EXTRAÑANDO A BARBA NEGRA

por Francisco D. de Otazú


Si el Imperio Español representaba una prolongación del ideal medieval de Sacro Imperio y "Civitas Dei", la Hermandad de la Costa era la contraparte, y las calaveras y huesos, sobre negro o sobre rojo de sus banderas, representaban la revolución "avant la lettre".

El lento, desigual, estamental, armónico, estable y religioso mundo del Antiguo Régimen fue socavado previamente a la guilotina por múltiples factores. Los eruditos y filósofos aplaudieron en un principio a Tomás Moro -aunque este declaró claramente que sus especulaciones no eran siempre realistas y realizables-, y a Campanella, la utopía, se decía, es una critica exagerada, pero inofensiva e ingeniosa de los abusos de la propiedad eclesiástica y feudal; pero muchos retiraron sus elogios en cuanto vieron a la luz de las hogueras levantada la bandera del comunismo por los campesinos de la Suabia, por los anabaptistas de Zurich y de Munster, y por todos los feroces continuadores de los wiclefitas, lalardos y hussitas, que en el siglo anterior habían aterrado o Inglaterra y la Bohemia.

Hay dos grandes líneas revolucionarias que confluyen hacia fines del XVIII en la Revolución Francesa. Una está vinculada al flanco radical de la Ilustración, entorno a Voltaire y la Enciclopedia. Otra al utopismo, Saint Simon, Fourier y Rousseau. A los primeros flanquean, en su aspecto de acratismo, los libertinos; G. Casanova, Benjamín Franklin y el Marqués de Sade eran, a la vez que corruptores personales y por escrito, teóricos libertinos de la Revolución. A la otra corriente, que desemboca en los
iguales de Baboeuf, los pacíficos falansterios, el nihilismo ruso, el anarquismo latino y el comunismo libertario. Por ejemplo, Morelly, autor de la Basiliada (1753) y del Código de la naturaleza (1755), compuso una utopía puramente comunista.

Pero a todas estas corrientes acompañan unos fenómenos sangrientos y luego rodeados por un halo de romanticismo por la literatura y el cine. ¿Quién no ha perdonado su criminal pasado al simpático y temible J. Silver en La Isla del tesoro?. ¿Quién no ha sentido de niño el sueño de participar en un abordaje con Errol Flynn/capitán Blood?. Se trata de una piratería, que, como la Mediterránea del mundo clásico contra Roma, tiene un sentido ideológico de rebeldía contra la Pax romana que fue más allá del mero furtivismo naval. Los piratas aniquilados en tres grandes campañas por Pompeyo, César,-que llegó a ser su prisionero-, y Octavio, no sólo amenazaban el comercio, si no la unidad de poder del Mediterráneo. Eran residuos del mundo helenístico, mucho más atomizado. En todo caso,
hay una anécdota interesante, sea o no cierta; Alejandro está ahorcando a un pirata. Le pregunta por qué lo era. El reo contestó; ³por tener un barco. Si tuviese cien sería almirante².

Del s. XVI al XVIII, no sólo el Caribe como vulgarmente se cree, si no todos los mares, sobre todo el Atlántico y el Índico, (en Asia y Oceanía siempre ha habido piratería-de hecho en Malasia e Indonesia sigue en completo vigor-, pero formaba parte integrada de las economías e imperialismos chino y musulmán, no de la rebelión contra estos). Precisamente en las costas africanas se dieron las actividades más interesantes desde el punto de vista del matiz ideológico que nos proponemos descubrir.

La Pax Hispana en el Atlántico también se vio socavada. En el siglo XVII, el comercio ibérico con América, y especialmente en el Caribe, tuvo un gran enemigo que no fue Francia, Inglaterra u Holanda sino la "Cofradía de los Hermanos de la Costa", compuesta por hombres de muy diverso origen, aunque principalmente Gran Bretaña, a quienes se conocerá como "filibusteros" - del holandes "vrij bouiter", "el que va a capturar botin" -, que en inglés será "freebooter" y en francés "filibustier". El término bucanero procede de ³boucan² o ³bucán², que no es francés como generalmente se cree, si no indígena caribeño, como tantas otras palabras de uso marino como hamaca, tiburón?, se trata de carne ahumada y conservada. En las islas había ganado suelto y asilvestrado para que marinos y naúfragos se proveyeran. Una de ellas era la Isla de la Tortuga, ejemplar república a los efectos que hoy nos interesan.

La palabra corsario procede de la ³patente de corso².
Nada que ver con Córcega si no con un contrato de para correr los mares atacando barcos de bandera enemiga, nunca la propia, aunque fuese un buque equipado privadamente, no de la armada. Hasta la llegada de los grandes navío de línea de muchos puentes y cañones, no había gran diferencia entre unos y otros. Pirata procede del griego, significa ³el que emprende², el que toma un camino. Con eso creo que agotamos las diversas denominaciones.

Desertores, bandidos, desclasados, herejes, rebeldes?
en el Caribe. La mayoría de ellos se establece en la costa norte de Haití y de la isla de la Tortuga. La Tortuga era su principal base; allí compraban municiones; cuchillos, hachas y todos los demás pertrechos. Cuando divisaban por ejemplo un contrabandista danés que se dirigía al paso entre la isla de Cuba y Haití, salían a su encuentro en pequeños bergantines, (bergante significa furtivo y camorrista), para vender su carne ahumada a buen precio, (como en el caso de los vikingos, la piratería nunca aparece perfectamente separada de lo comercial), y los barcos ingleses y franceses fondeaban cerca de sus bases para comprar provisiones en su viaje de regreso a casa. La mayoría de los bucaneros eran franceses o ingleses, pero también había entre ellos indios campeches, esclavos negros evadidos; cimarrones, muchos holandeses, e incluso irlandeses.

Algunos eran hombres honrados - exiliados por cuestiones religiosas, náufragos, y pequeños terratenientes expulsados de Barbados y de otras islas de la zona por los grandes cultivadores de azúcar.
Otros eran piratas, criminales, desertores y demás gente de mal vivir. Sin embargo, aunque hubiesen sido tan honrados como el que más, los españoles nunca los habrían aceptado como vecinos en islas de su soberanía teórica. Con más éxito político los ex-esclavos de Haití que los mestizos de Riel en Canadá, esos intentos de libertad, por sangrientos que resulten, tienen siempre un matiz romántico. Nada más romántico que el poema de Espronceda cuyas primeras estrofas se saben casi todos los españolas de memoria. ³Bajel pirata que llaman por su bravura ³El Temido²??es mi dios la Libertad, ...mi única patria, la mar.² Yo particularmente prefiero, del autor El cosaco, pero ha tenido mucho menos éxito que el anterior.

Si el Imperio Español representaba una prolongación del ideal medieval de Sacro Imperio y ³Civitas Dei², la Hermandad de la Costa era la contraparte, y las calaveras y huesos, sobre negro o sobre rojo de sus banderas, representaban la revolución ³avant la lettre².

Bueno, sigamos. En 1638, decididos a terminar con el problema de los bucaneros de una vez por todas, los españoles atacaron la isla de la Tortuga, capturaron a todos los que encontraron y colgaron a los que no se rindieron. Con esta masacre de unas trescientas personas, las esperanzas de los bucaneros de ganarse la vida básicamente suministrando carne ahumada a los buques de paso, se esfumaron para siempre. Sin embargo, el día del ataque a la Tortuga, muchos bucaneros estaban cazando, y escaparon así de los españoles. Cuando regresaron y comprobaron los estragos de la incursión, enterraron a sus compañeros, y sobre sus tumbas juraron que no descansarían hasta haberlos vengado. De esa forma, se juramentaron y constituyeron la confederación de «La Hermandad de la Costa». Un pequeño, por el momento, grupo de bandidos se dispuso a desafiar al vasto imperio español, claro que a ambos lados del Canal de la Mancha, armadores y financieros se frotaban las manos.

Otro matiz de ³vanguardia histórica² de la piratería fue la participación de la mujer. Al menos dos mujeres, no tan guapas como las mujeres piratas en el cine, pues al menos en principio se hicieron pasar por hombres, participaron de la aventura. Anne Bonny y Mary Reade, fueron verdaderamente piratas, y quiso el azar que coincidiesen en la misma nave, de Calico Jack. Capturadas en 1720, su comportamiento fue digno, eran las únicas sobrias entre un ciento de borrachos en el momento final. Su carrera duró un par de años, y ya eso es largo en la azarosa vida pirata. El embarazo postpuso la horca a ambas. Mary murió en prisión y Anne desapareció. Nada que ver con alguna princesa vikinga y Ching Shih, que en la China del 1800 ¡llegó a mandar sobre 80.000 hombres y 18.000 naves!. Rackman probablemente inspiró a ³Rackman el rojo², cuyo tesoro busca el capitán Haddock en una aventura de Tintín. El más famoso pirata duró empero, sólo 15 meses, Edward Teach, ³Barbanegra², así conocido por sus tirabuzones en la barba. Los piratas, a más de sanguinarios, cultivaban su mala fama con cuidado, a más miedo,menos resistencia en pueblos costeros y barcos mercantes. Murió en combate pese a llevar ¡seis pistolas! en su fenomenal correaje. También muy conocido fue el capitán Kidd, sobre todo porque realmente, caso muy raro, enterró el tesoro que inspiró a Stevenson, en 1700, y fue ejecutado sin
disfrutarlo. El inventario de su tesoro se conserva, porque el gobernador de Nueva Cork, y Earl of Bellamont de título nobiliario, era su socio.( si el lector encuentra el mapa, deberá ponerse en contacto conmigo?).

Los bucaneros no dejaban nada al azar. Como escribió Alexander Exquemelin, uno de sus cirujanos, los bucaneros «nunca están desprevenidos», ninguno de ellos se aparta ni un segundo de su mosquete, de un machete y de las armas que constituyen la base de su supervivencia, sus pistolas. Como sabían que a campo abierto no podía competir con la magnífica caballería española, la Hermandad de la Costa decidió atacar a los españoles en el mar. Al principio salían en canoas, compradas a los indios campeches, o en pequeños bergantines. Estos barcos tan pequeños eran prácticamente invisibles a la luz del ocaso, y podían llegar fácilmente hasta cerca de un galeón sin que éste se diese cuenta. Una vez puestos a tiro, los que tenían mejor puntería, que al igual que sus compañeros iban echados en el fondo de la canoa para que sus movimientos no fuesen demasiado bruscos, se incorporaban y disparaban contra el timonel y contra el vigía de cubierta. Antes de que el resto de la tripulación pudiese reaccionar, las canoas ya habían llegado hasta el barco, y una oleada de hombres realizaba el abordaje, disparando los varios fusiles que llevaba cada uno. Con una gran nave capturada partían de nuevo en busca de presas de mayor envergadura. Exquemelin nos ha descrito un ataque típico de los bucaneros, y es muy posible que él mismo formase parte activa de esta historia, aunque prudente y modestamente oculte su participación.

El vicealmirante de la flotilla española se había destacado algo del resto del convoy, cuando el vigía de cubierta le informó haber avistado un pequeño barco en la lejanía, advirtiéndole de que podía tratarse de un bucanero. El oficial contestó que no tenía nada que temer de un barco de ese tamaño. Sospechando con razónque el vicealmirante estaría demasiado confiado como para vigilar adecuadamente los movimientos de su nave, el capitán bucanero se mantuvo al acecho hasta el anochecer. Entonces llamó a sus hombres (eran veintiocho) y les recordó que les quedaba poca comida,
que el barco se encontraba en malas condiciones y podía hundirse en cualquier momento, pero que había una forma de salir del apuro: capturando el galeón español y repartiéndose las riquezas que sin duda llevaría. Los bucaneros juraron enfervorizados que le seguirían y que estaban dispuestos a luchar con todo su entusiasmo, pero por si alguno de ellos estaba más remiso, el capitán ordenó al cirujano que hundiese el barco tan pronto como el grupo atacante hubiese abordado al galeón español. Los bucaneros realizaron el abordaje en apenas un minuto y en completo silencio, sorprendiendo al capitán y a sus oficiales jugando a las cartas en su camarote. Ante la amenaza de las pistolas el vicealmirante entregó el barco.

El botín capturado en un barco de este tipo sería suficiente para convertir en multimillonario a cada uno de los veintiocho asaltantes. Un galeón español, el Santa Margarita, que se hundió en Cayo Oeste en 1622, en pleno apogeo de los bucaneros, reportó a sus rescatadores, hace poco tiempo, nada menos que 13.920.000 dólares. Un galeón que se capturase en aquellos años debería ser aún más valioso, pues además de las joyas y de los lingotes de oro y plata, transportaría todo tipo de bienes perecederos. Se cuenta el caso curioso de que unos bucaneros que interceptaron un cargamento de cacao, lo tiraron al mar porque creyeron que se trataba de estiércol de caballo.

El aliciente del botín era un incentivo contra el que no era suficiente el valor que podían oponer los españoles. En 1668, como punto álgido de la época de los bucaneros, Henry Morgan saqueó Panamá. «Aunque nuestro número es pequeño», dijo a sus hombres, «nuestros corazones son grandes, y cuantos menos sobrevivamos más fácil será repartir el botín, y a más tocaremos cada uno». Henry Morgan, como Drake, es un ejemplo de la fluida comunicación entre la piratería y la oligarquía naval y comercial británica. Con el tiempo llegó a conseguir el perdón real, un título nobiliario, y que le nombraran gobernador de Jamaica. Nunca regresó a su Gales natal, y se instaló en Port Royal, bebiendo ron hasta morirse. El poder en el Caribe pasó de las manos de la Hermandad de la Costa, a las de la marina de Francia e Inglaterra, y aquellos hermanos que no pudieron adaptarse de una continua lucha contra los españoles a una relativa paz, zarparon hacia el oriente, en busca de una nueva carrera como piratas en las costas de la India y de Madagascar.

Precisamente fue en el Índico donde se dio el mejor golpe clásico de la historia pirática; Henry Every abordó en 1694 el barco del Gran Mogol de la India. En el cine, Errol Flynn ligó con una princesa, que efectivamente estaba destinada a un matrimonio real, acompañada de sus damas de honor y dote. En la realidad, además del enorme tesoro robado, y del asesinato de la tripulación, todas las mujeres fueron violadas.

Es difícil deducir cuáles fueron las consecuencias de la era de los bucaneros. Para los españoles, la aparición de los que ellos llamaban «los diablos del infierno», fue evidentemente desastrosa. Y se puede compartir la opinión de los españoles de aquel tiempo, sobre todo cuando se leen algunos de los relatos de Exquemelin sobre Pedro el brasileño, el cual solía pasear por las calles de Jamaica segando a hachazo limpio piernas y brazos de inocentes transeúntes; o sobre el primer jefe del cirujano, que colocaba un barril de vino en mitad de la calle, y obligaba a todo el que pasaba por delante a beber de él o morir allí mismo de un pistoletazo; o respecto a otros amigos suyos que asaban mujeres desnudas sobre piedras calientes, luchaban bajo el agua contra los caimanes, o torturaban a los prisioneros para que les revelasen dónde escondían sus tesoros.

Quizás la consecuencia de la aparición de los bucaneros no fue lo que realizaron de hecho, sino lo
que impidieron que ocurriese. Mientras la Hermandad de la Costa asestaba duros golpes comercio español en su mismo centro del Caribe, sus recursos tenían que retraerse para proteger sus puntos más vitales. Por lo tanto, el imperio español no pudo expansionarse hacia las incipientes colonias que se estaban formando a lo largo de la frontera norteamericana, como hubiera sido razonable, y como muchas personas esperaban y británicos y hugonotes temían. Los fuertes españoles estuvieron en la costa, y no había soldados para guarniciones de interior, al estilo de los que vemos en los western yanquis. El imperio se hizo sobre la base de indígena y el mestizaje, no sobre su erradicación, como más al norte. Esto no ocurrió igual en el extremo sur, donde la piratería fue menor. Hay otros muchos factores pero, en ese sentido, la piratería no dejó de influir en la gran historia.

Los que para España serán bandidos y piratas, para las naciones adversarias del poder peninsular son bandidos... o aliados. Nada de eso preocupa a los filibusteros mismos, por esencia libertarios a quienes
nada importa como no sea su condición de hombres libres, en el mar que es la libertad y agrupados en la "Cofradía...", que será un verdadero ensayo de sociedad anarquista. Pero alguna vez hay que bajar a
tierra, y debe ser en lugar seguro. Un lugar como la isla de La Tortuga. LA Cofradía establecida en el 1620 sobrevivirá hasta 1700.

¿Cómo se organizaron? ¿Qué discusiones hubo? ¿Por qué ese nombre? Nada hay escrito aunque no eran todos analfabetos y hubo hombres ilustrados, incluso nobles, pero que como los otros, al pisar la isla era nada más, y nada menos, que un "hermano". Lo que nos ha llegado son ecos de una tradición oral de esta fraternidad, que vivía en libertad separada apenas por un brazo de mar de la sociedad que los expulsó, o de la que se alejaron voluntariamente. Escuchemos esos ecos.

"Sin prejuicios de nacionalidad ni de religión". No se es francés o inglés, católico o protestante, se es un hombre al que se critica o elogia como individuo. El primer registro de una división de ingleses contra franceses, en 1689, señala ya el fin de la Cofradía. Tampoco crearon un idioma común o una nacionalidad nueva, nadie trató de imponer nada al otro.

"No hay propiedad individual". No se refiere al botín sino a la tierra. Nunca hubo lotes ni en La Tortuga ni en las zonas de caza. Tampoco los barcos eran propiedad individual y el capitán que llegaba a la isla con uno, perdía sus derechos sobre él. Cualquiera que preparase una expedición podía utilizarlo.

"No hay la menor ingerencia sobre la libertad individual". No hay actividades obligatorias, ni prestaciones forzadas, ni impuestos, ni presupuesto general. No hay código penal y las querellas se resuelven de hombre a hombre. Nadie esta obligado a combatir, se participa en las expediciones
voluntariamente y voluntariamente se las deja; por esto o hay ni persecución ni venganza. No hay ningún registro de persecución contra el "Hermano" que abandone el filibusterismo. Lo más parecido en la historia contemporánea quizá fuese el Aragón oriental en manos de la CNT-FAI en 1936-38, durante la Guerra Civil Española.

"No se admiten mujeres". Se refiere a las europeas y ninguna podía desembarcar en la isla. No así las mujeres negras o indígenas. Cuando el agente oficial francés D`Ogeron intenta, en 1667, convertir La Tortuga en colonia de su país, utiliza no la fuerza sino el quebrantamiento de esa norma. Trae 100 mujeres blancas, que pese a ser "rameras sacadas de la cárcel, pelanduscas recogidas en el arroyo, vagas sin verguenza", se ubican fácilmente entre los hombres del lugar. Se forman parejas, sin casamiento, en las que la mujer no es la esclava sino la compañera, pudiendo reclamar la ruptura de la unión en caso de maltrato.

Pero no obstante se iniciará allí el aburguesamiento de los filibusteros, y junto con la ropa zurcida y los niños aparecerán el adulterio, las intrigas y rencillas vecinales. Caso excepcional, pero feminista, fue el de las mujeres pirata. En toda constitución hay derechos y deberes. En la Cofradía las leyes que vimos no señalan ningún deber para con la comunidad que no se preocupa de proteger a los débiles. De lo único que se protege es de la tiranía y la mejor manera de hacerlo es fortaleciendo la importancia de cada individuo. Son los derechos de cada uno los que garantizan la libertad, y cuanto más numerosos y más fuertes los miembros, mejor será la garantía de subsistencia y de equilibrio para el conjunto. Para esta fraternidad las necesidades militares son imperiosas y obligan a designar jefes para el combate. Pero se trata solo de un cargo militar, determinado por elección y revocable en cualquier momento. El "Gobernador", que así se llamara, deja sus funciones cuando la contingencia bélica es superada. Recuérdese que faltan mas de 150 años para la independencia de los Estados Unidos y para la Revolución Francesa, pero en La Tortuga ya hay elecciones. Los capitanes se eligen por votación democrática, y así se destituyen, (normalmente eso significada su muerte). Mientras mantenga este consenso, el gobernador - como el capitán de un navío - tiene una autoridad indiscutida. También había un "Consejo de Ancianos", formado por los más veteranos, quienes velaban por la pureza del espíritu libertario de la Cofradía, especialmente vigilando las condiciones de ingreso de nuevos miembros a través de un noviciado sui generis llamado "matelotage", donde el aspirante debía compenetrarse con el espíritu y la conducta de la hermandad o ser rechazado.

En Madagascar otra aventura pirata-utopista llegó a tener mayor dimensión que la de la ejemplar Tortuga, pero acabó con la muerte de su jefe Bartolomé Roberts, en 1723. Su ³Carta Constitucional² de 1722 es todo un documento democrático, allí comenzó el principio de ³un hombre=un voto².

La consolidación del capitalismo y de los poderes imperiales europeos en el Caribe, además del aumento del poder de los navíos de línea, acabó con la extraordinaria experiencia de los Hermanos de la Costa. El filibustero se hizo "corsario legal². Otros cayeron en un mero bandidaje naval que perdió todo
matiz anarquizante. Pero la leyenda nunca olvidará esa inédita aventura de libertad que navegó a toda vela por las Antillas. El anarquismo debe su bandera negra a ese precedente.

Francisco D. de Otazú

 

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