LECCIONES PARA HAITI: LA EXPERIENCIA ARGENTINA EN CROACIA

Por Carlos de Galia

 

Próximo a partir a Haití el primer escalón del contingente argentino, creemos que puede resultar de interés, repasar, muy brevemente por cierto, la experiencia que tuvo nuestro país en Croacia, durante la década de los noventa. Hoy resulta hasta común, el pensar que tenemos tropas destacadas en el extranjero, pero pocos recuerdan la importancia que tuvo que Argentina participara con un batallón desde 1992 en Croacia, integrando el mayor esfuerzo militar de la ONU desde la guerra de Corea, conocido por su sigla en inglés de UNPROFOR (United Nation Protection Force).

En ese entonces, Yugoslavia se hallaba en plena guerra de secesión, siendo Eslovenia, el único estado de la federación yugoslava que consiguió con cierta facilidad su independencia. Croacia, había combatido duramente por ella, pero un sector muy importante de su territorio, se encontraba bajo el control serbio, quienes deseaban establecer en el mismo lo que denominaban República Krajina. Entre croatas y serbios se estableció UNPROFOR, y nuestro país, junto a Canadá, Francia, Jordania, Reino Unido, Bélgica, Holanda y muchas otras naciones, contribuyó con personal y material, a la operación.

Nada fácil resultó la intervención de nuestro país, ya que debía operarse en una zona muy alejada del propio territorio, con pautas culturales en muchos casos diametralmente opuestas, sin mencionar a la doble barrera idiomática (inglés en el ámbito de la misión y serbocroata con la población). A pesar de todo ello, nuestras tropas, tantas veces denostadas, se comportaron con un nivel de profesionalismo que muy prontamente llamó la atención de los contingentes de las naciones más relevantes que allí participaban.

Los argentinos establecieron bases donde nada había, proporcionaron seguridad a la población, ayudaron a quienes más lo necesitaban, se integraron tanto con croatas como serbios, patrullaron zonas donde serbios y croatas se acechaban para matarse, y establecieron lazos de camaradería muy profundos con sus pares de otros países, especialmente con el contingente holandés; el cual aseguraba las comunicaciones de los argentinos con sus mandos de las Naciones Unidas. Por supuesta, algunos pagaron con sus vidas o con mutilaciones esta tarea. A los inevitables accidentes, propios de una zona donde operan fuerzas militares, no faltaron argentinos heridos por las minas colocadas de manera irregular por los diferentes bandos, ni quienes en el transcurso de patrullas dieron su vida. Tampoco faltaron actos de arrojo, como el rescate de holandeses heridos en medio de un campo minado u otras acciones en ayuda de población necesitada en medio de una zona de guerra. Se ha dicho que la participación de nuestros militares en estas fuerzas, contribuyó más a la nación Argentina que cientos de cocktails, recepciones y oratorias poco afortunadas; sin embargo, se olvida el apoyo permanente a nuestras fuerzas que los representantes argentinos hacían desde el Consejo de Seguridad, quienes en no pocas ocasiones, concurrían a visitar a nuestros soldados sobre el terreno.

Hubo un tiempo que la misión UNPROFOR fue severamente cuestionada a nivel internacional, por considerársela que no pudo evitar la catástrofe en Bosnia Herzegovina. Quien esto escribe, puede muy bien suscribir esto, pero al mismo tiempo, se pregunta ¿Cuántas muertes se evitaron con la presencia de UNPROFOR en Yugoslavia?, ¿Cuántos refugiados recibieron comida?, ¿Cuántas mujeres no fueron violadas?, ¿Cuántos pueblos conocieron la posibilidad de tener un mínimo de seguridad en sus vidas?. En la respuesta a cada uno de esos interrogantes, hubo muchos argentinos, la mayoría de ellos anónimos, que lograron que miles de personas, por todos nosotros desconocidas, tuvieran la chance de sobrevivir a la peor de las guerras, aquella que se libra entre quienes vivieron en comunidad durante décadas. Esos serbios o croatas, guardan para los soldados argentinos, un recuerdo de gratitud, que también hoy tienen los chipriotas (turcos o griegos), los kuwaitíes, y seguramente también los haitianos lo tendrán algún día. Quizás también, los argentinos tengamos esa misma gratitud por ellos.

 

 

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