LAS PASCUAS MONTONERAS

Por GABRIELA POUSA


El escenario político coyuntural cercena toda originalidad en el análisis. Los hechos que conforman el presente sólo se diferencian del ayer en algún matiz intrascendente.

El 2004 se inició con el secuestro de Ernesto Rodríguez. En ese marco, el alboroto lo provocaba el contenido de una carta de la actriz Susana Giménez, dejando al descubierto la falta de una política de Estado concreta tendiente a erradicar la delincuencia en el conurbano bonaerense.

Al poco tiempo, las noticias oficiales narraban un magistral operativo rescate. No faltaron ni las cámaras transmitiendo en vivo desde el lugar de los hechos. Con la liberación de Rodríguez se nos vendía el desbaratamiento de la banda de secuestradores más grande y peligrosa de la Argentina. Lamentablemente, una semana después tres de los detenidos quedaban en libertad y nunca más se escuchó hablar de la suerte corrida por los delincuentes apresados durante el despliegue al mejor estilo SWAT; estrategia vil de algún sector de la dirigencia que pretendió distraer a la ciudadanía, mostrando la ficción como un dato de la realidad.

Al mismo tiempo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Sola afirmaba que no había policías involucrados en los secuestros y que, con el desmantelamiento de aquella banda, se daba por finalizados los secuestros en la provincia. Hubo un período de gracia durante el cuál la gente estuvo al margen de la verdad. Treguas que no implican paz. Los secuestros siguieron siendo moneda corriente con o sin publicidad.

Días atrás, el Presidente Néstor Kirchner inauguraba un peculiar Museo para la Memoria de sus recelos y venganzas. Todos los recuerdos se concentraban en discursos poco oportunos para un país que, al parecer, adolece de futuro. Mientras tanto, a pocas cuadras se estaban velando los restos de Axel Blumberg. Secuestrado, torturado y asesinado en este presente. Uno de tantos argentinos para los que el Gobierno sólo dedica olvidos.

Hoy, ni la polémica acerca de la película "La Pasión de Cristo" puede ocultar una realidad que no admite fronteras entre la Capital Federal y el territorio provincial. La Panamericana se ha convertido en una autopista hacia la muerte aún cuando allí se pueden observar los árboles mejor custodiados del país... Una autopista donde secuestros y secuestrados transitan libremente.

No es gratuita la relación que pretende establecerse entre cierto sector policial y las bandas (nunca desarmadas) de secuestradores. A fin y a cabo, la purga en la fuerza de seguridad sólo responde a una metodología política - pre o pos electoral - pero nunca atiende a cuestiones de fondo ni deviene en acciones concretas. La historia de los secuestros en Argentina se perpetua de manera inexplicable y la impunidad manifiesta torna aún más favorable el escenario para que así suceda.

Si la confiscación de ahorros convocó a la gente a las calles en señal de protesta, la muerte de un hijo debería convocar a la ciudadanía entera. Es extraño que el Primer Mandatario confiese estar con las manos atadas para tomar medidas en estos temas y se sienta libre de hacer y deshacer a su antojo en otras cuestiones, incluso en aquellas reñidas con el régimen constitucional y el sistema.

Lo que menos cuenta en este momento es el nombre de la víctima. Axel Blumberg somos todos y cada uno en esta Argentina.

Recientemente, algunas muertes acontecidas en los setenta pudieron convertirse en política de Estado, ¿por qué y hasta cuándo hemos de permitir que las víctimas inocentes sean dejadas de lado? La muerte no es siempre de los demás, hoy la muerte es o debe ser una causa nacional.

Mientras estas cosas suceden, la dirigencia política está preocupada por otros temas: ya sea la subasta de prendas del General Perón y la obstinada búsqueda de fondos a modo de "vaquita" para asirse de algún souvenir (¿Será para poner dentro del nuevo Museo?)

O mismo indagar acerca de las cábalas para ser sorteados sus mandatos en la Legislatura en tanto se averigua qué otras medidas aplicadas por Menem en los noventa pueden ser dadas vuelta, sean o no de trascendencia... ¡Grandes temas que hacen al crecimiento de Argentina!...

Dentro de un par de semanas Axel Blumberg dejará de ser tema central en las portadas de los medios y tampoco será fundamental resolver el problema de la electricidad: claro, ya no la habrá.


EL JUSTICIALISMO Y LA DIVISIÓN NACIONAL

El costo de las fracturas políticas ha sido alto para el país en los últimos años. No hay formación política capaz de pensar el país. Se dedican a deshacerlo.

En la época de Alfonsín todo quedaba reducido al Pacto de Olivos. Con Fernando De La Rua pasó lo mismo: el partido diezmado jugó en contra, no del representante político sino del país en su conjunto. Eduardo Duhalde en su momento sólo supo convocar gobernadores e intendentes para perpetuar su cargo.

Hoy nuevamente, el partido justicialista se erige en el centro de la escena como protagonista de una crisis de envergadura. Nada original por cierto. La historia del PJ es la historia de diversas pujas por espacios de poder. En ese contexto sólo han surgido bandos diferenciados por el líder de turno y el opositor de momento. Sin embargo, siempre se había tratado de mantener como premisa, la conciencia de no volverse en contra del Jefe de Estado. Ahora ni eso queda en claro. El apoyo de palabra es de todos, el fáctico de ninguno.

De los diez mil militantes que se esperaban concurran al Congreso del movimiento, faltaron más de la mitad. La ausencia de Eduardo Duhalde quizá debe tomarse como el dato más significativo. Kirchner, por otra parte no podía asistir tras el desplante acontecido días antes cuando enfatizaba el capricho de Bonafini en detrimento de su causa.

En rigor de verdad, el Congreso Justicialista no hizo sino poner en evidencia, una vez más, quién detenta el poder en el PJ. En tanto Duhalde no disponga movilizaciones no habrá convocatoria capaz de contar con peso suficiente para afianzar la figura del Presidente.

La conformación de varios grupos kirchneristas no han logrado un aval trascendente al jefe de Estado cuya conducta en torno a la transversalidad no es tan seductora como parece. No hay movimientos ajenos al PJ que hayan sido conquistados por esta idea más verticalista que transversal.

Ninguno de los grupos emanados del kirchnerismo ha sido capaz de erigirse en epicentro del Justicialismo. Hay una mezcla de intereses encontrados incapaces de formar un único conglomerado. Entre ellos se halla Confluencia Argentina, liderado por el canciller Rafael Bielsa e integrado por varios funcionarios de esa cartera como el subsecretario de Relaciones Institucionales, Marcelo Fuentes, y el de Políticas Latinoamericanas, Eduardo Sigal. Adhiere a este grupo el director del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), Aldo Sanpedro, el diputado nacional Miguel Bonasso y las senadoras Vilma Ibarra y Diana Conti.
Estos se reunieron para la campaña y ahora buscan conformar sin éxito, un proyecto propio más que nacional. A saber se esperaba una reunión con todas las vertientes políticas que apoyaran al Presidente, para debatir políticamente cómo se seguiría con todos los cuadros que trabajan con Kirchner. Sucedió lo contrario. El apoyo al presidente pendió de un hilo y los abucheos a la primera dama fueron más explícitos que cualquier proclama.

Otro de los espacios kirchneristas es el grupo Michelángelo, liderado por el subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, y el dirigente Juan Carlos Dante Gullo. Estos, a su vez, aspiraban a un encuentro donde "generar propuestas para un proyecto de país integrado". Pero nada de eso hubo en el escenario. La falta de ideas y los recelos internos frenaron toda propuesta suponiendo que la hubiera.

Tampoco hubo noticias de la Corriente Peronista Federal, lanzada una semana atrás y liderada por una veintena de diputados nacionales que pretendían conformar las mesas de la agrupación en sus respectivos distritos. El otro grupo llamado Nueva Militancia Gremial y Social a cargo del ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, y del dirigente de la CTA, Edgardo Depetris, corrió con la misma suerte.

En síntesis, el kirchnerismo es una utopía. Sin un sustento real y unificado detrás, Néstor Kirchner no puede siquiera volver a ser gobernador de provincia. Y lo más grave de esta crisis en el Justicialismo radica en que las consecuencias las paga el país entero.

Conviene que el Presidente no olvide de donde proviene si quiere mantener cierta clama en las filas internas. Eduardo Duhalde puede tomar distancia pero nunca estará lo suficientemente lejos como para dejar los hilos sueltos en manos de quién no es sino su propio invento. Pretender una hegemonía sin el Justicialismo no es serio.

La decisión de intervenir la provincia de Santiago del Estero en este marco no es casual. Es el modo con el cuál Kirchner pretende imponerse ante un oficialismo denostado por la falta de apoyo en el seno mismo de su partido. Los gobernadores se retoban, el Presidente manifiesta con un decreto de intervención el poder real. De otro modo no se explica el por qué se toma esta decisión ahora cuando nada nuevo surgió en los últimos días, en la provincia de Santiago del Estero.

El panorama nacional comienza a opacarse no sólo por lo coyuntural sino por la falta de luz y la amenaza de mayor oscuridad que ya ha sido tema de análisis el último año, cuando las empresas afirmaron que no había inversión para sostener una demanda en aumento.

¿La política de Estado al respecto?: Ahorrar energía, comprar pilas, velas y fósforos para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Sólo eso...

Parece únicamente faltar que se nos diga "La casa está en orden" y "Felices Pascuas", nada menos, nada más...

GABRIELA POUSA


(*) GABRIELA R. POUSA SE DESEMPEÑA COMO ANALISTA DE COYUNTURA INDEPENDIENTE. NO PERTENECE A NINGÚN PARTIDO POLÍTICO.

Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencias Políticas (Eseade) Postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro "La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder".

 

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