TERRORISMO INTERNACIONAL Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN:
UNA GUERRA POSTMODERNA QUE EXIGE LIDERES POSTMODERNOS.

Mgtr. María Cristina Montenegro

 

Los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004 actualiza, en medio del espanto que estos actos provocan en la sensibilidad de todo ser humano las apreciaciones que hacíamos en oportunidad de otros actos perpetrado hace casi cuatro años atrás.

En medio de la discusión sobre el actor material de esta afrenta, no sólo a los españoles sino a toda la humanidad, creemos que hay una concurrencia de elementos de ETA y del Terrorismo Internacional en los actos perpetrados en Madrid. Desde allí es nuestra inquietud de buscar elementos objetivos, que permitan identificar los medios legales necesarios para enfrentar el flagelo de manera rápida y eficaz en un escenario global.

EL TERRORISMO GLOBAL

Los ataques terroristas del 11S, sorprendieron al mundo por las particularidades de la agresión y por el blanco elegido. Evidentemente la espectacularidad de las imágenes concordaba con la cultura audiovisual propia de nuestra civilización occidental. Este hecho ya lo colocaba en un marco cultural diferente de cualquier acontecimiento bélico tradicional, interestatal, con códigos de guerra clásica reconocido como tales por los regímenes internacionales.

Lo que resulta extraño es que haya sorprendido al pensamiento estratégico occidental, toda vez que, desde finales del conflicto bipolar, se advertía sobre la existencia de los nuevos riesgos y amenazas, entre ellas: el fenómeno del terrorismo internacional..

¿Qué representó el 11 S para el pensamiento estratégico como ámbito de vigilia fundamental en la defensa del Estado y su sociedad?. ¿ Qué resortes institucionales regionales se instauraron en estos diez años de debate para hacer frente a este fenómeno? ¿Cuál será el futuro del orden mundial sin una redefinición urgente del pensamiento estratégico como base para la Defensa y la Seguridad Internacional?. Todos estos interrogantes ameritan un análisis profundo y responsable a fin de dotar a los organismos de defensa, tanto nacionales como regionales, de marcos operativos adecuados para dar respuesta a fenómenos de esta naturaleza. En América la Organización de Estados Americanos, a través de su Comisión de Seguridad Hemisférica, está en mora al respecto.

El 11 S debimos asumir que el rey carecía de ropas. Hoy debemos hacernos cargo de su desnudez. Y este hacernos cargo tiene que ver con el reconocimiento de la naturaleza misma del conflicto, cuya cara menos sofisticada supimos advertirla, en la región, en décadas pasadas.

En esta oportunidad la guerra es contra una organización terrorista internacional, unificados en doctrinas fundamentalistas: lo mismo da que sea del Islam o de la revolución internacional. Este es un nuevo tipo de guerra que requiere reconceptualizar. Es imperceptible, difusa, omnipresente. No hay estados agresores, es inmaterial. Lo militar ha pasado a segundo plano porque lo que se juega ahora es una guerra de inteligencia, de espionaje. Es una guerra postmoderna, con líderes postmodernos y requiere respuestas en el mismo plano: la red.

En un mundo donde el enemigo es parte de la realidad virtual una decisión apresurada puede volverse contra uno mismo. Un ataque masivo crearía nuevos mártires con los que se nutren los terroristas para abonar ideas fundamentalistas, mejor dicho: la sangre de las víctimas es su botín de guerra que alimenta una espiral sin fin de violencia, destrucción y muerte. Esto no sintoniza con la propuesta de Occidente: convivencia multicultural con efectos benéficos en la potenciación de su cultura, su ciencia y su técnica. Esto no puede ser la ofrenda al terror para una minoría que saca ventajas que el propio Occidente les otorgó y les otorga. El monstruo debe ser destruido pero sus víctimas deben ser protegidas. Argentina fue agredida por el terrorismo en el pasado y por dos veces en el último decenio. España sufre igual suerte, Irlanda, Colombia... podemos seguir la lista. No será que hemos contemplado con demasiada liberalidad a los criminales?, no será hora de pensar de qué manera se deben comenzar a proteger el derecho de a la vida y a sus bienes de los ciudadanos?.

El terrorismo internacional se comenzó a gestar mucho antes del 11 S y hoy impone una revisión de la guerra en tanto nueva forma de ejercicio de la violencia. Esto requiere, como contrapartida, una redefinición de los conceptos del pensamiento y la doctrina estratégica, de las instituciones pertinentes a nivel nacional y regional. Todo ello de cara a enfrentar un fenómeno que aprovecha los avances tecnológicos, organizativos y financieros en red y toma como blanco a las sociedades libres y democráticas que, paradójicamente, le abren sus puertas en nombre de esos valores.

Simplemente, si toda la tecnología ultrasofisticada del país mejor preparado para la defensa no pudo prevenir la agresión del 11S, las cosas, en término de seguridad, colocan a nuestras sociedades en un escenario vulnerable. Cómo neutralizarlo? Reconociendo la naturaleza del problema y ajustando los mecanismos institucionales para que algo así no vuelva a repetirse.

A nivel regional, la Comisión de Seguridad Hemisférica de la Organización de Estados Americanos (OEA), debiera dotar al TIAR de una nueva doctrina estratégica que contemple el fenómeno del terrorismo internacional con una visión multifacética, reconociendo que el agresor no necesariamente es un estado, y que debe volverse operativo ante cualquier crisis o amenaza de tipo no estatal y transnacional que ponga en peligro la seguridad de los estados miembros del hemisferio.

La seguridad personal y el orden son las bases para la existencia de la vida pública. La existencia del terrorismo amenaza a cualquier sociedad que goza de libertad. Un hombre presa del miedo, aterrorizado, no es un hombre libre, por lo tanto la respuesta pública al terrorismo es parte de la significación del mismo.

El terrorismo es una actividad destinada a aterrorizar. Está motivado por la violencia directa contra no combatientes y diseñado para instalar el terror en un público blanco.

Históricamente, el terrorismo, ha sido una de las expresiones de rechazo a la autoridad por parte de minorías marginadas que vieron en la actividad una herramienta de los débiles. Los altos costos de factores que implica mantener una fuerza armada en condiciones de actuar en la escena internacional, de manera convencional, en las actuales circunstancias hace que los estados busquen alternativas de enfrentar a actores con mayor capacidad a fin de lograr objetivos estratégicos.

La actividad terrorista es desarrollada por diferentes organizaciones como instrumento para crear terror. Son ejemplos los narcoterroristas en Colombia, las Brigadas Rojas en Italia o los palestinos en Medio Oriente.

Durante siglos distintos pueblos estuvieron aterrorizados por la actividad de estas organizaciones insurgentes pero, generalmente, el accionar estaba limitado a espacios domésticos. En la actualidad son varias las motivaciones que tienen distintos actores gubernamentales y no gubernamentales para recurrir a actividades violentas a fin de obtener objetivos. Estos pueden ser:

Actor no estatal que emplea la violencia para lograr objetivos políticos.

Actor estatal (representado en agentes gubernamentales) que usan el terrorismo contra opositores políticos.

Actor estatal que sostiene al terrorismo. Este trasciende, en su accionar, las fronteras de dicho estado.

Actor no estatal que usa la violencia contra extranjeros inocentes.

El terrorismo, más allá de su definición, tiene connotaciones negativas. En un esfuerzo por sistematizar las categorías analíticas algunos autores se han preocupado por obtener un listado de características de los grupos terrorista y han identificado elementos y funciones del terrorismo:

Los elementos más frecuentemente identificados son:
violencia o fuerza
propósito político
terror o amenaza
amenaza
efectos psicológicos anticipados
reacciones de terror de terceras partes

Las funciones más frecuentes son:
atemorizar a la opinión pública
provocar represión indiscriminada o contramedidas por la autoridad establecida
movilizar las fuerzas del terrorismo.
Inmovilizar a las fuerzas legales
Afectar a la opinión pública en un sentido negativo o positivo.
Medir el poder político de la autoridad constituida o la fortaleza del régimen.

La ausencia de un concepto unívoco crea problemas de entendimiento y comunicación. Para lograr una definición que sirva a los efectos teórico metodológico será necesario implicar datos básicos y estadísticos que den cuenta del universo en estudio. Como señala Berger y Luckman es necesario construir un lenguaje que permita su uso con fines instrumentales, que otorgue un determinado valor al término terrorismo. De todas maneras su enunciación implica un juicio de valor moral en función de que, como señala Cooper el terrorismo es una actividad fácilmente reconocible, de características negativas y que reúne una serie de consideraciones de índole política y social.

Una primera aproximación al concepto, en el marco del Derecho Internacional Público, se puede remontar a 1937 en la Convención para la Prevención y Represión del Terrorismo. En esta Convención se definió a los actos terroristas como " actos criminales dirigidos contra el Estado". En 1972 hubo intentos para incluir una definición en la Resolución 40/61 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, pero no tuvo concreción.

De todas maneras existe un consenso de que el terrorismo es la actividad que hace uso ilegal, o amenaza con usar, de la fuerza o violencia contra individuos o propiedad, con intención de coaccionar o intimidar a gobiernos, sociedades o individuos con propósitos políticos, sociales o ideológicos.

En realidad, el acto terrorista tiene efecto cuando el resultado hace impacto sobre un testigo. La deflagración ocasionada por un coche bomba produce una sensación de pánico, de conmoción aterrorizante sobre los testigos presenciales y mediáticos del acto terrorista. El acto es lo que atemoriza no en la mera actividad del quien lo perpetra.

Para que el acto terrorista tenga efecto resulta necesario la participación de los agentes públicos y de los Medios de Comunicación. Son los actos públicos de destrucción cometidos, sin un objetivo militar definido, lo que provocan esa extendida sensación de miedo.

Aunque se habla de terrorismo de Estado, como una forma de atemorizar, hacer desaparecer o dar muerte a disidentes, aquí, abordamos el terrorismo asociado con la violencia que llevan a cabo organizaciones privadas que intentan conseguir cuotas de poder o influencia.

No poseen poder militar pero su determinación, convicción e impredicibilidad permiten lograr influencia con pobres medios militares.

Existen factores que pretenden justificar estas actividades: organizaciones que levantan las banderas de reivindicaciones sociales: Sendero Luminoso y Tupac Amaru, en Perú o El Ejército Rojo en Japón. Otras invocan razones de índole separatistas étnicas o religiosas como ETA en España o IRA en Irlanda del Norte. De todas maneras, desde una perspectiva objetiva, el terrorismo es una violación de los derechos humanos porque ningún acto terrorista puede justificarse en tanto los medios utilizados dictan sus fines.

El resultado de los actos terroristas genera dos percepciones características en la sociedad golpeada. Por un lado, crea frustración en los gobiernos frente a su incapacidad de proveer seguridad a sus ciudadanos, por otro lado, éstos tienen la sensación de que existe una incapacidad estatal para salvaguardar los bienes y las vidas de las personas a quienes debe proteger como función indelegable.

Si bien el terrorismo es tan viejo como la historia de las sociedades humanas, los dos últimos decenios del siglo XX ha tenido notable incremento. Sobre todo aquel que invoca razones religiosas. Warren Christopher sostuvo que los actos terroristas en nombre de la religión y la identidad étnica se han "convertido en uno de los más importantes retos a la seguridad a los que nos enfrentamos tras la Guerra Fría".

El terrorismo internacional es la actividad destinada a infundir terror que fija sus blancos en cualquier punto del planeta, más allá de las fronteras de los países que lo generan o lo toleran. Estos blancos pueden ser diplomáticos, ejecutivos de corporaciones multinacionales, vuelos internacionales, empresas u organismos internacionales, etc. Jenkins habla del terrorismo internacional como ejecutores de violencia contra el sistema, a través de las fronteras nacionales y con repercusión internacional. Estos actos están fuera de las normas de la diplomacia y las reglas de la guerra.

El terrorismo internacional está vinculado con los estados de la siguiente manera:

ESTADOS SPONSORES: referido al estado que usa directamente al terrorismo internacional como arma de guerra para lograr ventajas estratégicas allí donde no pueden usar medios convencionales. Es decir, el terrorismo puede ser usado por cualquier nación para proyectar su poder en el territorio de otro estado sin hacerse cargo de sus responsabilidad frente a la Comunidad Internacional y sin riesgo de escalar una crisis bélica.

ESTADOS SOSTENEDORES: se refiere a los estados que usan sus recursos para promover la asistencia en entrenamiento, armas, equipamiento, inteligencia, comunicaciones, documentación de viaje y financiamiento de las organizaciones terroristas con lo que le proveen capacidad para asumir el control de sus actividades.

ESTADOS TOLERANTES: el estado acepta a grupos terroristas en sus fronteras pero no suministra apoyo logístico ni participa en sus actividades. Los grupos terroristas pueden sostenerse a sí mismos o recibir apoyos de estados extranjeros tanto sea sponsores o sostenedores.

Las actividades terroristas se llevan a cabo fuera del estado tolerante como en el caso de Euzkadi ta Azkatasuna (eta) en el sur de Francia.

INACCION ESTATAL: cuando el estado no ignora la existencia de los grupos terroristas en su territorio pero es incapaz de responder efectivamente por inadecuación política, tecnológica o fuerza militar. Su recurso ha sido buscar la asistencia de organizaciones intencionales o de otro estado. Un caso típico fue el rescate en Entebe.

El terrorismo rara vez es un acto solitario, resulta necesario el apoyo de una comunidad, una red organizativa para llevar adelante actos terroristas y, lo más importante, personas con gran arrogancia moral para justificar la destrucción de vidas y propiedad en gran escala. Sobre todo justificar la violencia sobre seres inocentes a los que ni siquiera se conoce.

Desde la percepción de los activistas existe una amenaza o ataque tangible a sus comunidades, su religión o su etnia. Por lo tanto sus actos son simples respuestas a la violencia experimentada. Su forma de ejecución de la violencia está destinado a maximizar la misma y provocar el temor subsecuente. Es decir los actos terroristas lleva inherente una violencia deliberadamente exagerada, generalmente sus blancos son lugares públicos concurridos. En definitiva su naturaleza espectacular exige la puesta en escena de un acto que convoque a la mayor cantidad de testigos y que provoque un impacto emocional aterrorizante.

El escenario se compone, como en una obra teatral de los siguientes elementos:

Actor: perpetrante del hecho terrorista.
Acción:
conlleva un despliegue visual de la violencia
Argumento:
gira alrededor de reivindicaciones políticas, religiosas, étnicas.
Audiencia:
participa forzosamente en tanto destinatario necesario de la actividad terrorista. Por la lógica de tal actividad se requiere de la máxima audiencia posible que tiene que ver con su naturaleza espectacular.

El dramatismo es parte sustantiva del plan estratégico de toda actividad terrorista.

El pensamiento estratégico puede definirse, en su sentido amplio, para obtener logros políticos inmediatos que los terroristas creen, les permitirán obtener beneficios a largo plazo.

Las actividades terroristas tienen fuerte contenido simbólico. Por ejemplo: los edificios públicos simbolizan cosas diferentes para las diferentes personas. De allí que un espectáculo simbólico puede no tener los efectos que se pretenden. De la misma manera la noción de poder y la legitimación de actos tiene una fuerte carga simbólica depende de cómo estos se perciban y si se cree en su significación.

Así, en los actos de terrorismo en cuanto fenómeno simbólico, las víctimas no suponen una amenaza sobre los perpetrados de la violencia pero adquieren la identidad de herramientas por lo que ellas encarnan como imagen de un mundo adverso " Los actos terroristas tienen un aspecto simbólico, imitan a los ritos religiosos. Las víctimas del terrorismo no lo son porque supongan una amenaza a los asesinos sino porque son símbolos, herramientas, animales o seres corruptos que encajan en una determinada imagen del mundo, una conciencia específica que el activista posee".

Este poder simbólico les permite hacer uso de la notoriedad y le dan a sus acciones una ilusión de trascendencia.

Siguiendo a Don De Lillo, solo el creyente letal, la persona que mata y muere por la fe, es tomada en serio en la moderna sociedad. Cuando el resultado de una acción terrorista produce en el imaginario colectivo la sensación de inseguridad generalizada: el mundo es el escenario de ataques impredecibles, el acto terrorista tiene sentido. Si el acto no llama la atención, si pasa desapercibido: el terrorismo no existe, porque el acto de matar en sí no lo vuelve terrorista. Nuestras sociedades muestran actos de violencia de manera cotidiana y muchos ni son recogidos por las crónicas de los medios. En todo caso son hechos que no pretenden un máximo de notoriedad. Pero como teatralización un acto terrorista sin testigos aterrorizados es como una obra de teatro sin público.

Es por ello que para analizar el terrorismo de la era global debe incorporarse como elemento sustantivo el rol de los medios de comunicación.

Los individuos de la sociedad global se informan mirando el noticiero por televisión. En su percepción la imagen transmitida es sinónimo de verdad Esta profusión de datos y de imágenes que ávidamente incorporamos para dar sentido a nuestra vida cotidiana es posible por los acelerados procesos tecnológicos en materia comunicacional. Como sostiene Mouchon: la tecnología ha producido nuevas maneras de crear y difundir imágenes y, por otro lado, nuevas maneras para recibirlas en el domicilio. Los nuevos tipos de cámaras livianas facilitan el desplazamiento rápido hacia "donde está la noticia" y los personajes a fin de desarrollar reportajes en tiempo real y en directo " La información ya no es tributaria de las limitaciones técnicas anteriores, sino que ahora ha comenzado una nueva era con múltiples potencialidades ofrecidas a las diferentes categorías de actores empreñados en el proceso informativo". La imagen es la piedra angular del nuevo orden informativo y en su construcción se ensamblan los elementos técnicos y semánticos destinados a dar la sensación de realidad con la que el espectador se queda al final del noticiario. Dentro de esos elementos de construcción del mundo de la noticia como hecho real, se halla el modo de consumo acelerado de la actualidad, sucesión indefinida de imágenes, reiteración desde distinto ángulos, redundancia en la faz discursiva dado a través de medios en transmisión continua. Esta fórmula Turner para la CNN se convirtió en un desafío para los noticiarios mundiales: la difusión de la información en flujo continuo " El cambio tecnológico tiende a fijar la necesidad de imágenes que tiene la población y la presencia de las imágenes más o menso abundante resulta con frecuencia el primer criterio para juzgar sobre la calidad del sistema de información". Son ellos los que amplifican las imágenes y las crónicas para incorporar a espectadores de todo el planeta. " Difundidas en directo, las imágenes llegan a formar parte del tiempo de la vivencia de quien las recibe. El antiguo sueño humano, expresado siempre de manera mítica, parece por fin realizarse: cada espectador posee el don de la ubicuidad ". El abandono de los límites témporo- espaciales ha provocado el salto cuantitativo y cualitativo más espectacular en el campo de las telecomunicaciones y la CNN es el testigo de ello.

Dentro de esta lógica, las transmisiones en directo permite reunir en un mismo momento millones de personas frente a un mismo espectáculo y, como tal, afectados por un mismo impacto sensorial. " El control de la imagen es tanto más temible cuanto que la información emitida de manera continuada da una ilusión de transparencia. Su desarrollo ininterrumpido puede hacer vibrar de emoción, pero ciertamente anestesia la razón. La imagen facilita así la tarea de quienes toman decisiones políticas en función de los intereses estratégicos en juego ". El grado de espectacularidad que pueden transmitirse mediante una imagen, a fin de impactar en la sensibilidad del espectador de la " civilización audiovisual", permite magnificar el horror. Esto es más importante que el número de víctimas y ese es uno de los grandes aportes que hacen los medios de comunicación al terrorismo porque con ellos adquieren la capacidad de atraer la atención del gran público sobre sus actos.

Los medios tienen, evidentemente, un gran dilema: cumplir con la misión de informar sobre los hechos y hacerlos sin cortapisas o restringir la información de las actividades terroristas a los mínimos contenidos de violencia.

Jean Baudrillard define al terrorismo de fines del Siglo XX, como una forma peculiarmente moderna, debido al impacto que tiene en la conciencia del público, gracias a los medios de comunicación. Los actos terrorista han surgido " menos de la pasión que de la pantalla una violencia en la naturaleza de la imagen"

Los actos terroristas están destinados a atraer a los medios de comunicación. Es su manera de promocionarse.

La cobertura mundial, que hacen los medios de comunicación de las actividades terroristas, son parte de las estrategias del nuevo terrorismo por su extraordinaria capacidad de ampliar la audiencia blanco.

En otras épocas existió un terrorismo con audiencias reducidas por el corto alcance de los medios, sobre todo de la televisión, generalmente sus destinatarios eran las autoridades gubernamentales o los grupos rivales Hoy se transmite en directo y a tiempo real por lo que, frente a un televisor, todos somos potencialmente los blancos de un ataque terrorista.

A esto se agrega los medios electrónicos: Internet y los world wide web a las que tienen acceso las organizaciones terroristas. Desde allí transmiten sus mensajes a los miembros de la organización o hacen transferencia financiera. Este medio público es usado a través de contraseñas a la que sólo pueden acceder los iniciados.

A través de los medios de comunicación las organizaciones terroristas pueden enviar sus mensajes de terror:

al amplio público general

a un público restringido.

En el primer caso para producir el terror. En el segundo caso para demostrar a los seguidores actitud de liderazgo o dar un mensaje de línea dura a aquellos que se van inclinando por mecanismos más conciliadores.

En la matriz intrigante de la teatralización y la alta carga simbólica que contribuye a la formación de percepciones, el terrorismo suele optar por lo que se denomina el " terrorismo silencioso". Producido el acto terrorista ningún grupo se adjudica el hecho. Esto crea confusión en el público. Hay una suerte de apelación a la violencia para dar a entender que existe una guerra pero que sólo el hecho y no sus actores es lo relevante.

En un mundo donde la información es poder, las demostraciones públicas de violencia han transmitido sin duda potentes mensajes. Cuando las organizaciones terroristas son capaces de mostrar su capacidad de destruir blancos, en distintas partes del mundo de manera simultánea es una impresionante demostración. No interesa que sea un reducido grupo el que sepa quien lo hizo, lo importante es demostrar la capacidad de llevar a cabo un acto potente con un impacto global. Estos actos están destinados a la televisión y lo ha demostrado CNN.

El terrorismo se lleva a cabo para un público televisivo mundial. Esto es como cualquier hecho de resonancia internacional en el plano económico, político o militar. Es aquí donde paradójicamente el terrorismo se ha convertido en una fuerza política global potente superior a los esfuerzos gubernamentales para controlarlo.

Frente a esto las naciones se ven obligadas a unir esfuerzos para compartir información y cooperar en operaciones destinadas a hacer frente a estas fuerzas de nivel planetario.

Pierre Bourdieu sostiene que la vida pública está formada tanto por símbolo como por instituciones. Los actos simbólicos o rituales institucionales ayudan a demarcar el espacio público e indican lo que tiene sentido en el mundo social. En el terrorismo al suministrar hechos dramáticos como rituales de la violencia han puesto en circulación un nuevo punto de vista sobre la realidad pública. El terrorista no es el victimario sino la víctima, esta convicción es necesaria para justificar moralmente el uso de la violencia contra inocentes. De alguna manera sientes que no son criminales perversos sino activistas de la libertad, la religión o la etnia.

Un caso claro al respecto lo presenta Osama Bin Laden cuando en los ataques contra las representaciones norteamericanas, en 1997, sostenía que EE.UU. merecía ser blanco de los ataques puesto que era el verdadero estado terrorista toda vez que " ocupar tierras del Islam en el más sagrado de los lugares, la península arábiga, saquear sus riquezas, dar órdenes a sus gobernantes, humillar a su pueblo, aterrorizar a sus vecinos y convertir sus bases en la península en una punta de lanza desde el cual poder atacar a los pueblos musulmanes vecinos".

En su rol como potencia hegemónica mundial EE.UU. ha sido acusado de pretender ordenar el mundo a través de la imposición de su cultura, sus intereses económicos y políticos estratégicos.

Ahora bien, para que se pueda dar el paso hacia la destrucción de seres inocentes es necesario deshumanizar al oponente, se requiere demonizarlo como principio de reducción de la disonancia cognitiva. Si el otro al que tengo que destruir tiene los rasgos más viles dentro de mi percepción no tendré prevenciones morales para destruirlo allí donde se encuentre.

Sprinzak advierte tres etapas en la demonización del oponente:

Supone una Crisis de Confianza respecto de su autoridad o el régimen político

Se da un conflicto de legitimidad en tanto el grupo lo cuestiona en su autoridad

Finalmente se produce una Crisis de Legitimidad Total cuando una parte de ese grupo más radicalizado extiende su hostilidad hacia el resto de la sociedad, sumándola al régimen que considera ilegítimo. Los ciudadanos y el régimen son " derogados a los puestos de los peores enemigos o especie infrahumana". De esta manera la demonización del oponente le permite actuar violentamente.

De todas maneras demonizar es sólo un objetivo táctico, lo que realmente alcanza un nivel estratégico es verse a sí mismo como implicados en una gran lucha reivindicativa.

Mediante los actos violentos se produce la gran escape personal de las humillaciones y frustraciones existentes en el mundo real. La reducción, en su imaginario, de formas humanas a infrahumanas permite maximizar simbólicamente su poder.

El esquema parte de una situación real: ocupación de territorios, marginalidad de determinadas etnias, violación a valores de una sociedad tradicional, deshumanización de la sociedad moderna, grandes grupos desclasados de los beneficios del desarrollo, etc. En este mundo alterado hay lugar para quienes adhieren a la cultura de la violencia.

Mientras los grados de conflictividad aumentan, las personas interesadas en cambiar el estado de situación se agrupan en propuestas políticas publicitada mediante campañas, meeting, discusiones públicas y a través de los medios de comunicación. Los que ingresaron en la cultura de la violencia perciben los medios habituales como impotentes para producir los cambios que se desean. La frustración por el mundo que les toca en suerte se torna una cuestión personal en términos de "cruzada" para restaurar un sentido a su existencia.

Finalmente, se produce la etapa de la demonización o deshumanización del oponente. Este proceso es claro en el plano de lo religioso: los que no están conmigo están contra mí, yo soy la esperanza para salir de la situación de exclusión. Es el grito de la esperanza salvífica propia de los pasajes bíblicos. El enemigo no es como yo y debe dejar de existir para que el orden se restaure. De allí que la "Satanización es un modo de conducta amplio donde se trata de dar sentido al mundo y a mantener cierto control sobre él"

En el plano simbólico la representación de actos muestra el alcance intemporal de la lucha y el poder que sienten sus guerreros. El acto terrorista es la expresión de poder simbólico destinado a fulminar al oponente a fin de recuperar la nobleza para quien lo perpetra. Esta sensación de poder tiene un impacto en el mundo de sus relaciones y su comunidad en tanto lo coloca en un lugar espectable como héroe y también, en relación con el oponente en tanto esa autoridad política declarada enemiga no podrá descansar frente a las acciones de violencia impredecible que contra ellas se ha desatado.

También el tiempo es un factor simbólico, para el terrorista el plano temporal no tiene límites, su lucha durará lo que tenga que durar. En cambio para el enemigo el tiempo siempre es " oro", una guerra tiene que durar poco tiempo para que resulte conveniente en la ecuación costo/ beneficio.

De esta manera los terroristas se ven a sí mismos como soldados de grandes causas espirituales y políticas, su escenario es global y comprometen a los hombres de todo el planeta a través de una herramienta estratégica fundamental los medios de comunicación. Los actos terroristas aumentan en espectacularidad y las declaraciones de grandes principios no le van a la zaga. Las imágenes son una fuente constante de alimentación para la percepción de poderío y las justificaciones morales les otorga un enorme potencial en el plano del imaginario colectivo de las grandes masas de desposeídos.

Lo que tiene de significativo esta construcción simbólica de poder a través del terrorismo es la percepción de adquirir poder simbólico en guerras que no pueden ganar y para alcanzar objetivos que no podrán lograr.. Esta percepción trasciende las cuestiones personales. El acto mismo de matar por una causa superior, para transformar la situación de injusticia y de marginación de los más desposeídos, lo convierte en un acto político. En el imaginario terrorista existe una suerte de reversión soberana del poder. El Estado como único detentador legítimo del recurso de la violencia para salvaguardar el orden público ha devenido en ilegítimo, el gobierno ha traicionado el mandato del soberano, ergo el terrorista convertido en el restaurador del orden reasume el derecho a matar rompiendo el monopolio que tenía el estado. Reivindica su poder en nombre de la causa que es la base de la legitimidad del orden público que detenta el estado.

La lucha contra el terrorismo es una lucha a largo plazo. Difícil por las armas que utiliza. Estas no tiene que ver con el uso de la fuerza en el ámbito de guerras clásicas. No se puede asegurar que, llevado al plano de la guerra, una vez ganada esta en el terreno militar no emerja otro grupo, en otro punto del globo. Al mismo tiempo coloca al Estado en situación de recurrir a los mismo medios que usa el terrorismo convirtiendo la lucha contra el terrorismo en un "terrorismo de Estado". Por otra parte la vía de endurecimiento de las leyes contra el terrorismo no parecen haber surtido efectos frente a quienes, en última instancia, la muerte sólo es una oportunidad de sobrevivir como héroe. Nada puede aterrorizar a quien sabe que el enemigo siempre actuará duramente contra él.

Estas representaciones incluyen una gama de actividades que van incorporando grados de violencia hasta llegar a un clímax que se resuelve en el ámbito del acto terrorista: Reuniones privada, manifestaciones públicas, publicaciones y el uso de los medios de comunicación para poner en evidencia al enemigo y a la legitimidad de su causa son instancia paralelas a la organización militar, conformación de sistemas de comunicaciones e inteligencia y organizaciones de redes financieras.


1-Citado por Mark Jurgensmeyer (2000:7)
2-cita de David Rapoport en Mark Juergensmeyer (2000:145)
3-Jean Mouchon ( 1998:27)
4-Jean Mouchon ( 1998:27)
5-Jean Mouchon ( 1998:28)
6-Jean Mouchon ( 1998:30)
7-cita de Osama Bin Laden en Mark Juergensmeyer (2000:209)
 

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