LA DESINTEGRACIÓN
 

Por Carlos Manuel Acuña

 

La nueva tendencia aparecida principalmente en la provincia de Buenos Aires, donde numerosos municipios iniciaron gestiones para independizarse de los distritos a los que pertenecen, puede interpretarse de varias maneras y en realidad, no todos los argumentos apoyados por sus habitantes son los mismos.

 

Sin embargo, el problema registra un denominador común, un punto de convergencia que marca la hondura de la crisis por la que atraviesa la Argentina y pone de manifiesto la existencia de algo así como un movimiento endógeno que desprende del centro y hacia fuera, los componentes del básico escenario nacional.


En resumidas cuentas, lo que existe tiene un contenido
incitante, creador, constructivo y no es una simple sublimación del localismo, sino el hartazgo de los habitantes que se sienten aplastados por los impedimentos que surgen de las burocracias del estado en todos sus niveles. En realidad, se trata de una incipiente quebradura de aquellos factores que definen un proyecto común, lo sustantivo de una nación. Ahora, mientras desciende sobre esos ciudadanos el cansancio producido por tantos fracasos acumulados y la selección
de los peores en vez de los mejores, buscan una respuesta adecuada a los
problemas que existen y no se solucionan. Por supuesto, esto incluye el destino de las recaudaciones fiscales que no vuelven a quienes pagan, a quienes son la base estructural de la composición social en un territorio determinado.

 

A lo largo de la historia universal, las cuestiones impositivas han sido la causa de grandes movimientos determinantes del futuro y esto que ocurre en Buenos Aires, no tiene por qué ser distinto, diferente o expresar un significado distinto.


Como una señal de la decadencia que vivimos, ninguna voz partidaria ha surgido
para dar una explicación a los síntomas cada vez más agudos del resquebrajamiento institucional de la República, cuyas bases mismas aparecen sentidas por los sucesivos errores de quienes ocupan el lugar de la dirigencia política.

La incapacidad de gobernar
Si pobladores distribuidos en diversos lugares del territorio provincial
exploran el camino separatista para intentar una solución a sus problemas, debemos añadir que la cuestión que comentamos no es ajena a otros conflictos que sacuden a los argentinos y contribuyen a crear una atmósfera agobiante y generalizada que va mucho más allá de los límites provinciales.

 

Entre sus componentes podemos citar, por ejemplo, la creciente inseguridad que altera las formas habituales de vida, la insatisfacción económica que cierra los horizontes y por consiguiente, también las buenas expectativas que siempre
alegran y ayudan. A los más jóvenes, la situación les clausura las posibilidades
de progresar, a los del medio? tal vez los más importantes por su rol protagónico dentro de la sociedad - les abre la inestabilidad y la angustia que los coloca en el centro del conflicto, en tanto los mayores soportan cada vez más rápido el angostamiento de los logros que obtuvieron después de sus años más activos. Además de la misma angustia, ya transitan por un camino sin salida.


Si a esto le añadimos las señales indicativas de disolución que campean
a lo largo y lo ancho del país, los empeños por suprimir la soberanía argentina en la Patagonia que pilotea, con apoyo externo, el activista de izquierda Osvaldo Bayer, las crisis de representatividad que se registran en los ámbitos más diversos y en particular en los partidos políticos, no resulta difícil vislumbrar un final próximo, anárquico y de resultados todavía inciertos.

 

Y ya que hablamos de agrupaciones, no es difícil reconocer que la que se dice gobernante, enfrenta una de sus mayores descomposiciones internas que amenazan no sólo su unidad, sino también su consecuente capacidad de gobernar.


Un fenómeno contagioso
La tendencia independista que se registra en los municipios o comunas, tiene
una base económica pero también política y, por ende, moral. Es contagiosa y abre un camino lleno de dudas que por el momento no adquirió una intensidad
lo suficientemente notable, pero al margen de las variables que pueden ser
atendibles, la tendencia existe y lo que es más importante, marca la incompetencia de quienes administran las instancias más altas, un fenómeno que está francamente instalado en el vértice máximo del poder en la Argentina.

 

También indica algo más que un estado de insatisfacción cada vez más cercano a la rebeldía, una cuestión que por ahora sólo encontró al separatismo como cauce para un estado espiritual que está contenido por el desánimo y la tristeza. Por cierto, si existiera un liderazgo convocante, otra cosa sucedería.

 

Pero no solamente el problema es bonaerense. En Santa Fe existe la localidad de Acebal que posiblemente no sea la única con idénticas características cuya población oscila en los siete mil habitantes, cifra ésta que le otorga el carácter de comuna, es decir, que no elige intendente municipal y lo que es más elocuente, tampoco a un Concejo Deliberante.

 

Acebal se encuentra sobre la ruta que une a las ciudades de Rosario y Pergamino y sorprendentemente, es próspera. Sus habitantes se sienten satisfechos por la forma en que se manejan los intereses públicos y el índice de ocupación es alto, pero eso sí, los temas que interesan a todos son atendidos de común acuerdo a través de representantes naturales, informales en cierto sentido, pero reconocidos por su capacidad y habilidades. No son contestatarios ni hacen de la protesta un instrumento revolucionario sin destino. No son discursivos ni hacen de la polémica o la promoción personal un instrumento político. Acebal decidió superar las instancias distritales para encontrar inversores, instalar fábricas
como la de zapatillas, convertida en una de las importantes fuentes locales
de trabajo, además de las ocupaciones agropecuarias. Los dirigentes pueblerinos buscan sus propios contactos, se conectan directamente con el exterior para
proponer negocios interesantes, explorar directamente nuevas posibilidades
y mantener entre todos estos factores de la vida local, una esperanza que ya resolvió apartarse de los políticos ubicados en instancias definidas como superiores. De hecho, también iniciaron un desprendimiento del aparato instrumental de las instituciones. ¿Qué tal?
 

 

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