LA ARGENTINA SIGUE
SIENDO UNA FIESTA
 

Por Gabriela Pousa(*)

 

“Tengo una angustia enorme y siento la responsabilidad como gobernador de que esto ocurra en mi provincia”. Conmovedora frase de Felipe Solá. La pregunta: ¿Y qué hará? ¿Otra vez removerá la cúpula policial?


No ha servido de nada sino pregunten a la familia de Ezequiel Demonty. ¿Quién es? Cuidado, porque esta vez si no tenemos la respuesta, somos parte del problema. En estos casos, un ejemplo es demasiado…


No podemos darnos el lujo de amnesias ni hay tiempo para dispersarse en el circo que se nos monta a diario.


Estos últimos días no dejaron más que una suma de temas arbitrarios para acrecentar la nómina de olvidos. Hasta los pactos o negociaciones con el Fondo cubren portadas de tanto en tanto, y se esfuman en la nada antes de que se explique en verdad qué pasa. La velocidad de la información nos deja en una nebulosa, perdidos ante la fugacidad de lo superfluo.


Observemos:

• ¿Cuánto duró el Béliz Gate?
• ¿Cuánto las declaraciones de Sergio Acevedo sobre los fondos expatriados de la provincia de Santa Cruz?
• ¿Cuánto la interna peronista?
• ¿Cuánto duraron los arrepentimientos en Argentina?
• ¿Cuánto las coimas en el Senado?
• ¿Cuánto la cuenta bancaria del ex Jefe de Policía Bonaerense?
• ¿Cuánto el duelo de D’Elía por la muerte del piquetero Cisneros?
• ¿Qué pasó con el saqueo a los regimientos?
• ¿Dónde están los complots que Kirchner denunciara?
• ¿Cuál fue su declaración ante el juez que lo citó?
• Y ¿cuántas señales de inminentes cambios en el accionar del presidente contabilizamos?


Ni la gastroenteritis modificó un ápice de Néstor Kirchner, ni la rebelión piquetera que en apariencia hiciera descender los índices de popularidad derivó en un jefe de Estado aggiornado, al contrario.


Creado un ritmo oportuno para mantener escindida a la realidad de la noticia, no puede darse un debate que resulte fructífero. Las novedades son viejas.


Un ejemplo cabal es lo que sucede con el FMI. Siempre es tema de polémica durante un par de días y se acalla como si no produjese consecuencias. Los problemas que se presentan en el país, si acaso se resuelven, son un misterio insondable para la ciudadanía. De lo contrario tampoco aparece quién pregunte o indague cómo terminó la trama. Tenemos prólogos y con suerte desarrollo pero estamos carentes de desenlaces y finales.


Hay temas que deberían seguir ocupando el centro de la escena. En Argentina día tras día estamos forjando una cultura de la desidia. Todo es efímero, furtivo. Nada dura más de 24 horas. Hasta las instituciones que deberían ser perennes se reciclan con una simplicidad que haría caer a cualquier imperio de aquellos que forjaron sus estructuras…


Esto deriva en endiosamientos furtivos de modas que se insertan en todos los ámbitos y en todas las cosas conduciendo a un estado de desequilibrio permanente donde hoy puede ser ayer, y mañana directamente no es…


Vivimos instalados en la fragmentación y el caos. No existe continuidad de la memoria, esa armonía básica de sentirse heredero del ayer, y precursor del porvenir; la certidumbre de pertenecer, pieza diminuta pero necesaria a la cadena del tiempo.


Todo parece surgir de una irrealidad: de lo grave a lo efectista pasa como si no sucediera nada.


La bala perdida que mató a una estudiante de 15 años mientras atendía una clase de inglés el último fin de semana seguirá perdida ad eternum en Argentina. Enterrada la víctima, con la harto conocida sentencia: “Investigaremos hasta las últimas consecuencias” todo vuelve a foja cero. Enseguida vendrá algo nuevo a distraernos.


De golpe, leemos que una treintena de localidades se independizan de sus municipios para constituir una ONG…

 

Quizá, al presidente se le ocurra decirle al FMI que la Argentina toda es ya una Desorganización no Gubernamental (DNG) o directamente no atenderlos más… “Malentendidos de agenda” ¿Poca batería en la Palm…?


El Presidente necesita de traductor permanente. Si se lo observa detenidamente se verá que se mueve como un extranjero. Es un visitante que mira al país detrás de una cámara con el obturador cerrado. Después mostrará por dónde estuvo viajando hincado en un orgullo falso. Admitamos que para el jefe de Estado, la Argentina es un medio y no un fin en sí mismo. Kirchner parece usar al país. Estamos siendo usados…


Néstor Kirchner decidió ser kirchnerista. Ni peronista ni transversal. Tampoco le interesa un contenido ideológico preciso para su dar contenido a su propia tropa. Apenas alguno falle, se cambia como a una bombita de luz quemada. Están ahí para iluminarle. No hay otra función específica en tanto por ejemplo, un Secretario de Gabinete tiene que hablar de todas las ciencias y todas las disciplinas, sepa o no, eso no cuenta. La orden es que hable y si no disipa tinieblas, que al menos engendre tormentas nuevas para cubrir lo que sigue en escena.


En ese rol los Fernández son marionetas de primera. No se equivocan tanto como nos quieren hacer creer: si alguno dice
"A" y Kirchner observa efecto contraproducente. Desmiente y así, "A" pasa por obra y gracia de una oratoria diezmada en contenido, a ser "B". Esto es el kirchnerismo ¿para qué buscar más?


La actual desorganización tiene su lógica. En una escenografía armónica hasta el más mínimo desliz desentona y se nota. Hoy cualquiera sea el dislate queda cubierto inmediatamente por otros tantos que se producen en un habitat donde todo es posible menos la verdad que ha pasado a ser meramente probable.


Por eso puede leerse que “Sindicalistas pretenden anotar a inmigrantes ilegales como trabajadores formales” y nada alterarse. O pasa inadvertido que absuelvan a Nina Aragonés de Juárez… “Mañana será otro día” es el slogan que parece embanderar la actual gestión gubernamental.


Ahora bien, prever cambios cuando lo actual está dando resultados no amerita mucha rigurosidad. Y a Néstor Kirchner su gestión le está todavía dejando un saldo favorable. No es el escenario de los primeros meses ni es sobre el cuál puede construirse algo sólido y sustancial. Pero es el que aún lo sostiene y “sostenerse” puede que sea el incentivo del presidente. Al menos otro no se ha visto ni oído… O duró lo que dura todo en la Argentina de hoy donde se ha devaluado incluso hasta la vida.


Si admitimos que es en los medios de comunicación, donde están los formadores de opinión: en las últimas horas quienes tuvieron más aire y espacio han sido: Saturnina Peloso, Raúl Castells, Luis D’Elía y los “líderes” de la cumbia villera. La semana anterior fueron travestís y marginales discutiendo su derecho a la inconstitucionalidad. Al mismo tiempo los debates más triviales se centran en el éxito de Florencia de la V y en el beso de Nicole Neumann con otra modelo chilena.


¿Qué puede cosecharse con esta siembra? No vienen tiempos benévolos porque no hay quién se ocupe de ello. Por el contrario.


Así como esta casta política ya ha probado con creces no estar capacitada para llevar adelante el país, la dirigencia empresaria está demostrando con su complacencia un grado de ineptitud o desidia igualmente grave.


La cumbia villera mueve una industria de 450 millones… y al mismo tiempo mantiene anestesiado al pueblo. La última acción exitosa del gobierno ha sido aumentar el último sábado el raiting de la bailanta televisiva… ¿El aumento a los jubilados? Es sólo argumento para los gritos que dará Kirchner mañana ratificando su demagogia y su adicción al proselitismo.

 
Se percibe una desidia masiva: política, empresariado y ciudadanía. Hoy por hoy, para el empresariado prima auspiciar aquello que tenga más audiencia. Lógicamente es inherente a una empresa la génesis de ganancias. Pero es igualmente intrínseco a ésta, mantener un contexto donde la producción y la venta puedan desarrollarse sin interferencias. Pues bien, esta última función está acéfala en gran parte de los directivos empresarios. Una cosa es que no vuelvan a invertir en el país y otra movilizar las inversiones ya hechas, de allí que no servirá que despierten cuando las fábricas estén limitadas a ONG o tomadas por Castells…


Los espacios en política y en toda ciencia se llenan. Si son los mismísimos políticos los que dejan a la deriva al Estado y los empresarios los que desdeñan el contexto donde se inserta el leitmotiv de su quehacer, es posible que sean marginales o insurrectos los que ocupen el escenario.


En este aspecto la construcción de una oposición coherente y con ideas que lleguen a la gente parece ser lo más acuciante. Esperar cambios en el “estilo K” a esta altura de las circunstancias no suena muy sensato. No aporta tampoco apostar plazos ni pronosticar hacia dónde vamos y cuándo llegamos…


No se trata de establecer tiempos. De nada sirve que sea ahora o mañana si no hay una alternativa que cubra y cumpla. Esa opción hoy escasea. Es inútil ir armando un Presidente virtual entre cadenas de mail y tertulias. Habría que comenzar a preguntarse si acaso hay en esta Argentina de 2004, una clase dirigente que sea capaz y pugne por principios y valores antes que por intereses sectarios y estructuras de poder maniqueas.


El primitivismo es el rasgo sobresaliente de este momento. En filosofía se sabe que el vacío es el presente ungido en absoluto: lo que no termina de ocurrir, el transcurrir perpetuo, el fluctuar ad eternum… Es el incesante caldo de cultivo de una posibilidad que no aflora.


Pero, no importa… Total, ahora viene el salariazo y sin pizza pero con corderito patagónico empieza la Fiesta K. ¿Quién la ha de pagar?

(
*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Estudios en Sociología del Poder (Oxford) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.

 

 

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