CARCELES AMABLES PARA UNA REALIDAD DURA, BREVE Y FINAL

por Victor Lapegna.

Párrafo final del Artículo 18 de la Constitución Nacional:
"(...) Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas (...)"

Punto 7 y último del petitorio elaborado por Juan Carlos Blumberg, que hemos firmado ya millones de personas:

"Legislar imponiendo para los encarcelados, sean procesados o condenados, una reeducación a través del trabajo".

ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL TEMA QUE PUEDEN SER "POLÍTICAMENTE INCORRECTAS"

1. Las penas de prisión que se imponen a los procesados y/o condenados por haber cometido delitos procuran evitar que sigan incurriendo en comportamientos delictivos, sancionarles con la pérdida de libertad por el delito que cometieron y reeducarlos para que, cumplidas las condenas que se les dicten, se reinserten en la comunidad como personas honestas.

Una gran proporción de quienes delinquen contra la propiedad ajena lo hacen porque, aún cuando pudieran obtener un empleo, prefieren apoderarse de lo ajeno para no tener que trabajar honestamente.

Las cárceles de la Argentina no son "sanas y limpias" como lo prescribe la Constitución Nacional, pero una gran proporción "de los reos detenidos en ellas" no toman ese encierro como un "castigo" ya que muchos de ellos fueron encarcelados por no querer trabajar y en la prisión no están obligados a hacerlo y, por lo demás, proceden de ambientes que no son mucho más "sanos y limpios" que las cárceles.

La propuesta del Petitorio de Blumberg tiende a que a los detenidos en las cárceles se les imponga realizar un trabajo útil, por caso, que los presos construyan, a pico y pala, canales que ayuden a desagotar las tierras inundadas de la Provincia de Buenos Aires.

Quienes regresen a sus celdas después de un intenso trabajo físico de ocho o más horas es improbable que quieran hacer mucho más que darse un baño, comer e ir a dormir, sin que les queden ganas de "empastillarse" con Seconal o cualesquiera otra droga, de organizar motines o de planificar nuevos delitos.

Hoy los delincuentes saben que si "pierden" y les toca ir a la cárcel siendo autores de delitos violentos graves (asesinar a un policía, robos a mano armada, etc.) disfrutarán del "respeto" de los otros presos, tendrán cama y comida gratis, planificarán nuevos delitos, podrán satisfacer sus necesidades de droga y sexo y no tendrán que trabajar, que es lo que buscaban evitar mediante el delito cuando estaban en la calle.

Cuando los delincuentes sepan que si van a la cárcel tendrán que trabajar en una labor de intenso esfuerzo físico durante todo el tiempo en el que estén en ellas, es razonable suponer que esa perspectiva sea un factor disuasivo de la comisión de delitos que, en gran proporción, están motivados por no querer trabajar.

Las personas se construyen como tales mediante el trabajo y la crisis del trabajo es la raíz de los diversos y graves síntomas de anomia que padece la sociedad argentina y la recuperación de quienes delinquen es un proceso educativo en el centro del cual debe estar el trabajo.

El trabajo que realicen los procesados y condenados debería ser pagado mediante la asignación del salario básico de convenio que, mientras el reo esté detenido, se entregaría a su familia, después de deducir, al menos, el costo de alimentación del preso.

Poner en marcha este sistema implica una transformación completa del sistema penitenciario, reemplazando a la mayor parte de las cárceles actuales por "obradores" situados en los lugares en los que se realicen los trabajos y en los que se aloje a los procesados y condenados.

 

 

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