GATOPARDOS CASTRADOS

Escribe GABRIELA POUSA.

"Ahí están esos señores que de tanto en tanto sacan a relucir sus cuchillos y sus revólveres. No crea usted que la cosa va en serio. Su papel exige que lo hagan así. Eso es todo: se mueren de miedo cuando disparan sus últimos cartuchos. A parte de esto, los encuentro más morales que a otros, los que matan en familia. ¿No ha advertido usted que nuestra sociedad se organizó para esta clase de liquidación? Desde luego habrá oído hablar de esos minúsculos peces que atacan por millares y millares al nadador imprudente, lo limpian en unos pocos instantes con mordiscos pequeños y rápidos y no dejan de él más que un esqueleto inmaculado. Bien, esa es su organización. ¿Quiere usted, una vida limpia como todo el mundo? ¿Cómo decir que no? De acuerdo, vamos a limpiarlo. Aquí tiene un oficio, una familia, comodidades y expansiones organizadas. Y los pequeños dientes atacan la carne hasta los huesos. Pero soy injusto. No hay que decir que sea su organización; mirándolo bien, es la nuestra: todo está en saber quién limpiará a quién" Albert Camus (La Caída)

Bastó una especie hecatombe medianamente bien representada para que todo el debate se concentre en un solo tema: la anarquía reinante. Sin embargo, no da letra suficiente para plantear un panorama político que resulte original.

Detrás de una escenografía – que admito estuvo muy bien escogida – nada realmente trascendente o al menos capaz de cambiar el rumbo de la política nacional, ha sucedido todavía. El Estado ausente que descubrieron algunos colegas en estos últimos días es el mismo que caracteriza a la Argentina desde tiempos inmemoriales diría. En rigor no se trata de ausentismo sino de fluctuaciones.

Qué los argentinos tengamos una memoria breve y frágil no amerita afirmar que haya, en el corto o mediano plazo, muchas variantes en la gobernabilidad.

La semana que pasó sólo se destacó de las demás por una manifestación distinta de la ola de violencia. No ha habido una repentina alienación social ni la hostilidad surgió intempestivamente.

Convengamos que estamos viviendo en la intimidación permanente. Si esta vez, la gente enfatizó su asombro y preocupación fue simplemente porque fluctuó el área de acción donde se desarrollaron los acontecimientos.

¿Qué fue realmente lo que pasó? ¿Por qué concentró la atención de la mayoría de los ciudadanos? Las respuestas no son tan complejas como muchos creen o quieren hacer que creamos.

Mientras los cortes de ruta, los escarches, las extorsiones, etc., etc., se esparcen a lo largo y ancho de la geografía argentina no permite que la clase media -que siempre es la que genera el clima de exaltación posterior – pueda concentrar la preocupación o mancomunar su queja. Lo que mantiene en vilo a la gente, no son los hechos sino la espuma que se hace en torno a éstos. El día después se torna más trascendente que el de los acontecimientos. El caos ya menguó pero el eco se hace sentir en la ciudadanía. Y a no equivocarse que no sucedió la semana pasada. Sucede todos los días.

Lo que varió fue el escenario de los sucesos. Mientras las huestes piqueteras se concentren en el puente Pueyrredón o en zonas del conurbano bonaerense no hay mayor repercusión. Lo mismo, si los cortes de ruta impiden la libre circulación de camiones o se concentran en pasos fronterizos.

La vida está en otra parte, sostuvo Milán Kundera. En Argentina, la vida está en la Capital Federal o en la Ciudad Autónoma de BA, como prefieran. Y ahí está el leitmotiv de esta catarata de hipótesis que van desde el accionar revolucionario, los gérmenes trotskistas, las operaciones de inteligencia, la guerrilla urbana, el terrorismo de los setenta hasta las más vagas teorías sobre complots antidemocráticos o conspiraciones camufladas con olor a pólvora y botas lustradas.

Si afirmo rotundamente que no hay nada de eso en los hechos acontecidos la última semana se dirá que respondo a intereses sectarios o que he sucumbido a la demagogia del kirchnerismo. Pero lejos estoy de afanes sectoriales ni me moviliza otra cosa que no sea el tratar de aportar un ápice de claridad a un panorama tan embadurnado con negros y grisáceos tenientes a enfatizar la oscuridad y hacer creer incluso, que hay más pinceles interesados en pintar un nuevo espectro nacional.

Desde luego no niego la gravedad de la barbarie que azotó las calles días atrás cuando paradójicamente, se trataba de definir un código de convivencia urbana.

Lo dije en el informe de la semana pasada: codificar la armonía o mismo pacificar la vida de personajes tan disímiles en su esencialidad resulta una quimera o mismo una entelequia. El hincha de River no admitirá la razón del xeneixe a la hora de justificar un penal. De igual forma, un conservador o un hombre de principios sólidos no podrás admitir de buena gana que un travestí se ofrezca en la puerta de su casa. No seamos ingenuos en una época caracterizada por la contravención, los excesos y la trasgresión constante.

Quienes mantienen una determinada moral que no tranza con las modas de turno, los oportunismos mediáticos o el facilismo moderno no han de convivir alegres y contentos con marginales y prostitutas en sus zaguanes. No hay código que valga en este aspecto máxime si atendemos los antecedentes de las reglas y normativas en la materia… El respeto está más ausente que el Estado, no nos engañemos, de lo contrario cómo es posible que un ministro le diga a un Obispo que es un delirante o el presidente le retruqué un quiero vale 4 a todo aquel que opine diferente…

El respeto no se puede codificar, no se origina en decretos ni atiende articulados. Y eso es lo que hace falta en el país. Lo demás es válido claro está, pero responde al juego de la burocracia, del rol del Estado: las formas y no el fondo, nada más…

La trascendencia que revisten los acontecimientos del pasado jueves deviene en el dónde se produjo la acción. No resultará gratuito que la violencia se manifestara de manera tan contundente en los alrededores de la legislatura porteña. ¿Causas? ¿Motivos? ¡Es el habitat de los políticos! Allí son ellos los que experimentan el peligro y seguramente han de alucinar con esas "sensaciones de inseguridad" a las que hace referencia Gustavo Béliz, Felipe Solá o Aníbal Ibarra.

Los que esta vez quedaron varados por la acción de las huestes insurrectas- más allá de jugar a las adivinanzas para definir quiénes las comandan – han sido precisamente los que hasta ahora no han movido un dedo para atender la demanda de la gente cuando reclama una política capaz de poner fin a la ignominia piquetera.

¿Los legisladores se atreverán a reunirse para saber qué es lo que la ciudadanía reclama? Posiblemente, se acierto que el lenguaje de la dirigencia no sea el de la gente. Pero los hechos vividos quizá permitan una traducción simultánea. No hay peor ciego que el que no quiere ver… el pasado viernes, los dirigentes políticos no pudieron jugar al gallito ciego. Ese es el dato que más revuelo está causando.

Creer que les interesa realmente, al menos a una mayoría, qué pasa con la Argentina no encuentra razón sostenerse. ¿Qué antecedentes hay de que así es o haya sido o lo sea hoy día? Sin ir más lejos, en los últimos meses los cortes de ruta se duplicaron. No hay un gabinete homogéneo, continúan las internas, Scioli brilla por su ausencia…

¡Y mírenlo a D’Elía cuán dolorido está por la muerte del piquetero Cisneros! O más aún, obsérvese su preocupación por seguir de cerca la investigación del deceso. Encima se ha ido y nos ha dejado sin su "sentido común" vanagloriado por ministros y funcionarios… Y no hace tanto, 10 ó 15 días atrás convocaba marchas desde Balcarce 50 y aseveraba la gratitud que le dispensaran en el Gobierno por liderar el saqueo de una comisaría. Todo tiene una razón de ser, en ese sentido nada es tan ilógico como parece. Si Luis D’Elía habla y dice cómo se desarrolló la andanada en La Boca aquella mañana, algún fusible debe saltar en los despachos más cercanos al escritorio presidencial.

LOS CIEGOS VOLUNTARIOS Y LOS COMPULSIVAMENTE CEGADOS

Lo que debiera asombrar de una semana violenta como titularon los grandes medios es la velocidad con que se cambia el foco de atención a la ciudadanía.

Esto último debería ser lo que surgiera como novedad y concentrara una reacción oportuna en la gente. Porque mientras las bandas que manejan el escenario de la política juegan a ver quién llega, quién se mantiene, quién avanza un casillero y quién retrocede, es el pueblo el que sigue sometido a la voluntad de los delincuentes, al incremento de precios (la canasta básica de alimentos subió pero el bendito código contravencional logró que descienda en interés periodístico), a la insensatez de los dirigentes.

Mientras tanto, Kirchner se fue a Santa Cruz ha hacerle un guiño a Acevedo. ¿Habrá festejado con el gobernador sureño que los piquetes dejaran sin espacio la controversia acerca de los fondos de la provincia expatriados paradójicamente, por amor a la Patria, y fidelidad al pueblo?

Nadie habla prácticamente de las "negociaciones" que vienen librándose con el FMI como si no fuesen a aparejar consecuencias, pero como la relación Kirchner- Lavagna no es la de mieleros precisamente, mejor que lo que sea surja de todo ello se mantenga difuso. No sea cuestión de acertar y tener que admitir que el logro es del Ministro y no del Presidente.

¿El Plan de Béliz? ¿Para qué volver sobre el tema? Ya se dijo que la inseguridad es una sensación y los secuestros se exportaron todos sin retenciones siquiera a México. Son las bienaventuranzas del MERCOSUR, ya se había dicho que eran mejores a las del ALCA…

No, no hay temas pendientes. De modo que ahora habrá que dejar que Kirchner elabore el modo de subsidiar encuestados para alcanzar nuevamente la imagen positiva que le engalane. No comparto la idea de un Gobierno preocupado en atender las causas que hacen que la popularidad descienda. Creo más bien en el desvelo por mantener llenas las arcas capaces de comprar porcentajes y acallar todo aquello que surja como obstáculo. No hay todavía un plan de gobierno y los números en materia económica gracias al superávit son ideales para la subsistencia en la desidia por un amplio margen de tiempo todavía.

Eso lo corrobora a su vez que Eduardo y Chiche Duhalde continúen su política de silencios. Silencios que generan tal vez, algún escozor en Gobierno en tanto lo primordial para el jefe de Estado es saber cuántos papeles más tiene la caja en la que el jeque bonaerense está sentado.

Respecto a los piqueteros Kirchner derivó el tema. Son fuerzas de alquiler, por ende la orden es que regateen y consigan una buena oferta. No hay otra planificación más que esa. Poseen ya un presupuesto mayor al de las fuerzas de Defensa. Desde luego no pensemos que se trata de grupos aislados. No importa la cantidad de filas sino la organización que poseen detrás y que está en franca concordancia con la política de "no hacer nada" del Gobierno Nacional.

Sin duda sobrevendrán conversaciones tendientes a conciliaciones del estilo de las treguas ya conocidas: efímeras, breves, furtivas…

Castells seguirá su estrategia de extorsionar a diestra y siniestra, ¿por qué habría de dejarlo si le ha dado visibles resultados? Y viviremos en lo que también nosotros, como sociedad, hemos permitido: escaramuzas, choques más o menos violentos, ausencias furtivas, regresos, alianzas, escisiones todo depende del reparto de planes… El resto es un aporte de la increíble capacidad de acostumbramiento que tiene el pueblo.

Podemos esperar en consecuencia una semana de declaraciones para todos los gustos: ya se ha escuchado a Alberto Fernández lanzar la primera sospecha: "Hay que ver quiénes se benefician con los incidentes en la Legislatura porteña" No lo sabremos nunca a ciencia cierta. También es lícito especular y encontrar alternativas distintas pero ese análisis no sirve: lo desdice en un santiamén una buena repartija…

Prever que los detenidos por los ataques a la Legislatura declaren una y otra vez y se vayan a sus hogares no es pesimismo: ¿Cuántas veces ya ha sucedido?

Mientras tanto, la provincia de BA intentará diferenciarse nuevamente del Gobierno y para enredar aún más la trama aparecerá Moyano con su triunvirato, a confundir lo poquito que podamos tener claro… Ya sostuvo el líder sindical que: "En Argentina se vive un clima bastante enrarecido" Todo un filósofo contemporáneo.

Otro visionario tratando de sacar rédito antes que lo dejen sepultado es Aníbal Ibarra sosteniendo que "La Policía no frenó el ataque por falta de instrucciones claras" Nada que envidiarle a Poncio Pilatos…

Habrá pues, debates que de tan contradictorios no dejaran que podamos establecer quiénes son enemigos y quienes aliados: Béliz vs. Ibarra, Macri vs. Los grupos marginales, la Iglesia analizando el costo de la razón para cumplir el rol conciliador, y Kirchner siempre Kirchner contra cualquiera que lo desdiga o le niegue incluso que los pingüinos no vuelan…

La causa de las coimas en el Senado no merece mayor análisis. Basta para quienes quieran tener una explicación medianamente concreta indagar el lo que aconteciera en los comienzos de la década del 90 con aquel diputado falso, devenido en "dipu-trucho" que en su momento alterara los ánimos al igual que sucediera con el arrepentimiento de Pontaquarto, erigido prácticamente ya en héroe nacional…

Finalmente en este gatopardismo donde todo sigue igual aunque parezca distinto, no creamos que la discusión esta centrada en el papel del Estado: si es o no activo, si está o se ha ausentado. El Estado de hoy, 19 de julio de 2004 es el mismo que había hace uno, seis o diez meses atrás. No ha variado. Sigue sin ser ejecutivo para lo necesario y aparece en primer plano para desempeñar roles empresarios o cerrar pactos y acuerdos que nos anclen a una región que dista de ser el socio soñado... Por eso, por ahora, no vale la pena esperar demasiado…

 

GABRIELA POUSA

(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Estudios en Sociología del Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.

 

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