|
LA GUERRA EN IRAK: UN BALANCE DE OXFORD
La opinión sigue dividida sobre la posición de Estados Unidos en el conflicto. Panorama de cómo está el país, su reconstrucción
y seguridad.
Una reciente encuesta realizada por el Instituto de Investigación de Oxford para la BBC y ABC ponía esta semana de manifiesto lo
compleja que es la situación en Irak, cuando se cumple un año exacto de la intervención militar de E.U. y otros países de la
llamada "coalición".
El 70 por ciento de la población siente que "está mejor" ahora que el brutal régimen de Sadam Hussein parece ser solo un
mal recuerdo y cree que E.U. debe permanecer en el país.
Pero un porcentaje similar, aún mayor, ve en las tropas estadounidenses a un ejército invasor y las responsabiliza por el caos y los
altos niveles de violencia que se registran en el país. Es así, en realidad, como están las cosas. Los esfuerzos de
reconstrucción, no hay duda, avanzan.
El acceso a luz, agua potable, educación y salud ha llegado a niveles históricos, nunca antes vistos. Las oportunidades económicas
germinan y el empleo aumenta. En contraposición, la inseguridad crece, los atentados terroristas son pan de todos los días y la
posibilidad de que entre facciones sunnis, chiítas y kurdas (mayoritarias) se desate una guerra civil por el control político y
geográfico del país aumenta a medida que se acerca la fecha en que E.U. debe entregar el poder.
EL TIEMPO, le ofrece una radiografía de la situación y perspectivas de lo que puede ser el futuro.
La reconstrucción
Se puede estar de acuerdo o en contra de la intervención militar. Lo que no se puede es negar que a lo largo del año fue mucho lo
que se ha hizo por sacar al país del atraso en que lo tenían 35 años de dictadura y casi 15 bajo el embargo económico impuesto por
Naciones Unidas. Durante este lapso de tiempo E.U. y otros países han invertido más de 4.000 millones de dólares en la
reconstrucción del país. Según Andrew Nastasios, director del USAID, el esfuerzo más grande realizado en el mundo desde el Plan
Marshall tras la segunda guerra mundial. Para ponerlo en contexto, eso es el doble de lo que E.U. ha invertido en nuestro país en
casi 5 años de Plan Colombia.
Mucho del dinero, es cierto, se ha gastado en reparar lo que fue destruido por los misiles y en las semanas de saqueo que siguieron a
la caída del régimen. Hoy, no obstante, los 17 ministerios que existían en el país están funcionando nuevamente. En el sector
financiero, se ha establecido un "sistema nacional de contabilidad y presupuesto" que pueda administrar con transparencia
los recursos del país. A su vez, la antigua moneda fue recogida y remplazada por una nueva cuyo valor ha venido creciendo de manera
constante. Muy similar a lo que se hizo en los Balcanes y se está haciendo ahora en Afganistán.
Se han reparado 2.300 colegios y entrenado a 32.000 maestros lo que ha generado un aumento en el nivel de asistencia a las aulas que
supera el 10 por ciento. Casi 200 millones de dólares se han entregado en alimentación (más de 500.000 toneladas solo en trigo) y
se edificó un nuevo sistema de distribución que tuviera en cuenta a un 20 por ciento de la población que estaba al margen por que
se oponía al régimen de Sadam Hussein.
El suministro de energía es más amplió que antes se desatara la guerra 6.000 megavatios en promedio. En algunas ciudades, como
Basra, se pasó de las dos horas de luz al día que tenían a 23 con las que cuentan hoy. Se han puesto en funcionamiento 23 sistemas
de acueducto y alcantarillado que cubren casi la mitad del país. Más de 5.000 doctores y enfermeras recibieron entrenamiento, se
administraron vacunas a 3 millones de niños y se adecuaron 600 centros de asistencia médica a lo largo del país. Están, también,
operando 17 centros de capacitación para mujeres con los que se busca sumarlas a la población laboral y educarlas para prevenir la
violencia contra su género. Por el lado del transporte el progreso también ha sido grande. Se terminó, por ejemplo, la
construcción del carretera Basra-Bagdad y ahora, lo que antes tomaba 8 horas en recorrer, se puede hacer en dos. El puerto marítimo,
dicen las autoridades de E.U., no solo volvió a operar sino que está mejor que en sus 25 años de existencia. Antes de la guerra los
barcos podían entrar y salir solo cuando la marea estaba alta dado los niveles de sedimentación que causan los ríos Eufrates y
Tigris. Ahora el flujo es permanente y por lo menos 50 barcos de gran calado pueden atracar a una misma vez. El petróleo esta
corriendo nuevamente. Y se espera que para finales de este año las ganancias pasen de 6.500 millones pre guerra a los 12 mil
millones. Paralelamente, se ha reedificado el sistema de telecomunicaciones -hoy opera con un modero sistema de fibra óptica- y el
servicio de telefonía nacional e internacional esta completamente restablecido.
Lo que falta aún por hacer es muy grande. Tan grande, que el propio Natsios reconoce que al menos se necesitarán unos 8 a 10 años
de asistencia sostenida para hacer de Irak una nación moderan. "Pero lo que tiene que recordar es que cuando llegamos, Irak era
un país con un atraso abismal. Muy parecido a lo que había en la ex unión soviética cuando cayo el muro. Muchos de los sistemas
-acueductos, energía, telefonía, salud- eran inoperables pues no se había invertido en ellos por más de 25 años. Ponerlos a andar
toma tiempo. Pero es mucho lo que se ha logrado en tan poco tiempo", sostiene el funcionario.
Transición política
La misma encuesta del Instituto Oxford decía que el 50 por ciento de los iraquíes preferían la democracia como sistema político,
frente un 21 que se inclina por un régimen islámico y un 26 que quiere un líder fuerte que restaure el orden. El problema es que en
Irak nadie sabe lo que este sistema significa. "Queremos democracia, si democracia y libertad. Pero podrían comenzar por
enseñar eso que es y cómo funciona", decía Amal Rahid un residente de Irak que por estos días visita a sus familiares en E.U.
Nada más cercano a la realidad para un país que nunca ha realizado unas elecciones libres en su historia y donde no existen un
sistema de partidos políticos o representación ciudadana. Aquí, quizá, está uno de los restos más grandes para E.U., Naciones
Unidas y el mundo.. Para comenzar, por que primer deben determinar si este el sistema que quieren los iraquíes para sí mismos. USAID
junto al ONU vienen implementado programas políticos que parten desde los vecindarios -organizando juntas comunales y consejos
educando a la población- para que de allí salgan los lideres que luego los representarán a nivel local u de allí a nivel estatal
en un parlamento o congreso dependiendo de cuál sea el modelo que finalmente adopten. Pero la tarea es titánica. No solo por que es
un modelo que requiere de transparencia para que exista gobernabilidad sino por la diversidad de etnias que conviven y sus intereses
tan disímiles. Una situación que ha quedado plasmada en las negociaciones del Consejo interino iraquí que acaba de finalizar el
borrador de lo que sería una nueva constitución. Si bien la ley de Transición Administrativa -como se llama el documento sobre el
que se llegó a un acuerdo- enumera principios básicos como el derecho a conformar un partido y la libertad religiosa, no define lo
más importante: el ejercicio del poder. Los sunnis, por ejemplo, que conforman el 60 por ciento de la población del país, abogan
por un sistema que otorgue un control recíproco a la representación popular. Los kurdos, en el norte, se oponen viceralmente y
empujan por un estado de corte federal que les otorgue autonomía. En este campo queda mucho por definir. Los iraquíes quieren
realizar elecciones antes de que finalice el año, pero como admite un funcionario del departamento de Estado, "no hay forma de
llevarlas a cabo sin que esto se traduzca en un nuevo caos. Sencillamente no están preparados, no existe todavía la infraestructura.
Al intención de E.U. es que sea la ONU la que asuma el liderazgo en este proceso. Primero por que sienten que mientras esté de por
medio el proceso político carecerá de legitimidad. Y segundo por que la administración Bush quiere salir, así sea simbólicamente,
lo más pronto posible del país. Pero la ONU, por el momento, no da pistas de si estuviese dispuesta a asumir un problema que sienten
no causaron. Mucho por solucionar antes del 30 de junio, fecha en la que está prevista la anunciada transición.
Seguridad, la clave
La tercera pata de la mesa y de la que depende la estabilidad de las otras dos (reconstrucción y política) es la seguridad del
país. O la inseguridad, para la hablar de la situación actual. Desde que Bush anuncio triunfante el fin de las hostilidades hace
once meses, el país ha sumido en un espiral de violencia que parece no tener fin. Más 400 estadounidenses han muerto desde entonces,
el doble de los que perecieron durante los días del conflicto como tal, y se estima que son 10.000 los iraquíes caídos en el mismo
lapso. Primero, en focos de resistencia del antiguo régimen y vendettas entre los mismo iraquíes. Pero luego con un terrorismo que
no diferencia entre miembros de la coalición, trabajadores de la Cruz Roja y la ONU o civiles inocentes. Van más de 40 atentados de
gran escala, los últimos dos de ellos este miércoles y jueves en Bagdad y Basra. Según el Pentágono, la mayoría de las acciones
son llevadas a cabo por extremistas islámicas que están llegando de otros países bajo las órdenes de Al Qaeda y cuyo fin es
enfrentar a chitas, sunnis y kurdos para que se desate una guerra civil que lleve al traste los esfuerzos de los estadounidenses.
Cierto o no, el resultado ha sido el mismo: caos y miedo. Miedo, sobre todo, por lo que podría pasar una vez los estadounidenses
entreguen el poder en junio. Hasta el momento se ha edificado una fuera pública iraquí que cuenta con 206 mil hombres.
Pero muchos no han sido todavía debidamente entrenados y carecen de equipos e infraestructura para enfrentar a una enemigo tan
complejo como el terrorismo. De ellos, solo 2.000 hacen parte de un Ejército que fue desmembrado por E.U. y que supone debe mantener
el orden en las periferias. El reclutamiento, además, no ha sido fácil pues los terroristas han hecho de estas nuevas fuerzas sus
principales blancos para disuadirlos de colaborar con E.U. Lo más grave es que E.U., para evitar mayores bajas y disminuir el costo
político de estas, se ha replegado hacia Bagdad y otros centros urbanos, dejando buena parte del control del país en manos de esta
joven y poco capacitada fuerza. El vacío de poder, para rematar, lo están llenando grupos armados -milicias- que han conformado
chitas o sunnis para autoprotegerse. Y existe el temor de que luego estas mismas milicias se conviertan en brazos armados de los
partidos cuando llegue el momento de repartirse el poder. Por eso se habla de una posible guerra civil. El general Richard Myers, jefe
de las Fuerzas Armadas de E.U. ha dicho que la intención de su país no es retirarse después del 30 de junio. La fuerza, sostiene,
se reducirá un poco -unos 100.000 hombre- y dejará la iniciativa a los iraquíes. "¨Pero seguiremos realizando patrullaje,
entrenamiento y operaciones conjuntas con ellos", dijo el general.
La legitimidad de la guerra -muy cuestionada por estos días- depende en buena parte de que E.U. puede dejar un país mejor al que
encontró. Si la violencia se reduce, y los iraquíes establecen alguna especie de acuerdo que les permita coexistir, Estados Unidos
podría salir, al menos, con la cabeza en alto. Si por el contrario se propagan los atentados, y las etnias se enfrascan en una lucha
interna por el poder que conduce a un mayor derramamiento de sangre, el fracaso habrá sido rotundo.
Washington |
|
|
|
|
|