulado mediante los encuentros empresarios mencionados

Si las amenazas fueron citadas solo accidental y erráticamente en los cuatro dìas previos y la sugerencia de la procedencia de las mismas en relación con las campañas contra la Policía de la provincia de Buenos Aires se mencionaron también esporádicamente, la centralización del asunto en una primera plana con lujo de detalles - presuntos, al menos -, sin fuente oficial que respalde las mismas pero con ese curioso tufillo a versión prefabricada para los medios, denotan no solo la calidad política del asunto cuanto su eventual rumbo futuro.

El tema llegó adobado, desde fines de la semana anterior, justo sobre el filo del comienzo de Noviembre, por las persistentes insinuaciones acerca de la conveniencia de proceder a la disolución, lisa y llana, de la Policía de la provincia de Buenos Aires (sic: disolución) para reemplazaría por una nueva estructura, retomando la linea central de un viejo proyecto del ex camarista y ex ministro de Justicia de la Nación y de Seguridad y Justicia de la provincia, el doctor León Carlos Arslanian, con características y fuentes de reclutamiento para la nueva estructura de curiosa y sugestiva procedencia, como se podrá leer más abajo.

Esta iniciativa, respecto de la cual existiría ya un proyecto detallado salido de manos asesoras presidenciales y que descansa en un "cajón de análisis, estudios y proyectos de ejecución inmediata" que se le atribuye al escritorio de trabajo presidencial, estaría acompañada por un proyecto de decreto de necesidad y urgencia que establecería la "intervención federal" para "la justicia y los organismo de seguridad" provinciales bonaerenses, decisión que, como alternativa y según las reacciones que genere, prevé su extensión - borrador de decretos mediante que también acompaña el primero e inicial mencionado - de intervención a toda la provincia de Buenos Aires en su poder político central , es decir el ejecutivo bonaerense que encabeza el ingeniero agrónomo Felipe Solá.

Estos dos hecho centrales de la política nacional han circulado con un espeso y oscuro manto de silencio, despuntando apenas noticias aisladas, abandonadas - pese a su gravedad y alcance -, con rapidez por los medios que los recogieron, lo que parece delatar la presencia de una entrenada mano de contralor destinada a "ordenar y coordinar" lo que "se debe decir en el momento oportuno" y dando tiempo al desarrollo de la pormenorización y detalle de los planes en marcha, "para no dejar librado a la desordenada iniciativa particular de cada medio la promoción de los hechos" (sic, alta voz mediática oficial dixit), ratificando de este modo las severas evaluaciones internacionales acerca del cercenamiento de la libertad informativa que avanza en el país desde hace un par de años..

Cómo y con qué sustituir la Policía

La idea de que la Policía bonaerense está excedida de garantías que la tornen un factor cierto de seguridad para la población, no parece nuevo ni parece lejano en los hechos. Quizá la más severa y cierta de las modernizaciones y adecentamiento de sus cuadros se produjo entre 1955 y 1973, cuando con mano férrea se procedió a una limpieza "ejemplar" que dotó al distrito de un servicio de alta eficiencia y severa conducta.

Unos 15 años más tarde habrìa comenzado un proceso de deterioro manifiesto, con mesetas de apaciguamiento y un proceso definidamente critico que cubre los últimos veinte años, acaso con exactitud.

Sin embargo, manejando estadísticas referidas al último lustro, el ministro de Seguridad bonaerense, doctor Juan José Alvarez, pudo intentar una defensa del organismo señalando que, sobre un total de cuarenta y cinco mil hombres que integran el cuerpo de seguridad, se han encontrado hasta ahora tan solo un par de decenas de corruptos probados.

Quizá la cifra de corruptos sea superior, pero la proporcionalidad atiende también al nivel y jerarquía en la que se producen los hechos y para el caso el descabezamiento de dos cúpulas en un corto lapso de seis meses y una tercera un año antes, revela un alto nivel de concentración del mal en la cabeza.

De todas maneras, la depuración parecería algo probable en curso de acción lento, que no es nuevo ni aparece como definitivo.

Como no disponía de agilidad ni de transparencia el intento elaborado por el ex ministro de justicia y seguridad provincial y ex ministro de Justicia de la Nación, doctor León Carlos Arslanian cuando intentó - y anunció - el proyecto de disolución de la Policía y su reemplazo por una estructura renovada desde la raíz.

Naturalmente, el proyecto en ese momento no disponía de opciones ni perspectivas de garantizar una fuente de reclutamiento aunque estuviera orientada a los núcleos en los que el tema de los derechos humanos en el pasado, parece haber calado con la hondura que ignoran los colaterales de violaciones similares en el pasado y en el presente.

Ese proyecto, sustancialmente, adolecía de dos problemas inmediatos:

a) la ausencia de una fuente de reclutamiento estructurada previamente a la adopción de la medida y fiable en materia de eficiencia e idoneidad;

b) la demora implícita - quizá dos o tres lustros - antes de conformar un equipo de conducción y otro de ejecución suficientemente idóneos como para capear el desarrollo de la violencia y el crimen generados por casi dos décadas de impunidad progresiva.

¿Qué ha ocurrido para que el mismo proyecto hoy ocupe un espacio destacado en aquel presunto "cajón de análisis, estudios y proyectos de ejecución inmediata" existente, presuntamente, en el escritorio de trabajo del presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner?.

Parece evidente que los dos temas de objeción -. reclutamiento y demora - se asocian en una solución unívoca si se tiene resuelto el primero: la fuente de reclutamiento.

Si esta fuente es algo que estructuralmente tiene afianzamiento inmediato, el tema de las demoras se resuelve casi automáticamente.

¿Tienen algo que ver con ese proyecto las tres reuniones - la ultima de ellas extraordinariamente prolongada al alcanzar cuatro horas de duración - del presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner, con los dirigentes piqueteros Juan Carlos Alderete y Luis D'Elia, concretada sobre el fin de la semana que viene de concluir?

¿Tiene relación la aseveración del piquetero Luis D'Elia en el sentido de que está dispuesto a "tomar las armas" en defensa de la presidencia del doctor Néstor Kirchner (ni siquiera en "defensa de la Constitución Nacional") tal "como ordena la Constitución" pero olvidando, naturalmente, que el precepto soto esta referido a una decisión que emane de una ley de la Nación y articulada por los conductos que corresponden, que deberían ser las propias Fuerzas Armadas (o no, quizá, en una interpretación probable de Luis D'Elía, y si, además, las fuerzas de seguridad interior pueden cumplir esa funciòn, lo que cierra entonces todo el esquema)?.

Lo cierto parece ser, para quienes siguen muy de cerca el desenvolvimiento y la propia estructura de la actividad piquetera afín al gobierno - obviamente, también la de las otras 42 organizaciones -, es que la organización dispone ya, al menos, de una estructura quizá rudimentaria pero eficiente y operativa, de gente entrenada en el uso de la fuerza pública, actuando a modo de policías interiores - para dentro dle grupo - como exteriores, a fin de controlar, atacar, repeler o condicionar la conducta del público y de las propias fuerzas de seguridad que intenten obstaculizar su actividad.

¿Estaría en condiciones, esa misma estructura ya existente, de suplantar de hecho y en forma directa la estructura policial, valiéndose quizá de un segmento de la vieja institución, afín ideológicamente , para cubrir los baches de entrenamiento, disciplinamiento, otorgamiento de normas institucionalizadoras, etcétera?.

De este modo, la policía bonaerense serìa anulada - el menos su estructura en el conurbano hasta cerca de 100 kilómetros del limite con la Capital Federal, permaneciendo una estructura para el resto del territorio con más lento - aunque no muy desacelerizado - proceso de recambio.

Luis D'Elia, se sabe, no suele hablar en el aire ni a la ligera y su reiterado anuncio de estar dispuesto a tomar las armas en defensa del presidente Néstor Kirchner, es un dato que no debe dejarse de lado.

En realidad el sobresalto producido por sus declaraciones al comenzar la semana que ahora concluye, exhibe de manera acentuada la escasa memoria del público en la Argentina, ya que esta es la segunda vez que el capo piquetero anuncia esta decisión y amenaza con usar similares procedimientos, la primera de ella hace apenas dos meses y medio y estrechamente asociada con la misma aseveración de la jefa del aparato de las - a sí mismas denominadas - madres de la Plaza de Mayo, señora Hebe de Bonafini.

La idea de que el proyecto substitutivo tenga andamiento impulsándolo con los sesgos de un adorno académico - o profesoral, al menos -, corrida por la boca del doctor León Carlos Arslanián, cabe leerlo en el intento de resucitar el que fuera su propio proyecto protagonizado desde las página del diario La Nación, en un texto difundido el domingo de esta semana que ahora concluye.

La convergencia de estos hechos estaría abonado con la existencia de algunos planes detallados, de dilatada envergadura, respecto de esta tentativa, los que no descuentan un hecho significativo.

Los subscriptores de Informe (2003) Argentina con Lupa recuerdan, seguramente, los datos acerca de los valore presupuestarios de renglones tan dispares como los piqueteros, las Fuerzas Armadas y las fuerzas de Seguridad (3.600 millones los primeros, 2.100 los segundos y 870 millones los terceros), que deja a las huestes piqueteros con una participación presupuestaria unos seiscientos o setecientos millones de pesos por encima del presupuesto conjugado de fuerzas de seguridad y de defensa.

Es indudable que a los presuntos beneficiarios de esos dineros manejados por los piqueteros - pobres e indigentes, desocupados y subocupados - llega una proporción substancialmente menor que ese total.

¿Hay seiscientos o setecientos millones que quedan en otras manos, en la cascada de caída de esa cifra aproximadamente similar casi a la de las fuerzas de seguridad interior?

Si las Fuerzas Armadas disponen de apenas 200 millones de esos 2.100 millones, para equipamiento, cuánto de esos seiscientos o setecientos millones pueden haber seguido el camino de un equipamiento - desde comunicaciones y transportes hasta medios coercitivos mecánicos, incluidos armas (esas mismos que prometen empuñar Luis D'Elia en defensa del doctor Néstor Kirchner) - a disposición de los piqueteros, aparte de los gastos por entrenamientos y mantenimiento de los cuadros operativos?

Parecería probable para algunos analistas la existencia de un "ejército en las sombras" que no encuentra mitigación alguna en las estructuras oficiales y públicas debido a la diferencia marcada a favor de estos por su entrenamiento constante.

¿Que ocurriría si esta estructura fuera la que sustituye organicamente a la policía del principal conglomerado urbano del país - el conurbano, con cerca de nueve millones de habitantes, es decir, tres veces la ciudad de Buenos Aires?.

La intervención federal

Como se consigna al comienzo, existirían - conforme con fuentes cercanas al poder - dos proyectos de decretos de necesidad y urgencia, el primero de los cuales ordena la intervención del poder Judicial y de los organismos de seguridad de la provincia de Buenos Aires, en tanto el otro, reservado en defecto de la aplicación del primero, establecería la intervención al poder Judicial y al Ejecutivo de la provincia, sin tocar el poder legislativo, ya se verá por qué.

De suyo que la intervención federal a "organismo de seguridad" resulta una aberración ya que las intervenciones federales `puede afectar solo organicamente a los poderes individualmente oía a toda la provincia, pero quiere la aberración final que así esté prevista la medida y ya se verá en definiciones del propio Eduardo Duhalde la raíz política, a contramano de la propia Constitución Nacional, que alimenta la aberración.

Es muy probable que el embrión de uno y otro decretos de necesidad y urgencia procedan de una intención más definida, que es la de decretar el estado de sitio en el territorio de la provincia de Buenos Aires fundado en la alteración del orden derivado de los terminos de inseguridad que se viven y avanzando sostenidamente, en tal forma sobre el poder político con una fuerza de presión incontenible.

Todo estos valores parecen haberse puesto en juego justamente a partir de la "intolerable y desbordante" reacción del gobernador bonaerense, al resistirla destitución del ministro de seguridad, doctor Juan José Alvarez y, en terminos màs amplios y generales al resistir las presiones desatadas sobre su gestión advirtiendo que no está dispuesto a "jugar el papel de un gerente", es decir, un subordinado a ordenes del directorio o de la fuerza y jefatura política en cuestión.

El centro de cualquiera de estas decisiones, adoptadas a contrapelo de la Constitución Nacional ya que todavía se encuentra reunido el Congreso - algo que ya sembró como iniciativa y antecedente histórico el propio ex titular del PEN, doctor Raúl Ricardo Alfonsín al decidir primero el arresto y prisión, castigo incluído, de doce personas al márgen del Congreso y al dictar el estado de sitio en las mismas condiciones, aprovechando el receso de ese poder - contiene un fondo eminentemente político antes que una orientación dirigida al tema de la seguridad.

La intervención o, aún, el simple estado de sitio sobre el territorio de la provincia de Buenos Aires, tendría un efecto inmediato sobre la estructura de poder político en cuestión que constituye, de hecho, uno de los puntos centrales del limite de poder al gobierno, debilitado en puntos extremos como denotan la sola existencia de tales propuestas.

El objetivo inmediato de estas decisiones se centraría en una rectificación de fondo de la policía bonaerense en vistas de su profundo compromiso con el delito al tiempo de su ineficiencia en la materia.

Este justificativo no tomaría en cuenta, como es lógico comprender por sus propios resortes de soporte y apoyo, ni el delito, ni la alteración del orden ni, mucho menos, la violación de los derechos implementada por los piqueteros.

Pero no habrìa que descartar que fuera, de paso, un modo de reorganizar al piqueterismo, afectado por una alta dosis de disensos que minan su operatividad e sostén de la gestión paralela del gobierno kirchnerista, tal como el mismo Luis D'Elia reconoce de hecho con sus anuncios de defensa armada del gobierno (bien que no del imperio de la Constitución Nacional) del doctor Néstor Kirchner.

No escapa a la consideración atenta tanto de los propulsores de esta medida como de quienes la van a experimentar si llegaran a adoptarse - y que, sin duda alguna, conocen en detalle - que la decisión tanto de la intervención parcial o total como de la declaración del estado de sitio, se adoptarían a escasos dìas del recambio de poderes en el orden provincial - como en el orden nacional - con la singularidad de que en el caso de operarse en cualquiera de los dos supuestos últimos - intervención completa y estado de sitio - se vería directamente afectado el propio gobernador ingeniero agrónomo Felipe Solá, sucesor de sí mismo.

Pero el detalle que en este sentido adquiere mayor relevancia es que en cualquiera de los tres aspectos, el que menor afectación registra - ninguna en cualquiera de los dos proyectos primeros, serìa la Legislatura provincial, base operativa y aparato central de la linea política dominante enel distrito: el duhaldismo.

Este punto supone, por un lado, la existencia de una intención condicionante tanto como la expectativa de una oferta servida en bandeja de plata, para la posibilidad de una inserción más profunda de esa corriente en el gobierno bonaerense encabezado por el díscolo Felipe Solá, como la tentativa de mantener un espacio de negociación para que el contrapoder provincial se traduzca en una suerte de refuerzo del languideciente poder nacional.

La propuesta de Eduardo Duhalde

Estos temas fueron asuntos centrales de los diálogos - dos horas y media en la Residencia de Olivos - entre el presidente de la Nación y el ex presidente interino de la Nación y ex gobernador bonaerense, doctor Eduardo Duhalde.

Los terminos del diálogo no habrían sido, conforme con diversas versiones, los más amables ni habrìa terminado reteniendo al doctor Eduardo Duhalde más tiempo del imprescindible en la ciudad de Buenos aires trasladándose en silente viaje de retorno a Montevideo.

Pero tras fustigar severamente cualquiera de los tres procedimientos imaginados - no existe, para diversas fuentes, la seguridad de que haya conocido detalladamente cada una de las tres propuestas, aunque si la mención gruesa de sus principales lineas - habría dejado una propuesta cuyos principales puntos serian los siguientes:

a) reconocer al presidente Néstor Kirchner la responsabilidad y autoridad para adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad;

b) disponer que las fueras Armadas - Ejército, Marina y Aeronáutica - se desplieguen sobre as fronteras como custodios directos de esas zonas, liberando a la Gendarmería y a la Prefectura Naval de esa tarea las que debería replegarse para proceder a cumplir tareas estrictas de seguridad interna frente al delito común.

En la actualidad, ambas fuerzas cumplen tareas de cobertura de objetivos eventuales desde el exterior, como serian los templos y edificios de la comunidad judía, así como objetivos de orden federal, como es el caso de los ferrocarriles o las naves en navegación fluvial y costera marítima.

Parece incuestionable que el primer punto está orientado a legitimar el segundo, no tanto como a justificar las tres medidas que se debaten en la intimidad presidencial respecto de la provincia de Buenos Aires y que quedan relatadas más arriba.

Pero nadie podría dudar que esto está orientado también a colocar un punto de suspenso en la gestión del ingeniero agrónomo Felipe Solá.

Pero su implementación con el segundo punto cubriría las espaldas del ministro de seguridad, doctor Juan Josè Alvarez, hombre de su más estricto cogollo político, quien si la Gendarmería y la Prefectura Naval pasaran a desempeñar organicamente tareas de seguridad interior, vería decididamente fortalecida su presencia y el refuerzo orgánico de su plan de seguridad para el Gran Buenos Aires.

De un modo adicional, la propuesta parece orientada a interrumpir la creciente ola de presión sobre las Fuerzas Armadas y la creciente depreciación de las funciones del ministro de Defensa, el doctor Juan José Pampuro, otro de sus hombres enel poder.

Para el doctor Juan Josè Pampuro el tema viene de maravillas si se toma en cuenta que el doctor Néstor Kirchner está manejando desde el miércoles de la semana que viene de concluir, la idea suministrada por sus principales asesores procedentes de ela izquierda para designar como suplente del viceministro y secretario de defensa que debe abandonar el cargo para asumir como diputado nacional, nada menos que ala ex vicepresidente de la Nación, doctor Carlos - Chacho - Alvarez, que viene de tropezar con una fuerte resistencia de las Naciones unidas para ocupar la presidencia de la CEPAL que ahora ocupa el ex ministro de Economía del delaruismo, doctor Josè Luis Machinea.

Estos movimientos de Duhalde no parecen aislados de la negociación de fondo que transcurre por el perfil que deberá seguir desde el 10 de diciembre, dentro de penas un mes, la estructura de conducción de las dos cámaras legislativas al renovarse la mitad de sus integrantes en Diputados y un tercio en senadores.


El cuarto lado del triángulo

El vacío de poder derivado de los riesgosos empates o de la inserción de notorias minorías sin respaldo operativo propio, suelen deparar estas inesperadas sorpresas.

Béliz, Kirchner, Duhalde y Solá, parecen haber estado jugando al gallo ciego en una habitación en penumbras.

Pero esto quizá solo es una sugestión y en realidad ha habido un juego con cartas a la vista disimulado por el hermético cerrojo impuesto a los medios de comunicación estimulados a sugerir, aún desde ángulos opositores, interpretaciones que pasaron por alto los hechos reales del juego.

Parece indudable que el desafío jugado por el doctor Gustavo Béliz - ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, extenso titulo plagado de responsabilidades que recorre, justamente, los puntos más controvertidos de los últimos cinco o seis meses - ha servido una vez más como punta de lanza para los objetivos desestabilizantes del sistema aportados por el presidente Néstor Kirchner.

Sirvió para la ofensiva contra la Suprema Corte de Justicia de ela Nación, para la ofensiva contra los militares al derogarse el decreto que prohibía la expatriación de algunos procesados enel exterior; para destituir la cúpula policial federal y finalmente para apestillar a la policía bonaerense primero y para clavar una pica en la estructura política duhaldista.

En una seguidilla de estimulantes apoyos, el presidente de la Nación, apoyó en cada oportunidad con declaraciones que parecían calcadas de las del ministro pero que sospechosamente delataban un patrón original propio, cada una de estos gestos de oportuno servicio a la presidencia de la Nación.

De un modo más o menos coherente, el propio afectado por buena parte de éstas decisiones, en particular por las dos últimas - el propio ex presidente interino de la Nación y ex gobernador bonaerense - doctor Eduardo Duhalde, se limitó a exhibir adhesiones - bien que meramente fotográficas en dos oportunidad y retórica en otra - a las políticas oficiales llegando a dar pleno sustento a la gestión kirchnerista orientada contra sus propias bases polìticas.

Pero lo que no cabe duda alguna es que en estos tres lados del triángulo de poder creado desde la gestión presidencial, se han gestado otros tantos ángulos de conflicto - las dos policías, federal y provincial, en ambos casos tocando cuadros seleccionados y designados por el ex presidente interino y por el ex gobernador, la misma persona en decisiones similares ahora cuestionadas a fondo y con indudables efectos político y de imágen -, sin que ninguno de esos lados alcance a sumar por sí o para sí un poder decisorio significativo.

Para complicar la escena, el triángulo debe incorporar, de pronto, sin alterar su trilateralidad, un cuarto costado - el ingeniero Agrónomo Felipe Solá, gobernador de Buenos Aires - que no encuentra ubicación ni por alianza o superposición ni por intención de mediatriz "o transversalidad" - para usar un termino puesto en boga por la politicología de salón del kirchnerismo (como antes fue la idea de que en política "se construye" un partido o un poder, recurriendo en este caso del aliancismo, a modelos lingüísticos soviéticos de la década del '20) - que permita la integración e impida el peligroso tironeo de poder que comienza a registrarse.

Porque visto con detalle, es evidente que la andanada de Gustavo Béliz contra la policía bonaerense y su subordinación corrupta al aparato político del gran Buenos Aires - según especificó - está orientada sustantivamente a vulnerar el aparato político del doctor Eduardo Duhalde.

Que el propio presidente de la Nación de apoyo formal a esta aseveración corrobora profundamente esta intención, bien que sirva inmediatamente al primer Magistrado para tratar de componer la situación echando un poco de agua tibia - no fría - al negar que tenga ese objetivo, sin alterar el contenido de las acusaciones.

Pero de hecho, el propio Eduardo Duhalde, que ya viene con signos evidentes de distanciamiento del ingeniero agrónomo Felipe Solá, no duda un instante en tratar de revertir ese ataque contra el gobernador bonaerense quien, tratando de defender su imagen y su posición, intenta intercalar su presencia sin mucho éxito limitándose a dejar asentado que no es "un gerente" sino un jefe.

El doctor Gustavo Béliz tras un servicio más, decide hacer oídos sordos al reclamo de los súbditos del doctor Eduardo Duhalde de que presente su renuncia por haber agredido a un poder sin presentar pruebas y el intendente de Lanùs, señor Quindimil, le pide la renuncia en su calidad de presidente del peronismo bonaerense pero además, presentando él mismo su dimisión como titular de ese aparato partidario.

Si a Quindimil el consejo peronista bonaerense e le rechaza la renuncia, no desdice su reclamo de que renuncie Béliz y mantiene los terminos de ela controversia con el propio Néstor Kirchner a quien, sin embargo, no le piden la renuncia pese a haber repetido palabras del propio Béliz ni lo cuestionan como miembro del propio partido en el orden nacional.

Este relato, que puede seguirse por las diarios de la semana que viene de concluir, incompleto en muchos de sus detalles muy sabrosos y de circunstancias, es indispensable para tener presente el grado y la calidad de la fortísima confrontación interna que se registra en el aparato que da sustento a la gestión del doctor Néstor Kirchner, primer magistrado que ejerce el poder con apenas el 22 por ciento de los votos y que, de ese 22 por ciento, debe no menos de un 17 por ciento a los aportes comiciales de la figura que intenta vulnerar, el ex presidente interino Eduardo Duhalde.

Pero al mismo tiempo que se desarrolla el drama en cuestión, ninguno de los tri o cuatrilaterales integrantes del desaguisados político en marcha "sacan los pies del plato" como se dice corrientemente para señalar que rompen el esquema de la polémica o vulneran el sistema que los mantiene en el candelero.

Los ataques seguidos de disculpas, los reiterados intentos de recomponer la relación, la decisión de mantener solo un impulsor de ataques retóricos - el doctor Gustavo Béliz - como factor de la discordia, plantean la incógnita acerca de las razones para que se mantenga este juego sin que cualquiera de los que detentan poder efectivo, liquide o intente liquidar al otro.

La explicación de que proceden a soportarse mutuamente para no caer parece un poco limitada y . antes bien, si algo hay en ese juego de esta aseveración, habrìa que buscarla con mayor precisión por el lado de los temores implícitos en un intento de liquidar a cualquiera de los costados del azaroso triángulo cuadrangular.

En principio, si Néstor Kirchner decidiera desprender de Gustavo Béliz, lo que viene postergando desde que se impulsó el juicio contra la Corte una vez que el ministro cumplió con los objetivos inmediatos de su designación, teme que el hombre que ya jugara una carta denunciativa contra Carlos Saúl Menem con fuertes perjuicios para el ex presidente de l Nación, repita ahora su castigo, pero esta vez contra el propio Néstor Kirchner.

Lo que sepa el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos acerca del presidente de la Nación es algo que podría estar explicando su permanencia en el poder, manejando la bofetada como contragolpe de un despido apresurado del ministerio que ocupa.

Del mismo modo, Eduardo Duhalde debe contemplar cuidadosamente la permanencia de Néstor Kirchner en el gobierno a riesgo de verse envuelto en una fuerte diatriba en la que pudieran salir al sol y al aire trapos íntimos quizá bastante comprometedores.

Pero a su turno, el doctor Gustavo Béliz ¿conserva algún reparo frente al duhaldismo, cuando desvía su acusación contra los políticos que controlan a la policía al caso consumado y "políticamente correcto" de denunciar al ex comisario santiagueño Azar en su relación con el poder omnímodo de Carlos Juárez y su mujer, o teme que el duhaldismo pueda responderle con razones que afecten profundamente su imagen?

Finalmente, el propio gobernador Felipe Solá, al limitarse a denunciar los intentos de convertirlo en gerente y tratar de silenciar las usadas como presiones para que se desprenda de Juan José Alvarez y las motivaciones que podrìan alimentar esta intención, cuida flancos muy claros acerca del riesgo de verse envuelto en una multiplicidad de denuncias que saquen a luz situaciones, por llamarlas así, complicadas, recientes o del pasado.

pero del mismo modo, el equivoco triángulo de cuatro lados reconoce una inestable relación de fuerzas ya que obviamente Béliz depende sustancialmente de un simple decreto presidencial, sin fuera propia en lugar alguno, pero con la defensa de su posible denuncia de situaciones internas nada agradables para el resto de los actores.

A su turno Néstor Kirchner depende de lo que diga Eduardo Duhalde para alcanzar algún grado de presencia legislativa o de poder partidario.

Pero Eduardo Duhalde, del mismo modo, no puede avanzar con tan solo un poder de filos ya bastante mellados en el orden provincial, sin tomar en cuenta que por eso solo no alcanza una representación nacional que debe tratar de elaborar cuidadosamente - y para ello Kirchner es importante - si pretende llegar hasta 2007 con expectativas de sucesión del endeble presidente actual.

Finalmente Felipe Sola sabe que si por la legislatura provincial fuera o por la presencia propia en e partido peronista bonaerense, si gobierno no podría disponer de un solo soporte, de manera que si bien no esta dispuesto a ser un "gerente" es, incuestionablemente un poder subordinado en todo por un lado a lo que decida el duhaldismo y por el otro a las esperanzas que pueda darle hipotéticamente el primer Magistrado.

Esto explica la aparentemente ilimitada capacidad operativa presidencial en el caso de que decida intervenir un poder, dos poderes o declarar el estado de sitio en la provincia de Buenos Aires y el tino con el que tiene que moverse a fin de no desatar las furias del duhaldismo, como ya hizo Béliz, contenidos por el propio Duhalde a fin de no desencajar del huso a la madeja maestra de este tejido intrincado, inestable y evanescente.

Piqueteros, quinto costado del triángulo

Pero de todos modos, esto no significa que el equilibro inestable o el vacío de poder derivados del empate, puedan prolongarse mucho tiempo.

Para el caso de presentarse la oportunidad en el inestable juego de poder que viene desarrollándose, y como parte de los proyectos que duermen en el "cajón de análisis, estudios y proyectos de ejecución inmediata" que se le atribuye al escritorio de trabajo presidencial, el aparato montonero estaría instrumentado como un intento de forzar los ángulos, romper el triángulo o insertarse de manera dominante en el pentágono que resulte de su inserción en la lucha por el poder.

Un avezado observador político y económico de la realidad contingente, señalaba hace pocos dìas que "todo tiende a repetir el esquema de la primera mitad de la década del '70, cuando se desató la guerra entre la patria socialista y la patria peronista" (sic, reiterado en al menos tres conversaciones recientes).

La multiplicidad de divisiones generadas en el piqueterismo facilitan el manejo de cada uno de los sectores, ninguno de los cuales parece haber dejado de prestar servicios importantes a la gestión kirchnerista.

El sector que se ganó el mote de "más violento" o "más duro" le permitió al gobierno forzar el retorno al redil del ministro de trabajo, doctor Tomada - un hombre que procede dle cegetismo clásico tras haber prestado funciones importantes en el menemismo y haber intentado continuar en el carro kirchnerista sin romper sus ligaduras con Rodolfo Daer - con el simple procedimientos de dirigir su capacidad operativa a una suerte de secuestro que se tradujo en una manifiesta afectación de su imagen y de ela seriedad de sus procedimientos cuando fue forzado a hacer una denuncia penal contra los piqueteros posteriormente desestimada por el propio presidente de la Nación.

Del mismo modo, los piqueteros que esta semana invadieron el predio ferroviario de Pacifico, en plena Avenida Santa Fe, motivaron severas admoniciones oficiales, declaraciones de ministros - los dos Fernández, por ejemplo y el ministro Gustavo Béliz, de consuno - denunciando el acto como francamente ilegal pero señalando que no se procederá judicialmente contra ellos (curiosa contradicción constante entre ilegalidad y justicia).

Pero más que estos hechos formales, casi exterior, lo que importa verificar es que por lo menos cuatro de los principales jefes piqueteros - Néstor Pitrola, Raúl Castells, Luis D'Elia o Juan Carlos Alderete, indistintamente - ingresan libremente a la Casa de Gobierno perdiéndose en la maraña de oficinas y manteniendo encuentros de hasta dos y tres horas con altos funcionarios, esencialmente el ministro del Interior, doctor Aníbal Fernández y el propio presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner.

Durante la semana que viene de transcurrir, tras una recuento regularmente verificado, hubo hasta nueve ingresos de los mencionados jefe piqueteros, en seis casos por la explanada de la casa de Gobierno que da sobre la calle Rivadavia, o sea por el lugar por donde ingresan el presidente de la Nación, los ministros o los invitados especiales y que, en caso alguno dejan sus señas e identificación de acceso al edificio.

En otras dos oportunidades, el acceso se verificó por una inesperada puerta sobre la Avenida del Bajo (Pitrola y Juan Carlos Alderete, por separado) y solo las escasa restantes fueron por Balcarce 50, con anuncio pero sin inscripción como visitantes.

Estos encuentros fueron posteriores al anuncio de Castells de ocupar la Casa de Gobierno local tanto como las restantes Casas de Gobierno de toda América latina o de Luis D'Elia de empuñar las armas en defensa del presidente Néstor Kirchner.

¿Acaso hombres como Eduardo Duhalde y Felipe Solá - no es el caso de Béliz, que no cuenta políticamente - verán con ojos de indiferencia estos contactos que afectan las puertas mismas de sus propios dominios?

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